Archivo | septiembre 2011

CRIATURAS JÓVENES CON HABILIDADES PRODIGIOSAS

CRIATURAS JÓVENES CON HABILIDADES PRODIGIOSAS

 

¿Qué es un superdotado? ¿Qué es lo que hace en la tierra? ¿Cuál es su futuro? Esas cuestiones, que solo pueden ser respondidas, teniendo la reencarnación como explicación. Sin la múltiples existencias no hay como concebir el progreso humano, sino, veamos: “Maiko Silva Pinheiro leía, sin dificultad alguna a los 4 años; aprendió  a hacer cuentas, a los 5, a los 9, era reprendido por la profesora, porque hacia las divisiones , usando una lógica propia, diferente del método enseñado en la escuela. La revista Época, edición del 15 de mayo, 2006 explica que actualmente Maiko estudia economía en el Instituto Brasileño de Mercado de Capitales, siendo bolsista integral. A los 17 años, los directores del Banco Brascan dicen haberse sorprendido con su capacidad lógico-matemática”.

Consigna la revista Veja, edición 28 de abril del 2004, que “Las señales de la inteligencia, sobrehumana, del joven americano, Gregory Robert Smith, comenzaron a los 14 meses, cuando resolvía problemas simples de matemáticas, con un año y dos meses, el resolvía problemas de algebra; a los dos años, leía, memorizaba y recitaba libros, además de corregir a los adultos que cometían errores gramaticales; tres años después, en el jardín de infancia, estudiaba a Julio Verne  e intentaba enseñar los principios de la botánica a los colegas; a los 10 años, ingresó en la facultad de Matemáticas. Smith Albert Einstein e Stephen Hawking internacional y fue indicado para el Nobel de la Paz.”

Un chaval de tres años, morador de Reading, a 40 km de Londres, obtuvo en un testo de QI (coeficiente de inteligencia) una puntuación equivalente a la de los físicos  Albert Einstein e Stephen Hawking. Los test  de vocabulario y con números comprobaron que Oscar Wrigley hace parte de  los 2% de la población con QI más alto. Con eso, Wrigley se torno el más joven chaval que formó parte de la Mensa, la sociedad  que reúne a personas con QI alto. El miembro más joven  de la Mensa es la chavala Elise Tan Roberts, de Edmonton, en el norte de Londres, aceptada al inicio de este año a la edad de dos años y cuatro meses.

Encontramos  esas mismas tendencias excepcionales en músicos, como Wolfgang Amadeus Mozart, que, a los 2 años de edad, ya ejecutaba, con facilidad, diversas piezas al piano;  dominaba tres idiomas (alemán, francés y latín)  a los 3 años;  sacaba sonidos  maravillosos del violín, a los 4 años; se presentó al público, por primea vez, y ya componía minuetos, a los cinco años; paganini daba conciertos, a los 9 años, en Génova, Italia. En la literatura universal, es impar  el fenómeno Víctor Hugo  que, precozmente, a los 13 años, arrebato el codiciado premio  de la ciudad de Tolosa. Goethe sabía escribir en diversas lenguas, antes de cumplir los diez años. Víctor Hugo, el genio mayor de Francia, escribió  su primer libro, con 15 años de edad. Pascal, a los 12 años, sin libros y sin maestros, demostró treinta  y dos proposiciones de geometría, del Libro de Euclides; a los 16 años, escribió “Tratado sobre las cónicas”  y, luego más adelante, escribió obras  de Física  y de Matemáticas. Miguel Angelo, con la edad de 8 años, fue dispensado de las clases de escultura por su profesor, porque decía que no tenía nada más para enseñarle. Allan Kardec, examinando la cuestión de la genialidad, pregunto a los Benefactores – ¿Cómo entender este  fenómeno? Ellos, entonces respondieron que eran “recuerdos del pasado; progreso anterior del alma (…)

El Doctor Richard Wolman, de Harvard, incorporó  el concepto de Inteligencia  Espiritual a las demás teorías en boga. Ese concepto seria la capacidad humana de hacer preguntas fundamentales sobre el significado de la vida  y de experimentar simultáneamente, la conexión perfecta entre  cada uno de nosotros y el mundo en que vivimos. No es exactamente  lo que Define la Doctrina Espirita, más ya es un avance  en el  entendimiento integral  del individuo. Investigadores como  Ian Stevenson, Brian L. Weiss, H. N. Banerjee, Erlendur Haraldsson, Hellen Wanbach, Edite Fiore, y otros, trajeron resultados notables sobre la tesis reencarnacionista.

Las investigaciones  sobre la Reencarnación no cesan en las tesis de esas personalidades apuntadas. Estudios sobre ese  tema crecen, constantemente. La Física, la Genética, la Medicina, y varias escuelas de la Psicología vienen siendo  convocadas para ofrecer s contribución con sus pesquisas.

Solo a través del proceso reencarnatorio, como recuerda León Denis, podemos comprender como ciertos individuos, al encarnar, muestran desde tierna edad la capacidad de trabajo  y de asimilación que distingue  a las criaturas superdotadas.  Cada uno presenta  al (re) nacer los resultados de su evolución, la intuición  de lo que  aprendió, , las habilidades  adquiridas en las múltiples propiedad del pensamiento,  la habilidad para esta o aquella actividad, finalmente el resultado de un trabajo secular que dejo impreso en su tejido periespiritual señales profundas, generando una especie de automatismo psicológico.

Estamos convencidos de que, en los próximos veinte  o treinta años, asistiremos a la Academia de Ciencia, declarando esta importante constatación, como, hace dos mil años, Jesús enseñó a Nicodemo: “Es necesario nacer de nuevo”.  Y Allan Kardec lo confirmo en “El Libro de los Espíritu”, declarando que solamente con la Reencarnación entendemos, mejor, la Justicia de Dios y la Evolución de la humanidad.

 

Jorge Hessen

E-Mail: jorgehessen@gmail.com

CARIDAD Y LA FILANTROPÍA EN LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS

CARIDAD Y LA FILANTROPÍA EN LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS

 Una respuesta del Maestro a los fariseos – Hacer el bien para salvarse y hacerlo por amor – “La caridad  no se ensoberbece”.

La última novedad, en la lucha contra el Espiritismo, es  el descubrimiento de que los espiritas no practican la caridad, más si apenas la filantropía. La caridad exige amor a Dios, la pureza de la fe, elevación espiritual. La filantropía es cosa más sencilla: amor  del hombre, a  la criatura y no del Creador. El caritativo hace el bien pensando en Dios, con el corazón volcado para el Padre.  El filántropo lo hace apenas pensando en su semejante. Esa es la diferencia. Y los Espiritas, considerados “instrumentos del diablo”, enemigos de Dios,  no pueden hacer la caridad.

Estamos obligados a tratar de esos temas, algunas veces, en virtud de la manera como ellos son levantados por los adversarios del Espiritismo. Nuestra doctrina está aun enfrentando aquella misma fase polémica  del Cristianismo es, realmente, como decía Kardec, un restablecimiento del Cristianismo en su formulación inicial, o como dice Emmanuel: “el renacimiento del cristiano”. En este sofisma sobre la caridad y la filantropía, por ejemplo, hemos de volver a las propias palabras de Cristo, para mostrar que no todo pasa de manera tan sencilla.

Los fariseos procuraban siempre enredar a Jesús  en problemas de esa especie. En defensa de sus principios, y principalmente de sus prerrogativas religiosas, considerándose como interpretes únicos de la escritura  y únicos y legítimos conocedores de la religión, proponían al Maestro y a sus seguidores cuestiones maliciosas, como aquella del pagamiento de los impuestos al Cesar, que quedo celebre. Cierta vez, según nos cuenta el Evangelista Mateos (Cap., XXII, ver, 34 a 40), preguntaron a Jesús cual era el mayor mandamiento de la Ley. Y el Maestro  respondió con estas palabras claras:

“Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, y con toda tu alma, y con todo tu entendimiento. Este es el mayor y primer mandamiento. Y el segundo, semejante a este, es: amarás  a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen  toda la ley y los profetas.

Esta respuesta no debió haber agradado a los fariseos. Porque Jesús, como vemos, hizo  cierta confusión entre la caridad y la filantropía. Dijo que amar a Dios era el principal mandamiento, más luego despues enseñó que amar a los hombres era semejante a aquel. Y acrecentó que de esos mandamientos dependían toda la ley y los profetas, o sea, que de una sola cosa, el amor, discurre toda la religión. Toda la salvación, toda la revelación, toda escritura  revelada. Ahora, decir eso a los fariseos formalistas, a hombres que hacían de la religión un sistema convencional de preceptos y sacramentos, era lo mismo que decir una herejía. No fue en vano, por tanto, que Jesús terminó en el madero.

Para los fariseos, amar a Dios era posible dentro del fariseísmo. Amar a los hombres era cosa secundaria, era simple filantropía, cosas de gente sin iluminación espiritual, sin conocimientos religiosos elevados. Más es que Jesús dice esta enormidad: que amar a los hombres es semejante a amar a Dios. y en otras ocasiones, como en la Parábola del Buen samaritano, el Maestro reafirma  Su Lección, mostrando que el samaritano despreciado, hereje, “instrumento del diablo”, apartado de Dios y de la Ley, era mejor que el fariseo privilegiado por la gracia de Dios. ¿Y mejor por qué? Porque sabía hacer la filantropía, amar a sus semejantes, sacrificarse por una criatura sufridora e infeliz.

En verdad, el samaritano de entonces, como el espirita de hoy, no deja de amar a Dios. Más supongamos que dejase. Imaginemos que el samaritano, en aquel tiempo, o el espirita, en nuestros días, fuesen realmente criaturas sin Dios, o hasta mismo ligadas al diablo. Veremos entonces esta curiosa contradicción: de un lado, los hijos de Dios practicando la caridad por el interés de la propia salvación, de otro, los hijos del diablo practicando la filantropía sin ningún interés, a no ser el amor al prójimo. ¿Cuál de los dos seria más meritorio, en el plano de una evaluación moral?

Jesús, que comprendía bien esas cosas, que en verdad no se puede amar a Dios sin amar al prójimo. Y que el amor al prójimo es el camino, y al mismo tiempo la práctica  del amor a Dios. Por eso acrecentó aquella regla  de oro: “Así, todo lo que queréis que los hombres os hagan, hacedlo también vosotros a ellos: porque esa es la ley y los profetas. “El egoísmo farisaico, con toda su enorme soberbia, con su pretensión de exclusivismo  religioso, fue condenado para siempre, en esas dulces lecciones a la humanidad. Jesús nos invita siempre al amor,  que es comprensión del prójimo, bajo el auxilio paternal de Dios, y no al sectarismo exclusivista y agresivo, al fariseísmo arrogante.

Aconsejamos a las personas interesadas en un mayor desenvolvimiento de este asunto a leer “El Evangelio Según el Espiritismo”, de Allan Kardec. El problema de la caridad, según el concepto teológico, o como decía Pablo: “no en la letra que mata” , más si en el “espíritu que vivifica”, según la concepción espiritual, está allí colocado de manera magistral. Maravillosas instrucciones de los espíritus, recibidos por Kardec  o a el enviados  por personas de todas las partes del mundo, esclarecen ese problema a la luz de las lecciones evangélicas. “La caridad  no se ensoberbece” – como decía el apóstol Pablo, y el Espiritismo enseña con humildad, sin arrogarse el privilegio  en su práctica. 

El Hombre Nuevo de J. Herculano Pires  19/58

 

OBSESIÓN Y AUTO-CURA

OBSESIÓN Y AUTO-CURA

23:32 O blog do espiritualistas

 

Por Eloísa Pires

Profesor, periodista, filosofo, poeta, consciente de la doctrina espiritual, Herculano Pires, escribió “pequeño gran” libro, obsesión, por medio de la adoctrinación. Con base en su experiencia de más de 40 años en el trabajo  de desapropiación, Herculano  explica cómo resolver  los problemas  de la influencia de los espíritus inferiores. Con gran autoridad, el profesor pudo hablar sobre eso, porque su vida fue un ejemplo de la capacidad  de superar las dificultades. Vivió la doctrina, y no, apenas en teoría. Calma, Ph.D. alegre, humilde, sabio, un periodista respetado y premiado escritor, que enfrentan problemas con facilidad.

Fue elegido varias veces presidente del Sindicato de los Jornalistas Profesionales de San Paulo, director del departamento de filosofía en la Facultad de Filosofía de Araracuara. Autor de 8i obras de reconocido valor, en este planeta de tierra dura, sin perderse en el  laberinto de sus propias angustias o rebeldía, entrando en estado de temporal  por la pena de la esquizofrenia, de la que no pudo escapar sin la ayuda externa.

 

Fueron asistidos  por el profesor de la realización de sesiones   de la llamada alineación, que incorpora   a la mente. En los últimos quince años de su existencia, Herculano, con la ayuda del Dr. Antonio Tadesco-Juan Marchese, un neurólogo y médico Saudini Laercio, mantuvo reuniones en la que muchos han encontrado la cura obsesionada.

En caso de discrepancia, el individuo, de auto ventilación, incluso los pensamientos de la depresión, que liga al encarnado o mentes desencarnadas, que aumentan sus sombras internas,  este fenómeno  de manera convencional, los espíritus, conocida como una obsesión.

Obsesión

La obsesión, dice Allan Kardec el codificador de la Doctrina Espirita, es, “el dominio que los espíritus más bajos ejercen sobre algunas personas.”

La obsesión es siempre producto de la auto-obsesión. El desequilibrio comienza en la mente  del encarnado individual.  Telepáticamente, en pro de la harmonía que vibra  en contacto con otras personas que vibran en la misma área  e iniciar el proceso. No hay misterio, basta  ligar la mente  a la mente de la comunicación. El individuo establece  una relación  con malos pensamientos, más vienen en ondas  y cosechar los frutos de su propio desequilibrio.

Todos nosotros, consubstanciado en los momentos de desanimo, falta de “oración y vigilancia”, notamos que estamos enredados en una tela de araña,  lo que torna los problemas  que parecen insolubles. Es solo el tiempo, los vasos de reacción, el uso de la voluntad para dejar  todo lo adverso y un mejor equilibrio con la harmonía universal, afinar su onda mental, alterando el nivel de vibración.

Nosotros somos los constructores de nuestro destino. Tenemos siempre el derecho de escoger  lo que nos conviene, las personas al lidiar  con fuertes problemas  que surgen y, por causa de la fuerza interior, en consonancia con otros consagrados o no, que vibran  de una forma positiva, luchar, vencer y ser más equilibrada.

El frágil, enfrenta todos los momentos difíciles de una forma pesimista y visualiza los disturbios que pueden causar enfermedad, hasta aun mismo física. Los pensamientos de odio, pesimismo,  rabia es toxico para envenenar  el cuerpo   y la mente desajustada. El Maestro  de Nazaret, en la invitación al perdón y a la fe en Dios, dijo: “Y los lirios del campo, no tejen ni hilan y ni Salomón, se vestía con ellos en toda su gloria. Era una invitación a la pereza, pero la serenidad. Chispas divinas fueron creadas por Dios para un progreso infinito. O, como Jesús dijo que “los dioses, las luces que…”.

Nuestro libre albedrio, permite elegir formas más rápidas de evolución, o laberinto  de desequilibrios dolorosos. Más nuestro destino  en el determinismo  de las leyes de Dios, el ángel de la campana.

Causa de las obsesiones.

La primera causa es la incapacidad de usar nuestra fuerza interior y resolver los problemas que puedan surgir.

Las encarnaciones anteriores deben ser  tomadas en cuenta. El Dr. Ian Stevenson en su libro Veinte  casos sugestivos de reencarnación explica como el individuo carga  el archivo en el inconsciente del pasado que algunas veces surgen  en el presente. El contenido de la conciencia  surge supraliminal. Enemigos de influencia más allá de los momentos de descuido, la ruptura de defensa psicológica y nos afectan en términos de las licencias.

Cura de la obsesión

Es necesario  atenerse a un equilibrio psíquico generado por los buenos pensamientos.

El Maestro de Nazaret, cuenta la historia de es Espíritu del Mal  como librarse de la obsesión. El individuo precisa  llenar su casa con un buen pensamiento mental precisa entender el propósito de la existencia, el sentido de la vida.

“Nosotros vivimos”, dijo Herculano, “para desenvolver el potencial del son psíquico. Nuestra existencia es direccionada  para lo transcendente, más allá de nuestra condición humana.”

Sartre, el gran filósofo materialista, dice que debe asimilar las adquisiciones de la principal  y dejar el producto de sus experiencias  para los que vendrán después. Aunque el dice  que el hombre es “una pasión inútil”, reconoce la necesidad  de transcendencia.

Keerkgard cuenta la historia del hombre y del perro que están fuera de un bar. El perro solo vive, come, satisface las necesidades biológicas de las especies. El hombre solamente cuando hay  crecimiento espiritual, el argumenta,  es un inductor de progreso. Muchos simplemente viven, no son incólumes.

El destino del hombre no debe ser un esclavo de los vicios, de las seducciones de la carne, de la materia. Ellos caminaban, erguidos, en vertical, en busca de mundos mejores. Esto es hacer de la tierra un mundo de justicia y amor.

El mundo es bello. Hay una música suave, que sólo los más susceptibles a la captura de paquetes de nuestros corazones, que es el producto de la armonía universal. Dios nos creó para la felicidad y la alegría. Dice la Génesis, Allan Kardec: “. Si los hombres actúan siempre  de acuerdo con la ley de Dios en la Tierra será feliz para usted y para evitar los amargos males” es el hombre que, contra las leyes del amor, crea problemas de hambre, desempleo, guerras, enfermedades. Poco a poco, se satura el mal moral y la búsqueda de soluciones dentro del pozo.

El mundo presenta problemas  que no nos convencen, nosotros vamos a resolver.  Si nuestro ser interior parece deprimente, vamos a cambiar. Nosotros tenemos una fuerza increíble, es necesario usarla.

Sabemos ahora, a través de las experiencias  de la pareja Paul Vase, en Francia, que el pensamiento rompe  gotas de agua, lámparas,  lo que mejora el crecimiento de las plantas. Con la fuerza de nuestro pensamiento, podemos cambiar para mejor y cambiar el mundo a nuestro alrededor. La verdadera victoria nos dará la victoria. Gandhi  también frágil, podría cambiar la cara de su  país.

Las dimensiones de la vida.

En el siglo XX, es fácil  de ser espíritu, y no en la práctica de la doctrina,  para comprenderlo. El material es disuelto en shows de energía experimentos que, como Platin dijo: “El mundo sensible es ilusorio.” Génesis por Allan Kardec, dijo el, existen más de cien años, que la materia es apenas energía condensada.

Los físicos de hoy son metafísicos. Se habla  de un agujero negro y electrones positivos que resultarían de un mundo subterráneo. La mente  del hombre está abierta a otras dimensiones, a otras formas de existencia. . Conversaciones gran Einstein sobre la relatividad. Popper confirma que todo es efímero y relativo. Un nuevo mundo emerge, los prejuicios científicas o religiosas ya no se justifica.

El cuerpo bioplasmico de los rusos confirmaron que el Ka periespiritu es la doctrina egipcia espiritual.

La nueva comprensión del universo, aumentó un nuevo orden de valores. El hombre  se eleva a la conclusión de que una pequeña parte es importante cuando el engranaje  es injerido en el gran universal. Más como un rayo por sí solo no es muy útil y esencial para el funcionamiento de una maquina, es útil cuando el individuo es parte de la armonía universal.  Flaquezas apenas que están pérdidas en un universo de luz. Nuestra fuerza reside  en la unidad de nuestra mente, para construir un mundo mejor.

En esta nueva dimensión, Herculano debe oír:  “Repita el auto-concepto no es un pobre abandonado en el mundo cuya mente  tiene la idea del pecado. Es la punición. Lo que llamamos de pecado es errado, lo que puede y debe ser corregido. Concertar sus  caminos. “La idea del pecado   y  complejo de culpa  en el individuo.

Medico

Herculano observa que “debe haber un médico, o  si no el conocimiento del profesional de la doctrina espiritual”

El médico precisa entender las armas del espíritu de la reencarnación y del intercambio entre los encarnados y desencarnados, que facilitan su tarea.

Más allá del tratamiento médico,  casas embrujadas emplean el espíritu que pasa por sesiones de expropiación, para ser capaz de fortalecer su voluntad  y no apenas limpiar su mente  y a de otros envueltos en el proceso de su liberación.

Expertos en el campo de la materia y el apoyo para resolver los problemas del espíritu, un individuo será capaz de cambiar su forma de vida organizada en torno a “la coraza de la fe y el amor”, aconsejó el apóstol Pablo.

Si los pensamientos no son de música muy diferentes, la persona para enviar buenos pensamientos siempre se alejan cualquier inferioridad y de perturbación. Ansiosos para ser útil, y olvidar sus problemas  serán más felices. La Madre Teresa no debe sentir desanimo tedio y angustia. Sus energías eran dedicadas  a las víctimas.

Es hora de crecer. Debemos recordar que ningún juez es una voluntad fuerte para resistir. “Sólo aquellos que están obsesionados, consciente o inconscientemente, se desea. Es una especie de auto-castigo.” “La cura de la obsesión es un auto-sanación…”, dijo, Herculano Pires…

 

LA MUERTE NO INTERRUMPE LA VIDA

LA MUERTE NO INTERRUMPE  LA VIDA

Hay una duda en la mente de la mayoría de las personas  sobre si, en la realidad,  la vida individual humana prosigue, después del fenómeno de la llamada muerte. Las creencias religiosas establecieron un formulario de fe basado en vetustos escritos, que aseveran ser la vida eterna. Este punto fundamental es verdadero, mantiene  en pie  las más variadas sectas y religiones.

Acontece, sin embargo,  que, para colorear el panel desconocido de los sectarista a respecto de lo que pasa en el otro lado de la vida terrena, crearon leyendas y fantasías, especulando sobre un cielo y un infierno alegóricos.

La vida hace parte integrante de la estructura espiritual de cada ser y, por eso, de el no puede ser retirada. Nadie, ni aun mismo la Inteligencia Universal, puede matar, anular, destruir el espíritu.

Los seres humanos son espíritus encarnados, y la carnes nada es más que  es un envoltorio provisorio del espíritu. La vida del cuerpo físico le es transmitida por el espíritu. Luego, si el cuerpo físico deja de recibir la vida que el espíritu le transmite, se desintegra, más el espíritu continua integró y, pues, inmortal.

El Espíritu  encarnado o desencarnado  forma parte de la contextura de la Fuerza Creadora, de la cual, en ninguna hipótesis, puede separarse. El evoluciona con el desabrochar, por el propio esfuerzo, de los poderes latentes, intrínsecos e inherentes que posee,  y el estado  en este planeta-escuela, en cuerpo astral, le ofrece los medios apropiados para promover  su evolución.

Para finalizar el curso  de la evolución en este mundo Tierra, son necesarias muchas y muchas encarnaciones. Sin esas constantes idas y venidas no estará el espíritu habituado  a ascender a mundos de evolución más adelantada, en los cuales, tendrá a su disposición los recursos adquiridos en  las  vidas terrenas, para aplicarlos en campos de acción de mayor amplitud.

Así se ve que la muerte no interrumpe la vida. Aquello  a lo que llamamos muerte,  no pasa  de un conocimiento común en la rutina de la vida eterna. El individuo, después de la muerte siendo lo que era, con alguna evolución más, si hizo algo para conquistarlo.

Por eso es que se debe aprovechar la encarnación, al máximo, no solo viviendo el mayor tiempo posible en la Tierra, como  también recogiendo las buenas enseñanzas  que ella nos puede dar,  asociados a la espiritualidad.

El Espíritu, mientras está encadenado a la materia, con la obligación de reencarnar, para progresar, debe concienciarse de su verdadera situación, como manera útil de elevarse por encima de las reducidas limitaciones terrenas.  Cuanto mayor  sea el aprovechamiento en la Tierra, menor será el número  de encarnaciones a realizar y, consecuentemente, menor también el número de muertes o desencarnaciones a soportar.

La verdad resplandece en la afirmativa de que la muerte marca el término de una jornada para dar inicio  a otra, más nunca   el fin porque es inmortal – la vida.

La vida del espíritu  es mucho más activa e intensa   cuando está desencarnado, que cuando  está accionando en el cuerpo físico, porque sufre las influencias más o menos perturbadoras  de la materia, de muchas maneras, lo que no se da en el plano astral.

Con este conocimiento, se puede decir que la vida se intensifica o se dinamiza después que el espíritu se libera  de las comunidades o de las influencias terrenas.

El mundo Tierra se clasifica como una escuela, un laboratorio, una oficina de trabajo, donde el espíritu se esmera, o debería esmerarse en la apuración de sus cualidades espirituales  latentes.

El espíritu  como partícula de Fuerza Creadora, e integrante de  ella, posee valiosos atributos  suyos, muchos de los cuales aun sin conseguir, aguardan el tiempo en el que se deben manifestar, dentro del proceso normal de la evolución.

La vida es, pues, un atributo de esa Fuerza y, concomitantemente, del espíritu, de el inseparable, no pudiendo, por esa razón, sufrir cualquier interrupción, como ilusoriamente sugiere la desencarnación a aquellos que dicen solo creer en la materia.

Que la muerte no interrumpe la vida, tiene absoluta certeza  los que se dedican al estudio del espiritualismo, no solo por las evidencias resultantes de su estudio, sino que también por la lógica de los hechos relacionados con el cumplimiento de las leyes naturales, eternas e inmutables entre las cuales se destaca la de la evolución.

Es estudiando que se aprende y, consecuentemente, no ha de ser quien no estudia, no investiga, no analiza profunda e imparcialmente, no procura fuentes  esclarecedoras, no establece cotejo esclarecedor, no medita sin pasión, sin desapegarse de ideas preconcebidas, que está en situación de dar lecciones sobre espiritualidad.

Efectivamente, la vida no puede ser interrumpida, más si pueden operarse transformaciones en la materia  de las más variadas formas en la que la vida  se exterioriza, sin que haya interrupción; aun mismo cuando deja de exteriorizarse en un cuerpo físico, ella continua para manifestarse en un cuerpo astral correspondiente, sin la más leve intermitencia.

El Espíritu pierde, al encarnar, la noción de las existencias pretéritas, no guardando de ellas ningún recuerdo. Lo que no deja contemplar el pasado  y verse en las múltiples encarnaciones anteriores, es el velo de la materia. Solamente cuando de esta se desprende y asciende liberado de toda perturbación, a su mundo de luz, recupera, en la máxima plenitud, la visión espiritual, no escapando a su  visión ningún hecho, ninguna intención, ningún pensamiento, nada absolutamente nada, de lo que haya hecho. ´las lecciones y experiencias de una encarnación, pasan a integrar el acervo espiritual del individuo, sumándose a las de las encarnaciones anteriores, con lo que su patrimonio espiritual queda enriquecido y alguna evolución  es alcanzada.

Es el pleno reconocimiento de que las reencarnaciones se suceden para el espíritu, como una ley inviolable de la vida, lo que hace  que la criatura humana  conciba mejor  la idea real de su inmortalidad, como espíritu.

El motivo por el cual es espíritu olvida, al encarnar, todo su pasado, se prende a razones de orden superior, entre las cuales la necesidad de no ser reconocidos los desafectos, posibilitando la reconciliación de la víctima con el verdugo, y convirtiendo el odio en amor.

Ese olvido tiene, más allá de eso, la ventaja  de no continuar dominadas con el remordimiento  por las malas acciones las criaturas, inclusive los crímenes, algunos nefastos, practicados en anteriores  encarnaciones. El olvido del pasado representa aun un bien,  por facilitar la destrucción de las corrientes deletéreas que las malas acciones generaron en esas existencias.

La desencarnación de alguien que se estima u ama, que se aprecia u admira, que se hermana con nosotros por las ligaciones afines,  no puede dejar de ser sentida, por la separación, aunque temporal, que  ella impone. Por eso, todos apelan,  con justa razón, para los mejores recursos, en el intento de evitarla.

Una cosa sin embargo es cierta: si el velo de la materia no impidiese la visión de la vida en los mundos espirituales habría total desinterés del espíritu encarnado por la vida terrena, y una permanente ansia de partir de este mundo.

Las leyes que rigen la evolución son tan sabias  que para llegar al ser humano a la convicción de la inexistencia de la muerte, precisa ejercitar la mente y activar el raciocinio, echando mano de todos los recursos de la inteligencia, para alcanzar la verdad. Esta lucha en busca de conocimientos reales, no solo ayuda a evolucionar, sino que trae para el espíritu la comprensión y el esclarecimiento  de que  necesita mucho.

El espíritu es vida, vida superior, siempre presente donde quiera que se encuentre. Sin su continua vibración sobre el cuerpo físico, no pasaría de ser un objeto inanimado, e inanimado queda, de hecho, en el momento en que la Fuerza- el espíritu – de el se desprender, definitivamente, rompiendo los cordones fluidicos que los ligaban cuando, entonces, tiene inicio el proceso de descomposición, pasando los elementos que lo integraban a componer otros cuerpos y otras formas de vida.

Más de lo que comprender, es preciso sentir esa verdad, para mejor familiarizarse a la criatura con la concepción de la vida eterna y con la relatividad de las precarias y efímeras condiciones terrenas.  Así, lo que es efímero, fugaz o transitorio, no puede tener el  mismo valor de lo que es permanente, actuante y eterno.

Cada existencia en el plano físico, es un estado, entre muchos millares de ellos, que el espíritu hace, en el curso de la vida eterna. Lo que tiene valor, pues, es la acción que es desenvuelta, por el en el sentido de poder disfrutar de las riquezas eternas que tiene almacenadas en su interior, a la espera de que vengan a la luz. Esta es la acción evolutiva que se practica, conscientemente, por el don de la espiritualidad.

La conveniencia de hacer el espíritu tantas etapas en la Tierra como fueran necesarias, reside  en el hecho de ser preciso quebrar la rutina establecida en cada etapa.

Despues de caer en la rutina, la criatura marca el paso y descansa sobre lo que aprendió, entregándose a una especie de acción mecánica,  al paso que por el sistemas de estados, entran en ecuación de nuevas oportunidades, nuevas lecciones, experiencias diferentes, pruebas variadas, solicitaciones aun no exigidas, ideas modificadas en otros aspectos de compromisos y responsabilidades, en fin, una variedad inmensa de situaciones que obligan  al espíritu a usar los mejores medios para des incumbirse, al contento, de las tareas impuestas.

Son esas etapas la mejor forma de facilitar la evolución. Cada estado en la Tierra corresponde a una encarnación, y en las reencarnaciones, como son estados, no hay interrupciones en la vida  en el paso de un estado para otro o reencarnación.

Cuando no permanece en la atmosfera de la Tierra, perturbado por los fluidos materializados  envolventes, el espíritu, entre una y otra encarnación, está en el espacio, en su mundo astral, donde prepara un proyecto para la encarnación siguiente, que nunca es hecha al acaso, más si siempre previamente planeada, con los elementos tomados en las vivencias anteriores, que reflejan las debilidades que precisan ser corregidas y los débitos morales que tienen que ser rescatados.

El velo  que impide la visión de lo que pasa al otro lado de la vida, se va tornando cada vez más transparente. Esto  es porque los atributos espirituales desenvueltos en numerosos seres encarnados, les posibilitan penetrar en amplia área situada más allá  de los estrechos horizontes primitivos. Muchos aun conservan aquella limitación exigua, por no estar maduros para contemplar las fascinantes revelaciones espirituales.

Los espiritualistas, sin embargo, que dejaron para tras las dudosas y frágiles creencias materialistas, están ya compenetrados de muchas realidades eternas, de entre las cuales la perennidad de la vida.

Luiz de Souza

 

TRATO CON LOS JÓVENES

TRATO CON LOS JÓVENES

Mercedes Cruz Reyes

 

El equipo familiar en el mundo no siempre es un jardín de flores. A veces, es una espina de preocupaciones y de angustias, reclamando sacrificios. Aunque se necesite firmeza en las actitudes para la temperancia de la afectividad que es propia a los padres, jamás conseguirán  sanar las heridas del ambiente particular con el látigo de la violencia o con el emplasto de la dejadez.

Los hijos son las obras preciosas que el Señor confía a todos los padres, solicitándoles cooperación amorosa y eficiente. Criar  y educar a los hijos no es tarea fácil. La mayoría de los padres viven desviados, sea en los excesos de ternura o en la demasía de la exigencias, más a la luz del Evangelio caminaran todos rumbo al progreso, comprendiendo que, para ser padre o madre son necesarios profundos dotes de amor, al frente  de esas cualidades  debe brillar el divino don del equilibrio.

En la actualidad es muy grande la preocupación de los padres y profesores por las dificultades que se enfrentan, a diario, a la hora de criar a los hijos o impartir educación a sus alumnos.  Existen relatos e historias de experiencias con hijos o alumnos “difíciles”. Jóvenes que  prefieren un estilo diferentes para expresar sus ideas, sentimientos  o llevar a cabo sus planes.

La realidad, es que el estilo de vida, ha cambiado en la actualidad, es muy diferente a como se vivía en la antigüedad.

Reflexionando acerca de los jóvenes, vemos que ellos agregan a las tendencias del pasado las experiencias adquiridas recientemente.

Con excepción de los que renacieron sometidos a la observación de la patología mental, todos han venido de la etapa infantil para dar cumplimiento a un noble destino.

¡Todos, sufren ansiedades y flagelaciones antes de afirmarse en el puerto seguro del deber a cumplir!…

Incuestionablemente, es preciso apoyarlos todo cuanto nos sea posible. Comprendiendo, sin embargo, de que ampararlos no será trazarles la obligación  de copiarnos los tipos de felicidad o de vivencia.

Cuando Jesús nos recomendó no despreciar  a los pequeñitos, esperaba de nosotros  no solamente medidas providenciales  alusivas  al pan, y a la vestimenta. No basta alimentar el cuerpo, es imprescindible  el abrigo moral que asegure al espíritu renacido el clima de trabajo necesario  para su sublimación.

“Muchos jóvenes son víctimas del empobrecimiento y de la marginación social, de la falta de empleo, de una educación que no responde a las exigencias de la vida, del narcotráfico, de la guerrilla, de las pandillas, de la prostitución, del alcoholismo, de abusos sexuales”. Muchos jóvenes viven adormecidos por la propaganda de los medios de comunicación social y además por imposiciones culturales y por el pragmatismo inmediatista que ha generado nuevos problemas en la moderación efectiva de los adolescentes y jóvenes.

La juventud de hoy debe hacer un alto y reflexionar.

Quizás a tu alrededor tienes a jóvenes  difíciles para dirigirlos convenientemente en la vida.

No nos compete el derecho de abandonarlos  a si mismos cuando aun son inexpertos, eso está claro. Mientras tanto, eso no significa que debamos destruirles la vocación, frustrándoles la autenticidad en que se les caracteriza la existencia.

Soñaremos para nuestros hijos, en el mundo, envidiable destaque en las profesiones liberales,  con primorosas titulaciones académicas, más es probable que haya renacido entre nosotros para servicios de la gleba, aspirando a adquirir duros  callos en las manos, a fin de realizarse en la elevación que demandan.

Otras veces ideamos para ellos la formación del hogar  en el que nos premien el ansia de poseer respetables descendientes. No en tanto, es posible que estén con nosotros para largas experiencias en condiciones de celibato, cargando problemas y pruebas que les dicen respecto  al mejoramiento espiritual.

Algunas veces gritamos furiosos contra ellos, exigiendo nos adopten el modo de ser.  Frecuentemente, sin embargo, si eso acontece, acabamos por perderlos en manos  que los deslustran los sentimientos  o les amargan la vida, cuando no los empujamos, inconscientemente, para la furnia de los tóxicos o para los despeñaderos del desequilibrio metal con los que se matriculan en los manicomios.

Compadécete de los hijos que parezcan diferentes a ti.

Acéptalos como son y auxílialos a cada uno de ellos en la integración con el trabajo el que se hagan dignos de la vida que vinieron a vivir.

Ampáralos sin imposición y sin violencia.

Antes de surgir ante ti como hijos de tu amor, son hijos de Dios, cuyo amor infinito vela en nosotros y por nosotros.

Aun mismo cuando evidencien características inquietantes, bendícelos y oriéntalos, cuanto te sea posible, a fin de que se mantengan  como estilos vivos  de rendimiento del bien en el bien común.

Y aun mismo cuando no puedan compartir  el techo y se aparten de tu compañía, a pretexto de independencia, bendícelos a un mismo así, comprendiendo que todos nosotros, desde que nos vinculamos al orden y al trabajo en el deber que nos compete, sin perjudicar a nadie, disfrutamos por ley divina el privilegio de descubrir cual es para nosotros el mejor camino a seguir y servir, vivir y sobrevivir.

El respetable cuadro que traen de las Esferas Superiores, se revela a través de sentimientos en forma de entusiasmo y sueños juveniles y se confunden  con las deformaciones de la realidad terrestre que aguarda en ellos la redención que aportará el futuro.

 

Muchos abandonan la niñez mutilados moralmente por las manos mercenarias a las que fueron confiados desde la cuna; otros en cambio despiertan en el laberinto de los ejemplos lamentables,  provenientes de aquellos de quienes esperaban recibir las orientaciones para la superación interior.

Muchos son arrojados a los problemas de la orfandad cuando más necesitan el apoyo amistoso, otros andan por el mundo como aves cuyo nido fue destrozado, abandonado sin rumbo en la tempestad de las pasiones inferiores.

Muchos en rebeldía por el lodo arrojado en sus esperanzas, descienden a los más sombríos cenagales del crimen, mientras que otros artos de miseria se refugian  en prostíbulos dorados para concluir sus días en la condición de náufragos de la noche.

Se les reclama el porvenir, pero se les arruina el presente.

Se les adorna el aspecto, pero se les pervierte la conciencia.

Se les enseña el verbo refinado de la cultura académica pero en la intimidad se les comunica la palabra degradada del lenguaje vulgar.

Se exalta para ellos el ideal de la belleza de la virtud y se ríen de ellos  cada vez que demuestran que no son modelos perfectos de la animalidad inferior.

Les hablamos de la glorificación del carácter pero atormentamos su alma  en el delirio del alcohol o en la frustración de los estupefacientes.

Les suministramos abandono y criticamos su conducta.

No debemos condenar a los jóvenes cuando notemos que han caído en la demencia  o en la inconsecuencia.

Cada niño o adolescente constituye en el mundo un proyecto de la Sabiduría Divina al servicio de la humanidad, y cada niño o adolescente desviado es un proyecto de la Sabiduría Divina al que la humanidad ha corrompido o menospreciado.

Recibamos a los jóvenes  de todas las condiciones como a nuestros propios hijos y procuremos con todas nuestras fuerzas estimular en ellos el amor al trabajo y a la iniciativa de la educación.

Ellos que inician la lucha, necesitan, que los “comprendan y que velen por ellos” con el fin de que sepamos sembrar y construir, porque en todas las épocas, cuando se desampara a la juventud la vida se extingue.

La etapa de la juventud está cargada de interrogantes vitales y presenta el desafío de tener un proyecto de vida, personal y comunitaria. Un proyecto que dé sentido a su vida; que no la deje caer en un valor existencial, sino que le permita lograr a plenitud su realización como persona. La juventud cuestiona todo, tiene un espíritu de riesgo, de valentía y una capacidad creativa para responder a los cambios y exigencias del mundo en que vive.

Ella aspira a mejorar siempre como signo de esperanza, gozo y felicidad. Además, es muy sensible a los problemas sociales y exige autenticidad y veracidad. Rechaza con rebeldía una sociedad invadida por la hipocresía y los antivalores. Pero con sentimientos de dolor, podemos afirmar que nuestra sociedad actual está muy lejos de ser la sociedad en que tienen derecho a vivir él y la joven de hoy. Actualmente, son muchos los y las jóvenes que son víctima de:

Un empobrecimiento y marginación social producto de la gran injusticia social. Un rechazo ante sus conductas, motivadas quizás por los traumas psicológicos de ser hijos e hijas cínicos, mimados, consentidos; de padres y madres divorciados de un hogar donde no se dialoga, comprende, ama…

Un sistema educativo que no responde a sus inquietudes ni llena sus expectativas.

Un estado que no proporciona estabilidad, seguridad e incentivo para el futuro; con salarios bajos, sin posibilidad para ejercer su profesión u oficio.

Un adormecimiento por la propaganda de los medios de comunicación que lo alienan con imposiciones culturales y con el pragmatismo, generando así nuevos problemas en su moderación psicológica y afectiva.

Una carencia de entusiasmo y amor por los grandes ideales de vida, de la patria, sus estudios…

Una sociedad que les propone la riqueza, el poder y el placer como el camino mejor para “Vivir la Vida”

Un narcotráfico y corrupción descarados. Unas guerrillas crueles.

La propaganda falaz que promueve la prostitución, el aborto, el alcohol, el consumismo… como productos de la época, del avance y la civilización.

Una música que aturde, excite y atolondra la mente.

La Juventud tiene derecho a vivir en otra sociedad donde:

La Familia: juegue su verdadero papel y en ella se ame, se corrija, se dialogue. Se aprendan los verdaderos valores. Donde haya un lugar de encuentro, de búsqueda, de soluciones, no de conflictos, donde vivir en armonía, con fidelidad, amor, tolerancia y comprensión.

El Estado: asuma su rol y ofrezca una educación basada en los derechos que señala el código de protección al niño; niña y adolescente que dice: “Todos los niños(as) y adolescentes, tienen derecho a la educación, encaminada al sano desarrollo de su persona, a fin de que puedan prepararse para ejercer plenamente sus derechos ciudadanos y por eso deben tener: Igualdad, Enseñanza Primaria, Acceso gratuito a Escuelas Públicas.”

Además el estado debe dar a la juventud oportunidades para que se pueda realizar profesionalmente. Se debe crear un clima en el cual la juventud pueda adquirir un sentido crítico de la vida en la práctica de la justicia, la democracia, la paz, la igualdad social y vivir teniendo la seguridad personal sin violencia, ni drogas, ni prostitución…..

La Sociedad debe ofrecer  a los jóvenes la oportunidad de ser hombres y mujeres responsables, creativas, participativas, activas en las estructuras culturales, políticas, educativas, familiares para ser así protagonistas de su propio presente y futuro ejerciendo sus derechos y deberes.

En fin, los jóvenes de hoy tienen derecho a una sociedad en la que puedan realmente vivir y desarrollarse con dignidad como lo que son: Hijos e Hijas de Dios.

Para que los jóvenes se realicen como personas en todos los niveles, tienen que crecer y desarrollarse, no estancarse. Son diversas las áreas en las que, como personas, tienen que crecer para lograr un desarrollo integral y armónico.

Es decir, tener capacidad para adaptar su propia vida; lo que es, lo que tienes. Saberse y sentirse digno del lugar y las personas con que le ha tocado convivir. Así como poder tener relaciones con los demás, armónicas, amables, respetuosas. Han de e iniciar una búsqueda sincera de la verdad, la libertad y el gusto por los valores auténticos. Ir creando un juicio crítico frente a los acontecimientos, con equilibrio e imparcialidad. Lograr tener un espíritu de diálogo de comprensión, compromiso, que lo lleve a asumir responsabilidades familiares, sociales, políticas y trabajar por la paz y la justicia. Sentir la necesidad de prepararse, intelectual y espiritualmente; detener el deseo de superarse, de ser alguien y no algo. Apreciar y valorar su patria y todo lo que ella es y tiene.

En el  área Intelectual; en la que se tiene deber de: Aprovechar las oportunidades que le brinda la familia o el estado para estudiar y tomar sus estudios con responsabilidad perseverancia y amor. Proponerse lograr una profesión u oficio que ofrezca beneficio para sí mismos, la familia y el estado. Ser también agentes multiplicadores de sus conocimientos para que otros(as) aprendan, se capaciten y sean útiles. Tener interés de seguir siempre perfeccionando sus estudios y capacitándose día a día; recordando que siempre es posible aprender algo, no importa la edad.

Todos los jóvenes precisan del amparo de los padres, sin embargo en la adolescencia, en general, la rebeldía de los hijos es inevitable. Una tradición de severidad paterna, pautada  por el autoritarismo político o religioso, dio a los padres el concepto erróneo de que deben sujetar a los hijos – y particularmente a los jóvenes – a sus principios y maneras de ser. Más los jóvenes traen su propia personalidad o su propio camino en la vida, y justamente en esa fase de la adolescencia están afirmando su “yo” ante el mundo.

Es conocido el problema de la “crisis en la adolescencia”, sobre la cual Maurice Debesse escribió uno de sus libros más bellos y profundos. Más es en René Hubert, en el capítulo sobre “Psicología de la juventud”, de su Pedagogía general, donde encontramos mayor sintonía con los principios espiritas. Psicólogos y Pedagogos conocen bien ese problema  que responde por el llamado “conflicto de las generaciones” Emmanuel nos da su llave al recordar que cada espíritu ya trae para la Tierra su prueba  y su camino de servicio, escogidos libremente en la vida espiritual según sus necesidades de evolución y mejoramiento.

 El amparo de los padres no puede ser dado por medio de imposición y autoritarismo, bajo pena de dejar de ser amparo para transformarse en tiranía. Si el “conflicto de generaciones” siempre existió en el mundo, ahora se muestra más violento porque el tiempo de la tiranía  está finalizando porque la era de la transición en que vivimos acentúa en los jóvenes las ansias del futuro. Los padres solo podrán ampararlos  si tuvieran amor suficiente para comprenderlos y ayudarlos sin exigencias. Esta es también una hora de aprendizaje para los padres. Y solo el amor verdadero por los hijos puede socorrerlos.

El joven de hoy es el hombre de mañana. Los tiempos cambian y no podemos querer sujetarlos a nuestro modelo. Cualquier coacción paterna solo podrá apartarlos de casa y de la familia, lanzándolos a medios y compañías peligrosos. La verdadera educación es  el equilibrio entre el amor y la comprensión. La energía paterna  y la disciplina  filial brotan naturalmente  entre esos dos márgenes, fluyendo como las aguas de una fuente en el paisaje de la vida.

La política que mejor conviene  a los padres de adolescentes, si desean captar la estima, el respeto  y la obediencia, consiste en procurar comprenderlos, ayudándoles a vencer las dificultades inherentes a esa etapa de su crecimiento, en usar de infinita paciencia con ellos y ser condescendientes con las cosas secundarias, reservando las exigencias  apenas a aquello que sea esencial para su buena formación intelectual, moral y espiritual

“Invóquese el auxilio de religiosos, profesores, filósofos y psicólogos, a fin de que la excesiva agresividad filial no alcance la línea  de la perversidad o de la delincuencia para con los padres y tampoco que la excesiva autoridad de los padres violente  los hijos, en  nombre de extemporánea o cruel desvinculación. Padres e hijos son, originalmente, conciencias libres, hijos de Dios empeñados en el mundo a la obra de auto-burilamiento, rescate de débitos, reajuste, evolución.

 

 

 Trabajo extraído del libro “Religión de los Espíritus” de Chico Xavier, de mensajes para la juventud de Emmanuel y de internet. Y de “Vida y Sexo” de Chico Xavier.

 

ANOTACIONES PRELIMINARES SOBRE LA CARIDAD

Anotaciones preliminares sobre

La Caridad

 

De entre todas las virtudes la Caridad es la más sublime, ya que es una manifestación para con nuestros semejantes, la mayor de las virtudes teologales Según la conocida afirmación de San Pablo, (1 Cor 13,13).

Es un amor infuso de amistad que une al hombre con Dios y le connaturaliza y lo transforma en El y al ser principio de unión con Dios, es también el origen en el hombre de la vida divina, que crece con la caridad. Si todas y cada una de las virtudes ayudan al hombre a conseguir su plenitud, es en función de que la caridad, la reina de todas, las utilice para ordenar o elevar a Dios, Bien absoluto, la entera vida humana. Y en este sentido la caridad es vínculo de perfección (Col 3,14).

El mérito de la vida sobrenatural consiste principalmente en la caridad, como principio ordenador de nuestra actividad a Dios, y las demás virtudes sólo son meritorias cuando están vivificadas por la caridad. Por tanto el valor moral del hombre no está en las obras sino en el amor, que es la primera de las obras y el motor y el valorizador de las mismas. Dice san Juan de la Cruz, y lo repetirá santa Teresa de Jesús, que “Dios no necesita nuestras obras, sino nuestro amor”. Por eso la caridad es la principal ley cristiana, cuyo primer mandato es amar a Dios y el segundo y semejante, amar al prójimo. “El que ame a Dios ame también a su hermano” (1 Jn 4,21). “En estos dos mandamientos se encierra la Ley y los Profetas” (Mt 22, 40). Y “la plenitud de la ley es el amor”

Los hombres, en el camino de la vida, no tienen la obligación de convertirse en filósofos, políticos, ni sabios, pero si tienen la obligación de ser buenos, justos y correctos en su obrar.

En este sentido, las virtudes Cardinales (Justicia, Templanza, Fortaleza, y Prudencia) y las virtudes Teologales (Fe, Esperanza, y Caridad) pueden convertirse en parámetros para aquellos hombres que deseen obrar correctamente y dentro del bien común.

“Si yo tuviera el don de profecías, conociendo las cosas secretas con toda clase de conocimientos, y tuviera tanta fe como para trasladar los montes, pero me faltara el amor, nada soy. Si reparto todo lo que poseo a los pobres y si entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado, pero sin tener amor, de nada me sirve”; 1-Corintios, capitulo 13 versículos 2-3.

El concepto de la caridad, está íntimamente ligada con el amor divino y fraterno más que otra virtud o manifestación humana y su espíritu trasciende más allá de culturas y religiones.

Aquellos quienes en caridad dan sus bienes de noche y de día, en secreto y en público, tienen su premio con el señor.

El más bello ejemplo de caridad se puede extraer de la vida de la Madre Teresa de Calcuta. En cierta ocasión, la madre Teresa y las Misioneras de la Caridad habían recogido, de un desagüe de la ciudad, a un anciano que tenia la mitad de su cuerpo comido por gusanos. Las hermanas lo cobijaron en su albergue, limpiaron de gusanos su cuerpo enfermo y lo acostaron en una cama con sabanas limpias. El hombre antes de morir les sonrío y dijo;”He vivido como un animal en las calles, pero voy a morir como un ángel, amado y cuidado”.

Es esta la caridad que la Madre Teresa de Calcuta predica cuando nos dice que hay que dar y amar hasta que nos duela.

Dispensemos amor juntamente con el pedazo de pan y liberémonos de nuestra caridad complaciente para dar la ayuda más verdadera al necesitado, al amigo y al enemigo, Que no nos sorprendan en el juicio final, preguntando ¿Señor, Cuando te vimos hambriento y te dimos de comer?; ¿sedientos y te dimos de beber o forastero y te recibimos, o sin ropa y te vestimos? ; ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y te fuimos a ver?

LA CARIDAD MAS QUE UNA PALABRA, VIRTUD, O SIMPLEMENTE UN ACTO, ES UN SENTIMIENTO Y AL AMPARO DEL AMOR, ESTE SENTIMIENTO SE HACE UNA MANIFESTACION DEL AMOR DE DIOS. El DIOS AMOR QUE NOS LLAMA A VIVIR EN EL AMOR FRATERNO COMO FORMA UNICA DE VIDA.

El mejor modelo para enseñar el amor resplandeciente reflejado en la acción de la caridad es el de la figura del samaritano escogida  por Jesús, ya que socorre al adversario sin hacerle algún interrogante, y sin tener en cuenta que el hombre caído y expoliado era alguien que lo maltrata y desconsidera, y que, si estuviera en su lugar,  lo dejaría relegado a los buitres y a la muerte, sin el menor sentimiento de culpa, en el caso de que la situación fuese opuesta.

Sin embargo, se condolió, se vio a si mismo abandonado y vencido, reconociendo en el otro la imagen y semejanza de Dios, porque es su hermano, pese a que él no lo considere y así, dominado por la compasión, lo socorrió, le dio su cabalgadura, siguiendo a pie y protegiéndolo  de cualquier caída, a fin de ampararlo en un hospedaje.

Ese hospedaje puede considerarse, como el vientre de una madre que alberga en el seno al hijo cansado y necesitado de protección, recolocándolo en el vientre y sustentándolo.

La armonía psicológica de la parábola es de contenido muy profundo que encanta y le concede carácter de integración en un contenido perfecto.

La sombra del hospedero también cede lugar a la claridad del Bien, porque este confía en que el extraño volverá para concluir el pagamiento, en caso de que el amparado exija mayores cuidados.

El hombre ultrajado, jamás conocerá a su benefactor. Tampoco este sabrá que aconteció, posteriormente con su beneficiado. El siente la necesidad de ayudar en aquel momento, porque después sería demasiado tarde. No hacer el bien es una forma de estimular el mal. Así sienten todas aquellas personas  que están liberadas del condicionamiento de responder perjuicio por perjuicio, perversidad por perversidad.

El verdadero sentimiento de caridad con Jesús, no se trata de una donación que humilla, del ofrecimiento de cosas y pertenencias inútiles, de los excesos  que abarrotan muebles y se enmohecen en los armarios.

El ya lo demostró cuando narro la parábola de la viuda pobre, que dio la moneda que la auxiliaría en la alimentación del día, y por eso, era mucho más valiosa que todo lo superfluo en joyas, monedas y objetos de alto precio que fueron colocados  en el gazofilacio.

Su ejemplo fue un auto donarse, entregar todo lo que poseía y le era necesario, anulando el egoísmo a favor del significado religioso de la ofrenda.

Solamente así, dando y donándose, el individuo se salva, se libera de las pasiones, de la esclavitud de la posesión infeliz; se torna con el Bien que esparce  y disfruta, volviendo al reino de los cielos sin estar encadenado a la tierra.

La caridad resulta de la lección más pura y más profunda del amor de Jesús, que se prolongará por toda la Iglesia cristiana primitiva, pero que se corromperá  en la forma degradante de la limosna  que humilla y que aflige a aquel que necesita, marcándolo con la miseria, robándole  la identidad  que lo dignifica…

El Maestro, el Hombre de Bien fue buscado por el doctor de la Ley, el cual sabia con quien dialogaba, envidioso  y celoso, deseaba colocarlo en una trampa, pareciéndose  a un niño psicológico que, pese a ser adulto, se niega a la madurez de la responsabilidad, al auto análisis  de la auto conciencia.

Sintiéndose incapaz de ser semejante a Jesús, traicionó a su propia inferioridad, desenado perturbarlo, conducirlo al ridículo.

Su pregunta era la que presentan los impostores, sabiendo la respuesta, pero cotejándola  para que despierte celos inconfesables y envidia mezquina  en aquellos que lo escuchaban.

El sabia sobradamente  qué era necesario para poseer la vida eterna, lo demostró al ser interrogado a su vez por Jesús a lo que estaba escrito en la Ley, siendo taxativo al repetir el Decálogo, demostrando la lucidez de la memoria  y el atraso de los sentimientos.

El Maestro  con Su sabiduría  y profundidad de percepción, sabiendo que el interrogador conocía sobradamente la respuesta, se valió de las figuras dominantes  desagradables  de otro sacerdote y de un levita,  que representaba el lado oscuro de la sociedad preocupada con los triunfos de la ilusión para confrontarlo con el samaritano, que se colocaba en la condición de inferioridad, demostrando que el amor es soberano, que no depende de la posición social, de raza, de privilegio. El mismo es un privilegio que engrandece a quien lo vive y puede esparcirlo.

La Parábola del buen samaritano es un poema  de la más profunda psicología del Maestro hacia la Humanidad, que después de oírlo conscientemente, nunca más podrá ser la misma, tornándose  necesario a cada individuo ATENDER AL MANDATO: – Entonces, ve dice Jesús, y haz lo mismo

Ayudar  es auxiliarse, libertar es la forma noble de tornarse libre.

Amar es querer el bien para los demás, que pueden compartir con nosotros el bien de la caridad, que es la bienaventuranza divina. Con la misma caridad con que amamos a Dios, como objeto primario, debemos amar a los hermanos como objeto secundario. O lo que es lo mismo, nuestro amor de amistad con Dios, debe extenderse a todos los que comparten el bien divino que participan, y esto por la común bienaventuranza trascendente; por la filiación divina, por la que amamos a Dios como Padre y a sus hijos, los hombres, como El los ama; y por su incorporación a Cristo.

 

La caridad ama al hombre por Dios, y le procura, ante todo, sus bienes divinos. Es distinta de la filantropía, que ama al hombre por el hombre y quiere y procura sólo sus bienes humanos y temporales. En consecuencia, para que los amores naturales legítimos sean meritorios, deben ser elevados por la caridad. Una madre debe amar a sus hijos, no sólo como hijos de ella, sino primeramente como hijos de Dios, si quiere que su amor sea meritorio.

Incluso en el hombre menos valorizado hay un valor divino que le hace acreedor al amor de los demás hombres. Dice Santo Tomás: “La razón del amor al prójimo es Dios; pues lo que hemos de amar en él es que esté en Dios. Y por eso el acto con que amamos a Dios es el mismo que el acto con el que amamos al prójimo”

El amor a los enemigos obliga a romper el odio y el deseo de venganza. Por eso pecan gravemente las personas que dejan de saludarse o hablarse durante mucho tiempo, y hay obligación de reconciliarse cuanto antes. La caridad produce frutos: la misericordia, que es la primera y más importante de las virtudes con el prójimo, cuyas obras corporales y espirituales, son conocidas: Enseñar, dar buen consejo, corregir, perdonar, consolar, sufrir, rogar, visitar, dar de comer y de beber, vestir, dar posada, redimir, enterrar.

 

La beneficencia, es hacer a los demás algún bien, como signo de la benevolencia interior. A veces se relaciona con la justicia, cuando lo que se da, se debe; o con la liberalidad, cuando se da gratuitamente.

Faltamos a la caridad con el odio, que desea el mal al prójimo, o se entristece por sus bienes; con  la envidia, o tristeza del bien ajeno, que se considera como mal propio, porque parece que rebaja la propia gloria y excelencia. La envidia, es uno de los pecados más viles, señal de un alma ruin, totalmente contraria al evangelio. Nace de la soberbia, y engendra el odio, la murmuración, la difamación, la alegría del mal y la tristeza en la prosperidad; y faltamos también a la caridad con, la discordia, la riña, el escándalo, la cooperación al mal.

León Denis nos dice  que   es muy difícil practicar la caridad con los hombres que no son amables, ya que nos complacemos  en  considerar únicamente, los malos aspectos de sus caracteres, sus defectos, sus pasiones y sus debilidades, olvidando con demasiada frecuencia que nosotros mismos  no estamos exentos de ellos, y que si ellos necesitan de caridad nosotros no tenemos menos necesidad de indulgencia.

No solo el mal reina en este mundo, hay también mucho bien en el hombre, hidalguía y virtudes. Sobre todo hay sufrimiento. Si queremos ser caritativos, y debemos serlo,  tanto por nuestro propio interés como por el orden social, no nos obstinemos  en nuestros juicios acerca de nuestros semejantes, en lo que pude llevarnos a la maledicencia  y a la denigración, debemos ver en el hombre, sobretodo, a un compañero de sufrimientos, a un hermano de armas en las luchas de la vida. Considerando los males que padecen  en todas las categorías de la sociedad. ¿Quién no soporta el peso de las tristezas y de las amarguras? ¿Quién es el que  no oculta una llaga  en el fondo de su alma? Si nos colocamos en este punto de vista  para considerar al prójimo, nuestra benevolencia se cambiará al punto de simpatía.

Procuremos aliviar los males, enjugar las lágrimas, trabajando con todas nuestras fuerzas para que se produzca en la Tierra un reparto más equitativo de los bienes materiales y de los tesoros del pensamiento.  Una buena palabra, un consejo desinteresado, un cordial apretón de manos, tienen mucho poder sobre las almas ulceradas por el dolor. Los vicios del pobre nos indignan y, sin embargo, ¡cuánta disculpa hay en el fondo de su miseria! No pretendamos ignorar sus virtudes, que son mucho más asombrosas, puesto que florecen en el lodazal.

¡Cuantas abnegaciones oscuras hay entre los humildes! ¡Cuántas luchas heroicas y tenaces contra la adversidad! Sin duda, mucho fango y muchas cosas repugnantes se encuentran en las escenas de las vidas de los débiles.  Quejas y blasfemias, embriaguez y proxenetismo, hijos sin corazón y padres sin entrañas: todas las fealdades se confunden en ellas; pero bajo este exterior repulsivo existe siempre el alma humana que sufre, el alma hermana nuestra, digna siempre de interés y de afecto.

Sustraerla al lodo de la cloaca, esclarecerla, hacerla subir, grada a grada por la escala de la rehabilitación  ¡Qué gran tarea! Todo se purifica con el Sol de la Caridad. Es el fuego que abrazaba al Cristo a los Vicentes de Paul, y a todos aquellos, que en su inmenso amor hacia los débiles y los abatidos, encontraron el principio de su abnegación sublime.

La caridad tiene otras formas diferentes de solicitud para con los desdichados. La caridad material o bienhechora puede aplicarse a un cierto número de semejantes  bajo la forma de socorro, de sostén o de estimulo. La caridad moral  debe extenderse a todos  los que participan de nuestra vida en este mundo.no consiste en limosnas, sino en una benevolencia que debe envolver a todos los hombres, desde el más virtuoso al más criminal y regir nuestras relaciones con ellos. Esta caridad podemos practicarla todos, por muy modesta que sea nuestra condición.

La verdadera caridad es paciente e indulgente. No humilla ni desdeña a nadie; es tolerante, y si trata de disuadir, es con dulzura y sin violentar las ideas que se profesan.

Sin embargo, esta virtud es escasa, por el cierto fondo de egoísmo que nos lleva más bien a observar, a criticar los defectos del prójimo, mientras permanecemos ciegos a los nuestros. Cuando en nosotros existen tantos errores, ejercitamos de buen grado nuestra sagacidad en hacer resaltar los de nuestros semejantes. La verdadera superioridad moral no existe sin  la caridad y si en la modestia. No tenemos derecho a condenar en otros las faltas que estamos expuestos a cometer, y aunque estemos seguros de tener dominada esa falta, no debemos olvidar que hubo un tiempo en que nos debatíamos entre la pasión y el vicio.

La perfección en la tierra no existe. Y no debemos olvidar que seremos juzgados con la misma medida  con la que juzguemos a nuestros semejantes. Las opiniones que sacamos de ellos son casi siempre un reflejo de nuestra propia naturaleza.  Procuremos por eso siempre disculpar antes que condenar.

El porvenir se nos presentar siempre funesto si conservamos las malas conversaciones, y la maledicencia en nuestras reuniones. El eco de nuestras palabras resonará al otro lado de la vida. El humo de nuestros pensamientos malévolos  será una espesa nube en la que quedaremos envueltos y oscurecidos en el más allá. Por eso guardémonos de las críticas, de las palabras burlonas y sarcásticas que  envenenan el porvenir. Huyamos de la maledicencia  como de una peste; retengamos en nuestros labios toda frase amarga dispuesta a escaparse de ellos. En esto estriba nuestra felicidad.

El hombre caritativo hace el bien en la sombra; disimula sus buenas acciones, mientras que la vanidosa proclama lo poco que hace. “Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda” dijo Jesús – “El que  hace el bien con ostentación ya ha recibido su recompensa”.

Dar a escondidas, ser indiferente a las alabanzas de los hombres es mostrar una verdadera elevación de carácter, es colocarse por encima  de los juicios de un mundo y buscar la justificación  de los actos en la vida que nunca acaba.

En estas condiciones, la ingratitud y la injusticia no pueden alcanzar al hombre caritativo. Hace el bien  porque es su deber y sin esperar obtener ventaja alguna. No busca recompensas; deja a la ley  eterna el cuidado  de hacer  que se deduzcan las consecuencias de sus actos, o, más bien, ni siquiera piensa en ello. Es generoso sin cálculo. Para favorecer a los demás, sabe  privarse de si mismo, penetrado de la idea de que no existe merito alguno en dar lo superfluo. Por eso, el óbolo del pobre, el dinero de la viuda, el pedazo de pan compartido con el compañero  de infortunio tienen más valor que la prodigalidad del rico. El pobre, en su carencia de lo necesario, puede aun socorrer al que es más pobre que el.

El oro no agota todas las lágrimas ni cura todas las llagas. Hay males para los que una amistad sincera, una ardiente simpatía, una efusión del alma harán más que todas las riquezas.

Por eso seamos generosos con los que han sucumbido en su lucha contra el mal, contra sus pasiones,; seamos generosos para con los pecadores; los criminales y duros de corazón. Pensemos siempre que su responsabilidad depende de sus conocimientos, que más se pide a aquel que más sabe.

Seamos piadosos con los humildes, con los débiles, con los afligidos y con todos aquellos que sangran por las heridas del alma  o del cuerpo. Busquemos los ambientes  donde el dolor abunda, donde los corazones se resienten,  donde las existencias se consumen en la desesperación y el olvido. Descendamos por esos mismos abismos de miseria, con el fin de llevar hasta ellos los consuelos que reaniman, las buenas palabras que reconfortan y las exhortaciones  que vivifican, con la finalidad  de hacer que brille en ellos la esperanza, ese sol de los desdichados. Solamente con abnegación y el afecto nos aproximaremos a ellos en la distancia, prevendremos los cataclismos sociales, extinguiendo el odio que se alberga en los corazones de los desheredados.

 Todo lo que hagamos por nuestro hermano se graba en el gran libro fluídico cuyas paginas se desarrollan a través del espacio, paginas luminosas donde se inscriben nuestros actos, nuestros sentimientos y nuestras ideas. Y esas deudas nos serán pagadas largamente en las existencias futuras.

Nada queda perdido  ni olvidado. Los lazos que unen a las almas a través de los tiempos son tejidos con las buenas acciones del pasado. La sabiduría eterna lo ha dispuesto así para el bien de los seres. Las buenas obras realizadas en la Tierra constituyen para su autor un venero de infinitos goces en el porvenir.

La perfección del hombre se resume en dos palabras: caridad y verdad. La caridad  es la virtud por excelencia; es de esencia divina, ya lo dijimos antes. Resplandece en todos los mundos  y reconforta a las almas  como una mirada, como una sonrisa del Eterno. Aventaja en los resultados al saber y al genio. Estos no se manifiestan sin algo de soberbia. Son reconocidos y a veces desconocidos; pero la caridad, siempre dulce y bienhechora, enternece los corazones más duros y desarma a los espíritus más perversos inundándolos de amor.

La caridad, cualquiera que sea la forma por la que se exprese, debe tener siempre por efecto estrechar los lazos del afecto humano, de la fraternidad entre las almas. Cuando todos los hombres se unan en las obras de beneficencia y practiquen la filantropía, sin llevar en cuenta creencias ni opiniones y se hallen unidos todos, no por el credo que profesan, más si por la obra que realicen, la Humanidad habrá dado un paso gigantesco en el camino de su evolución.

Sed filántropos, sed caritativos, practicad la beneficencia, fundar instituciones benéficas, que todo esto corresponda al genuino sentimiento de la caridad, no les imprimáis cuño confesional, sea cual sea. La caridad es caridad, y nada más que caridad y abraza a todas las creencias y religiones, sin distinción alguna, porque todos somos hijos de Dios objetos de su amor inagotable. Dar cuño a una obra de beneficencia distinguirla con un adjetivo ajeno a su función, para diferenciarla de otras, es ensuciarla despojarla del mayor valor que la debe distinguir, adornándole la frente con inmaculada aureola de la verdadera caridad.

Desempeñemos desde ahora todas nuestras tareas con caridad. Si no encontramos retribución espiritual, en el dominio del entendimiento, en sentido inmediato, sabemos que el Padre nos acompaña a todos  devotamente.

Si encontramos piedras y espinos en el camino, fijémonos en Jesús y pasemos.

 

Trabajo realizado por Merchita 

Trabajo extraído del libro de Divaldo Pereira Franco “Jesús y el Evangelio, a la Luz de la Psicología Profunda. De Internet y del libro de León Denis  “Después de la muerte.

PROTECCIÓN PARA LAS INFLUENCIAS NEGATIVAS (CONFERENCIA)

PROTECCIÓN PARA LAS INFLUENCIAS NEGATIVAS

15 de mayo del 2010

Cada uno tiene su mundo, su  propio clima  de fuerzas buenas  o malas, y su propio circulo de entidades desencarnadas.

Estando la sociedad del Mundo Espiritual constituida por aquellos que vivieron en la Tierra, aquí como allí, no faltan los ociosos, las mentes viciadas, los parásitos,  los perseguidores inveterados, los crueles obsesores, los infelices de todas clases, que deambulan solitarios o en grupos, aislados en sí mismos o en colonias  perniciosas, buscando presas irresponsables e inconscientes para efectuar el comercio de la vampirización. 

En todas las circunstancias de la vida en que las expresiones  antagónicas del desorden íntimo provocan  tormentos, vínculos psíquicos con los desencarnados, conscientes o turbados por el trance de la muerte, generalmente, promueven  largos procesos obsesivos y causan infelices estados de perturbación que son capaces  de llevar a la delincuencia a la locura. La esfera de los llamados muertos siempre ha influido poderosamente  en la actividad  mental  de los llamados vivos. Al penetrarse recíprocamente  los dos continentes de la vida: el físico y el espiritual, es muy difícil establecer  el marco divisorio, capaz de definir con precisión donde uno empieza  y otro termina. Por eso, muerte es vida,  y vida en el cuerpo no deja de ser muerte… 

Los malos espíritus, pululan en la Tierra, por la inferioridad moral de sus habitantes. La acción maléfica de esos Espíritus es parte integrante de los flagelos con que la Humanidad se ve abrazada en este mundo. La obsesión que es uno de los efectos  de semejante acción, así como las enfermedades y todas las tribulaciones de la vida, debe ser considerada como probación  o expiación, y aceptada como tal.

 

Allan Kardec con los elocuentes testimonios de la inmortalidad del alma, de la comunicabilidad de los Espíritus, de la reencarnación y de las obsesiones, fue el que  presento una terapéutica conveniente  para ser aplicada  en las influencias malignas de los espíritus ignorantes. A partir de la publicación de “El Libro de los Médiums” en enero de 1861, en Paris, se presenta todo un conjunto de reglas un notable esquema de las facultades mediúmnicos, y un seguro estudio del Espíritu en sus diversas facetas, que culmina  con el examen  de las manifestaciones espiritas, de la organización de Sociedades y de conferencias  de los Espíritus Elevados, que trazaron rutas de seguridad  para los que ingresen  en la investigación racional de los fenómenos mediúmnicos.

La Codificación Kardeciana, monumento granítico levantado para los siglos venideros no resolvió el “problema del hombre”, puesto que solo al hombre le corresponde hacerlo. Sin embargo, le ofrece bases y direcciones  seguras para que tenga una vida feliz, ética y socialmente armoniosa en la familia y en la comunidad donde fue llamado a vivir.

 

La misión primordial de la Doctrina Espirita  es el despertar al hombre para su naturaleza especialmente espiritual, ayudándolo a convivir  con su mundo  de apariencias y el de  los seres del mundo invisible, que ejercen sobre nosotros  una acción muy fuerte capaz de influir profundamente  en nuestra vitalidad, en nuestro libre albedrio y hasta en nuestro destino, próximo o remoto.

El Espiritismo está destinado a liberar al hombre encarnado de la acción del medio que lo rodea,  de modo que pueda determinarse, concientizarse de sí mismo y actuar bajo el comando de su libre albedrio. En una palabra, a mejorarse interiormente.

En el plano físico, el hombre se mueve oprimido  por los intereses de sus semejantes, desde el núcleo familiar, que le exige  renuncias constantes  de sí mismo para  que pueda convivir razonablemente  con las personas que lo rodean.

Aquí en el plano físico el hombre domina la situación, pudiendo aceptar o no hacer las cosas.  El proceso  es abierto, las personas pueden ser analizadas, detectadas, incluso sentidas en su acción y puede decirse que nada ocurre, con su desconocimiento cuando se trata de una acción directa sobre su persona.

Sin embargo en el plano invisible o espiritual la cosa es bien diferente, nuestros sentidos no penetran en ese mundo esencial,  y todo lo que pasa en él, no pasa por nuestro conocimiento.  La acción de los Espíritus  sobre los encarnados, en el diario vivir del ser humano, es desconocido por este, porque no puede ver,  ni oír, ni sentir a los seres despojados del envoltorio carnal que  nos aísla del mundo normal y primitivo.

Los malos espíritus  explotan a los encarnados, pues tienen acceso, en todos los sentidos. Es muy importante  la organización de una defensa  para impedir  la acción de esas mentes  ocultas y  perversas, para no caer bajo su dominio, lo cual es mucho más fácil de lo que se piensa.

Allan Kardec, en la cuestión 459 de El Libro de los Espíritus pregunto: ¿Influyen los Espíritus  en los pensamientos y acciones de los encarnados? Y los Espíritus contestaron que su influencia es mayor de lo que pensamos, pues la mayoría de las veces son ellos los que nos dirigen.

El interés que mueve  a los Espíritus inferiores  a dominar  la mente de los encarnados y conducirlos  por los caminos  que ellos desean llevarlos  es a semejanza  de la de los hombres, su interés  es la satisfacción de sus instintos y de su orgullo.

Los espíritus ignorantes, situados  en los planos inferiores de la otra vida, en cavernas, absorben las energías de los encarnados y les vampirizan la vida como si fuesen  lampreas insaciables  en el océano del oxigeno terrestre. Suspiran por el retorno  al cuerpo físico, y persiguen las emociones del campo carnal con el desvarío de los sedientos en el desierto, absorbiendo reservas de fuerza de los seres encarnados  que les dan calor, desprevenidos del conocimiento superior. Pues en el fondo, las bases económicas de toda esa gente, residen, aun, en  la esfera  de los hombres comunes, y por esto, defienden apasionadamente, el sistema de robo psíquico dentro del cual se sustenta, junto a las comunidades en la Tierra.

Es conveniente  tomar conciencia  de ese flagelo que atormenta a la humanidad, para encontrar métodos adecuados con el fin de despertarlas sobre el peligro que corren cuando tienen la mente desprevenida y el corazón cerrado dentro de sí mismos, cuando se dejan atrapar en esas trampas de las sombras.

Sin asustar a las personas,  es necesario mostrar con las tintas de la realidad, cuantas y cuantas vampirizaciones  y  agresiones brutales son usadas en esas acciones nefastas de las sombras.

Pero, si el conocimiento de la materia está  con nosotros,  si el Espiritismo desde el inicio, se confiesa consciente de ese intercambio indeseable,  si tenemos más de 150 años de estudios e investigaciones ¿Qué nos falta  para enseñar a las personas, como analizar su pensamiento para identificarlo, y como defenderse de cualquier intromisión indebida  de los seres desencarnados?

Sabemos que todos los viciados, toxicómanos, alcohólatras, etc., etc., son víctimas de ese asedio, sin excepción. Si tuviesen conocimiento anterior de ese intercambio, tal vez resistiesen y usasen la razón  para rechazar una profundidad mayor de la dependencia, la subyugación impuesta por los Espíritus viciosos que comparten sus emociones y sensaciones groseras.

¡Cuántos hogares se desintegran bajo la intriga  mental de Espíritus malhechores entre los familiares incautos!

Cuantas persona enferman e incluso desencarnan, bajo la acción magnética  de mentes perversas, que ejecutan venganzas, o actúan para su propia satisfacción!

Ha llegado la hora de una cruzada esclarecedora en cuanto al intercambio  entre los mundos  visible e invisible, y son los espiritas los que pueden  hacerla.

La Doctrina Espirita posee antídotos, terapias especiales para  tan calamitoso mal de la obsesión.  Repitiendo las enseñanzas de Jesús, distiende lecciones  y rumbos    para aquellos que se acercan a sus fuentes vitales.

El mundo de los encarnados y desencarnados se interpenetran, ya que entre ambos no hay barreras que los separen ni fronteras  reales definidas.

Las orientaciones y socorros  en su gran mayoría proceden del Mundo espiritual, obtenidos en sesiones  realizadas  con la participación de diversos miembros de la Unión Espírita Bahiana, presidida por José Petitinga, el amigo incondicional de Cristo. Es gracias a él  que en el plano físico, se consiguió en cierto modo, acompañar  las disposiciones socorristas dedicadas  a  miembros envueltos  en tramas de la obsesión,  y es estudiando esta laboriosa tarea, que intentaremos extraer los conocimientos, para desarrollar el tema de esta conferencia, que no es otra, que desarrollar la protección que podemos utilizar para preservarnos de las influencias negativas.

Todos los apuntes  necesarios, se obtuvieron, con la valiosa cooperación de Petitinga y de las Entidades Superiores  que ayudaron en aquel intento, que fue un coronado éxito merced a la Divina Misericordia.

Los nobles luchadores de la mediúmnidad, los infatigables servidores  de las tareas de desobsesión,  se dedican   a los trabajos de socorro a los hermanos atribulados de ambos lados de la vida, cooperando con Cristo en  la implantación de un Mundo Mejor al que todos aspiramos.

Incesantemente los Espíritus ejercen su acción sobre el mundo moral y físico, actúan sobre la materia y sobre el pensamiento y constituyen  una de las potencias de la naturaleza, con ello una multitud de fenómenos  se efectúan que son explicados  racionalmente  por el Espiritismo. Constantemente los hombres nos relacionan con los espíritus, los buenos nos impulsan  hacia el bien, nos  sustentan en las pruebas de la vida y nos ayudan  a soportarlas con coraje y resignación. Los malos  nos incentivan al mal: les produce gozo vernos sucumbir y asemejarnos a ellos.

Allan Kardec invitado a participar en la lid de la cultura y de la información, empuñando el bisturí de la investigación, esclareció, con una Filosofía Científica – El Espiritismo -, extraída  de hechos debidamente comprobados, los misterios del oscurantismo, ofreciendo una terapéutica segura para las alineaciones torturantes, repitiendo   las experiencias  de Jesucristo junto a los endemoniados y enfermos de todo orden.

Clasificó como obsesión, a la gran mayoría  de los disturbios psíquicos y elaboró procesos de recuperación del obsesado, estudiando  a la luz de las reencarnaciones las causas anteriores de las aflicciones, valiéndose de un lenguaje  condicente con la razón  y experimentalmente demostrable.

La Codificación Kardeciano, monumento granítico levantado por los siglos venideros no resolvió el “problema del hombre”, puesto que solo al hombre le corresponde hacerlo. Sin embargo si ofrece las bases  y direcciones  seguras para que tenga una vida feliz, ética y socialmente armoniosa en la familia, en la comunidad donde fue llamado a vivir.

Con el advenimiento de la moderna Parapsicología, nuevos sucedáneos han sido creados para el espíritu inmortal  y mientras los investigadores se demoran ante el problema  de la designación nominativa que inspira  debates y controversias, la Doctrina  Espirita, aleccionando el amor y la fraternidad, el estudio y el conocimiento de la vida bajo la inspiración  de los Inmortales, dilata los brazos y libera  de los tejidos  vigorosos  de la obsesión, a aquellos  que por imprevisión o probación, se dejaron  arrastrar  a los oscuros precipicios de la anarquía mental, perturbados o subyugados por fuerzas vengativas de la Erraticidad, prescribiendo las mismas directrices morales  insertas en el Evangelio de Jesucristo, vivido en espíritu y Verdad.

EL Codificador  afirmó que “el conocimiento del Espiritismo”, lejos de facilitar el predominio de los malos Espíritus, tendrá  como resultado, a más corto u largo tiempo, cuando sea conocido por  toda la Humanidad, el destruimiento  de ese predominio, el de la obsesión, dando los medios de ponerse en guardia  de las sugestiones de ellos. El se valió en innumerables veces, pese a ser un conocedor del Magnetismo,  de diversos métodos de la Doctrina espirita  para liberarlos con seguridad, a través de la moralización del Espíritu perturbador y del sensitivo perturbado.

La Obsesión según Allan Kardec, es el dominio que algunos Espíritus logran adquirir sobre ciertas personas. Es practicado siempre por espíritus inferiores que tratan de dominar, pues los buenos espíritus  no infligen ningún constreñimiento, estos aconsejan, combaten las influencias de los malos espíritus y si no son escuchados, se retiran.

Los Espíritus son las almas de los hombres, y desde todos los tiempos ellos  ejercieron influencia  saludable o perniciosa sobre la Humanidad. La facultad mediúmnica  no es más que el medio para manifestarse. A falta de esa facultad, lo hacen por otras mil maneras más o menos ocultas”.

“Los medios  de combatir la obsesión, aclara Allan Kardec,  varían de acuerdo con el carácter que ella reviste”. Y elucida: “Las imperfecciones morales del obsesado constituyen frecuentemente, un obstáculo para su liberación”.

Aun hoy en día, la obsesión continúa siendo  un escollo terrible para la paz y serenidad de la criatura humana. Los orígenes de la obsesión están en los pliegues del espíritu encarnado, hay obsesiones en escala infinita, y los obsesados consecuentemente, son de variedad infinita. La etiopatogenia  de tales disturbios mentales, es más amplia  que la clásicamente presentada, mereciéndose destacarse la denominación  de causa carmica.

Viajero de la Eternidad, el espíritu conduce los gérmenes    cármicos  que posibilitan la convivencia con los desafectos del pasado, ofreciendo una nefasta comunión.

El odio no es solo el factor causante de la obsesión,  ni tampoco es solo en la Tierra donde se localiza la obsesión, más allá de la sepultura, en las regiones dolorosas y aflictivas de imperioso reajustes , de impostergables despertar de conciencias, se enfrentan muchos verdugos y víctimas, donde comienzan las prosecuciones y subyugaciones psíquicas.

La obsesión bajo cualquier modalidad que se presente, es una enfermedad de largo curso que exige una terapia especializada de segura aplicación y de resultados  que no es posible lograr apresuradamente.

Po tanto, los tratamientos de la obsesión son complejos,  imponiendo una elevada dosis de renunciación y abnegación por parte    de aquellos que se ofrecen o se dedican a tal menester.

Existe una fuerza capaz de producir resultados junto a los perseguidos encarnados o desencarnados, conscientes o inconscientes: la que deriva de la conducta moral al  principio el obsesor no se da cuenta de ella; sin embargo al correr del tiempo, los testimonios  de elevación moral que ofrece, confirmando la nobleza de la fe que procesa el servidor de Cristo, termina por convencer al verdugo   de la elevación de principios de que se revisten los actos de su  adoctrinador, acabando muchas veces, por dejar libre a aquel que lo afligía. Además de la ejemplificación cristiana, la oración consigue colmar las ulceras morales  de los asistidos, conduciendo bendiciones de armonía que apaciguan al desequilibrado, calmando  en él la sed y la necesidad de paz.

No siempre se obtienen los resultados deseados, el tiempo, para la mayoría de los Espíritus, tiene poca significación. Persisten obstinados y con tenacidad implacable  en los propósitos a los que se entregaron durante años, siguiendo es sus propósitos hasta después de la muerte, esto es, porque  en los tratamientos de obsesión, el resultado depende  del paciente. Este debe  esforzarse de inmediato, desde el principio del tratamiento de desobsesión, a  modificar radicalmente su comportamiento, procurando ejercitar la práctica de las virtudes cristianas, y principalmente, moralizándose. La moralización del enfermo es esencial, considerando que al moralizarse, demuestra a su enemigo la eficiencia  de las mejoras que ofrecen tal cambio de actitud  para conseguir la felicidad.

Esta asistencia a veces es prolongada, pero siempre los Espíritus Superiores interesados en el progreso de la Humanidad, ofrecen también, valiosos recursos que constituyen elementos saludables y preciosos.

Sin tal amparo, toda incursión que se intente en el ministerio de la desobsesión, será improductiva y también peligrosa, por los resultados negativos que presenta.

Un espíritu  luchador, debidamente preparado  para efectuar la experiencia socorrista a los obsesados, es una dinamo potente que genera  energía electromagnética, que al ser aplicada mediante los pases produce distonía y desequilibrios  en el huésped indeseable, apartándolo y facultando en el enfermo la liberación  mental necesaria para lograr una asepsia de carácter moral, reeducando la voluntad y meditando en oración un verdadero programa evangélico bien disciplinado, que en forma lenta pero segura, edifique una ciudadela  moral de defensa  en torno así.

Jesús  frente  a determinados perseguidores desencarnados afirmo: “contra esta clase de espíritus, solo la oración y el ayuno”, y después de atender las aflicciones de cada atormentado que Lo buscaba, prescribía, invariable e incisivo: “No vuelvas a pecar, para que no te suceda algo peor”

Generalmente desatendiendo los valores morales y espirituales, el obsesado  pierde valiosas defensas en el alma  un baluarte de difícil transposición. El Espiritismo, dedicándose  al estudio de “naturaleza de los Espíritus” posee los anticuerpos y sucedáneos eficaces para operar la liberación del enfermo, aunque sabemos que depende esta liberación del propio enfermo, como en todos los procesos patológicos atendidos  por las diversas terapéuticas médicas.         

Siendo el obsesado un transgresor, un deudor, es imprescindible que se predisponga a la labor edificante  para concretar su rescate frente a la Conciencia Universal, actuando de manera positiva, para atender  a las sagradas imposiciones de la armonía establecida por el Excelso Legislador.

  A pesar de los deseos de resarcirse moralmente el paciente, es imperioso que la renovación intima con sincera devoción hacia el bien, le confieran los títulos de amor y del trabajo, de forma  a poder testimoniar su real modificación en relación a su conducta pasada, ofreciendo al acompañante desencarnado, su propia iluminación.

En este sentido, la intervención del auxilio fraterno efectuada por otros corazones dedicados a la práctica de la caridad, es muy valiosa, puesto que ofrece al desencarnado la oportunidad de adquirir conocimientos a través  de la psicofonía atormentada, de la cual puede extraer fuerzas para aprender, meditar, perdonar, olvidar…

Sin embargo, no es fácil, tal emprendimiento, dentro de los moldes necesarios. Son pocos los núcleos que se encuentran en condiciones, para atender la desobsesión, si tenemos en cuenta la tarea a desarrollar dentro de sus cuadros complejos….

En la desobsesión, la cirugía espiritual es necesaria, cuando no imprescindible, para alcanzar los resultados requeridos. Además de estos trabajos, existen otros  que exigen abnegación y sacrificio por parte de los cooperadores encarnados, con entrega natural de amplia escala del valioso esfuerzo moral, para poder manipular las mínimas condiciones psicoterápicas en el recinto de socorro, a favor de los desvariados que hay que atender…

En este particular, la oración igualmente, y tal como la preconiza Allan Kardec “es el más poderoso medio de que se dispone para remover  de sus propósitos maléficos al obsesor”. No siempre  la oración es requerimiento, petición. Es también, lenitivo, renovación. No siempre tiene el objetivo de atenuar el dolor, y si comprenderlo, consecuentemente, lenificando el alma,  además es vehiculo, interfono para la comunión con Dios…

Por eso, cualquier operación socorrista a la que seamos llamados, observemos la disposición moral de nuestro propio espíritu y oremos, elevando el pensamiento en busca de Jesús, para pedirle que nos facilite el concurso de los Buenos Espíritus, por medio de los cuales y solamente así, podremos ofrecer algo a favor de unos y otros: Obsesores y obsesados.

Examinando y sondeando el mundo interior constantemente, el enfermo, no se sorprenderá de un momento para otro con la mente en desaliño, atendiendo a las solicitudes de los desencarnados que le siguen desde el ayer, perturbados e infelices, procurando enloquecidos “hacer justicia con sus propias manos” transformados  en verdugos de su serenidad.

Trabajando  en el bien con esfuerzo y perseverancia, para que el ejemplo propio y la lucha cancele la deuda – enfermedad que te martiriza_ se liberara de la dura prueba, antes de que deba continuar afligido, por la senda dolorosa… y purificadora.

En cualquier circunstancia, corresponde al noble ejercicio de la mediúmnidad bajo la advocación  de Jesús,  y a la  sublime  labor desarrollada en las sesiones serias de desobsesión, el indeclinable menester  de auxiliar  a los que padecen obsesión, en el sentido de modificar las expresiones de dolor y angustia que están en vigencia en la Tierra atormentada de nuestros días.

El intercambio entre los Espíritus y los seres de la Tierra en actitud persecutoria es paralelo al vigente entre los hombres y los que perdieron  la indumentaria física.

También existe el mal ocasionado de encarnado a encarnado.

El pensamiento es siempre dinamo vigorosa que emite ondas y que registra vibraciones, en permuta ininterrumpida que se lleva a cabo en las diversas bandas  que circundan la Tierra.

Hay mente viciadas y atormentadas, esclavas de la mono idea  obsesiva que muchas veces, sincronizan con otras mentes desprevenidas y ociosas, generando una presión devastadora.

Es necesario observar los diversos problemas que nos afligen, a fin de seleccionar los que proceden de parte del alma encarnada y los que se vinculan  a los cuadros aflictivos del mundo espiritual.

Tanto el odio como el amor desvariado, constituyen los elementos generadores de esas enfermedades especiales, de esas obsesiones. El odio, por la fijación prolongada de la idea de venganza, crea un acondicionamiento psíquico que emite ondas en línea recta hacia  el ser generador de ese sentimiento, si no se encuentra debidamente amparado en los principios superiores de la vida capaces de  destruir las ondas invasoras, termina por dejarse encadenar. Y el amor desequilibrado que se convierte en pasión cruel, debido al tormento impuesto, por la posesión fija del objeto deseado, conduce al espíritu atormentado a visitar el alma  del atormentador durante los periodos del sueño reparador.  

En cualquier hipótesis, las directivas clarificadoras de Jesús, son rutas y vehículos de luz libertadora para ofrecer a unos y a otros, obsesos y obsesores, los medios de superación.

La exhortación de Allan Kardec en torno al trabajo es de una eficiencia nada común, porque el trabajo edificante es un mecanismo de la oración trascendental y la mente que trabaja,  se sitúa  a la defensiva. La solidaridad es como una usina que produce fuerza positiva de amor y como el amor es causa motriz del Universo, aquel que se vincula al proceso de la solidaridad, sintoniza con los instructores del orden que dirigen el Orbe.  Y la tolerancia, que es la manifestación de ese amor en forma de piedad edificante,  se transforma  en coraza de luz, vigorosa y maleable, capaz de destruir los dardos del odio pertinaz  a los proyectiles del deseo desordenado, por cuanto, en la tolerancia fraterna, se anulan las vibraciones negativas de esta o aquella procedencia.

Es así que la trilogía recomendada por el Insigne Codificador, refleja la acción, la oración y la vigilancia preconizada por Jesús. Procesos edificantes de salud espiritual y puente que eleva al viajero sufriente de la Tierra a las planicies redentoras de las Esferas Espirituales, libres de toda constricción y angustia.

Para que alcanzar la plenitud de la armonía intima,  es menester la oración con el cariño y la devoción con que la madre atiende el sagrado deber de amamantar al hijo.

La oración es una lámpara encendida en el corazón, clarificando la intimidad del alma.

El Espíritu encarcelado en la indumentaria carnal tiene necesidad de la comunión con Dios, por medio de la oración, tanto como el cuerpo necesita del aire puro Para proseguir la jornada.

Atribulado por las imperiosas necesidades diarias, el hombre  desatento se deja llevar  por la inestabilidad emocional, debilitando las resistencias fisiopsiquicas a las arremetidas de la perturbación espiritual.

En la Tierra, vivimos cercados por aquellos que nos procedieron en la gran jornada de la desencarnación. 

En razón de eso, somos lo que pensamos, permutando vibraciones que se armonizan con otras vibraciones afines. Debido  a las imposiciones  del renacimiento, el hombre es llevado a la depresión, a la exaltación,  vinculándose  a los pensamientos vulgares compatibles  con las circunstancias del medio, situación y progreso.

Por tanto se hace necesario, e imprescindible el ejercicio habitual de la oración mental para fortalecer las fulguraciones psíquicas que llegan al cerebro, haciendo de nuestra vida normal un vehículo para la propagación de pensamientos superiores.

Mientras el hombre descuida la preservación del patrimonio divino dentro de si mismo, los verdugos de la paz rodean su residencia carnal, amenazando su felicidad.

Estando endeudados con ellos, es necesario ayudarlos con los recursos valiosos de la virtud, marchando por sendas honestas, aun cuando las zarzas y espinas del camino hagan sangrar los pies.

Es necesario el  ejercicio de la oración, meditando sobre las impostergables necesidades de liberación y progreso.

El  cultivo de la bondad, extendiendo los brazos con indulgencia a fin de guiar a los que prosiguen desatentos e infelices, esparciendo animadversión y diseminando la locura.

Renovación de disposiciones intimas, y cuando se tenga la oportunidad  de hablar  con esos seres que nos perturban de mente desequilibrada, ungirse de amor  y comprensión, ayudándoles  cuanto sea posible, con humildad y renunciamiento.

El Maestro antes de ser visitado por los verdugos espirituales de las Zonas Tenebrosas, se recogía en la oración, recibiéndolos con caridad fraternal.

Trabajando infatigablemente por el bien de todos, con el corazón dispuesto a auxiliar y con la mente puesta en Jesús, comulgando con las Esferas Elevadas absorberás  las fuerzas necesarias para vencer todas las agresiones  de que puedas ser víctima, y sentirás que orando y ayudando, la paz continua contigo.

Utilice siempre la Doctrina Espirita como medida profiláctica,  aplique la paciencia y la comprensión, la caridad  de la buena palabra y del pase, el gesto de simpatía y de cordialidad; sin embargo, y con el pretexto de la bondad, no concuerde con el error al que él se aferra, con la pereza mental, en que se mantiene, ni con la rebeldía constante en la que pueda  encerrarse.

Las relaciones con los espíritus inferiores exigen cierta seguridad de ideas, tacto y firmeza. Todos los hombres no son aptos  para obtener  de estas relaciones  los buenos efectos que se desean esperar.   Hay que poseer una verdadera superioridad moral  para dominar a estos espíritus, reprimir sus desvíos y dirigirles por el buen camino del bien. Esta  superioridad solo se obtiene  con una vida  exenta  de pasiones materiales.

Se necesita un conocimiento práctico  del mundo invisible, con el fin  de poderse guiar  con seguridad  en medio  de las contradicciones y de los errores de estos espíritus ligeros.

Solo aquellos que saben perseverar sin postergar el trabajo de edificación interior, se hacen acreedores de la asistencia de los Espíritus interesados en la siembra de la esperanza y de la felicidad en la Tierra – programa sublime presidido por Jesús, desde las Altas Esferas.

Solo hay un remedio infalible para prescribir a los atacados por crueles obsesiones y males punzantes,  es la fe, la invocación al Cielo. Si, en el auge de los más crueles sufrimientos, se entonan himnos al Señor, el ángel de la guarda, indicará con su mano la señal de salvación

Vigilando y saneando constantemente  el propio mundo individual  creamos autodefensa, y frecuentando reuniones de carácter elevado nos beneficiamos de las influencias que allí predominan, ya que son más poderosas que las individuales. Purificándonos moralmente e instruyéndonos iremos obteniendo cada vez  resultados más favorables y perfectos, puesto que iremos vibrando en planos cada vez más altos del Mundo Espiritual y obteniendo la afinidad con Espíritus más elevados en la jerarquía.

El culto del Evangelio en el hogar es también una medida preventiva, ya que con ello atraemos la presencia del Maestro que con su luz nos ilumina, y gracias a su socorro, las entidades perversas que pululan a nuestro alrededor, se espantan, se alejan, y al mismo tiempo esas energías y efluvios emanados por las entidades socorristas en visita a nuestro hogar para traer la asistencia proveniente de Cristo, también influencia en ellos, haciéndoles desistir de sus acciones macabras, cuando la luz entra por una rendija de una puerta, a una sala totalmente oscura, siempre el recinto se esclarece algo, modifica su color. Y todos aquellos que están a nuestro alrededor, encarnados o desencarnados se benefician o perjudican con lo que sucede.

En conclusión: hemos de aprender  a respetar el derecho ajeno, y ante el sufrimiento, no olvidar nunca al Maestro en la Cruz, olvidando todo mal y ejerciendo el ministerio del perdón.  Y sobre todo cuando dijo: “Id y reconciliaos con vuestro hermano, antes de depositar vuestra ofrenda en el altar”. Jesús enseña que el sacrificio más agradable  al Señor es el que el hombre haga de su propio resentimiento; que antes de presentarse para ser por El perdonado, el hombre precisa haber perdonado y reparado el agravio que haya hecho a alguno de sus hermanos”.

“no hay corazón tan perverso, que aun a su pesar, no se muestre sensible al buen proceder. Mediante al buen proceder, se elimina al menos, todo pretexto de represalias, pudiendo hacer de un enemigo un amigo, antes y después de su muerte. Con un mal proceder, el hombre irrita a su enemigo, que se constituye entonces   en un instrumento del que la Justicia de Dios se sirve para punir a aquel que no perdono”

Amemos al enemigo, hasta el punto de cambiar para mejor servirle de ejemplo y así poder incitarle a seguir nuestro ejemplo. Y hacerles reflexionar, sobre el mal que hacen, para que tomen conciencia, de su error, cambiando para mejor.

Encendamos nuestras lámparas y procuremos que se ilumine todo  a nuestro alrededor con las claridades de la misma llama. Proclamando la verdad espiritual con valentía y humildad, porque aquel que huya de la luz, y de las palabras bien dichas, aquellos que ensordecen, que sus corazones quedan fríos  ante nuestros sentimientos de amor, la oportunidad pasará, y las tinieblas será presa de él.

 

Trabajo extraído del libro  “Entretelones de la obsesión” de Divaldo Pereira Franco

Por Mercedes Cruz Reyes, miembro fundador del centro espirita Amor Fraterno de Alcázar de San Juan Ciudad Real (España)