Archivo | enero 2011

CLARIVIDENCIA Y CLARIAUDIENCIA PENSAMIENTO Y MEDIÚMNIDAD

CLARIVIDENCIA Y CLARIAUDIENCIA

En la esfera de los Espíritus reencarnados hay que dosificar las percepciones  para no violar  las condiciones  de orden. Cada ser debe estar en su órbita de servicio, haciendo lo mejor  que esté a su alcance. Un médium, no debe preocuparse  por responder a todas las interrogaciones  del medio en que está,  so pena de arrojar sus producciones al desequilibrio, excepto cuando, por su propia evolución, consiga elevarse por sobre el campo del trabajo dominando las influencias  del medio y seleccionándolas, según el elevado criterio  de que ya consigue orientarse por el bien y enseñar a aquellos que lo acompañan.

 

El limite de percepción varia en cada médium, hay diferentes expresiones de mediumnidad; con todo importa reconocer que cada Espíritu alcanzó un determinado  grado de crecimiento espiritual, por lo cual los resultados  del trabajo mediúmnico  difieren de individuo a individuo, así como las interpretaciones  de la vida son distintas de alma a alma. Las facultades medianimicas  pueden ser idénticas en distintas personas, pero cada persona  tiene su manera particular de  emplearlas. El modelo puede ser el mismo para un grupo de pintores, sin embargo, cada artista lo fijará en la tela según  su estilo y sentir.  Mediumnidad es sintonía  y filtración. Cada Espíritu vive entre las fuerzas con las cuales armoniza, transmitiéndolas según las concepciones que caracterizan su modo de ser.

 

Toda la percepción es mental. Sordos y ciegos en la experiencia física, convenientemente educados  pueden oír y ver con recursos diferentes de aquellos que son vulgarmente utilizados. Las ondas Hertzianas y los rayos X  van enseñando a los seres humanos  que hay sonido y luz  mucho más allá de las limitadas fronteras en las que ellos actúan, y el médium es un dotado de posibilidades neuropsíquicas especiales que amplían la captación de sus sentidos.

 

En el campo de las impresiones comunes, aunque la criatura emplee los oídos y los ojos, ella ve y oye  con el cerebro; y pese a que el cerebro use las células  de la corteza para seleccionar los sonidos  y grabar las imágenes, quien ve y quien oye, en realidad  es la mente.  Todos los sentidos en la esfera fisiológica pertenecen  al alma, que es la que los fija en el cuerpo carnal conforme a los principios establecidos para la evolución de los Espíritus reencarnados en la Tierra.

 

Una prueba de ello es en el sueño, cuando el ser se encuentra desdoblado por las noches, viendo y oyendo pese a la inactividad  de los órganos carnales, en la experiencia que dominan “vida del sueño”

 

Somos receptores de una muy reducida capacidad, frente a las innumerables formas que nos llegan desde todos los dominios del Universo, captando solamente una humilde gama de las mismas. En síntesis, nuestra mente es un punto espiritual limitado que se desarrolla  en base al conocimiento y el amor en la espiritualidad infinita y gloriosa de Dios.

 

Ideas elaboradas con fuerza generan formas dotadas de movimiento, sonido y color, perfectamente perceptibles  por todos aquellos que se encuentran  sintonizados con la onda  que las expresan. Hay fenómenos de clarividencia y clariaudiencia  que parten de la observación activa de los instrumentos  mediumnicos que identifican  la existencia de personas, paisajes y cosas exteriores, a ellos mismos, tal como acontece en la percepción terrestre común, y existen otros que tienen su causa  en la sugestión que les es llevada por el pensamiento creador  de los amigos desencarnados o encarnados, estímulos estos  que la mente de cada médium traduce según sus propias posibilidades, favoreciendo con ello las más dispares interpretaciones.

 

Es la técnica utilizada por los obsesores cuando generan  en sus victimas las más variadas impresiones alucinatorias…

 

En materia de mediumnidad no debemos olvidarnos del pensamiento. Nuestra alma vive donde está nuestro corazón. Caminamos al influjo de nuestras propias acciones, sea donde fuera.

 

La gravitación en el campo mental es tan efectiva como en la esfera de la experiencia física.

 

Sirviendo al progreso general, el alma se mueve en la gloria del bien. Encerrándose  en el egoísmo se arrastra, en desequilibrio, por las tinieblas del mal.

 

La Ley Divina procura el bien para todos.  Colaborar en la ejecución de sus sabios  propósitos  es iluminar la mente y clarificar la vida. Ponerle trabas con el pretexto de favorecer los caprichos perniciosos, es oscurecer  el raciocinio y coagular las sombras alrededor de nosotros mismos.

 

Es indispensable  enjuiciar todo lo que respecta a la orientación de nuestros propios pasos, a fin de evitar la niebla de la perturbación  y el dolor angustioso del remordimiento.

 

En los dominios del espíritu no existe la neutralidad. Evolucionamos con la luz eterna, según los designios de Dios, o nos estancamos en las tinieblas conforme a la equivocada determinación de nuestro yo.

 

No vale encarnar o desencarnar solamente. Todos los días las formas se crean o se destruyen.

 

Lo que importa es la renovación interior con un crecimiento de la visión, a fin de seguir hacia delante con la verdadera noción de la eternidad en la que nos desplazamos  en el tiempo.

 

La conciencia  cargada de propósitos malignos, revestida de remordimientos, llena de ambiciones desvariadas o ennegrecida de aflicciones, no puede sino traer fuerzas semejantes que la encadenan a torbellinos infernales.

 

La obsesión es el resultado de la siniestra unión de la mente con el desequilibrio propio de las tinieblas.

 

Pensamos y damos vida al objeto idealizado.

 

 La expresión visible de nuestros pensamientos  más íntimos denuncia nuestra misma  condición espiritual, y los que tienen afinidad  con la naturaleza  de nuestras inclinaciones  y deseos se acercan  a nosotros por lo que le dicen nuestros pensamientos.

 

Si persistimos  en las esferas más bajas  de la experiencia humana, los que aun cumplen sus jornadas  en los grados  de la animalidad se nos acercaran atraídos por el tipo de nuestros impulsos inferiores, absorbiendo a su vez las sustancias mentales que emitimos y proyectando sobre nosotros los elementos  dañosos que llevan con ellos.

 

Imaginar es crear.

 

Y toda la creación tiene vida y movimiento que, aunque breves, otorgan responsabilidad a la conciencia que la manifiesta. Y como la vida y el movimiento se vinculan a los principios que rigen las relaciones, es indispensable analizar lo que damos, a fin de saber que es lo que vamos a recibir.

 

Quien solamente mentaliza angustia y crimen, miseria y perturbación, ¿podrá reflejar en el espejo  de su propia alma otras imágenes que no sean la desarmonia y el sufrimiento?

Quien se demora indefinidamente en la medición del lodazal es propenso a ahogarse en el lodo.

 

Vigilemos el pensamiento purificándolo con la práctica incesante  del bien, para que así arrojemos de nosotros los grilletes que nos amenazan  para encadenarnos  a los oscuros procesos  de la vida inferior.

 

Por el pensamiento nos esclavizamos a los cepos del suplicio infernal, sentenciándonos,  a veces, a siglos de peregrinación por los caminos del dolor y de la muerte.

 

La mediumnidad torturada es la unión de almas comprometidas  en aflictivas pruebas para saldar antiguas deudas. Para abreviar  el tormento que flagela de mil modos la conciencia encarnadas y desencarnadas, en los distintos grados expiatorios, es imprescindible  proponerse  la renovación mental, pues este es el único medio de recuperar la armonía.

 

Los títulos de fe no constituyen meras palabras con las que podamos cubrir  nuestras deficiencias y debilidades. Expresan deberes de purificación a los que no podemos regir sin renunciar  a las obligaciones que nos corresponden.

 

Nadie es realmente espirita  ni está a la altura de este nombre solo por haber conseguido la cura de una dolencia rebelde con la ayuda de las Entidades  amigas,  y se convenza con ello, admitiendo la intervención del Mundo Espiritual en su existencia. Como tampoco nadie  es médium, en el elevado concepto del término, solamente  porque sea instrumento de comunicación entre las humanidades visible e invisible.

 

Para educarnos al trabajo  que nos fue asignado, conforme a los principios superiores que iluminan nuestra marcha, es necesario concretizar la esencia  de estos en nuestras realizaciones como testimonio de nuestra conversión  al amor santificante.

 

 

El pensamiento es tan significativo en la mediumnidad, como importante  es el lecho para el rió. Haced corred las aguas  puras sobre un lecho de fango  y tendréis una corriente oscura, adulterada.

 

Es cierto que divinos mensajes descienden del Cielo a la Tierra. Sin embargo, para que ello suceda es imperioso que existan canales adecuados.

 

Jesús espera para la formación de mensajeros humanos capaces de proyectar en el mundo las maravillas de su Reino.

 

El médium no debe detenerse  en la simple reopción de comunicaciones. Le será indispensable la consagración de sus fuerzas a las más elevadas formas de vida, buscando la educación de si mismo y servir desinteresadamente al prójimo el material el material con el que construya su propio camino.

 

El conocimiento amplia  el valor mental; y la siembra constante de bondad trae consigo  la cosecha de simpatía, sin la cual el granero de la existencia se reduce a una caravana de desesperación y desaliento. No basta ver, oír o incorporar a los Espíritus desencarnados para que alguien adquiera el  carácter de respetabilidad.

 

Toda obra para adelantar, exige trabajadores que se dediquen a su crecimiento y al cuidado de ellos mismos.

 

El Universo es la proyección de la Mente Divina y la Tierra,  es el producto de la mente humana.  Las civilizaciones y los pueblos, las culturas y las experiencias constituyen  formas de pensamientos por medio de las cuales evolucionamos incesantemente  hacia las esferas más altas.

 

Procuremos la conciencia de Jesús para que nuestra conciencia refleje  su perfección y su belleza…

 

 Trabajo realizado por Merchita

Extraído del libro En los Dominios de la Mediúmnidad de Chico Xavier

INVESTIGANDO EL ESPÍRITU

Investigando el espíritu

Mercedes Cruz Reyes

Cada Espíritu es un mundo y gravita en torno de otros mundos que le son afines; nosotros conocemos de cada uno, apenas algunos detalles insignificantes en el cómputo general de cada individualidad.

Todo guarda una enseñanza, incluso las cosas peores y, por eso, nuestros ojos deben mirar para aprender. Quien conoce el olor del estiércol del corral, sabe dar mayor valor al perfume del jardín, aunque no  deje de ir al corral donde precisa coger la leche  que sirve a la mesa, ni deje  de  ir al jardín porque las flores no alimentan. Tenemos en la vida duras realidades y tiernas bellezas, necesidades y placeres y debemos transitar entre ellas con el mismo espíritu  de elevación, conscientes de que, por muchos siglos aun, nos serán inseparables.

El hombre para discernir precisa conocer lo cierto y lo errado, precisa conocer el lado bueno  y el lado malo de las cosas, precisa, en fin, conocer la vida, porque es la vida  que contiene  cosas buenas  y cosas consideradas malas. Lo que no precisa y no debe, es vivir el lado malo de las cosas, porque es eso lo que lo contamina  y le pierde.

Llegará un día, en la faz de la Tierra, en que las ciencias del Espíritu  catalogaran como enfermedades el orgullo y el egoísmo, la vanidad y la ambición y el orden social les obligará a severo tratamiento, una vez que son fuentes permanentes del  mal y de la intranquilidad que reinan en el globo. El hombre que rebasa los límites de la normalidad, camina hacia la locura declarada, y es una fuente generadora de desequilibrio, en potencial.

El mal del mundo nace en el corazón del hombre egoísta y orgulloso, que no sabe perdonar, ceder u obedecer, comprender y ayudar, guardando las debidas  proporciones de sí mismo como frágil criatura, necesitada de todo y de todos.

Lo malo es que la Humanidad sabe eso hace milenios y continúa siendo la misma. El mensaje de Jesús no tuvo otro sentido sino el de convocar a los hombres hacia la humildad y la caridad, a fin de que pudiesen amarse los unos a los otros. El Maestro incitó a los buenos a tolerar y ayudar a los débiles, para que las pruebas de los hombres se abreviasen  con la extinción del mal sobre la Tierra.

¿Y qué es lo que hicimos hasta ahora? Estamos lejos muy lejos del Paraíso terrestre para cuando los tiempos sean llegados.

Los actos humanos deben ser juzgados por la intención que los motiva, no por los efectos que puedan llegar a tener, por fuerza de las cosas. El mal se elimina a si mismo, sin que nadie  se erija  en justificador. Va creando gérmenes de la propia destrucción, hasta que no puede contenerlos más. Cada uno responde por sus actos, a pesar de que el mal que genere, pueda resultar beneficios para centenares de personas. La vida es una escuela en que contra más se vive, más se aprende. No podemos responsabilizarnos por lo que los otros hacen más allá de los límites de nuestras decisiones, cada hombre siembra, con sus pensamientos y actos  siendo la cosecha fruto del tiempo y de la vida.

Es te mundo no está a la deriva, ni la propia Naturaleza está abandonada: cuando sus fuerzas naturales llegan a un punto de desequilibrio, ella se autocorrige.

La felicidad no es tener poder, ni vagabundear, ni gozar los placeres de este mundo: La felicidad es tener la conciencia tranquila por el deber cumplido con amor. Solo el amor importa mientras el more en nuestros corazones, ni dolores ni tinieblas perturbaran nuestra paz, porque  el es caritativo y perdona, ayuda, soporta, comprende y por encima de todo, nos hace cada vez mejores ante la vida y ante Dios.

Ninguna comunidad puede progresar y vivir en paz cuando las personas  que la componen no se respetan mutuamente. Cuando se vive feliz y con respeto, la vergüenza nos ayuda  a no violar las reglas de la comunidad. Todo ser humano  debe observar rigurosamente el deber y la disciplina, el respeto y la solidaridad. Cualquier función que realicemos  hagámosla con amor y aremos brotar de ella nuestro reconocimiento. Debemos respetar las reglas, cumpliéndolas con ese amor  y con toda nuestra responsabilidad como hijos de Dios.

 Cuando consigamos vencer todos los escrúpulos y perjuicios y nos abracemos con amor, encontraremos  al fin del sendero nuestros corazones modificados, pues el amor genera amor y cubre la multitud de nuestros pecados. Cuando el hombre en la Tierra conozca el verdadero potencial  de una vibración de amor, de un gesto de fraternidad, de una palabra de consuelo y de perdón, movilizará esa energía, que está dentro de si mismo, para transformarse a si mismo y el mundo que lo rodea  pues el amor es la única semilla que produce eternamente.

El amor, el respeto la verdadera fraternidad es la única cosa de valor en este mundo porque nunca mueren y siempre aumentan nuestras riquezas espirituales, nuestra felicidad todo en la vida tiene su razón de ser y cuando podamos penetrar  en los recuerdos  de nuestro propio  pasado, encontraremos muchas explicaciones para las cosas aparentemente inexplicables.

Nuestras vidas están entrelazadas. Convivimos en la vida con mucha gente, tenemos muchos lazos afectivos, y cada lazo afectivo tiene su historia, buena o mala, porque  los sentimientos  se estructuran en los siglos. Amor y odio, solo en los cuentos  de fantasía nacen a primera vista. Ellos nacen  y se fortalecen o se rompen en el transcurso de los siglos. Convivimos con acreedores y deudores del pasado, teniendo que pagar  y recibir  de los que comparten  con nosotros la existencia. Por esa razón,  quien sabe amar siempre, dando y perdonando va resolviendo todos sus problemas Karmico dentro de la mayor naturalidad, al mismo  tiempo que va facilitando, a los que le deben, saldar sus deudas con menores humillaciones y mayores alegrías.

Todos debemos aprender a aceptar las cosas que nos llegan y contra las cuales somos impotentes. El hombre negligente y que se entrega a la indisciplina mental, es foco permanente de complicaciones. Es muy difícil que nos ajustemos al deber y a la disciplina, los dos imperativos, mayores para garantizarnos la tranquilidad del Espíritu.

El amor no es flor pasajera que la primavera pone encanto; es como el carbón de la tierra que precisa de siglos para transformarse en joya. De la misma forma, la gestación del odio es larga y se funda en realidad del ayer.

Todo el Universo obedece a leyes precisas e inmutables, y no es el destino de los hombres las criaturas superiores de la tierra, los  que están a merced de las fuerzas del acaso. Todo viene y va, en la vida, a su tiempo. Debemos aprender a aceptar las cosas como contingencias necesarias, incluso cuando no podemos entenderlas, confiando en el Conductor Celeste que no está distante de ellas.

Todos sabemos qué sin el Sol la vida fenecería y bendecimos su presencia vivificante en el Universo, sin por eso conocer su intimidad e indagarle los secretos. Sabemos, también, como saben los propios salvajes, que existe un Ente Superior que todo lo creó y a todo prevé, que como incomparable Maestro rige la armonía de la vida Universal, sin por eso haberle visto, imaginándole de mil formas. Son certezas que no discutimos y  que nos sustentan el ánimo, aunque no podamos  entenderlas en su plenitud. Mientras somos ignorantes, esa fuerza interior  deberá animar nuestro raciocinio, a medida que evolucionamos vamos entendiéndola, sustituyendo nuestro impulso místico por el conocimiento  de las causas y de los fenómenos. El hombre teje por si mismo  su propio futuro, preparando su propio camino, el contenido del mañana  es la evolución constante. Las escenas de hoy continúan una historia pasada.

Procuremos solucionar hoy los problemas que trajimos del ayer, creando un futuro mejor a nuestro atribulado espíritu, sondeando en el interior descubriremos las negligencias del ayer que impetuosamente quieren reaparecer, pero si estamos atentos y vigilantes, nos las dejaremos surgir hasta que estemos debidamente preparados para salir de ellas airosos, no creando así nuevos emprendimientos de rectificación que nos llevaría mucho tiempo y que retardaría nuestra redención, nuestra libertad.

Merchita

VEREDA FAMILIAR

Vereda familiar

 

 La lucha en familia es problema fundamental de la redención del hombre en la Tierra. ¿Cómo seremos benefactores de cien o mil personas, si aun no aprendimos a  servir cinco o diez  criaturas? Esta es una indagación lógica que se extiende a todos  los discípulos sinceros del Cristianismo.

 

Es necesario que el hombre aprenda a ejercer piedad para con su propia familia y a recompensar a sus padres, porque esto es bueno y agradable ante Dios.

El egoísmo es la fuente de todos   los vicios, como la caridad lo es de todas las virtudes. Destruir uno, es desenvolver la otra, tal debe ser el objetivo de todos los esfuerzos del hombre, si quiere asegurar su felicidad en este mundo, como en el futuro.

Los padres deben ejercer rigurosa vigilancia en los niños hasta los siete años, extirpándoles enérgicamente  las malas costumbres, impulsos dañinos, intentos autoritarios y todo aquello que pueda producir una estimulación negativa y que en el futuro pueda crear una barrera intraspasable para la corrección espiritual. Las criaturas no deben ser estimuladas ni aceptadas en sus reacciones e irascibilidades censurables, pues su espíritu domina con más rapidez los instintos primarios, si la corrección es oportuna y saludable los padres deben procurar rechazar cualquier “sentimentalismo” y no confundirlo con la precocidad.

Los padres para educar no deben llegar a los extremos de la crueldad a fin de no debilitar su autoridad, evitando que la rebeldía e indisciplina se posesione de sus hijos. Dios coloca al hijo bajo la tutela de los padres, a fin de que estos le dirijan por la senda del bien y les facilite la tarea, dando a aquel una organización débil y delicada, que le torna propicio a todas  las impresiones. Si  sucumben los padres en esta labor, deberán soportar los disgustos resultantes de esa caída y participarán de los sufrimientos del hijo en la vida futura, por no haber hecho lo que estaba a su alcance para que el hijo avance en el camino del bien.

Los hijos deben criarse con amor, sin dejarlos actuar libremente por el solo hecho de ser “graciosos”. A fin de formarles un carácter nítidamente estoico y leal, los padres deben fortificarlos desde la infancia y corregirles sus culpas, sin llegar al culto exagerado de la personalidad humana.

Es muy peligroso que los padres sentimentales,  piensen que sus hijos siempre tienen razón y que las pequeñeces del vecino sean censuradas.

Los padres deben hacer una toma de conciencia de sus tremendas responsabilidades, pues si renuncian a su más sagrada tarea de despertar y desenvolver en sus hijos las cualidades cívicas y morales que constituyen el coronamiento de la educación integral, conocerán – mañana, o después – el sinsabor de verlos formar entre aquellos que se situan bajo las diversas modalidades de delincuencia, o con los que a través de las extravagancias de la tristemente famosa “juventud desviada”, manifiestan su cínico desprecio y su total repudio a las mejores conquistas de nuestra Civilización.

 

El amor reciproco entre los miembros de la familia es esencial para que ella pueda cumplir las nobles finalidades que le están cometidas. “ En el ambiente domestico, el corazón maternal debe ser el exponente divino de toda la comprensión espiritual y de todos los sacrificios por la paz de la familia. Dentro de esa esfera de trabajo, en la más santificada tarea de renuncia personal, la mujer cristiana enciende la verdadera luz para el camino de los hijos a través de la vida”.

 

Las contrariedades de la infancia fortifican el temperamento de la criatura, para que más tarde, pueda enfrentar las desventuras de la vida humana. Si los miman y apoyan en sus caprichos, mas tarde esos jóvenes vivirán en eternos conflictos con sus relaciones y también con la sociedad. Quien no aprende a dominar sus instintos primarios en la infancia, más difícil le será de adulto. Así como el jardinero corta los gajos inferiores de la buena planta, los padres necesitan eliminar de sus hijos, desde la infancia, los estigmas que aparecen por la fuerza salvaje de la formación animal.

“El trabajo de la mujer es siempre la misión de amor, extendiéndose al infinito”

 

Él espirita debe comprender el gran papel de la Humanidad; comprender que, cuando producen un  cuerpo, el alma  que en la encarna viene del espacio para progresar; enterarse de sus deberes y poner todo el amor en aproximar a Dios ese alma; Tal es la misión que se le es encomendada y cuya recompensa recibiera; si fielmente se cumple. El cuidado, la educación que se le dé auxiliaran su perfeccionamiento y su bienestar futuro.

 

Recordemos que a cada padre preguntara Dios: ¿que hiciste del hijo confiado a tu cuidado?  Si por culpa vuestra   se conservó atrasado, tendréis como castigo, verle entre los espíritus sufridores, cuando de vosotros dependía que fuese dichoso.”

 

Las Madres han de hacerse merecedoras de los gozos divinos que Dios conjugó a la maternidad, enseñando a sus hijos que están en la Tierra a perfeccionarse, amar y bendecir, eliminando por medio de la educación  los malos principios innatos de existencias anteriores, pues esos principios se entretienen y desenvuelven por una culposa debilidad, o por descuido. Siendo así, más tarde, el corazón ulcerado por la ingratitud de esos hijos, será para ellas, ya en esta vida, un comienzo de expiación..

 

Los padres deben vigilar a sus hijos con el fin de ayudarles a aprender a vencer la faz  imperativa del instinto animal.

 

Es muy peligroso que los padres se sientan atraídos por el encanto de sus bebés, pues de esa forma, pasan a tiranizar el ambiente de la vida hogareña, bajo la visión contemplativa de los adultos. Los hijos necesitan de las experiencias y disciplinas impuestas por sus padres, en la fase infantil, a fin de frenar las manifestaciones instintivas que se traen de  otra existencia y que comienza a manifestarse desde la cuna. No dudemos que el amor de los padres desenvuelve las sublimes cualidades del espíritu, pero es la severidad y la autoridad paterna, exceptuada de sentimentalismos peligrosos, lo que ayuda realmente a los niños a dominar sus impulsos inferiores.

 

La función principal de los padres, durante la infancia de sus hijos, es reprimir con el cariño que les sea posible, los actos de obstinación, brutalidad, despotismo y malas tendencias.

Los niños deben ser correctos en el hogar, pero disciplinados para poder sobrevivir ante el contacto de la instintividad de sus compañeros desorientados, que se parecen a manadas de animales incontrolables ante los primeros impulsos de la rebeldía.

 

Los instintos mal corregidos en una criatura, se excitan por los estímulos energéticos, violentos y obstinados de otras criaturas rebeldes. Les noticias de los diarios demuestran que muchos jóvenes, aparentemente inofensivos o pacíficos, hasta cierta edad, después se vuelven delincuentes por el simple hecho de alternar o convivir con compañeros de malos instintos. Y esto es casi siempre, por falta de vigilancia y falta de severidad de algunos padres, que encantados por la configuración carnal de sus hijos consanguíneos, le dieron rienda suelta a toda clase de caprichos, rebeldías y violencias

 

Los malos instintos de los hijos, pueden aceptarse o corregirse, dependiendo exclusivamente del comportamiento de los padres, y estos cuando ejercen una acción correctiva sobre los hijos casi siempre lo hacen por irritación o venganza, y no por necesidad de educar al espíritu encarnado. Muchos dejan a los hijos bajo el cuidado de los abuelos, parientes o amigos, mientras aprovechan la vida placenteramente aunque todo eso resulte en perjuicio de sus hijos en base a una mala educación. Otros internan a sus hijos en colegios particulares, o instituciones religiosas, proporcionándoles la educación moral y cívica, pero olvidan que no basta el barniz social y la cultura del mundo profano, puesto que carecen del cariño y del amor que le da vida al corazón.

 

En esos lugares, no son esclarecidos propiamente en su contextura ”psicofísica”, sino solo reprimidos por una disciplina “estándar” o de grupo, casi siempre aplicada por preceptores coléricos  o comúnmente frustrados en su propio hogar.

 

Las estadísticas probaron siempre que hay más jóvenes violentos y rebeldes entre los educados en las instituciones, de cualquier tipo que sean que en aquellos que fueron educados por padres amorosos, pero severos y exceptuados de sentimentalismos perjudiciales para sus retoños. Es obvio que en las agrupaciones estudiantiles, tanto se mezcla lo bueno como lo malo de los niños resultando una mezcla inferior, llena de sentimientos y pasiones opuestas.

 

El equipo familiar en el mundo no siempre es un jardín de flores. A veces, es una espina de preocupaciones y de angustias, reclamando sacrificios. Con todo, aunque necesitemos  de firmeza en las actitudes para el control de la afectividad que nos es propia, jamás conseguiremos sanar las heridas de nuestro ambiente particular con el látigo de la violencia o con el emplasto de la dejadez.

 

Nada es  más importante, en materia de educación que preparar a los hijos para que se tornen libres, pero responsables, seguros y conscientes de la utilidad de las leyes y normas disciplinares, sin cuya  observación la vida en sociedad sería imposible, obteniendo de ellos una adhesión espontánea y un consentimiento pleno a las mismas.

 

Afirma la Psicología moderna que la educación infantil es perfectamente posible sin el uso del pescozón, golpes, zurras, gritos e insultos, siempre que sé de al niño el amor, la atención, el respeto y la protección que él necesita, merecen y debe recibir.

 

 

“Cuando Jesús nos recomendó no despreciar a los pequeños, esperaba de nosotros no  solamente medidas providenciales alusivas al pan y a la vestimenta. No basta  alimentar minúsculas bocas hambrientas o abrigar cuerpecitos helados. Es imprescindible el abrigo moral que asegure al espíritu renaciente el clima de trabajo necesario para su sublimación.

 

No siempre los hijos se muestran propensos a seguir los ejemplos paternos. Esto es porque, espiritualmente, cada uno de nosotros es hijo de sí mismo, es decir, actúa y reactúa de acuerdo al grado de evolución  que haya alcanzado a través de las sucesivas vidas. Y puede ocurrir, como nos enseña Allan Kardec, que entre los miembros afines de cierta familia uno u otro desentone de los demás, visto que la influencia de algunos años bajo el mismo techo y las mismas técnicas educativas pueden no ser suficientes para modificarle los gustos, las tendencias, el temperamento y otros aspectos de su personalidad.

 

Forman familia los espíritus que la analogía de los gustos, la identidad del progreso y la afección inducen a reunirse. Esos mismos espíritus, en sus migraciones terrenas, se buscan para agruparse, como lo hacen en el espacio, originándose de ahí las familias unidas y homogéneas. Mas, como no les cumple trabajar apenas para sí, permite Dios que espíritus menos adelantados encarnen entre ellos, a fin de recibir consejos y buenos ejemplos por el bien de su progreso. Por lo tanto hemos de acogerlos, como hermanos; auxiliarlos, y después, en el mundo de los Espíritus, la familia se felicitara por haber salvado a algunos náufragos que, a su vez, podrán salvar a otros.”

 

Emmanuel, ese amoroso y lucido mentor del mundo espiritual nos dice a través del médium Cándido Xavier, que pasada la época infantil, acreedora de toda vigilancia y cariño por parte de las energías paternales, los procesos de educación moral, que forman el carácter, se tornan más difíciles, y, alcanzada la mayoría de edad, si la educación no se ha hecho en el hogar, entonces, solo el proceso violento de las pruebas rudas puede renovar el pensamiento y la concepción de las criaturas, porque el alma reencarnada habrá retomado  todo su patrimonio nocivo del pretérito y reincidirá en las mismas caídas, si les faltó la luz interior de los sagrados principios educativos. He aquí porque el hogar es tan importante para la edificación del hombre, y porque tan profunda es la misión de la mujer ante las leyes divinas.

 

No todos los padres están en condiciones de cuidar, personalmente, de la formación moral de los hijos, porque las peleas, las discordias, las quejas mutuas, incluso los escándalos y los malos ejemplos de una vida desarreglada y disoluta les quitan toda la autoridad.

 

Cualquiera que sea la religión: Católica, Evangélica, Espirita, etc.; se debe cuidar que las luces del Evangelio iluminen los pasos, de los niños, para que no se hundan en los abismos del error y del crimen, y alcancen el ambicionado puerto de la felicidad.

 

Merchita

PSICOANÁLISIS Y ESPIRITISMO

Psicoanálisis  Y  Espiritismo

Mercedes Cruz Reyes

La mayoría de los fenómenos  mediúmnicos  se encuadran en su apariencia, en la psicología  individual y profunda  del inconsciente, investigada  por Segismund Freud  y generalizada  bajo el término “psicoanálisis”.

Las comunicaciones de los espíritus  desencarnados, aunque tengan ciertas semejanzas,  no pertenecen al médium.  El médium es un transmisor  del psiquismo  del espíritu desencarnado.  En consecuencia,  el espíritu comunicante  es el que debe ser  psicoanalizado y no el médium,  que es un simple interprete  de la voluntad ajena.

Los espíritus desencarnados  que pueden ser  investigados, son los sufrientes, primarios, desajustados o perseguidores, que se comunican en las sesiones espiritas  para su tratamiento espiritual, puesto es un  inmejorable material respecto a los resentimientos y demás tendencias mórbidas freudianas.

El problema del espíritu desencarnado es muy complejo y de muy difícil solución, si lo comparamos  con el método psicoanalítico aplicado a los encarnados. Las personas enfermas de la mente  y pasible de éxito con la terapéutica  freudiana, son los desajustados   o acomplejados con el “medio” en que viven, que después  de corregirles  mentalmente  e identificado  la causa mórbida  o la frustración enfermiza que desde la infancia los atormentaba, los pacientes,  se liberan de sus cadenas  o estímulos inconscientes  y perturbadores.

Pero  nada adelanta investigar al espíritu  desencarnado enfermo que se manifiesta a través del médium,  ni interiorizarse del inconsciente, si resurge  con  las raíces mórbidas  de los complejos y resentimientos  de culpabilidad que tenga.  En verdad las causas mórbidas no pueden removerse en el espíritu desencarnado, porque siempre estuvieron ligadas al mundo material en forma de crímenes,  calumnias, traiciones, pillaje, perversidades, avaricias, lujurias o tiranías.  Son deudas o “pecados” que practicó con el prójimo y no el producto de choques,  conflictos o desajustes, desde la infancia o juventud,  que más tarde se manifestarán  hiriéndolo en su mente disciplinada.

 

No estamos tratando de causas desconocidas  en la vida secreta  del inconsciente, sino de acontecimientos positivos y degradantes que están estigmatizados  en la conciencia  del espíritu manifestante bajo la forma de remordimientos, temores o desesperos.

En tal caso, el espíritu sufriente  no  vive a través del médium  una condición contradictoria o forjada por causa  de su inconsciente; el sufre los efectos de las maldades  practicadas con conocimiento de causa. El psicoanalista apenas podría identificarle  los cuadros mórbidos, pero no podría devolver  al paciente a la vida física  donde practico  sus delitos.  Nadie podrá liberarlo  del recuerdo de su acto censurable y consciente que practicó en el mundo material. Únicamente a través de nuevas existencias  se apagaran de su memoria  los efectos dañinos. Además sería imposible  rescatarlo de la región del astral inferior, donde se aloja  todo delincuente espiritual, por fuerza  y causa de su magnetismo denso.

El Espíritu enfermo puede suavizar sus angustias  y aflicciones por medio del tratamiento “evangélico” preceptuado por el Maestro Jesús, el médico de las almas y será inocuo a la cura por el método freudiano.

Freud era un psicólogo médico que intentaba entender y tratar lo que hoy en día llamáramos problemas de la personalidad y la conducta,  estudiaba más que nada el subconsciente en donde él creía que se encontraban los síntomas de sus pacientes.

El arsenal  freudiano  era inmenso y tenía rótulos para todas las actitudes, actividades y comportamiento humano.  El mundo se lleno de complejos, desde los más ridículos hasta los más complejos.

Había complejos, de pobreza, de riqueza, de inferioridad, de superioridad, de feminidad, de frustración, de todo lo que se le  pueda ocurrir a la mente humana, , atribuidos a  efectos causados por los conflictos desde la infancia.  Ni el mismo Jesús, el más sabio y equilibrado de los hombres, escaparía a la manía freudiana. El Divino Maestro, no dejaría de ser un enfermo resentido, portador del, complejo mesiánico”, quizás producido por alguna arrasadora frustración   de dirigir desde la infancia.

Según Freud, cualquier hombre  debe tener su complejito enterrado en su inconsciente y que será descubierto por la pericia  del sentencioso psicoanalista.

Es posible que en el médium haya algunos complejos freudianos , ya que tanto en la línea espirita  como en los terreiros  de la Umbanda  hay criaturas neuróticas,  esquizofrénicas,  exaltadas,  neurovegetativas e histéricas,  que tienen  un contacto empobrecido con el Más Allá y confunden sus propios resentimientos (complejos)  y alucinaciones como si fuesen la manifestación de los Espíritus.

Es indudable que el médium  en general reviste  las ideas de los espíritus con algo de su naturaleza anímica, pudiendo de formar  parte  de la comunicación  del espíritu, por su forma de pensar  y de sentir.  Evidentemente, una buena sacudida psicoanalista  tal vez podría sanear la mente complicada de muchos médiums, ajustándolos  en su función de verdaderos interpretes del Más Allá.

Podríamos poner como ejemplo, al médium indisciplinado en sus emociones y anonadado por el exceso de fantasías, motivado por las imágenes que bailan en su mente.  Cuando el médium es, fantasioso, histérico, exaltado, vegetativo, esquizofrénico, transfieren fácilmente para la actividad mediúmnica  los hechos o simpatías que más lo impresionaron en su vida. los grandes profetas,  los lideres,  los santos, los escritores, los artistas, gobernadores los que se destacan  en la vida material,  ejercen una gran impresión en los médiums  muy anímicos.  Estos médiums a través de supuestas manifestaciones mediúmnica  del Más allá,  aun continúan manifestándose  con insistencia  en ciertos trabajos espiritas, copiando las mismas características  que hace siglos debían tener en vida.

 Bajo tales condiciones, predominan las ideas fijas, los falsos mecanismos, auto exaltaciones, resentimientos, fobias  y sublimaciones engañosas. Aunque esos médiums actúen sin mala fe,  son improductivos  y hasta siembran perjuicios por confundir lo sensato con lo ridículo, lo verdadero con lo falso. El método del psicoanálisis freudiano, sin duda, `podría ayudar a esos médiums en lo que respecta al drenaje  de sus propias contradicciones  y complejos, manifestados a cuenta de la supuesta mediúmnidad

La diferencia  que se observa  entre el psicoanálisis  de Freud  y el Espiritismo de Allan Kardec  es la de que el psicoanalista  se limita a investigar en la intimidad humana  y hace “resurgir” del subconsciente , resentimientos o complejos  que han sido adquiridos en una sola existencia  terrestre,  mientras que el Espiritismo  estudia la personalidad  humana en una  área más extensa,  porque analiza  y esclarece acontecimientos  mórbidos y característicos de otras vidas pasadas.  Freud  investigaba en las personas factores mórbidos desde la cuna  hasta el presente, en un lapso de tiempo, ignorando, que la verdadera individualidad del hombre se genera en el tiempo y en el espacio,  remontándose  algunos milenios a otras. Freud clasifico innumerables fenómenos  de carácter enfermizo en sencilla distancia de una corta vida terrena. Hechos mórbidos fijados en la contextura  inmortal del periespiritu fueron analizados  como conflictos de la infancia del paciente. Mientras Freud  trataba de examinar  la personalidad humana  a través de los hechos  sucedidos   en la precariedad  de una sola vida carnal, el Espiritismo se remonta a los milenios para estudiar al espíritu inmortal.

Al investigar ciertos estados mórbidos del espíritu examinaban también  el pasado milenario del  espíritu, que está en el subconsciente.  El subconsciente  es el “deposito” de los deseos, impulsos, emociones y estímulos que permanecen guardados y que luego transmite el subconsciente.  Es una especie de “guardarropa”  de la memoria  instintiva en donde los Espíritus   acostumbran a archivar  todo cuanto  les impresiona y domina. La herencia de los instintos  animales también  se guarda en ese deposito  de la individualidad humana, que actúa en forma  de automatismo, que además, puede actuar sin la aprobación de la conciencia. El hombre aun nutre  y repara los perjuicios  ocasionados  a su edificio celular sin necesidad de tener conocimiento consciente, porque el subconsciente trata del asunto en forma satisfactoria, esclarecido por la experiencia milenaria.

 Freud confundió las adquisiciones mentales y emotivas del espíritu, a través de  varias encarnaciones  en la tierra,  como hechos oriundos  de una sola existencia humana. A pesar de su terminología brillante, investigación sincera y obstinada, apenas investigó  un fragmento  del espíritu inmortal.  El como otros tanto investigadores, ignoraban  que la mayoría de los disturbios nerviosos, mentales  o emotivos se radicaban fundamentalmente en el periespiritu preexistente y sobreviviente después de la muerte del cuerpo  físico.

Los psicoanalistas  no podrán liberar a sus pacientes de sus complejos, cuyo origen se pierden en la trama secular  o milenaria  de las encarnaciones pasadas. Son disturbios generados por el odio, egoísmo, orgullo, por la ambición, la crueldad,  venganza o codicia. En tales casos, los brillantes postulados de Freud  son incapaces de solucionar  los problemas espirituales, sensibles  únicamente a la medicación del Evangelio de Cristo. Jamás, los sentimientos y actos pecaminosos  producidos por el espíritu en sus anteriores vidas, pueden lograr  satisfactorias  soluciones  con la investigación de los hechos ocurridos en la infancia del hombre,  situados en el plazo de una sola existencia carnal.

EL Espíritu encarnado sufre el asedio constante  de los estímulos enfermizos de las anteriores existencias, los criminales, las prostitutas, los calumniadores,  etc. guardan en su memoria periespiritual  las escenas de sus fechorías, de sus crímenes, de sus maldades, son tiranos que ambulan  desesperados  por las calles de las ciudades, huyendo inconscientemente  de los gritos de sus víctimas seculares. Jamás Freud  y sus seguidores podrán identificar  el origen  de esas características, recurriendo   a los hechos  vividos en la infancia, o indagando en los conflictos emotivos de sus progenitores. Tendrán que penetrar  en el pasado reencarnatorio del alma eterna.

La terapéutica espirita  es muy superior  al análisis freudiano, porque además  de remontarse a las causas “pre reencarnatorios” aun ofrece  el eficiente medicamento  del Evangelio para higienizar al espíritu eterno. El psicoanálisis convence  al paciente que determina perturbaciones  que provienen  de los acontecimientos y conflictos vividos durante la infancia. El Espiritismo, mientras tanto, señala la delincuencia  del espíritu en el pasado y le ofrece la oportunidad  de reajustarse  por la  sumisión al proceso Karmico de las vidas sucesivas. El espíritu  es clasificado como deudor, pero también recibe  el endoso espiritual para liquidar  su debito conforme sea su capacidad  y entendimiento.

El beneficio que aporto Freud, fue que dio comienzo a un verdadero proceso de investigación y cirugía para la mente enfermiza, señalando  a los científicos modernos  el proceso  y fundamento de innumerables anormalidades radicadas  exclusivamente  en la actividad mental del ser. El nos hizo sentir el fabuloso poder  de la mente,  así como las debilidades del espíritu,  y que ambos pueden llegar a enfermar al cuerpo que anima.

Hoy en día sabemos que la mente humana no se puede descuidar, que hay que cuidarla tanto como al cuerpo humano, la cirugía  del cuerpo evoluciona  hacia la cirugía del espíritu; en el futuro, será función del médico  operar  determinada  afección mental,  tal como lo hace hoy para operar un quiste, o apéndice. Las excrecencias  y deformaciones  que se producen alrededor  del alma, tienen sus raíces mórbidas en el pasado, así como el cáncer afirma sus ramificaciones en las entrañas  del organismo carnal.

 

Extraído del libro  “La Misión del Espiritismo” de Ramatis. 

REFLEJOS DEL PASADO

REFLEJOS DEL PASADO

 

La infancia se caracteriza, según la psicología tradicional, por el egocentrismo, el niño, todavía, amoral  y, a veces cruel, exige ser amado, protegido, pasando posteriormente,  a una posición oblativa, cuando le surgen los deseos y las aptitudes para amar, para ofrecer, para servir, iniciándose  el periodo de la madurez del área de la afectividad. En consecuencia, el niño por falta de raciocinio y de reflexión,  vive el presente,  no teniendo una visión, sino muy incompleta  e incluso fragmentada, de las realidades, del tiempo y espacio. El adulto, en razón de las necesidades que identifica,  de la escala de valores de la vida que pasa a nortearle  la existencia y del instinto de preservación de sí mismo, se dispone a vivir el futuro.

 

Organiza tareas, programa actividades teniendo en cuenta el mañana, cuando espera proseguir  disfrutando los bienes  y las realizaciones logrados. La persona de edad avanzada, cree que el futuro perdió todo sentido, por la falta de tiempo que la vida tal vez no le faculte, se apega al pasado, viviendo recuerdos y remonta a los mismos con cualquier pretexto.

 

Muchas veces el niño, no pudiendo superar algún hecho que lo asusta y no encontrando apoyo emocional para hacer  desaparecer el incidente, genera un bloqueo como trauma que le impide el desarrollo y la transposición de una fase para otra, llegando al periodo adulto, retenido en una etapa de infantilismo. Esto explica las reacciones de la falta de madurez de muchas personas ante las coyunturas  y las circunstancias más variadas de la vida. En razón de tal estado, se revelan inseguras y egocéntricas,  poseen frágil estructura moral y no demuestran sentido del equilibrio, difícilmente asumiendo e incumbiéndose  de responsabilidades, presentando gran inestabilidad en las decisiones y una terrible  incapacidad de donar sin recibir;  de auxiliar sin obtener gratificación de cualquier naturaleza, sus actitudes son ilógicas, destituidas de crítico discernimiento. Como consecuencia tienen la forma  y las fuerzas de adultos, y ejercen funciones  y desarrollan programas pertinentes  a la edad de la infancia. Porque  son  dicotómicos- una apariencia física adulta y  una psiquis  infantil – se vuelven peligrosos a causa de sus imprevisibles reacciones ante los hechos que les sorprenden o promueven.

 

Desde el punto de vista espiritual, se trata de criaturas jóvenes en la responsabilidad, desacostumbradas a los compromisos  superiores, cuyas experiencias se desarrollan  en el campo  de superficialidad e intereses personales, sin mayores adquisiciones morales. A ello se suma  la interferencia psíquica de los Espíritus afines,  la de los adversarios de la retaguardia que les llevan a estados de grave apatía, al desinterés por los valores  ennoblecedores y, por ser maleables a las inducciones perniciosas se transforman  en instrumentos de perturbación y delincuencia.

 

Para el bien de la comunidad y de  ellos mismos, compete a los adultos hacer un examen de sí mismos, un auto análisis de sus actitudes, una evaluación  periódica del comportamiento empeñando  esfuerzos para educarse o reeducarse en el campo emocional o en el sector  del comportamiento, en el cual sea necesario. De esta forma, mediante la disciplina  de la voluntad, ejercicio mental correcto en torno a los ideales relevantes y de los pensamientos ennoblecidos,  se les tornan más duraderos los impulsos para el equilibrio que se estructurará a lo largo del tiempo en actividades constructivas; evitándose perjuicios sociales expresivos, numerosos disturbios  psicológicos  y de comportamiento  y serán interrumpidos graves connubios obsesivos de largo curso…

 

La madurez psicológica del hombre lo lleva a una actitud dinámica, en la que busca desarrollarse cada vez más, ofreciendo posibilidades de realizar una situación armónica entre el, la sociedad y el ambiente en el cual se encuentra situado. Esta conducta es obtenida a través de las reencarnaciones, como resultado  de las vivencias y aprendizajes  que despiertan la conciencia en el ser, que abre las posibilidades hacia más allá del pensamiento – la franja de la intuición.

 

Todo  factor, oculto  u olvidado, de un  trauma, mientras no sea liberado prosigue como bloqueo, impidiendo la renovación del campo en el que se instala. La concienciación de cualquier hecho es indispensable para una legítima   evaluación  de resultados con el competente interés por perfeccionar la realización, corrigiendo el acto, por la reeducación y nuevos intentos de reparación.

 

Las personas cuando caen en errores y cuando son descubiertas, acostumbran a justificarse con el desconocimiento de los factores que las llevaron  a los engaños, produciéndose  el recuerdo de los fracasos, al otro lado; y contentándose igualmente  con el parcial olvido cuando al volver  al cuerpo, siempre quedan reminiscencias que afloran, en los momentos propios;  luces rojas en la mente como advertencias inconscientes ante nuevas decisiones  como advertencias inconscientes ante nuevas decisiones precipitadas que  llevan al caos; recelos de perjudicar a los otros, dando surgimiento a responsabilidades y conciencia de justicia…

 

Las reacciones de enfado y resentimiento, de amargura y de cólera dimanan del temperamento apasionado y caprichoso de quien se acostumbró a la usurpación  sin admitir reproches, al abuso de la posición sin dar lugar  a advertencias y de la arrogancia  que no permite amonestación. El dolor, se encargará de cincelar las aristas y someterle  la cerviz mediante los límites orgánicos y las resistencias debilitadas, junto a los continuos  conflictos en la afectividad y en las relaciones de emulación, resucitando las viejas pasiones.

 

Todos conducimos, inevitablemente, las propias experiencias. Ignorarlas, no significa haberlas superado. La deuda olvidada, por mejor que sea la intención del comprometido, permanece aguardando liquidación. Las muestras, como las de nuestros afectos, resurgen  por el camino con las disposiciones que les establecemos o motivamos.

 

Nadie camina desacompañado de compañeros, amores o enemigos…

 

Renacimiento en el cuerpo es dieta para la evolución con los ingredientes necesarios para la salud moral y espiritual de cada cual.

 

 

Trabajo realizado por Merchita

Extraído del libro “Cuadros de la Obsesión” de Divaldo Pereira Franco

ASPECTOS DEL SEXO

ASPECTOS DEL SEXO

Al ocuparnos de nuestra edificación espiritual no podemos dejar a un lado  ni ignorar al sexo.

El sexo es energía creadora y necesita que el amor este a su lado  para ejercer la función de firme timón, es por eso urgente  que coloquemos el sexo al servicio de amor, sin que por ello  el amor se subordine a ello.

Todos los días millones de almas son dilaceradas por el sexo. Apremiante problema ya  ensandeció a muchos cerebros valiosos, no puede atacarse a tiros de verbalismo de fuera hacia dentro, a la forma  de médicos superficiales, que prescriben  largos consejos  a los pacientes, teniendo en la mayoría de las veces, absoluto desconocimiento de la enfermedad.  Los enigmas del sexo no se reducen a simples factores fisiológicos.

Indiscutiblemente, para la mayoría de los encarnados, la fase juvenil de las fuerzas fisiológicas representa delicado periodo de sensaciones, en virtud de las leyes  creadoras y conservadoras que rigen la familia humana; esto es accidente  y no define la realidad sustancial. La sede del sexo no se haya en el cuerpo grosero, sino en el alma, en su sublime reorganización.

En la Esfera de la Costra, se distinguen hombres y mujeres según señales orgánicas, especificas; en el mundo espiritual para los que se encuentran, en tránsito, hacia esferas más altas,  prepondera aún el juego de las recordaciones de la existencia terrena; en las regiones más altas de las almas acentuadamente  pasivas  o francamente activas.

Comprendiendo, de esta manera, que en la variación de nuestras experiencias adquirimos, gradualmente, cualidades divinas, como son la energía y la ternura, la fortaleza y la humildad, el poder y la delicadeza, la inteligencia y el sentimiento, la iniciativa y la intuición, la sabiduría y el amor, hasta que logremos el supremo equilibrio en Dios.

Convencidos de esta realidad universal, no podemos olvidar que ninguna exteriorización del instinto sexual en la tierra, cualquiera que sea su forma de expresión, será destruida, sino trasmudada en el estado de sublimación. Las manifestaciones  de los propios irracionales participan del mismo impulso ascensional. En los pueblos primitivos, el desenvolvimiento sexual sobresalía por la posesión absoluta. La personalidad integralmente activa del hombre dominaba la personalidad totalmente pasiva de la mujer.  El paso de los milenios transformó, esas relaciones. La mujer-madre y el hombre-padre dieron acceso a nuevos soplos de renovación del espíritu. Con bases en las experiencias  sexuales, la tribu se convirtió en la familia, la choza se metamorfoseo en el hogar, la defensa armada cedió al derecho, la floresta salvaje se transformó en la agricultura pacifica,  la heterogeneidad de los impulsos en las inmensas extensiones de territorios abrió campo a la comunión de los ideales en la patria progresista, la barbarie se irguió en la civilización, los procesos rudos de la atracción  se transubstanciaron en los anhelos artísticos que dignifican al ser, el grito se elevó al cántico, y, estimulada por la fuerza creadora del sexo, la colectividad humana avanza, aunque lentamente  hacia el supremo blanco del divino amor. De la espontánea manifestación brutal de los sentidos menos elevados el alma transita hacia la gloriosa iniciación.

Deseo, posesión, simpatía, cariño, devoción, renuncia, sacrificio, constituyen aspectos de esa jornada de sublimación. A veces, la criatura se demora años, siglos, diversas existencias de una estación a otra. Raras individualidades consiguen mantenerse en el puesto de la simpatía, con el equilibrio indispensable. Muy pocas atraviesan las regiones de la posesión sin duelos crueles con los monstruos del egoísmo y de los celos, a los cuales se entregan desvariadamente. Son pocas las que recorren  los departamentos del cariño sin encadenarse, por largo trecho, a los gnomos  del exclusivismo. A veces, solo después de milenios de pruebas crecientes y purificadoras, consigue el alma alcanzar el cenit luminoso del sacrificio para la suprema liberación, en el rumbo de nuevos ciclos de unificación con la Divinidad.

“El éxtasis del santo fue, un día, simple impulso. El instinto sexual, para coronarse con las glorias  del éxtasis, ha de doblarse a los imperativos  de la responsabilidad a las exigencias de la disciplina, a los dictámenes de la renuncia.

 “Debido a la incomprensión sexual, incontables crímenes campean en la tierra, determinando extraños y peligroso procesos de locura en todas partes.

Son millones de hermanos los que se conservan medio locos en los hogares  o en las instituciones; son incapaces de la devoción y de la renuncia, sumergiéndose poco a poco,  en el caliginoso pantano de las alucinaciones… Con la mente desvariada, fija en el socavón de la subconsciencia, se pierden en el campo de los automatismos inferiores,  obstinándose en conservar deprimentes estados psíquicos. El celo, la insatisfacción, el desentendimiento, la incontinencia y la liviandad les traen terribles fenómenos de desequilibrio.

“La endocrinología podrá  hacer mucho  con una inyección de hormonas, a guisa de socorro rápido a las colectividades celulares, pero no  sanará lesiones del pensamiento. La genética  podrá interferir en las cámaras secretas de la vida humana, perturbando la armonía de los  cromosomas, en el sentido de imponer el sexo  al embrión; todavía, no alcanzará la zona  más alta de la mente femenina o masculina, que mantendrá características propias, independiente de la forma exterior o de las convenciones estatuidas. La medicina inventará mil modos de auxiliar el cuerpo alcanzado en su equilibrio interno; ella es merecedora siempre de sincera admiración y ferviente amor; entre tanto, nos compete practicar la medicina del alma, que amparé al espíritu  embrollado en las sombras…

“El amor espiritualizado, hijo de la renuncia cristiana, es la llave capaz de abrir las puertas del abismo donde rodaron y ruedan millones de criaturas  todos los días.

 

El sexo con respecto al amor, es como los ojos para la visión, y el cerebro para el pensamiento: no más que la herramienta de exteriorización.  Es un lamentable error suponer  que solo la perfecta normalidad sexual, acorde a las respetables convenciones humanas, puede servir de templo a las manifestaciones  afectivas. El campo del amor es infinito en su esencia y manifestación. Insta huir a las aberraciones  y a los excesos; con todo, es imperioso reconocer que todos los seres nacieron en el Universo para amar y ser amado.

 

La construcción  de la felicidad real no depende del instinto satisfecho. La permuta de células sexuales  entre los seres encarnados, garantizando la continuación de las formas fisicas es proceso evolucionista, es apenas una aspecto de las multiformes permutas del amor. el intercambio de fuerzas  simpáticas, de fluidos combinados, de vibraciones sintonizadas entre almas que se aman, está por encima de cualquier exteriorización tangible de afecto, sustentando obras imperecederas de vida y de luz, en las ilimitadas esferas del Universo.

 

El amor encuentra siempre mundos nuevos, basta que la criatura abandone la ociosidad que por si misma combatirá la nefasta ignorancia. En cada ser resplandece,   sin desmayo, la claridad libertadora, en el pensamiento de renovación para el bien  común que debe cultivar  e intensificar en cada día de la vida.

 

El cautiverio en los tormentos del sexo no es problema que pueda solucionar el literato  actuando en el campo exterior: es cuestión del alma, que demanda proceso individual de cura, y sobre esta, solo el espíritu  resolverá  en el tribunal  de la propia conciencia. Es innegable que todo auxilio externo es valioso y respetable, pero  los esclavos de las perturbaciones del campo sensorial solo por si mismos serán liberados, esto es, por la dilatación del entendimiento por la comprensión de los sufrimientos ajenos  y de las dificultades propias  por la  aplicación del “amaos los unos a los otros”, así en el adoctrinamiento, como en lo intimo del alma, con las mejores energías del cerebro y con los mejores sentimientos del corazón.

 

Todo en la vida es impulso creador. Todos los seres que conocemos, desde el gusano al ángel, son herederos  de la Divinidad que nos confiere la existencia, y todos somos depositarios de facultades creadoras. El vegetal, instigado por el heliotropismo, surge en el paisaje, distribuyendo la vida   y renovándola. La luciérnaga cintila en la sombra, buscando perpetuarse. El batracio siente  vibraciones de amor y de paternidad en los escondrijos del charco. La fiera olvida la índole salvaje, al lamer, con ternura,  un hijo recién nacido. Y más de la matad  de los millones de espíritus encarnados en la Costra de la Tierra, con la mente fija en la región de los movimientos instintivos, concentran sus facultades  en el sexo, del cual se derivan naturalmente los más vastos  y frecuentes disturbios  nerviosos; ellos constituyen   compactas legiones, en las inmediaciones del paisaje primitivo de la evolución planetaria, son espíritus en la infancia del conocimiento, que aun no saben crear sensaciones y vida sino movilizando los recursos de la fuerza sexual.

 

Gran parte de las criaturas, sin embargo, habiendo conquistado la razón, por encima del instinto, permanecen  en los desatinos de la prepotencia  y realce, aunque apoyados en el trabajo provechoso y a las pasiones nobles, muchas veces… Pequeño grupo de hombres y mujeres, por fin, después de alcanzar el equilibrio  sexual en la zona instintiva del ser y después de obtener los títulos que les confiere su trabajo y con los cuales  dominan en la vida, rigiendo las propias energías, en pleno régimen de responsabilidad individual, pasan a fijarse en la región sublime, en la súper conciencia, no encontrando más la alegría  integral en el contentamiento del cuerpo físico o en la evidencia personal; procuran alcanzar  los círculos más altos de la vida, absortos  en el idealismo superior; se sienten en el Umbral de las esferas divinas, ya desde el camino nublado de la carne, a la manera de viajero que, después  de vencer ásperos caminos en las tinieblas nocturna, se estanca, desajustado, entre las ultimas sombras de la noche y las promesas indefinibles de la aurora…

 

Para esos, el sexo, la importancia individual y las ventajas  de lo momentáneo en la Tierra son sagrados por las oportunidades que ofrecen a los propósitos de hacer el bien; entretanto, en el santuario  de sus almas  resplandece de nuevo la luz…

 

La razón particular se convirtió en entendimiento universal. Les crecieron  los sentimientos sublimados en la dirección del campo superior. Presienten a la Divinidad y desean identificarse  con ella. Son los hombres y mujeres que, habiendo realizado los más altos patrones humanos se candidatan a la Angelitud…

 

De un modo o de otro, siempre son facultades creadoras, heredadas de Dios, en juego permanente en los cuadros de la vida, todo ser es impulsado a crear, en la organización, conservación y extensión del Universo…

 

Aun instituyendo el mal, es forzoso observar en la criatura  la manifestación incesante del poder creador que le es propio, caen en despeñaderos del crimen, se lanzan a los valles  de las sombras, más, organizando y reorganizando las propias acciones, adquieren el patrimonio bendito de la experiencia; y, con la experiencia, alcanzan la luz, la paz, la sabiduría y el amor con lo cual se aproximan a Dios…

Si la simpatía sexual presagia la disolución de obras morales respetables, es imprescindible que el amor oriente sus recursos hacia manifestaciones más elevadas, pues cuando la atracción genésica  es más poderosa  que el amor, aparecen crisis  de curso prolongado que retardan el progreso y el perfeccionamiento del alma, comprometiendo a veces  sus pasos  en la locura y frustración, la enfermedad o el crimen.

 

Amemos, amemos siempre, porque el amor  es la esencia de la vida misma , pero no pretendas que te amen.  Con los que aun  no puedes compartir  una convivencia  de mayor intimidad, amalo  como si fueran tus hijos y aprenderás  el amor puro y fraterno que Jesús nos lego.

 

Si sientes inquietud sexual convirtiéndose en un flagelo par tus horas, no seas irresponsable actuando  imprudentemente, buscando a un hombre o a una mujer; muchas veces, eso constituye  un peligroso agravamiento de los problemas que ya tienes.

 

Busca a Dios, ante todo, mediante la oración según la fe que cultivas, y, Dios que creó el sexo en nosotros  para el engrandecimiento de la creación, así en la carne, como en el espíritu, te ayudará para bien encauzarlo.

Merchita

 

Extraído del libro en un mundo mayor de chico Xavier

CAMINANDO A CIEGAS

Caminando a ciegas

 

En la actividad religiosa, mucha gente cree en la reforma de la personalidad, desde que el discípulo de la fe se desliga de ciertos bienes materiales.

Aún hoy, muchos amigos del Evangelio prosiguen cayendo en sus aspiraciones y esperanzas por acompañar a Cristo a distancia, recelosos de perder gratificaciones inmediatas; cuando son llamados al testimonio importante, se demoran en las cercanías de la arena de luchas redentora, entre los siervos de las convenciones utilitaristas, asestando binóculos de examen, a fin de observar cómo será el fin de los servicios ajenos.

Cuando distribuimos ropa y alimentos entre los necesitados somos catalogados  como renovados en el Señor, con todo, esto constituye  una modalidad de la verdadera transformación, sin representar el conjunto de las características correspondientes del verdadero hombre de Bien.

Son muchos los que se despojan de bienes a favor de los necesitados, pero no ceden terreno de la opinión personal, en el esfuerzo sublime de la renuncia.

De los errores muchas veces se aprende, de un gran mal puede resultar un gran bien, no podemos olvidar que Dios escribe derecho en renglones torcidos.

Jesús en su misión  necesita de trabajadores para que la simiente se esparza y llegue a todas partes, pero al igual que en un hospital, el médico es la pieza principal, no por eso prescinde de los enfermeros y de todos los componentes que tiene que haber para que el funcione debidamente.  Todos no pueden ejercer la misma tarea, y las más delicadas requieren obreros laboriosos que tengan la especialidad para poder ejercer bien la función,  lo que sí es verdad que dentro de esa especialidad, muchos son laboriosos y en todo momento se esfuerzan en trabajar y cumplir con los requisitos, otros en cambio a la menor contrariedad o problema no son capaces de rendir igual, se quedan rezagados para no verse implicados en los problemas si los hubiera. Una vez que todo pasa, se sienten fracasados en su labor, no fueron capaces de dar testimonio, y se lamentan como le paso a Pedro cuando Jesús le dijo que lo negaría por tres veces, el en vez de prepararse para que no fuera así, se olvido de la recomendación y cuando llego la hora de rendir testimonio, fracaso siendo desleal  a aquel a quien tanto amaba.

El Evangelio permanece en el mundo como bendita mies celestial destinada a enriquecer el espíritu humano, entretanto, el porcentaje de criaturas dispuestas al trabajo de la siega es muy reducido. La mayoría aguarda el trigo beneficiado o el pan completo para su entera alimentación.

Rarísimos son aquellos  que enfrentan los temporales, el rigor del trabajo y las peligrosas sorpresas que el esfuerzo  de recoger reclama  del trabajador devoto y fiel.

En razón de eso, la multitud de los desesperados y desilusionados continua pasando en el mundo, en fila creciente, a través de los siglos.

Los abnegados operarios de Cristo prosiguen cargados en virtud de tantos hambrientos que rodean la mies, sin el coraje preciso de buscar por si el alimento de la vida eterna. Y ese cuadro persistirá en la Tierra, hasta que los buenos trabajadores se decidan a no pasar por desapercibidos, las recomendaciones  del Evangelio, porque él es el manuscrito querido que nos llevara a la sublime ciudad de la Luz, donde siempre el testimonio es dado cien por cien.

Procuremos estar atentos, para rendir en su momento nuestro testimonio, para que no lamentemos el fracaso laborioso de muchos días, en un momento de descuido personal, al  dejar  fracasar la obra que nos fue encomendada, dentro de la pequeñez que aun nos caracteriza.

Los ciegos de espíritu continuaran, quejosos; entretanto, los que despertaron para Jesús saben que su época de trabajo redentor esta pronta. No paso, tampoco está por venir. Es el día de hoy, es la oportunidad bendita de servir, en nombre del señor, aquí y ahora…

Merchita