¡QUEDE LEJOS DEL CARNAVAL!


¡QUEDE LEJOS DEL CARNAVAL!

El calendario brasileño ve llegar una vez más un periodo carnavalesco y pronto las noticias en los medios de comunicación cambiaran para presentar de nuevo la violencia, común en esos días. Todo en medio de una engañosa alegría.

La dicha fiesta popular, que aun guarda vestigios de barbarie y del primitivismo reinante,  tiene sus orígenes en las  bacanales, de Gracia, cuando era homogenizado el dios Dionisio. Anteriormente,   los tracios se entregaban a los placeres colectivos, como casi todos los pueblos antiguos. Más tarde, se presentaban estas fiestas, en Roma. Como saturnales. Después de la Edad Medía, se aceptaba con naturalidad: “Una vez por año es licito enloquecer”, tomando cuerpo en los tiempos modernos, en tres o más días de locura, bajo la dominación, ante, el triduo momesco, en homenaje  al rey de la alegría…

Hasta con una cierta e irresponsable complacencia de las autoridades policiales, la delincuencia abraza el vicio, y el carnaval se transforma en un índice elevado de victimas. Homicidios desvariados, suicidios alucinantes, paradas cardiacas por exceso de movimientos  y exhaustación- de fuerzas, desencarnación por abusos de drogas, alcohólicos  y otros del mismo género, estupros, abortos, vinculaciones obsesivas, riñas, agresiones, en fin, violencia  de múltiple orden.

En la visión espiritual, nubes  de vibraciones psíquicas de bajo tenor encubre los locales en los que se realiza el frenesí de la folia y se esparce  por la ciudad, con densidad  pastosa y oscura por las expresiones infelices de dañinas  tanto de los “vivos” como de los “muertos”, que se asoman  a los primeros, a las masas, en perfecta sintonía.

Lastimables manifestación del egoísmo y del cinismo (y además de el orgullo y la lujuria) desperdiciando en los salones, en las avenidas de piedra o de área, enorme cantidad de dinero, gastándolo en las fantasías (eso cuando el juerguista e presenta vestido), en las alegorías, en las bebidas alcohólicas, en las drogas, lo que es una burla  para con ciertos padecimientos humanos, retratados en la enfermedad, en el hambre, en el frio, en la cabaña miserable. Paradójicamente, estos padecimientos muchas veces están presentes  en las familias  de muchos carnavalescos, y allí permanecerán esperando por el regreso de un  tonto.

Por último: No aconsejo, para nada el Carnaval.

Entretanto, aquel espirita para quien la Doctrina  sea aliento y vida, abriendo los paneles de la Inmortalidad y armándolo de la sabiduría que propicia fuerzas para la superación de si mismo y victoria sobre las coyunturas difíciles, resta el recato  personal y familiar, quedando lejos de la fiesta. Y puede colaborar  en la minimización de los males provenientes de las locuras  de los juerguistas, manteniéndose en equilibrada  y sana vivencia, también en esos días, independientemente  del local y con quien esté, pues, actuando así, proporcionará vibraciones positivas, que funcionaran  como oportuna lluvia que llega limpiando la atmosfera de determinada región.

Sin embargo, la mayoría de los días  son  propios y necesarios para la manutención de actividades en las Casas Espiritas, a fin de que actúen como fuentes generadoras del psiquismo positivo,  así como de primeros auxilios para las víctimas espirituales, o como oasis de confortamiento y amparo a los que allí se hicieran presentes, buscando atendimiento o contribuyendo con su trabajo de auxilio. Más allá de eso, la recomendación que se encuentra así impresa en el capítulo 17 de el libro constante en nota de rodapié: “En estos días, en los cuales  son mayores y más frecuentes los infortunios, los sucesos, los sufrimientos, es cuando se debe estar en el puesto  en el hogar de caridad, con el fin de poder suministrar socorro”.

Y continua: “Ciertamente  que el reposo es una necesidad  y se hace normal que muchos compañeros, por obvios motivos, procuren el descanso en ferias y vacaciones… Siempre habrá,  so en tanto, algunas actividades en la Casa Espirita, que deben permanecer ofreciendo ayuda y esclarecimiento, educando almas para la divulgación de los principios y conceptos doctrinarios  con vivencia de la caridad”.

Valoriza pues, el milagro de sus horas, actuando en beneficio propio  y de tu semejante, enriqueciéndote de amor y coraje para la realización dignificante.

¡Huye lejos del Carnaval!

Divaldo Pereira Franco – En las  Fronteras de la Locura

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