¿LAS MUJERES TIENEN UN ALMA? REVISTA ESPIRITA


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¿LAS MUJERES TIENEN UN ALMA?

REVISTA ESPIRITA

JORNAL

DE ESTUDOS PSICOLÓGICOS

9a ANO/   NO.1   / JANEIRO 1866

 

¿Las mujeres tienen un alma? Se sabe que esta cosa no fue siempre tenida por cierta, una vez que fue, se dice, puesta en deliberación en un concilio. La negación es aún un principio de fe en ciertos pueblos. Se sabe a qué grado de humillación la redujo en la mayoría de los países de Oriente. Si bien que hoy en día, entre los pueblos civilizados, la cuestión esté resuelta a su favor, el preconcepto de su inferioridad moral se perpetuó hasta el punto que un escritor del último siglo, cuyo nombre no nos viene a la memoria, definió así a la mujer: “Instrumento de los placeres del hombre,” es una definición más musulmana que cristiana. De ese preconcepto nació su inferioridad legal, que no fue aun apagada de nuestros códigos. Por mucho tiempo ellas aceptaron esa esclavitud como una cosa natural, así es de poderoso el imperio del habito. Ocurre así con aquellos que, devotos de la esclavización de padre a hijos, acaban por creerse de otra naturaleza que sus señores. No en tanto, el progreso de las luces irguió a la mujer en la opinión; ella es muchas veces afirmada por la inteligencia y por el genio, y la ley, aunque considerándola aun como inferior, poco a poco afloja los lazos de la tutela. Se puede considerar como emancipada moralmente, si ella no lo es legalmente; es a este último resultado al cual ella llegará un día, por la fuerza de las cosas. Se leyó recientemente en los periódicos que una señorita de veinte años venia de sustentar con pleno éxito el examen de bachillerato, ante la facultad de Montpellier. Y, se dice, que es el cuarto diploma de bachiller concedido a una mujer. No hace aun mucho tiempo la cuestión fue agitada para saber si el grado de bachiller podía ser conferido a una mujer. Si bien que eso pareciese a algunos una monstruosa anomalía, se reconoció que los reglamentos sobre la materia no hacían mención de las mujeres, no hallándose excluidas legalmente. Después de haber reconocido que ellas tienen un alma, se les reconoció el derecho de conquistar los grados de la ciencia, es ya alguna cosa. Más su liberación parcial no es sino el resultado del desenvolvimiento de la urbanidad, del ablandamiento de las costumbres, o, si queremos, de un sentimiento más exacto de justicia; es una especie de concesión que se le hace, y, es preciso bendecirla, regateándolas todo lo más posible. La puesta en duda el alma de la mujer sería ridículo hoy en día, más una cuestión muy de otro modo sería si se presenta aquí,

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