Archivo | julio 2012

ADVERTENCIA FRATERNA

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ADVERTENCIA FRATERNA

¡Amigo mío! Pida usted una noticia del país donde vivo ahora, no a la manera del turista desocupado, más si como aprendiz atento a los misterios de la vida.

Es casi imposible satisfacer su curiosidad.

Ante el cariño de la solicitación, me acuerdo  de los amigos que aun en Europa, saboreando expectativas y novedades.  Nos abrazaremos  cuando partamos, como los perros regurgitan con miradas ansiosas, y después recibamos por el correo marítimo las cartas de salud y afecto. Si pasan por Italia,  tenían el cuidado de seleccionar postales preciosas. Nos enviaban acuarelas del Vaticano o fotografías encantadoras  donde figurasen las palomas de San Marcos. De Francia, nos mandaban bellos grabados alusivos a los monumentos históricos, relacionando museos y castillos, plazas y jardines. De Suiza, nos remetían, invariablemente, los invariablemente, deliciosos  y blancos paisajes de nieve. No podíamos gozar  la compañía en la contemplación de la Torre de Pisa o del Lago de Como, entretanto, para comprenderlos poseíamos igualmente nuestras torres,  museos, pájaros y lagos. Al regreso, nos abrazamos de nuevo, escuchando sus narraciones,  encantados y felices. Vuelven siempre tomados de profunda admiración  y llenos de proyectos grandiosos. Algunos llegan a intentar mentalmente  la transformación inmediata de la Candelaria en un templo análogo a la Abadía de Westminster,  a fin  de recordar el pasaje por Londres; otros idealizan nuevas  calles para su barrio, idénticas a las grandes arterias que se comunican con el Arco del Triunfo, en París. Otros, sin embargo, se olvidan del primer asombro y se reajustan al café humilde,  al accesible tranvía y a los edificios menos suntuosos.

 Entre nosotros, sin embargo, amigo mío, la distancia  y las condiciones no se igualan a las que separan Lisboa de Río de Janeiro. Es muy diferente la situación. Expresándome con franqueza, no dispongo ni siquiera de recursos para decirle  lo lejos que me encuentro. Los astrónomos tendrán medios de alinear números, ofreciendo informes de las medidas macro cósmicas, y los bacteorologistas  disponen de aparatos  con los que demuestran las actividades del plano infinitesimal. Más, el hombre desencarnado aun no puede contar, ante ustedes, con la precisa facilidad de expresión.

Nos movemos en el sublime Universo, que somos nosotros mismos, y las sorpresas son tantas y tan grandes que, a titulo de rigor, no tenemos, por cuanto, el vocabulario  imprescindible  para el amoldamiento  verbal de las diferentes sensaciones. No tengo  postales, ni pinturas, con las que pueda transmitirle las informaciones deseables. Tengo apenas ideas que le envió a la mente generosa por el telégrafo mediúmnico.  Y debiendo aprovechar los pensamientos y concepciones que usted posee, para hacerme comprender, es casi inútil que yo le describa mi nuevo campo residencial… Su sentimiento amigo tal vez entendiese algunos nuevos conceptos, relativamente de la vida eterna del espíritu inmortal, más su raciocinio  me cerraría la puerta. La razón, de hecho, es una luz  en la conciencia humana, más, alguna veces, se convierte en un Cerebro feroz, para ejercer terrible control sobre el corazón.

Se, con todo, que su interés por mis noticias se prende, por encima de todo, a su propia situación. Usted reconoce que su destino será igual al mío y que, tal vez, no tarde el instante  en el que deberá tomar aquel mismo carro, incensado de flores, que transportó mi despojos para el soporte debido para la misteriosa y bella región que hoy me sirve de morada.

En razón de eso, tomo la libertad de sugerirle que procure un camino para el viaje, antes de buscar cualquier emoción del noticiario

Su necesidad fundamental, en el momento, no es la de informarse  en cuanto a las revelaciones de aquí, más si la de prepararse, convenientemente,  para venir.

Disminuya sus bagajes de naturaleza terrestre. Es este mi consejo inicial. Cuando abandone el margen de donde usted me escribe, tripule, yo solito, el salvavidas que la Providencia me lanzó por misericordia, y me acerque a algunos pequeños tesoros que deseaba conservar, a cualquier precio. Me separé sin esfuerzo de ciertos patrimonios materiales  que mantenía como valiosos triunfos, más, algunas joyas y recuerdos quedaron, por fin, para enriquecimiento de mi corazón. Todavía, fui compelido a abandonarlas, también, con el fin de llegar aquí convaleciente y esperanzado. Hasta aun mismo los sencillos anillos  que yo portaba en los dedos, fui obligado a tirar a las aguas pesadas del olvido, para sobrevivir.

Usted dice, que los espíritus desencarnados predican demasiadamente la virtud  y que se refieren, probablemente en exceso, a la caridad, a la fe y al amor cristiano, y por eso desea notificarlo aquí, más preciso y concreto.

¿Que adelanta, sin embargo, hablar de un país que ustedes no comprenden, ahora, y para  el cual todos los hombres se dirigen de manera fatal, sin prepararlos para el gran viaje? ¿No será más lógico inducirlos a pensar  en los cuidados del presente, para que el futuro les sea favorable? De ese modo, yo no puedo, responderle a usted, dejar de recordar las mismas imágenes de mis compañeros que ya se encuentran igualmente “en este lado”.

Haga el bien cuanto le sea posible; conserve la rectitud de la conciencia y ríndale culto diario. Sobre todo, si desea un aviso más exacto, desate el corazón, cortando los bonos que lo prenden a la esfera de las pasiones inferiores, antes  de que suene su toque de partir.

 No se descuide. Trace su camino y siga. No pierda su tiempo rogando orientaciones en ese sentido, porque todos nosotros poseemos el padrón de Cristo. Atienda a la preparación indispensable, por cuanto, dentro de algunas semanas posiblemente, estarás también con nosotros, sin el coraje  de ofrecer noticias a nadie.

Por el espíritu Hermano X. Del Libro: Lázaro Redivivo, Médium Francisco Cándido Xavier.

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