Archivo | julio 2011

EL ESPIRITISMO Y LA MUJER

ESPIRITISMO Y LA MUJER

 

Tanto en uno como en otro sexo, se encuentran excelentes médium; sin embargo, las más bellas facultades psíquicas, parecen ser privilegio de la mujer. De aquí, la gran tarea que le incumbe en la difusión del nuevo espiritualismo.

 

A pesar de las imperfecciones inherentes á todo ser humano, la mujer, para el que la estudia imparcialmente, no puede menos de ser un motivo de asombro y á veces de admiración. No es solamente en su rostro donde se realizan en la naturaleza y en el arte los tipos de la belleza, de la piedad, de la caridad, sino que en lo relacionado con los poderes íntimos de la intuición y de la adivinación, ha sido siempre superior al hombre. Entre las hijas de Eva, fue donde la antigüedad encontró sus célebres videntes y sibilas. Estos poderes maravillosos, estos dones de lo alto, la Iglesia creyó deber denigrarlos y suprimirlos en la edad media, valiéndose de los procesos de brujería. Hoy vuelven á encontrar su aplicación, porque es especialmente por medio de la mujer que se afirma la comunión con la vida invisible.

 

Nuevamente vuelve la mujer á revelarse en su misión sublime de mediador. Mediador es en toda la naturaleza. De ella viene la vida, ella es su fuente misma, el regenerador de la raza humana que no subsiste ni se renueva, sino por su amor y sus tiernos cuidados. Y este cargo, preponderante, que desempeña en el dominio de la vida, lo cumple también en el dominio de la muerte; pero sabemos que la vida y la muerte son una, esto es, las dos formas alternantes, los dos aspectos continuos de la existencia.

 

Mediador, la mujer lo es también en el dominio de las creencias. Siempre ha servido de intermediario entre la fe nueva que avanza y la fe antigua que decae y se empobrece. Tal fue su misión en el pasado, en los primeros tiempos del cristianismo, tal es su misión en el presente.

 

El catolicismo, que tanto debía á la mujer, no ha sabido comprenderla. Sus monjes, sus sacerdotes, viviendo en el celibato, lejos de la familia, no podían apreciar el encanto y la energía de este ser delicado, al cual consideraban más bien como un peligro.

 

La antigüedad pagana tuvo esta superioridad sobre nosotros; ella conoció y cultivó el alma femenina. Sus facultades florecían libremente en los misterios. Sacerdotisa en los tiempos védicos, en el altar doméstico, tomando parte íntima, en Egipto, en Grecia, en la Galia, en las ceremonias del culto, en todas partes, la mujer era el objeto de una iniciación, de una enseñanza especial, que hacían de ella un ser casi divino, el hada protectora, el genio del hogar, la guardería de las cargo de la mujer, personificando en ella.

 

A esta comprensión del cargo de la mujer, personificando en ella á la naturaleza, con sus intuiciones profundas, sus sensaciones sutiles, sus adivinaciones misteriosas, fue debida la hermosura, la fuerza la grandeza épica de las razas griega y céltica.

 

Porque tal como sea la mujer, así será el niño, así será el hombre. La mujer es, quien desde la cuna, forma el alma de las generaciones. Ella fue la que hizo aquellos héroes, aquellos poetas, aquellos artistas cuyas acciones, cuyas obras irradian a través de los siglos. Hasta los siete años, el niño permanecía en el gineceo bajo la dirección de la madre. Y sabido es lo que fueron las madres griegas, romanas, galas. Mas para cumplir la sagrada tarea de la educación, era necesaria la iniciación al gran misterio de la vida y del destino, el conocimiento de la ley de las preexistencias y de las reencarnaciones, porque esta ley, y solamente esta ley, da á la venida del ser que va á florecer bajo el ala maternal, un sentido tan conmovedor y tan bello.

 

Esta influencia bienhechora de la mujer iniciada que irradiaba sobre el mundo antiguo, como una suave claridad, fue destruida por la leyenda bíblica de la caída original.

 

Según las Escrituras, la mujer es responsable de la caída del hombre; ella pierde á Adán y, con el á todo la humanidad; ella traiciona. Á Sansón. Un pasaje del Eclesiastés la declara una cosa más amarga que la muerte. El matrimonio mismo parece un mal: Que los que tengan esposa sean como si no las tuvieran, exclama Pablo.

 

Sobre este punto, como sobre tantos otros, la tradición y el espíritu judaicos, han predominado en la Iglesia sobre las miras de Cristo, que fue siempre benévolo, compasivo, afectuoso para con la mujer. En todas las circunstancias la cubre con su protección; le dirige sus más conmovedoras parábolas. Siempre le tiende la mano, aún cuando esté mancillada, aún cuando esté caída. Por esto, las mujeres, agradecidas, le forman una especie de séquito; muchas le acompañan hasta á la muerte.

 

Por espacio de largos siglos, la mujer ha sido relegada al segundo término, rebajada, excluida del sacerdocio. Por una educación pueril, mezquina, supersticiosa, se la ha rodeado de trabas, se han comprimido sus más bellas aptitudes, obscurecido y sofocado su genio.

 

La situación de la mujer en nuestra civilización es difícil, dolorosa á veces. Las leyes y los usos no siempre favorecen á la mujer, la rodean mil acechanzas, y si desfallece, si sucumbe, raras veces se le tiende una mano piadosa. La relajación de las costumbres ha hecho de la mujer la víctima del siglo. La miseria, las lágrimas, la prostitucion, el suicidio, tal es la suerte de un gran número de pobres criaturas en nuestras sociedades opulentas.

 

Actualmente se produce una reacción. Bajo el nombre de feminismo, se acentúa un movimiento, legítimo en su principio, exagerado en su objeto, pues á la par de justas reivindicaciones, afirma miras que harían de la mujer, no ya una mujer, sino una copia, una parodia del hombre. El movimiento feminista desconoce el verdadero oficio de la mujer y tiende á rechazarla lejos de su vía normal y natural. El hombre y la mujer han nacido para des empeñar deberes distintos, pero complementarios bajo el punto de vista de la acción social, son aquí valientes é inseparables.

 

El espiritualismo moderno, con sus prácticas y sus doctrinas, todas de ideal, de amor, de equidad juzga de otra manera la cuestión y la resuelve sin esfuerzo y sin ruido. Devuelve á la mujer su verdadero lugar en la familia y en la obra social, mostrándole el sublime cargo que le corresponde en educación y en el adelanto de la humanidad. Hace más aún. Por el espiritualismo vuelve ella á ser e mediador predestinado, el lazo de unión entre las sociedades de la tierra y las del espacio.

 

La gran sensibilidad de la mujer hace de ella e médium por excelencia, capaz de expresar, de traducir, los pensamientos, las emociones los padecimientos de las almas, las divinas enseñanzas de los espíritus celestes. En la aplicación de sus facultades encuentra goces profundos, una fuente viva de consuelos. La parte religiosa del Espiritismo la atrae y satisface las aspiraciones de su corazón, su necesidad de ternura que se extiende más allá de la tumba sobre los seres desaparecidos. El escollo para ella, lo mismo que para el hombre, es el orgullo de los poderes adquiridos, es la excesiva susceptibilidad. Los celos, al suscitar rivalidades entre los médium, son á menudo una causa de desagregación en los grupos.

 

De ahí la necesidad de desenvolver en la mujer, al mismo tiempo que sus poderes intuitivos, sus admirables cualidades morales, el olvido de sí misma el goce del sacrificio, y en una palabra, el sentimiento de los deberes y de las responsabilidades unidas á su misión mediadora.

 

El materialismo, al no considerar en nosotros más que el organismo físico, hace de la mujer un ser inferior por su debilidad y la arrastra hacia el sensualismo. Por él, esta flor de poesía se doblega bajo el peso de las influencias degradantes, se deprime y se envilece. Privada de su cargo mediador de su pura aureola, esclava de los sentidos, ya no es más que un ser instintivo, impulsivo, apropiado para las sugestiones del amor malsano. El respeto mutuo, las fuertes virtudes domésticas desaparecen; la discordia, el adulterio, penetran en el hogar, la familia se disuelve, la felicidad se desvanece. Una joven generación escéptica, desilusionada, surge del seno de una sociedad decadente.

 

Pero con el espiritualismo, la mujer levanta de nuevo su frente inspirada. Se asocia estrechamente á la obra de armonía social, al movimiento general de las ideas. El cuerpo no es más que una forma prestada, la esencia de la vida es el espíritu, y bajo este respeto, el hombre y la mujer son iguales. De esta manera, el espiritualismo moderno vuelve á las ideas de nuestro Padre, los celtas, establecen la igualdad de los sexos sobre la identidad de la naturaleza psíquica y el carácter imperecedero del ser humano. Les señala un puesto igual en los grupos de estudios.

 

Por el espiritualismo, la mujer se desprende del abismo de los sentidos y se remonta hacia la vida superior. Una luz más pura ilumina su alma, su corazón es un foco de tiernos sentimientos y de nobles pasiones. Recobra en el hogar su misión toda de gracia, de piedad, de abnegación, su grande y divino cargo de madre, de hermana, de educadora, de tierna consejera.

 

Desde entonces termina la lucha entre los dos sexos. Las dos mitades de la humanidad se unen, se equilibran en el amor para cooperar, reunidas, al plan providencial, á las obras de la inteligencia divina.

 

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La sensibilidad de la mujer, su ternura, feminidad, y su gran sentimentalismo, la permiten siempre adentrarse en los dramas de la vida, donde ella siempre elabora trabajos, ensaya métodos, y derrama esplendor, cuando la experiencia la hace ganadora de galardones imperecederos. Con el amor, todas las puertas le son accesibles, porque ella sabe muy bien habilitarse para toda ocasión, como femenina y delicada, ella se adorna según las circunstancias, con el fin, de procurar siempre ejecutar  bien su papel. Instalemos el amor en nuestros corazones,  y tendremos en el futuro un gran tesoro, de donde sacaremos el material necesario, para elaborar un trabajo digno en nuestro cometido, en el área de servicio que nos toca elaborar en esta vida.  Comentario, elaborado, con mucho amor y cariño de (Merchita).

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EL CASAMIENTO RELIGIOSO Y EL ESPIRITISMO

EL CASAMIENTO RELIGIOSO Y EL ESPIRITISMO

 

 Vamos a abordar aquí la cuestión del casamiento, más específicamente del casamiento religioso. Para este abordaje, debemos recordar que el Espiritismo Kardeciano no tiene ningún ritual. Absolutamente, ninguno. No solo del casamiento, más de ningún otro.

 

La práctica religiosa Espírita está basada únicamente en el Amor a Dios y en la Fe razonada. Para el Espírita Kardeciano, tener religión significa “estar ligado a Dios, pues la palabra “religión” significa exactamente eso: ligarse a Dios.

 

Si analizamos el Evangelio del Maestro Jesús, veremos que no está instituido, en ningún momento en el, el casamiento como acto de ligación a Dios (acto religioso) o de fe. Veremos que Cristo habla, a respecto de la unión del Hombre y la Mujer “…no separe el hombre lo que Dios unió…”, que fue tomado como base teológica para el ritual (sacramento) del casamiento y de la indisolubilidad  eterna del casamiento religioso.

 

En verdad, lo que Cristo pretendía decir, es que el amor verdadero entre el Hombre y la Mujer, es consecuencia del Amor Divino que es, verdaderamente bendecido por Dios, y que el Hombre (ser humano), no debe intentar separar a las personas que se unen por el amor verdadero, pues a esos, Dios (AMOR) unió.

 

 

En verdad, el casamiento religioso fue, durante muchos siglos, la única forma de “legalizar”, de “Oficializar” la ligación estable entre el Hombre y la Mujer, de establecer reglas de conducta y de responsabilidad para el “casamiento”, para la vida familiar. Debemos acordarnos que la época, no había registros, no había documentos, leyes etc.

 

 

 

Inicialmente, había apenas el poder moral de la Religión y el miedo a la “punición Divina” como garantía a los derechos y deberes en el casamiento. El sacerdote o el pastor  o el curandero o el monje, ejercían el papel de “fiador” del compromiso, en nombre de la Divinidad, del Ser Superior.

 

Más tarde, las Iglesias, las Órdenes Religiosas, los Templos, cuando ya existía la escrita, mantenida apenas en grupos herméticos y de iniciados, pasaron también a proceder  y mantener el registro formal de las uniones (casamiento), ampliando la estabilidad de las mismas, por la posibilidad de encontrarse registro de quien era o no casado.

 

En muchas culturas y religiones, antiguamente y hoy en día, el casamiento no es un ritual religioso, más si una ceremonia  familiar, donde el compromiso del Hombre y Mujer es asumido, por los novios, delante de la comunidad, delante de la familia y delante del representante de la Religión, siendo el casamiento celebrado por el Patriarca o Matriarca de la familia, y no por el Sacerdote o representante religioso. Más también de ese modo cumple su efecto de “fiador” y estabilizador de la unión.

 

También es importante recordar una realidad estadística: – todas las religiones Judaico – Cristianas del mundo, sumados todos sus adeptos declarados, constituyen cerca de 1/3 (33%) de la población mundial. Por tanto, cerca de 2/3 de la población mundial no sigue al Cristianismo, y tiene otros conceptos a respecto del casamiento y de la forma de celebrarlo.

 

Con la evolución de la sociedad, con la creación de las constituciones de los países, de las Leyes, del avance y el perfeccionamiento del registro público, el casamiento civil paso a ser  el controlador de la estabilidad, de los derechos y de los deberes del casamiento, de la protección de la mujer y de los hijos, de la garantía de herencia y sucesión.

 

El casamiento religioso quedó como el rito o Sacramento especifico de las Religiones, especialmente las Judaicas Cristianas. Más modernamente, va transformándose mucho más en una ocasión social que en un acto de fe verdadera, lo que está sobradamente demostrado por el enorme número de separaciones que ocurre entre uniones con menos de cinco años de duración, casi todos casados también en ceremonia religiosa.

 

Cuando el Espiritismo surgió, el casamiento civil ya era una realidad. No había más necesidad del casamiento religioso como “regulador”. El Espiritismo, basado en la fe razonada, en la fe verdadera, en la razón, en la lógica, no trajo para su seno ningún ritual. La sociedad ya podía dispensarlos. La ligación con Dios (Religión) nunca preciso de ellos. El Evangelio  de Cristo era para ser practicado en el día a día, y no transformado en rituales.

 

No estamos hablando aquí mal de casamiento religioso. Muy por el contrario. El extremo respeto que el Espiritismo tiene por las Religiones, ya nos impide eso. Cada uno debe seguir lo que preceptúa su creencia religiosa. Solo estamos explicando porque el Espiritismo  Kardeciano no tiene ceremonias o ritual en el casamiento, y por qué los espiritas formalizan su unión en lo civil, no necesitando del casamiento religioso en cuanto a ritual, ceremonia o precepto religioso.

 

Para los espiritas, existe un guía seguro para los casados aprender a consolidar su unión en el día a día. Es la práctica de la propia Doctrina Espirita, en su integridad. Y todo puede ser resumido con tres palabras: Amor, Tolerancia y Perdón. Y un ejercicio diario: el del aprendizaje constante.

 

Al decir por el casamiento, el Hombre y la Mujer están asumiendo una gran responsabilidad, un gran compromiso. Están iniciando una nueva familia. La familia es, y siempre será, la gran escuela de la evolución, del aprendizaje, del crecimiento espiritual, si es bien aprovechada. Cabe a cada pareja hacer con su familia sea la mejor de las escuelas, que enseñe el camino para aprender a ser feliz.

 

Para eso, deben tener en mente que en su nueva familia debe enseñar amor y caridad. Para enseñar, es necesario practicar. Practicar diariamente. Aprender con los errores. Aprender a no errar más. Aprender a acertar cada día más. Aprender a ser feliz.

 

Ese es el casamiento verdaderamente bendecido por Dios. Es independiente de las religiones.

 

 

Carlos Augusto Parchen

Centro Espirita Luz Eterna – CELE

 

 

 

 

 

 

Con mucho amor y cariño de Merchita

 

LA PALABRA ESTIMULA

LA PALABRA ESTIMULA

 

La palabra es facultad natural que Dios concedió al hombre. Gracias a ella, el hombre  se expresa en el Mundo, viviendo en sociedad.  Cuando es bien utilizada, es vehículo de bendiciones grandiosas. En un periódico norteamericano, tomamos la historia de un episodio acontecido  con un industrial. Sherman Rogers que recibió el cargo de administrador de un campamento de madereros en Idaho.

Donde conoció a Tony, empleado que siempre vivía con mal humor y, por eso, pensó en despedirlo. Tony, tenía como función cubrir de arena una colina cubierta de hielo, para evitar que troncos de árboles gigantescos se deslizasen sobre los hombres y los animales que trabajaban en las pistas.

El propietario de la empresa abordo Sherman y le dijo: pase lo que pase, lo aconsejo  no meterse con Tony. Es irritable, terco, impulsivo, pero en 40 años de trabajo nunca vi mejor empleado. Nunca se perdió un solo hombre o caballo por la negligencia de el.  En aquella mañana helada, Sherman observo a Tony en pie, junto a una hoguera. Más el no estaba calentándose. Estaba  calentando la arena que iba a  jogar  en la colina helada cubierta de nieve. El administrador se aproximó,   felicito al empleado y le dijo: el patrón me dijo que usted es un excelente empleado.

La reacción emocional de Tony fue conmovedora. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Apretó demoradamente la mano de Sherman. Después, agarró la pala y fue a trabajar con un vigor redoblado. A la noche, Tony fue el tema de toda conversación. Entre risas,  se comento  que el había arrojado tanta arena en las laderas  que daría para cubrir  una docena de ellos. Es, más: el rio e hizo bromas durante todo el día.

Solamente el administrador sabia el  porque del comportamiento del operario. Doce años después, encontró a Tony trabajando como Superintendente en la construcción de un ferrocarril, en uno de los mayores campamentos de madereros en el Oeste americano. Aquel momento en que el señor me dijo aquellas palabras estimuladoras cambio toda mi vida, confeso Tony a Sherman Rogers.

La palabra tiene un poder que aun estamos muy lejos de aquilatar. Su uso correcto construye imperios, o destruye vidas. Sí o no las palabras son monosilábicas, pero que establecen las instrucciones para los oyentes. Uno puede estar de acuerdo con el honor y la dignidad. O la corrupción y la codicia desenfrenada. Un no puede significar la pereza, la indolencia y la acomodación.  O motivar a alguien a buscar nuevos caminos, contra los que están cerca. En la educación de la criatura, el sí y el no tienen pesos específicos.

Que significará, en el futuro, términos en el Mundo un hombre de bien o un corrupto.  La palabra estimula, alienta los corazones, incentiva. ¡Piense en eso! y, la próxima vez que encuentre a alguien triste, molesto o enojado, recuerde utilizar la palabra adecuada para quitarle de ese estado. Añada una sonrisa al vocablo que  emita y transformará la tristeza en serenidad. Adicione un apretón de mano, un abrazo a las palabras de estimulo y conquistará a los amigos. Agradezca a las personas que están a su alrededor por existir.

Exprese en palabras su gratitud.

Haga saber cómo ellas son importantes en su vida, en el Mundo.

Haga eso y cambiará el rumbo de muchas vidas.

Portado por Marco Aurelio Rocha en la quinta feria, Marzo 10 del 2011

Traducido por: M. C. R

EN LAS FRONTERAS DE LA EPILEPSIA Núbor Orlando Facure

EN LAS FRONTERAS DE LA EPILEPSIA

Dostoiewisk y Machado de Assis, portadores de epilepsia,  se sirvieron de las protagonistas de sus romances para describir sus propias crisis. Personajes ilustres de la Historia padecieron de epilepsia, más, para el hombre común, es en las aceras de las calles en donde el acostumbra a tomar contacto y se asustan  con la violencia de la crisis convulsiva.

Aunque Hipócrates había hecho en sus escritos una brillante descripción de la crisis  del Gran Mal, indicando el cerebro como el responsable por toda esa sintomatología, la Epilepsia fue tenida  como una dolencia mental a través de los siglos y solo después del surgimiento de la Neurología, en el siglo pasado, es que la Epilepsia pasó a ser comprendida  como un síndrome proveniente de una lesión orgánica en el cerebro.

Hoy se entiende la epilepsia como una descarga eléctrica desorganizada que atiende < los neuronios cerebrales, provocando síntomas correlacionados con el área cerebral afectada.

Aunque los relatos mediúmnicos del porte de En el Mundo Mayor y En los Dominios de la Mediúmnidad dictados por el Espíritu André Luiz, hagan descripciones  inconfundibles  de la sintomatología  epiléptica en sus protagonistas, sometidos a interferencia espiritual francamente obsesora, la medicina de hoy rechaza cualquier presencia espiritual en la génesis de la crisis epiléptica, especialmente por el temor de ver resurgir la nefasta participación de “demonios” de los antiguos textos bíblicos, versión de la cual la Edad Media y la Inquisición  supieron sacar provecho.

Los exámenes sofisticados de hoy identifican los traumas, las infecciones, los tumores y las degeneraciones entre otras diversas causas de naturaleza orgánica para la etiología de la epilepsia, sin embargo, ninguno de esos exámenes está apropiado  para detectar las vibraciones del plano espiritual que nos harían comprender más profundamente la naturaleza esencial del problema de la Epilepsia.

Ni siquiera desde lejos pretendemos excluir la génesis cerebral de la manifestación eppileptica, más la visión exclusivamente materialista de la Medicina tradicional la envuelve de un obscurantismo estúpido que no le permite identificar otro  universo de interferencia situado en la dimensión espiritual que, como causa o como agravante, interfiere en la frecuencia y en la constelación de síntomas que el epiléptico manifiesta.

Negando la interferencia del espíritu, la Medicina no consigue observar que, a través del propio estudio de la epilepsia, ella tendría mucho que aprender, por ejemplo, con lo que los pacientes epilépticos vivencian durante las llamadas “crisis epilépticas”, en las cuales se observa una riqueza de expresión clínica cognitiva, que el simple desglose de neuronios en “corto-circuito” no tiene argumentos para justificar.

En la clasificación de las crisis epilépticas, la Neurología destaca un tipo de crisis llamada Crisis Focal o Parcial en la que no hay comprometimiento de la conciencia y la sintomatología será proveniente del local en el cerebro afectado por la descarga neuronal desorganizada. En el área motora, el paciente irá a presentar contracciones musculares en la mano, en el brazo, en la pierna o en cualquier parte del cuerpo correspondiente a la región motora del cerebro afectado.

En un área sensitiva, los síntomas serán referidos como adormecimientos, sensaciones extrañas o deformaciones en el miembro alcanzado.

En el grupo de las crisis focales es que están incluidas las crisis psíquicas en las cuales el paciente relata sensaciones subjetivas que experimenta espontáneamente, pudiendo tener  una duración de minutos, horas o días.

Las descripciones clásicas de las crisis psíquicas hacen referencia más comúnmente a las crisis de “Deja Vu ”  y de “jamáis Vu “. Esos dos cuadros son reconocidos como  provenientes de lesiones en la base del cerebro en la región de los lobos temporales.

En el “Deja Vu”  (ya visto), el paciente relata una sensación de familiaridad con el ambiente o con las personas, aunque le sean extrañas y que el las este viendo por primera vez. En un local que le sea completamente desconocido, el paciente, al tener su crisis, siente una fuerte impresión de que ya conoce o ya estuvo en aquel lugar.

En la crisis del “Jamáis Vu” (jamáis visto), el paciente manifiesta sensación de extrañeza en lugares conocidos o por personas de su convivencia.

 

 

Ambas situaciones que describimos pueden ocurrir ocasionalmente con cualquier persona normal, más, en el epiléptico, esas sensaciones son comúnmente repetitivas y duraderas.

Muchos epilépticos presentan crisis psíquicas frecuentes, pero han recibido poca atención debido a que parecen triviales, tales como cambios repentinos de humor, un entristecimiento súbito o una agresividad  inmotivada o desproporcional que puede virar hacia la violencia.

En este articulo, estoy interesado en relatar otros tipos de crisis psíquicas, relativamente raras, en la que los propios pacientes tienen mucha dificultad en hallar términos adecuados para describirlas. Ellas merecen, a mi ver, un estudio meticuloso, procurándose valorizarlas verdaderas sensaciones de esas experiencias subjetivas, que los pacientes procuran pasarnos, sintiendo inclusive, con frecuencia, la incredulidad que la mayoría de los médicos manifiesta al oírlos.

Los relatos de esas crisis, a primera vista, parecen inconscientes, inverosímiles, superficiales, mezclándose  con los síntomas de la propia ansiedad con la que los pacientes conviven cuando son victimas de ese tipo de crisis convulsivas. No hay  una afectación de la conciencia más si de la percepción de funciones complejas como la de la noción del tiempo, del espacio, de la realidad, del movimiento, de la noción del Yo y hasta del pensamiento.

Esas variadas sensaciones en el nivel de vivencia psíquica del individuo, a mi parecer ofrecen preciosa observación de la frontera entre las experiencias vividas física o espiritualmente por esos pacientes.

Algunos relatos que hicieron esos pacientes me ayudaron a confirmar que el mundo mental de cada uno de nosotros transita en una dimensión espiritual que trasciende a la experiencia física.

Uno de ellos es médico, frecuenta mi consultorio  desde joven, por tener convulsiones provenientes de neurocisticercosis y, me procuró, acompañado de la esposa, con una cierta inquietud, intentando relatar  que, en los últimos dos días, había perdido la capacidad de seguir el paso del tiempo. No era la identificación del tiempo, de las horas o del día y de la noche. el decía ser una pérdida de la “noción del tiempo”. Los acontecimientos se procesaban en su mente  y cuando el se daba cuenta, esos acontecimientos ya habían acabado de ocurrir. Al dirigirse para su consultorio, conduciendo su coche por el camino, hacia las curvas, más siempre con la idea de que eso no le tomaba tiempo, porque ocurría en su mente, literalmente hablando, antes de acontecer físicamente. Lo que tenía en mente, del trayecto que recorría, no era una imaginación, era el propio acontecimiento. Decía que no tenía sentido el antes o el después, porque, todo  lo que ocurría en secuencia, el lo vivenciaban  ocurriendo simultáneamente. Su esposa lo auxiliaba como auxiliar de anestesia y en la entrevista me contaba que a pesar de permanecer todo el tiempo con esas sensaciones que describía, el procedía normalmente mientras anestesiaba a sus pacientes, apenas decía que toda actitud que tomaba ya le parecía haber ocurrido no como una premonición, más si como un acontecimiento “Ya ocurrido”, si así podemos decir, por el,  y, al terminar la anestesia, para su mente, los hechos le parecían continuar aconteciendo.

La neurología describe, también un estado de crisis psíquica en la que el paciente tiene la sensación constante de estar viviendo un sueño. El llamado de “Dreamy States” por los clásicos.

Tuvimos dos pacientes que nos relataron episodios en los que sentían una alteración en la que ellos llamaban de “realidad”. Una joven señora refería que esas sensaciones la perturbaban hacia años, principalmente  por la noche  y si estaba cerca de muchas personas. Esto la dejaba insegura. Parecía hacer las cosas por instinto. Insistía en decir que en las crisis tenía la sensación de estar viviendo en una “etapa antes de la realidad”.

Otro paciente con crisis semejantes acrecentaba que también tenía la impresión de “no estar viviendo la realidad” y todo lo que hacía, para el, “no tenia contenido emocional”.

Dos niños y dos adultos jóvenes que ya acompañábamos por antecedentes  de convulsiones, nos relataron episodios de percepción alterada en el movimiento de los objetos y del propio pensamiento.

 

O de ellos expresiones del tipo. “los movimientos de las cosas y de las personas parecen acelerados”: “cuando extiendo las manos para pegar un objeto, parece que mis gestos son muy rápidos”; las personas atraviesan la calle muy deprisa”; queda muy difícil atravesar la calle con los coches todos corriendo” ;todo alrededor parece estar acelerado”; “las personas parecen hablar muy rápido”. Uno de los chicos decía ser acordado por la crisis. Para uno de ellos, su propio pensamiento, cuando estaba con la crisis, parecía acelerado.

En esas horas el evitaba el dialogo con recelo por demostrar a los otros alguna perturbación. Uno de esos pacientes, con 23 años, es pintor y decía que en las crisis sentía que todo pasaba lentamente, sus propios gestos al trabajar con el pincel le parecía ser hecha en cámara lenta, aunque sus colegas no confirmaban esa lentitud. El sentía así por más de una semana seguida, entrando y saliendo de las crisis sin cualquier motivo aparente.

Una señora que también acompañábamos por tener desmayos, tenía un eletrencéfalo con alteraciones focales en el hemisferio izquierdo y una tomografía cerebral típica de neurocisticercosis. Ella contaba que venía teniendo episodios en los que parecía moverse, se sentía estar muy lejos, “como en otro mundo”, “ocupando otro espacio”. Esos episodios duraban 20 minutos y, a continuación, manteniéndose  siempre muy lucida, ella sentía la cabeza vacía, quedaba pálida y sin aliento. Otros cuadros, más complejos y algunas veces mucho más elaborados, han sido rotulados como alucinatorios y comúnmente relacionados con las dirimías del lóbulo temporal o trastornos del sueño.

Algunos pacientes dicen sentirse fuera del cuerpo, sensación que la neurología llama  de “despersonalización”. Para otros los objetos que ven  o los sonidos que oyen, están aumentados, disminuidos o distorsionados. Algunas veces hay una concentración de escenas y episodios memorizados y el paciente, en un relance, recapitula toda su existencia. Se da el nombre de “visión panorámica” de la vida.

Tuvimos, entre muchos otros, el caso de una chavala de nueve años  que nos consultaba debido a manifestaciones comunes de epilepsia.

Ella nos relato que en algunas ocasiones, estando absolutamente despierta, se siente saliendo de su cuerpo  en completa lucidez. En una de esas ultimas crisis estaba sentada en el sofá, viendo la televisión cuando, súbitamente, se ve, al lado del cuerpo físico. Pregunte sobre sus miedos en la actualidad y cuál era su actitud al verse en esa duplicidad.

Ella nos respondió con mucha simplicidad que, asustada, procuró dirigirse para cerca de la televisión para ver si su cuerpo allí sentado la acompañaba.

Los cuadros que describimos no sorprenderían a cualquier Neurologista habituado a atender casos de epilepsia. Seguramente serán atribuidos a la presencia de disturbios  de actividad neuronal, especialmente del lobo temporal y la mayoría de ellos va a verse libre de esas crisis con la medicación disponible para actuar específicamente en las diritmías de esa región.

Es curioso, entre tanto, que, esas descripciones, los relatos de cómo esos pacientes vivencian  o “descodifican” la noción del sentido del tiempo, de la aprensión de la realidad, de la relación espacio-tiempo en el desplazamiento de los objetos, de la síntesis y proyección del pensamiento, nos permite  des pretensiosamente conjeturar una serie de semejanzas con ciertas descripciones no académicas en la literatura espiritualista.

 Los textos especializados en descripciones sobre técnicas de meditación, por ejemplo, revelan que los “grandes maestros” y “místicos” que atienden  los grados más profundos de interiorización de la conciencia, hacen interesantes descripciones en relación al sentido del tiempo, al espacio ocupado  por la materia, la velocidad de las  partículas de materia/energía que sintonizan, así como, el torbellino del flujo del pensamiento, descripciones estas, que a mi forma de ver, tienen correspondencia muy provocativa con las de los epilépticos que aquí registramos.

Para nosotros, los espiritas, los conceptos del tiempo en el mundo espiritual, de espacio en la dimensión extra-física, de proyecciones del pensamiento, des desplazamiento del cuerpo espiritual pueden ser fácilmente reconocidos en esa serie de historias que registramos. Las lesiones objetivas  que la masa cerebral evidencia en esos cuadros son, para mí, nada más que puertas de intercesiones entre las dos dimensiones, la expresión física de una realidad que el cuerpo nos permite palpar y la percepción espiritual que Vivenciamos sin percibirlo los sentidos .

 TRADUCIDO POR: M. C. R.

Postado por Marco Aurelio Rocha às Sexta-feira, Dezembro 31, 2010

EL TEMOR A LA MUERTE

EL TEMOR A LA MUERTE

 EL TEMOR A LA MUERTE  ES EL RESULTADO DE LA IGNORANCIA A RESPECTO de la vida.

Tradicionalmente  renegada como siendo el fin, considerada como el momento de prestación de cuentas, normalmente espantosa,  en razón del comportamiento existencial durante la jornada terrestre, casi siempre reprochable,  o al aniquilamiento  de la conciencia, la muerte se transforma  en hedionda  realidad de la cual, sin embargo, nadie consigue eximirse.

Para morir, basta encontrarse vivo.

En algunas culturas ancestrales y diversas actuales, se procura  enmascarar la muerte, realizándose  prolongados  y afligentes cultos, en otros momentos  produciéndose fiestas  de liberación del cuerpo,  otras veces promoviéndose  ceremonias maquillándose el cadáver  para darle mejor apariencia, como si eso fuese  importante, con el objetivo  de disminuir el dolor  en su enfrentamiento.

Si el cuerpo pudiese prolongar  su permanencia en la Tierra, como agradaría a algunos aficionados  de la ilusión, más apenas temporalmente,  como eso sería terrible  para los portadores de enfermedades  congénitas,  de parálisis,  de  trastornos psicológicos destructivos, de la miseria social y económica, de las expiaciones  en general…

Para quien se complace en la fantasía de la ignorancia, pretendiendo la eterna juventud,  disfrutar de los agotadores placeres, permanecer en el foco donde quiera que se encuentre, seria aparentemente  muy bueno y compensador. No en tanto, todo lo que se hace repetitivo, en una continuidad larga,  corre el riesgo de tornarse tedioso, de producir el vacío existencial por falta de significado psicológico.

 La Divinidad, al establecer los límites  orgánicos, en razón  de las energías que vitalizan  la materia, proporciona tiempo y oportunidades necesarias para el desenvolvimiento ético-moral y espiritual  del espíritu humano.

Mediante las existencias sucesivas, se adquieren los valores inalienables para la conquista del bienestar,  de la armonía, de la individuación.

Con su constitución inmortal, el Espíritu progresa  y alcanza los objetivos superiores de la vida, pudiendo fruir  todas las bendiciones  que se encuentran a su alcance.

La felicidad no es de este mundo, asevera Eclesiastés, demostrando que, sí, existe  la plenitud, más no la anhelada  por el cuerpo físico en el mundo material.

La conciencia de la sobrevivencia  la disyunción molecular  proporciona la real alegría de vivir y luchar, ocasionando  un grandioso significado a la existencia que se adorna de posibilidades que facultan la conquista del estado  luminoso.

Algunos objetan que ese comportamiento puede proporcionar acomodación  al sufrimiento, aceptación pasiva de los acontecimientos perturbadores, pensándose que las futuras reencarnaciones todo resuelven.

Por el contrario ocurre,  que la conciencia  en si faculta  ampliación de los horizontes mentales, enriquecimiento emocional superior, esperanza en alcanzar las metas dignificantes de la vida, a medida que se lucha por conseguirlas.

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Se muere a cada instante, en razón de las continuas transformaciones que ocurren en el organismo.

Centenas de millones de células se descomponen y mueren, en minutos, ocasionando el surgimiento  de otras tantas, hasta el momento que la energía vital en desaparecimiento resultante del desgaste disminuye y se consume, desarrollando la muerte de todo el organismo.

En una lucida comparación, toda vez que el sueño fisiológico toma al organismo y oscurece la conciencia, se enfrenta a una forma de muerte, sin gran variación a respecto de aquella que encierra el ciclo terrestre.

El miedo a la muerte, de alguna forma, es atávico, procedente de la caverna, cuando el fenómeno  biológico sucedía y el hombre primitivo no lo entendía,  desconociendo la razón de su ocurrencia.

Del desconocido hecho las informaciones que fueron siendo recogidas a lo largo de los milenios,  los mitos y arquetipos  remotos se encargaron de crear funestos conceptos  a su respecto.

No obstante, en ese mismo periodo ocurrieron las memorables comunicaciones  espirituales cuyas informaciones son encontradas en algunos escritos rupestres, originándose asi también  el culto a los Espíritus, como siendo una forma  de mantenerlos vivos, de tranquilizarlos, de encaminarlos al mundo de origen.

Guardadas hoy las proporciones, las ceremonias religiosas, las recomendaciones litúrgicas y los ritos constituyen  un perfeccionamiento de aquellos cultos primitivos, en los cuales, durante un largo periodo, se realizaban  holocaustos de animales y de seres humanos, a fin de calmar  aquellos que se proclamaban dioses y responsables por los acontecimientos en general.

Hubo, sin duda, un gran progreso en la celebración de los cultos a los muertos, permaneciendo aun, lamentablemente, la ignorancia en torno a la inmortalidad.

Retornando  a la convivencia con aquellos que quedaron en la Tierra, se disponen de claras y significativas informaciones a respecto de la sobrevivencia del ser, de cómo contribuir en su beneficio, substituyendo la pompa  y las extravagancias, muy del agrado de la insensatez, por las oraciones ungidas de amor y de respeto por su memoria, recordándolos con cariño, trabajándose en beneficio del prójimo, en homenaje  al que representan en la afectividad…

La reverencia al cuerpo se fijo de tal manera  en el comportamiento humano  que el arte se sirvió de ese fenómeno para preservar el cariño de los que permanecieran en el mundo – al final por poco tiempo, porque también fueron convocados a seguir para el más allá – , por intermedio de los monumentos  colosales, de los mausoleos ricamente  decorados, de las capillas revestidas de mosaicos y de mármoles  de altos precios…  Los artistas aumentaron ese tipo de culto, estimulando las decoraciones  con estatuas imponentes o conmovedoras, utilizando el bronce, el hierro, el oro  y otros metales, como también piedras preciosas, pinturas fastuosas para expresar  la grandiosidad del desencarnado, muchas veces  en situaciones deplorables en el mundo espiritual, como consecuencia de la vida que llevo en la Tierra…

Aun ahí vemos una forma de disimular la muerte, dando  un aspecto festivo a los despojos  ya consumidos por los fenómenos naturales.

… Y todos esos recursos podrían ser  encaminados para disminuir el sufrimiento  de millones de criaturas enfermas, hambrientas, excluidas del conjunto social…

Infelizmente, sin embargo, la muerte es uno de los factores que empujan a las personas débiles  y sin preparación  para los enfrentamientos normales de la existencia, para la depresión, para la rebeldía, para la violencia.

 Nadie conseguirá huir a la muerte, por más que lo intente.

 

Piensa con frecuencia y tranquilidad en tu desencarnación. Considera  que el momento, por muy distante  que se te presente, llegará fatalmente.

Recuerda  a tus desencarnados con cariño, envolviéndolos en ternura y oraciones.

Háblales mentalmente a respecto de la realidad en la cual se encuentran y como se deben comportar, procurando el apoyo de sus guías  y la protección del Señor de la Vida.

Muriendo y retornando luego después, Jesús contó el himno de la inmortalidad gloriosa que culmina  su trayectoria en la Tierra  de manera insuperable.

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EL TEMOR A LA MUERTE ES EL RESDULTADO DE LA IGNORANCIA A RESPECTO DE LA VIDA. CUANDO SE TIENE CONCIENCIA DEL SIGNIFICADO REAL  DE LA MUERTE, EN LA CONDICIÓN DE PASAPORTE PARA LA VIDA, LA ALEGRIA DE LA INMORTALIDAD SUSTITUYE  A LA ANGUSTIA DEL ETERNO ADIOS.

 

TRADUCIDO POR: M. C. R

Extraído del libro “entrégate a dios” de Divaldo Pereira franco. Por el espíritu Juanma de Angelis

EN EL NIDO DOMÉSTICO

 

 

EN EL NIDO DOMÉSTICO

El nido domestico sin ninguna duda es la generosa oportunidad para la procreación digna de nuevos cuerpos físicos, que tanto auxilia a los Espíritus  desajustados del Más Allá, afligidos  por conseguir olvidar en el organismo de la carne los remordimientos torturantes de su pasado tenebroso.

Jesús tuvo la capacidad en el Espíritu  para amar a todos los seres, se mantuvo soltero y fue el más sublime amigo, hermano y guía de toda la Humanidad, cuando existe una capacidad como en este caso, acobarda la idea fundamental de constituir familia consanguínea y normalmente egocéntrica, sin que esta actitud  represente un aislamiento condenable

Durante su desencarnación Jesús no sufrió por la separación de la familia carnal, porque en su vida  su corazón estaba liberado  de la parentela física.  Manifestó muy bien  ese gran amor  hacia todos, cuando formulo la sibilina  indagación a su madre de esta forma: ¿Quién es mi madre, y quienes son mis hermanos? 

Cuando la madurez espiritual permite entrever las existencias pasadas,  verificamos que nuestro tradicional sentimentalismo humano está en contradicción evidente con las cualidades del heroísmo y liberación del espíritu divino que nos rige por los destinos  y caminos del mundo planetario.

La evocación de vidas pasadas, con el consecuente avivamiento, sorprende profundamente, ante los dramas exagerados  que representa  delante del cuerpo físico que sirvieron  en el pasado a consecuencia  de la rutinaria separación de las familias consanguíneas que habíamos constituido en la Tierra. Verificamos entonces  que la muerte física es el fin de un periodo de aprendizaje del espíritu en la carne.  La perdida del cuerpo material no destruye el lazo de amistad ni los odios milenarios del espíritu, porque este es el eterno sobreviviente de todas las muertes.

Cuando se comprende la realidad de la vida espiritual, se ríe por las veces que se ha llorado sobre los cuerpos de los  familiares terrenos, comprendiendo  que solo fueron vestimentas provisorias, que se hubo de devolver periódicamente al guardarropa prosaico del cementerio. Es un llanto milenario  que las criaturas de todas las razas entregaron junto  a los lechos de los enfermos y sobre los sepulcros carcomidos, en la crasa  ignorancia  de la realidad espiritual. La muerte es la liberación y la tumba el laboratorio químico que devuelve a la circulación a las moléculas cansadas por el uso. Cuanto mayor es la ignorancia del alma, en lo tocante a la muerte  física, tanto más critica y dramática se volverá la hora en donde la criatura debe devolver  el cuerpo prestado  y reclamado por el almacén de aprovisionamiento de la madre tierra.

 Los que creen en la reencarnación y son conscientes de la realidad espiritual casi no lloran por los que parten hacia el otro lado de la vida, y tampoco  temen a la muerte, porque reconocen en ella  la intervención amiga  que  libera al espíritu, auxiliándolo para que vuelva a iniciar un nuevo camino en el verdadero mundo, que es el Más Allá.

Nuestro parientes físicos, a medida que van desencarnando, prosiguen en el Más Allá  con las tareas a que nosotros estamos ligados para la felicidad en común. Los que parten con antecedencia, preparan el ambiente  feliz para  aquellos que se demoran  más tiempo en la carne. Delante de esta verdad no hay justificación alguna para los desmayos histéricos, los gritos desgarrados y las clásicas acusaciones escandalosas contra Dios por la partida de nuestros seres queridos.

En la tierra principal motivo del sufrimiento, reside en la gran ignorancia espiritual. Los siglos se acumulan  constantemente  y los hombres continúan repitiendo las cosas que hace siglos hicieron, prefieren expoliar en nuevas pruebas por la ociosidad de pensar y la indiferencia  que prestan al saber. Constantemente las almas terrenales suben y bajan en el mismo  grado de evolución a través de innumerables encarnaciones.

Hay un acentuado desinterés  por parte de la humanidad  con respecto a su felicidad  espiritual, se sienten invadidos  por gran tristeza al comprobar  lo lento que ascienden, y se mueve prejuiciosamente por los caminos espinosos de la vida física.

Solamente la incesante liberación y renuncia valerosa a las ilusiones de la carne, es realmente  lo que nos desata  de las cadenas de la vida `planetaria, y que nos ayuda muchísimo en las más variadas desencarnaciones  en los ciclos reencarnatorios

Aunque estemos encarnados, podemos vivir en parte, el ambiente del astral superior o inferior, al cual iremos a morar después de desencarnados. Los hábitos  elevados y cultivados  durante la vida física son ejercicios que nos desarrollan la sensibilidad psíquica para que podamos  sintonizar  más tarde con la esfera del Más Allá, como también es el resultado del entrenamiento de las bajas pasiones, que representan la medida exacta del afincamiento que tengamos en los charcos tenebrosos del astral inferior.

 

A medida que nos vamos liberando  de los preconceptos, pasiones y caprichos humanos, también nos desinteresamos por la garantid  que ofrece nuestra identidad personal, a través de las formas  en el mundo de la materia. Se comprende entonces que todos los seres son hermanos  y que el exclusivismo  por la familia consanguínea no representa la realidad sobre la verdadera familia, que es la espiritual. Aunque los hombres se diferencien  por sus organismos físicos y razas, todos provienen  de una sola esencia original, que los creo y los hace hermanos entre si, por más que se quiera contradecir esta afirmación.

El hogar tanto puede ser oficina de trabajo para las almas afinizadas desde el pasado remoto, como una oportuna escuela correctiva de caminos espirituales que se renueva entre adversarios al encontrarse encadenados a través de muchos siglos.

Procuremos dentro del ámbito familiar aprender las lecciones oportunas que en el se dan, hacer los ejercicios con mucho primor, pues nada más  doloroso y frustrante que obtener el fracaso en la escuela para de nuevo tener que iniciar las tareas en próximas existencias.

La vida continua si, pero de las condiciones  en que queremos seguir viviendo depende  del hoy, del ahora, pues nunca se nos olvide que estamos construyendo nuestro futuro.

Trabajo realizado por Merchita

Extraído del libro “El Sublime Peregrino” de Ramatis