Archivo | mayo 2012

LAS INFLUENCIAS NEGATIVAS

LAS INFLUENCIAS NEGATIVAS

Mercedes Cruz Reyes

 

Estando la sociedad del Mundo Espiritual constituida por aquellos que vivieron en la Tierra, aquí como allí, no faltan los ociosos, las mentes viciadas, los parásitos,  los perseguidores inveterados, los crueles obsesores, los infelices de todas clases, que deambulan solitarios o en grupos, aislados en sí mismos o en colonias  perniciosas, buscando presas irresponsables e inconscientes para efectuar el comercio de la vampirización. 

En todas las circunstancias de la vida en que las expresiones  antagónicas del desorden íntimo provocan  tormentos, vínculos psíquicos con los desencarnados, conscientes o turbados por el trance de la muerte, generalmente, promueven  largos procesos obsesivos y causan infelices estados de perturbación que son capaces  de llevar a la delincuencia a la locura. La esfera de los llamados muertos siempre ha influido poderosamente  en la actividad  mental  de los llamados vivos. Al penetrarse recíprocamente  los dos continentes de la vida: el físico y el espiritual, es muy difícil establecer  el marco divisorio, capaz de definir con precisión donde uno empieza  y otro termina. Por eso, muerte es vida,  y vida en el cuerpo no deja de ser muerte… 

Los malos espíritus, pululan en la Tierra, por la inferioridad moral de sus habitantes. La acción maléfica de esos Espíritus es parte integrante de los flagelos con que la Humanidad se ve abrazada en este mundo. La obsesión que es uno de los efectos  de semejante acción, así como las enfermedades y todas las tribulaciones de la vida, debe ser considerada como probación  o expiación, y aceptada como tal.

Allan Kardec con los elocuentes testimonios de la inmortalidad del alma, de la comunicabilidad de los Espíritus, de la reencarnación y de las obsesiones, fue el que  presento una terapéutica conveniente  para ser aplicada  en las influencias malignas de los espíritus ignorantes. A partir de la publicación de “El Libro de los Médiums” en enero de 1861, en Paris, se presenta todo un conjunto de reglas un notable esquema de las facultades mediúmnicos, y un seguro estudio del Espíritu en sus diversas facetas, que culmina  con el examen  de las manifestaciones espiritas, de la organización de Sociedades y de conferencias  de los Espíritus Elevados, que trazaron rutas de seguridad  para los que ingresen  en la investigación racional de los fenómenos mediúmnicos.

La misión primordial de la Doctrina Espirita  es el despertar al hombre para su naturaleza especialmente espiritual, ayudándolo a convivir  con su mundo  de apariencias y el de  los seres del mundo invisible, que ejercen sobre nosotros  una acción muy fuerte capaz de influir profundamente  en nuestra vitalidad, en nuestro libre albedrio y hasta en nuestro destino, próximo o remoto.

El Espiritismo está destinado a liberar al hombre encarnado de la acción del medio que lo rodea,  de modo que pueda determinarse, concientizarse de sí mismo y actuar bajo el comando de su libre albedrio. En una palabra, a mejorarse interiormente.

En el plano físico, el hombre se mueve oprimido  por los intereses de sus semejantes, desde el núcleo familiar, que le exige  renuncias constantes  de sí mismo para  que pueda convivir razonablemente  con las personas que lo rodean.

Aquí en el plano físico el hombre domina la situación, pudiendo aceptar o no hacer las cosas.  El proceso  es abierto, las personas pueden ser analizadas, detectadas, incluso sentidas en su acción y puede decirse que nada ocurre, con su desconocimiento cuando se trata de una acción directa sobre su persona.

Sin embargo en el plano invisible o espiritual la cosa es bien diferente, nuestros sentidos no penetran en ese mundo esencial,  y todo lo que pasa en él, no pasa por nuestro conocimiento.  La acción de los Espíritus  sobre los encarnados, en el diario vivir del ser humano, es desconocido por este, porque no puede ver,  ni oír, ni sentir a los seres despojados del envoltorio carnal que  nos aísla del mundo normal y primitivo.

Los malos espíritus  explotan a los encarnados, pues tienen acceso, en todos los sentidos. Es muy importante  la organización de una defensa  para impedir  la acción de esas mentes  ocultas y  perversas, para no caer bajo su dominio, lo cual es mucho más fácil de lo que se piensa.

Allan Kardec, en la cuestión 459 de El Libro de los Espíritus pregunto: ¿Influyen los Espíritus  en los pensamientos y acciones de los encarnados? Y los Espíritus contestaron que su influencia es mayor de lo que pensamos, pues la mayoría de las veces son ellos los que nos dirigen.

El interés que mueve  a los Espíritus inferiores  a dominar  la mente de los encarnados y conducirlos  por los caminos  que ellos desean llevarlos  es a semejanza  de la de los hombres, su interés  es la satisfacción de sus instintos y de su orgullo.

Los espíritus ignorantes, situados  en los planos inferiores de la otra vida, en cavernas, absorben las energías de los encarnados y les vampirizan la vida como si fuesen  lampreas insaciables  en el océano del oxigeno terrestre. Suspiran por el retorno  al cuerpo físico, y persiguen las emociones del campo carnal con el desvarío de los sedientos en el desierto, absorbiendo reservas de fuerza de los seres encarnados  que les dan calor, desprevenidos del conocimiento superior. Pues en el fondo, las bases económicas de toda esa gente, residen, aun, en  la esfera  de los hombres comunes, y por esto, defienden apasionadamente, el sistema de robo psíquico dentro del cual se sustenta, junto a las comunidades en la Tierra.

Es conveniente  tomar conciencia  de ese flagelo que atormenta a la humanidad, para encontrar métodos adecuados con el fin de despertarlas sobre el peligro que corren cuando tienen la mente desprevenida y el corazón cerrado dentro de sí mismos, cuando se dejan atrapar en esas trampas de las sombras.

Sin asustar a las personas,  es necesario mostrar con las tintas de la realidad, cuantas y cuantas vampirizaciones  y  agresiones brutales son usadas en esas acciones nefastas de las sombras.

Pero, si el conocimiento de la materia está  con nosotros,  si el Espiritismo desde el inicio, se confiesa consciente de ese intercambio indeseable,  si tenemos más de 150 años de estudios e investigaciones ¿Qué nos falta  para enseñar a las personas, como analizar su pensamiento para identificarlo, y como defenderse de cualquier intromisión indebida  de los seres desencarnados?

Sabemos que todos los viciados, toxicómanos, alcohólatras, etc., etc., son víctimas de ese asedio, sin excepción. Si tuviesen conocimiento anterior de ese intercambio, tal vez resistiesen y usasen la razón  para rechazar una profundidad mayor de la dependencia, la subyugación impuesta por los Espíritus viciosos que comparten sus emociones y sensaciones groseras.

¡Cuántos hogares se desintegran bajo la intriga  mental de Espíritus malhechores entre los familiares incautos!

Cuantas persona enferman e incluso desencarnan, bajo la acción magnética  de mentes perversas, que ejecutan venganzas, o actúan para su propia satisfacción!

Ha llegado la hora de una cruzada esclarecedora en cuanto al intercambio  entre los mundos  visible e invisible, y son los espiritas los que pueden  hacerla.

La Doctrina Espirita posee antídotos, terapias especiales para  tan calamitoso mal de la obsesión.  Repitiendo las enseñanzas de Jesús, distiende lecciones  y rumbos    para aquellos que se acercan a sus fuentes vitales.

El mundo de los encarnados y desencarnados se interpenetran, ya que entre ambos no hay barreras que los separen ni fronteras  reales definidas.

Las orientaciones y socorros  en su gran mayoría proceden del Mundo espiritual, obtenidos en sesiones  realizadas  con la participación de diversos miembros de la Unión Espírita Bahiana, presidida por José Petitinga, el amigo incondicional de Cristo. Es gracias a él  que en el plano físico, se consiguió en cierto modo, acompañar  las disposiciones socorristas dedicadas  a  miembros envueltos  en tramas de la obsesión,  y es estudiando esta laboriosa tarea, que intentaremos extraer los conocimientos, para desarrollar el tema de esta conferencia, que no es otra, que desarrollar la protección que podemos utilizar para preservarnos de las influencias negativas.

Todos los apuntes  necesarios, se obtuvieron, con la valiosa cooperación de Petitinga y de las Entidades Superiores  que ayudaron en aquel intento, que fue un coronado éxito merced a la Divina Misericordia.

Los nobles luchadores de la mediúmnidad, los infatigables servidores  de las tareas de desobsesión,  se dedican   a los trabajos de socorro a los hermanos atribulados de ambos lados de la vida, cooperando con Cristo en  la implantación de un Mundo Mejor al que todos aspiramos.

Incesantemente los Espíritus ejercen su acción sobre el mundo moral y físico, actúan sobre la materia y sobre el pensamiento y constituyen  una de las potencias de la naturaleza, con ello una multitud de fenómenos  se efectúan que son explicados  racionalmente  por el Espiritismo. Constantemente los hombres nos relacionan con los espíritus, los buenos nos impulsan  hacia el bien, nos  sustentan en las pruebas de la vida y nos ayudan  a soportarlas con coraje y resignación. Los malos  nos incentivan al mal: les produce gozo vernos sucumbir y asemejarnos a ellos.

Allan Kardec invitado a participar en la lid de la cultura y de la información, empuñando el bisturí de la investigación, esclareció, con una Filosofía Científica – El Espiritismo -, extraída  de hechos debidamente comprobados, los misterios del oscurantismo, ofreciendo una terapéutica segura para las alineaciones torturantes, repitiendo   las experiencias  de Jesucristo junto a los endemoniados y enfermos de todo orden.

Clasificó como obsesión, a la gran mayoría  de los disturbios psíquicos y elaboró procesos de recuperación del obsesado, estudiando  a la luz de las reencarnaciones las causas anteriores de las aflicciones, valiéndose de un lenguaje  condicente con la razón  y experimentalmente demostrable.

La Codificación Kardeciano, monumento granítico levantado por los siglos venideros no resolvió el “problema del hombre”, puesto que solo al hombre le corresponde hacerlo. Sin embargo si ofrece las bases  y direcciones  seguras para que tenga una vida feliz, ética y socialmente armoniosa en la familia, en la comunidad donde fue llamado a vivir.

Con el advenimiento de la moderna Parapsicología, nuevos sucedáneos han sido creados para el espíritu inmortal  y mientras los investigadores se demoran ante el problema  de la designación nominativa que inspira  debates y controversias, la Doctrina  Espirita, aleccionando el amor y la fraternidad, el estudio y el conocimiento de la vida bajo la inspiración  de los Inmortales, dilata los brazos y libera  de los tejidos  vigorosos  de la obsesión, a aquellos  que por imprevisión o probación, se dejaron  arrastrar  a los oscuros precipicios de la anarquía mental, perturbados o subyugados por fuerzas vengativas de la Erraticidad, prescribiendo las mismas directrices morales  insertas en el Evangelio de Jesucristo, vivido en espíritu y Verdad.

EL Codificador  afirmó que “el conocimiento del Espiritismo”, lejos de facilitar el predominio de los malos Espíritus, tendrá  como resultado, a más corto u largo tiempo, cuando sea conocido por  toda la Humanidad, el destruimiento  de ese predominio, el de la obsesión, dando los medios de ponerse en guardia  de las sugestiones de ellos. El se valió en innumerables veces, pese a ser un conocedor del Magnetismo,  de diversos métodos de la Doctrina espirita  para liberarlos con seguridad, a través de la moralización del Espíritu perturbador y del sensitivo perturbado.

La Obsesión según Allan Kardec, es el dominio que algunos Espíritus logran adquirir sobre ciertas personas. Es practicado siempre por espíritus inferiores que tratan de dominar, pues los buenos espíritus  no infligen ningún constreñimiento, estos aconsejan, combaten las influencias de los malos espíritus y si no son escuchados, se retiran.

los Espíritus son las almas de los hombres, y desde todos los tiempos ellos  ejercieron influencia  saludable o perniciosa sobre la Humanidad. La facultad mediúmnica  no es más que el medio para manifestarse. A falta de esa facultad, lo hacen por otras mil maneras más o menos ocultas”.

“Los medios  de combatir la obsesión, aclara Allan Kardec,  varían de acuerdo con el carácter que ella reviste”. Y elucida: “Las imperfecciones morales del obsesado constituyen frecuentemente, un obstáculo para su liberación”.

Aun hoy en día, la obsesión continúa siendo  un escollo terrible para la paz y serenidad de la criatura humana. Los orígenes de la obsesión están en los pliegues del espíritu encarnado, hay obsesiones en escala infinita, y los obsesados consecuentemente, son de variedad infinita. La etiopatogenia  de tales disturbios mentales, es más amplia  que la clásicamente presentada, mereciéndose destacarse la denominación  de causa carmica.

Viajero de la Eternidad, el espíritu conduce los gérmenes    cármicos  que posibilitan la convivencia con los desafectos del pasado, ofreciendo una nefasta comunión.

El odio no es solo el factor causante de la obsesión,  ni tampoco es solo en la Tierra donde se localiza la obsesión, más allá de la sepultura, en las regiones dolorosas y aflictivas de imperioso reajustes , de impostergables despertar de conciencias, se enfrentan muchos verdugos y víctimas, donde comienzan las prosecuciones y subyugaciones psíquicas.

La obsesión bajo cualquier modalidad que se presente, es una enfermedad de largo curso que exige una terapia especializada de segura aplicación y de resultados  que no es posible lograr apresuradamente.

Po tanto, los tratamientos de la obsesión son complejos,  imponiendo una elevada dosis de renunciación y abnegación por parte    de aquellos que se ofrecen o se dedican a tal menester.

Existe una fuerza capaz de producir resultados junto a los perseguidos encarnados o desencarnados, conscientes o inconscientes: la que deriva de la conducta moral al  principio el obsesor no se da cuenta de ella; sin embargo al correr del tiempo, los testimonios  de elevación moral que ofrece, confirmando la nobleza de la fe que procesa el servidor de Cristo, termina por convencer al verdugo   de la elevación de principios de que se revisten los actos de su  adoctrinador, acabando muchas veces, por dejar libre a aquel que lo afligía. además de la ejemplificación cristiana, la oración consigue colmar las ulceras morales  de los asistidos, conduciendo bendiciones de armonía que apaciguan al desequilibrado, calmando  en él la sed y la necesidad de paz.

No siempre se obtienen los resultados deseados, el tiempo, para la mayoría de los Espíritus, tiene poca significación. Persisten obstinados y con tenacidad implacable  en los propósitos a los que se entregaron durante años, siguiendo es sus propósitos hasde despues de la muerte, esto es, porque  en los tratamientos de obsesión, el resultado depende  del paciente. Este debe  esforzarse de inmediato, desde el principio del tratamiento de desobsesión, a  modificar radicalmente su comportamiento, procurando ejercitar la práctica de las virtudes cristianas, y principalmente, moralizándose. La moralización del enfermo es esencial, considerando que al moralizarse, demuestra a su enemigo la eficiencia  de las mejoras que ofrecen tal cambio de actitud  para conseguir la felicidad.

Esta asistencia a veces es prolongada, pero siempre los Espíritus Superiores interesados en el progreso de la Humanidad, ofrecen también, valiosos recursos que constituyen elementos saludables y preciosos.

Sin tal amparo, toda incursión que se intente en el ministerio de la desobsesión, será improductiva y también peligrosa, por los resultados negativos que presenta.

Un espíritu  luchador, debidamente preparado  para efectuar la experiencia socorrista a los obsesados, es una dinamo potente que genera  energía electromagnética, que al ser aplicada mediante los pases produce distonía y desequilibrios  en el huésped indeseable, apartándolo y facultando en el enfermo la liberación  mental necesaria para lograr una asepsia de carácter moral, reeducando la voluntad y meditando en oración un verdadero programa evangélico bien disciplinado, que en forma lenta pero segura, edifique una ciudadela  moral de defensa  en torno así.

Jesús  frente  a determinados perseguidores desencarnados afirmo: “contra esta clase de espíritus, solo la oración y el ayuno”, y después de atender las aflicciones de cada atormentado que Lo buscaba, prescribía, invariable e incisivo: “No vuelvas a pecar, para que no te suceda algo peor”

Generalmente desatendiendo los valores morales y espirituales, el obsesado  pierde valiosas defensas en el alma  un baluarte de difícil transposición. El Espiritismo, dedicándose  al estudio de “naturaleza de los Espíritus” posee los anticuerpos y sucedáneos eficaces para operar la liberación del enfermo, aunque sabemos que depende esta liberación del propio enfermo, como en todos los procesos patológicos atendidos  por las diversas terapéuticas médicas.

         

Siendo el obsesado un transgresor, un deudor, es imprescindible que se predisponga a la labor edificante  para concretar su rescate frente a la Conciencia Universal, actuando de manera positiva, para atender  a las sagradas imposiciones de la armonía establecida por el Excelso Legislador.

  A pesar de los deseos de resarcirse moralmente el paciente, es imperioso que la renovación intima con sincera devoción hacia el bien, le confieran los títulos de amor y del trabajo, de forma  a poder testimoniar su real modificación en relación a su conducta pasada, ofreciendo al acompañante desencarnado, su propia iluminación.

En este sentido, la intervención del auxilio fraterno efectuada por otros corazones dedicados a la practica de la caridad, es muy valiosa, puesto que ofrece al desencarnado la oportunidad de adquirir conocimientos a través  de la psicofonía atormentada, de la cual puede extraer fuerzas para aprender, meditar, perdonar, olvidar…

Sin embargo, no es fácil, tal emprendimiento, dentro de los moldes necesarios. Son pocos los núcleos que se encuentran en condiciones, para atender la desobsesión, si tenemos en cuenta la tarea a desarrollar dentro de sus cuadros complejos….

En la desobsesión, la cirugía espiritual es necesaria, cuando no imprescindible, para alcanzar los resultados requeridos. Además de estos trabajos, existen otros  que exigen abnegación y sacrificio por parte de los cooperadores encarnados, con entrega natural de amplia escala del valioso esfuerzo moral, para poder manipular las mínimas condiciones psicoterápicas en el recinto de socorro, a favor de los desvariados que hay que atender…

En este particular, la oración igualmente, y tal como la preconiza Allan Kardec “ es el más poderoso medio de que se dispone para remover  de sus propósitos maléficos al obsesor”

Por eso, cualquier operación socorrista a la que seamos llamados, observemos la disposición moral de nuestro propio espíritu y oremos, elevando el pensamiento en busca de Jesús, para pedirle que nos facilite el concurso de los Buenos Espíritus, por medio de los cuales y solamente así, podremos ofrecer algo a favor de unos y otros: Obsesores y obsesados.

Examinando y sondeando el mundo interior constantemente, el enfermo, no se sorprenderá de un momento para otro con la mente en desaliño, atendiendo a las solicitudes de los desencarnados que le siguen desde el ayer, perturbados e infelices, procurando enloquecidos “hacer justicia con sus propias manos” transformados  en verdugos de su serenidad.

Trabajando  en el bien con esfuerzo y perseverancia, para que el ejemplo propio y la lucha cancele la deuda – enfermedad que te martiriza_ se liberara de la dura prueba, antes de que deba continuar afligido, por la senda dolorosa… y purificadora.

En cualquier circunstancia, corresponde al noble ejercicio de la mediúmnidad bajo la advocación  de Jesús,  y a la  sublime  labor desarrollada en las sesiones serias de desobsesión, el indeclinable menester  de auxiliar  a los que padecen obsesión, en el sentido de modificar las expresiones de dolor y angustia que están en vigencia en la Tierra atormentada de nuestros días.

El intercambio entre los Espíritus y los seres de la Tierra en actitud persecutoria es paralelo al vigente entre los hombres y los que perdieron  la indumentaria física.

También existe el mal ocasionado de encarnado a encarnado.

El pensamiento es siempre dinamo vigorosa que emite ondas y que registra vibraciones, en permuta ininterrumpida que se lleva a cabo en las diversas bandas  que circundan la Tierra.

Hay mente viciadas y atormentadas, esclavas de la mono idea  obsesiva que muchas veces, sincronizan con otras mentes desprevenidas y ociosas, generando una presión devastadora.

Es necesario observar los diversos problemas que nos afligen, a fin de seleccionar los que proceden de parte del alma encarnada y los que se vinculan  a los cuadros aflictivos del mundo espiritual.

Tanto el odio como el amor desvariado, constituyen los elementos generadores de esas enfermedades especiales, de esas obsesiones. El odio, por la fijación prolongada de la idea de venganza, crea un acondicionamiento psíquico que emite ondas en línea recta hacia  el ser generador de ese sentimiento, si no se encuentra debidamente amparado en los principios superiores de la vida capaces de  destruir las ondas invasoras, termina por dejarse encadenar. Y el amor desequilibrado que se convierte en pasión cruel, debido al tormento impuesto, por la posesión fija del objeto deseado, conduce al espíritu atormentado a visitar el alma  del atormentador durante los periodos del sueño reparador.  

En cualquier hipótesis, las directivas clarificadoras de Jesús, son rutas y vehículos de luz libertadora para ofrecer a unos y a otros, obsesos y obsesores, los medios de superación.

La exhortación de Allan Kardec en torno al trabajo es de una eficiencia nada común, porque el trabajo edificante es un mecanismo de la oración trascendental y la mente que trabaja,  se sitúa  a la defensiva. La solidaridad es como una usina que produce fuerza positiva de amor y como el amor es causa motriz del Universo, aquel que se vincula al proceso de la solidaridad, sintoniza con los instructores del orden que dirigen el Orbe.  Y la tolerancia, que es la manifestación de ese amor en forma de piedad edificante,  se transforma  en coraza de luz, vigorosa y maleable, capaz de destruir los dardos del odio pertinaz  a los proyectiles del deseo desordenado, por cuanto, en la tolerancia fraterna, se anulan las vibraciones negativas de esta o aquella procedencia.

Es así que la trilogía recomendada por el Insigne Codificador, refleja la acción, la oración y la vigilancia preconizada por Jesús. Procesos edificantes de salud espiritual y puente que eleva al viajero sufriente de la Tierra a las planicies redentoras de las Esferas Espirituales, libres de toda constricción y angustia.

Para que alcanzar la plenitud de la armonía intima,  es menester la oración con el cariño y la devoción con que la madre atiende el sagrado deber de amamantar al hijo.

La oración es una lámpara encendida en el corazón, clarificando la intimidad del alma.

El Espíritu encarcelado en la indumentaria carnal tiene necesidad de la comunión con Dios, por medio de la oración, tanto como el cuerpo necesita del aire puro Para proseguir la jornada.

Atribulado por las imperiosas necesidades diarias, el hombre  desatento se deja llevar  por la inestabilidad emocional, debilitando las resistencias fisiopsiquicas a las arremetidas de la perturbación espiritual.

En la Tierra, vivimos cercados por aquellos que nos procedieron en la gran jornada de la desencarnación. 

En razón de eso, somos lo que pensamos, permutando vibraciones que se armonizan con otras vibraciones afines. Debido  a las imposiciones  del renacimiento, el hombre es llevado a la depresión, a la exaltación,  vinculándose  a los pensamientos vulgares compatibles  con las circunstancias del medio, situación y progreso.

Por tanto se hace necesario, e imprescindible el ejercicio habitual de la oración mental para fortalecer las fulguraciones psíquicas que llegan al cerebro, haciendo de nuestra vida normal un vehículo para la propagación de pensamientos superiores.

Mientras el hombre descuida la preservación del patrimonio divino dentro de si mismo, los verdugos de la paz rodean su residencia carnal, amenazando su felicidad.

Estando endeudados con ellos, es necesario ayudarlos con los recursos valiosos de la virtud, marchando por sendas honestas, aun cuando las zarzas y espinas del camino hagan sangrar los pies.

Es necesario el  ejercicio de la oración, meditando sobre las impostergables necesidades de liberación y progreso.

El  cultivo de la bondad, extendiendo los brazos con indulgencia a fin de guiar a los que prosiguen desatentos e infelices, esparciendo animadversión y diseminando la locura.

 

Renovación de disposiciones intimas, y cuando se tenga la oportunidad  de hablar  con esos seres que nos perturban de mente desequilibrada, ungirse de amor  y comprensión, ayudándoles  cuanto sea posible, con humildad y renunciamiento.

El Maestro antes de ser visitado por los verdugos espirituales de las Zonas Tenebrosas, se recogía en la oración, recibiéndolos con caridad fraternal.

Trabajando infatigablemente por el bien de todos, con el corazón dispuesto a auxiliar y con la mente puesta en Jesús, comulgando con las Esferas Elevadas absorberás  las fuerzas necesarias para vencer todas las agresiones  de que puedas ser víctima, y sentirás que orando y ayudando, la paz continua contigo.

Utilice siempre la Doctrina Espirita como medida profiláctica,  aplique la paciencia y la comprensión, la caridad  de la buena palabra y del pase, el gesto de simpatía y de cordialidad; sin embargo, y con el pretexto de la bondad, no concuerde con el error al que él se aferra, con la pereza mental, en que se mantiene, ni con la rebeldía constante en la que pueda  encerrarse.

Las relaciones con los espíritus inferiores exigen cierta seguridad de ideas, tacto y firmeza. Todos los hombres no son aptos  para obtener  de estas relaciones  los buenos efectos que se desean esperar.   Hay que poseer una verdadera superioridad moral  para dominar a estos espíritus, reprimir sus desvíos y dirigirles por el buen camino del bien. Esta  superioridad solo se obtiene  con una vida  exenta  de pasiones materiales.

Se necesita un conocimiento práctico  del mundo invisible, con el fin  de poderse guiar  con seguridad  en medio  de las contradicciones y de los errores de estos espíritus ligeros.

Solo aquellos que saben perseverar sin postergar el trabajo de edificación interior, se hacen acreedores de la asistencia de los Espíritus interesados en la siembra de la esperanza y de la felicidad en la Tierra – programa sublime presidido por Jesús, desde las Altas Esferas.

Por eso y en conclusión: hemos de aprender  a respetar el derecho ajeno, y ante el sufrimiento, no olvidar nunca al Maestro en la Cruz, olvidando todo mal y ejerciendo el ministerio del perdón. Amemos al enemigo, hasta el punto de cambiar para mejor servirle de ejemplo y así poder incitarle a seguir nuestro ejemplo. Y hacerles reflexionar, sobre el mal que hacen, para que tomen conciencia, de su error, cambiando para mejor.

 

Trabajo extraído del libro  “Entretelones de la obsesión” de Divaldo Pereira Franco

 

 

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