ARTÍCULOS PARA NIÑOS

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BLACKY, UN TORPE CON SUERTE

 

Pedro Pablo Sacristán

Objetivo del cuento: Evitar el consumismo.  Hay que evitar convertir los regalos materiales en los protagonistas de las celebraciones para que las personas no pasen a un segundo plano.

 

Blacky era un pequeño demonio que no tenía nada de especial, y nunca hubiera llegado a ser el Gran General del Lado Oscuro si hubiera sido un buen demonio. Pero hasta para ser malo hay que tomárselo en serio, y Blacky era un desastre. Por eso pasó lo que pasó.

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El caso de Yonohago Kaso

 

No son la humildad y el saber escuchar las virtudes favoritas de los niños de hoy día… ¡pero no por eso habrá que dejar de ensañarlas! 

Autor:

Pedro Pablo Sacristán

En Japón, en un bonito castillo, vivían dos familias reales, cada una con su papá rey, su mamá reina y su hija la princesa. Aunque las familias reales no suelen compartir sus palacios, estas lo hacían por una razón muy especial: no lo sabían. Y es que la segunda de estas familias era una familia de reales ratoncitos que vivía entre las paredes del castillo. Miembros de la antigua dinastía ratuna de los Kaso, eran orgullosos y comodones: todo lo hacían sus sirvientes, quienes robaban de todo a los verdaderos dueños del palacio. Vivían tan a gusto que nunca salían de su pequeña habitación, y ni siquiera sabía que vivían en un palacio habitado por humanos.

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José, el pan duro

ESPIRITISMO PARA NIÑOS

Meimei/Celia Xavier Camargo

(Recebida por Célia Xavier de Camargo em Rolândia-PR, aos 25/3/2013.)

Un hombre poseía una parcela y vivía en el campo entregado a sus actividades en el cuidado de la tierra.

Con el pasar del tiempo, cada vez más José se enriquecía, dando una vida confortable a su esposa Rita y a los hijos Rubens y Cláudio.

Construyo una casa nueva bien grande, había hecho un bello jardín y el huerto daba frutos en abundancia. 

Ahora nada faltaba para José y Dios le daba siempre más. Tenía muchos empleados y no necesitaba trabajar. Sus hijos estudiaban en buenos colegios en la ciudad y casi no aparecían más en la casa de campo. Para Rita, también habían terminado los días difíciles y, aún gustando de trabajar, ahora sólo descansaba, dando ordenes a la empleada.

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