NUEVAS HISTORIAS O CUENTOS ( 21-11-2011)

LA PAZ EMPIEZA EN NUESTRA INTIMIDAD


La revista Selecciones, de marzo de 1947, trae una pequeña historia bastante interesante.

Se trata de la señora Ann Grace, que vive en una pequeña ciudad norteamericana.

Cuenta la señora Ann que, durante muchos años, veía a los niños del vecindario jugando de soldados y bandidos; jugar a la guerra, como muchos chicos suelen hacer en nuestros días.

Ella tuvo la oportunidad de ver a esa generación crecer e ir a la Guerra.

Y las voces y gritos de comando, que antes eran un juego, se convirtieron para ellos  en una sangrienta realidad. Ahora la orden: “¡estás herido! Ríndete!” Era de verdad 

Pero, un cierto día cuando algunos chicos invadieron su jardín, persiguiéndose con sus ametralladoras de juguete, la Sra. Ann Grace, ya con 68 años de edad, los llamó y pidió que se le acercaran.

Y cuando todos los niños se reunieron a su alrededor, les habló de la guerra, de las armas, de la locura de derramar sangre humano.

Enalteció, después, a la paz y sus excelentes ventajas. Los convenció, por fin, a abandonar las armas de juguete y a que se entretuvieran con los instrumentos deportivos y las pelotas que les había comprado.

Al día siguiente hicieron una proclamación, firmada por la Sra. Ann y todos los chicos, sus conocidos.

El documento decía lo siguiente: “la paz empieza en nuestra calle. El mundo en el que vivimos sería mucho mejor sin armas y con más justicia y amor.”

Y el pequeño pacto fue rematado por una fogata hecha con las armas y municiones de juguete.

Contemplando, con satisfacción,  su grupo de ex-soldados y bandidos, la venerable señora exclamó una vez más: “la paz empieza en nuestra calle.”

Parafraseando a la Sra. Ann Grace, diríamos que la paz empieza en nuestra intimida

Solamente después ella invade el hogar, sale a las calles, se propaga por la ciudad y gana el mundo.

Ella misma fue un ejemplo de ello. Si no hubiera sentido en el alma la necesidad de  paz, no se habría dirigido a los jovencitos para enseñarles a desarmarse.

En los días actuales, si todos los adultos tomasen una sabia decisión como la de la Sra. Grace, seguramente el futuro de la humanidad cambiaría su rumbo.

Pero, para eso, es necesario entender que es una locura derramar sangre humano y comprender las excelentes ventajas de vivir en paz.

Y esa paz no es apenas la ausencia de guerras mundiales, sino la paz en su sentido  más amplio.  

                                                            *** 

En nombre de la paz “brinde amor a donde vaya”. Antes de nada, en su propio hogar, a sus hijos y  familiares.

Después, a su vecino de al lado y a los otros vecinos de su calle.

No deje que nadie llegue hasta usted sin partir mejor o más feliz con la paz que le ha brindado.

Sea la expresión viva de la bondad de Dios: bondad en su cara, en sus ojos, en su sonrisa, bondad en su caluroso saludo.

Esta es una óptima receta para conquistar la paz efectiva.

 

(Historia adaptada de la revista Selecciones del Reader Digest, de marzo/1947.)

TRES LEONES
 
En la selva existían tres leones. Un día el mono convocó a una reunión para pedir toma de decisiones. En la selva les dijo están tres leones, ¿A cuál de ellos debemos rendir obediencia? ¿Cuál de ellos deberá ser nuestro rey?
Los leones supieron del problema y dijeron es verdad, la selva no puede tener tres reyes. Luchar entre nosotros no queremos  porque somos amigos y ¿cómo saber cuál será el elegido?
Otra vez los animales se reunieron y después de mucho deliberar les comunicaron a los leones la decisión tomada. Ustedes tres van escalar la difícil montaña. El que llegue primero ese será nuestro rey.
La montaña difícil era la más alta de toda la selva. El desafío fue aceptado y todos los animales se reunieron para asistir a la gran escalada. El primer león intentó escalar y no pudo, el segundo empezó con todas las ganas, pero también fue derrotado. El tercer león tampoco lo pudo conseguir y bajó derrotado.
Los animales estaban impacientes y curiosos; si los tres fueron derrotados ¿Cómo erigirían un rey.  En ese momento, un águila grande en edad y en sabiduría pidió la palabra ¡yo sé quién debe ser el rey. Todos los animales hicieron silencio y la miraron con expectativa.
¿Cómo? preguntaron todos. Es simple dijo  el águila. Yo estaba volando, y cuando volvían derrotados escuché lo que cada uno dijo a la montaña, El primer león dijo: montaña me has vencido. El segundo león dijo: montaña me has vencido. El tercer león dijo: montaña me has vencido por ahora, pero tú ya llegaste a tu tamaño final y yo todavía estoy creciendo.
La diferencia completó el águila es que el tercer león tuvo una actitud de vencedor cuando sintió la derrota en aquel momento, pero no desistió y para quien piensa así, su persona es más grande que su problema, él es el rey de sí mismo y está preparado para ser rey de los demás.
Los animales aplaudieron entusiastamente al tercer león que fue coronado rey.
(Tomado de la red)

Nunca Dejes De Sonreír

¡La Vida Es Maravillosa! 

¿Me Regalas Una Sonrisa

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De la influencia del bien

El poder del bien

Armando Pires efectuaba los últimos arreglos en el coche, para conducir a su amigo Jorge Bretas a la estancia  de reposo que distaba cuarenta kilómetros.

En ese justo momento, el dialogo entre ellos,  en torno de la ley de causa y efecto, se detenía en curioso ápice.

-¿Más usted no cree que la justicia  pueda  ser modificada por la misericordia?

-No

¿Acaso no admite que el destino, así como es reparable, es susceptible de ser modificado todos los días?

-No

-¿No cree que las acciones del amor  deshacen las cadenas  del odio?

-No

-¿Usted no acepta la posibilidad de transformar  los problemas de alguien que llora, dando a ese alguien una parcela de alegría o de esperanza?

-No

-¿No reconoce usted que  si un hermano en prueba es intimado por las leyes del Universo al sufrimiento, para resarcir de las faltas que haya cometido en otras existencias, nosotros, igualmente, somos llevados a conocer su  dolor, por las mismas Leyes Divinas, de manera a prestarle  el auxilio posible, en rescate de las nuestras?

-No

-¿No tiene  usted por cierto el principio de que el bien disuelve el mal, así como el reequilibrio extingue la perturbación? ¿No concuerda  que un acto noble redundará siempre en la justicia, a favor de quien lo practica?

-No

-¿Por qué?

-Porque la justicia debe ser la justicia y cada cual de nosotros pagará por los propios errores.

-¡Cielos! Más usted no acepta la idea de que unas migajas de amor son capaces de funcionar en lugar del dolor, ante los foros  celestes, así como las pequeñas prestaciones, en la base de la equidad y de la diligencia, pueden evitar que una deuda venga a ser cobrada por la fuerza de un tribunal?

-No

Enseguida, los dos se acomodaron en el automóvil y el coche  se puso en marcha.

La tarde estaba lluviosa…

Recorrieron algunos kilómetros,  más allá del lugar que salieron, cuando un agujero en el asfalto, sobre alta rampa,  y fuerte sacudida  agitó a los viajeros.

Bretas recordó asustado:

-¡Golpe peligroso! conviene parar… Tapemos  el agujero o coloquemos aquí alguna señal de alarma, por lo menos algunas ramas de un árbol que adviertan a quien pase…

-¡Nada de eso! – Protesto Armando, decidido- la obligación es de los  encargados de la conservación… Los otros conductores  que se  dañen. No somos servidores de nadie.

Llegando al lugar de destino, Bretas se introdujo en el hotel  agradeciendo el obsequio, y Armando regreso por el mismo camino.

Entretanto, justamente en el punto  de la carretera donde el amigo deseara auxiliar a otros conductores con el socorro oportuno, Pires, con gran velocidad dentro de la noche, encontró el hoyo profundamente alargado por el aguacero y el coche volcó, de manera espectacular, cayéndose  barranco abajo…

Después del accidente, en compañía de algunos amigos fue a visitarlo a un hospital de emergencia… Lo encontramos  con el rostro vendado, bajo la atenta asistencia  de un abnegado ortopedista, que le enyesaba la pierna izquierda en andrajos.

 Pires no hablaba, más si pensaba. Y pensaba exactamente  en los delicados  meandros  de la ley de causa y efecto, llegando a la conclusión de que el mal no precisa ser rescatado por el mal,  si el bien llega antes…

HERMANO X

 

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La felicidad aparece

Por dos modos naturales:

Palabra que puede mucho,

Servicio que puede más.

 

   BNEDICTO CANDELARIA  HERMANO

El tiempo no vuelve atrás

Día pasado corrió;

Tiempo es aquello que se hace

Del tiempo que Dios nos dio

LEONEL COELHO

 

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Mientras esperas por el Cielo, no olvides   que también la Tierra vive esperando por ti

MARIANO JOSÉ PEREIRA  DE FONSECA

Traducido al español por: M. C. R

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EL ESPÍRITU QUE FALTABA

Cuando Doña Arlinda llego al grupo espiritista, deseosa de curarse de las perturbaciones que la asediaban, fue atendida por el orientador Dagoberto, dedicado protector espiritual de los necesitados.

-Quiero sanar – decía la iniciada – y servir a la Doctrina. La mediúmnidad es un ministerio celestial. Si Dios me haya digna, aquí estaré para trabajar con ahínco y devoción.

Reparando sus buenas disposiciones, el director de la casa le facilito el acceso a los fluidos renovadores.

-¡Preciso de espíritus que me curen! –Reclamaba la obsesada, gimoteando – y, en cuanto me rehaga, seguiré  a la verdad y la serviré hasta el fin de mis días…

El benefactor se dio prisa en garantizar la colaboración de clínicos competentes de la espiritualidad,  que la ayudasen  en la recuperación del equilibrio.

En breve, Doña Arlinda estaba restablecida, feliz. Perdió los miedos inquietantes. En fin estaba curada.

Proseguía frecuentando las pequeñas asambleas doctrinarias, más cambio de conversación…

-Si Amaro, mi marido, obtuviese un empleo, me sentiría más dispuesta al trabajo mediúmnicos. Más así…

Y terminaba, suspirando:

-Si los espíritus caritativos nos amparasen…

Dagoberto intervino, solicitando la cooperación de algunos benefactores que, indirectamente, actuando sin alarde, a través de hilos invisibles de la inspiración, le situaron al esposo en un servicio digno, convenientemente remunerado.

Doña Arlinda, ahora, era menos puntual a las sesiones iluminativas; se hacía, con todo, portadora de nuevas alegaciones.

-¿Cómo contribuir  en la labor de la mediúmnidad? Mis dos hijos, Fernando y Rodolfo, me rodean de preocupaciones sin fin… Sabemos que las actividades de esa naturaleza exigen paz… Con las angustias que traigo en la cabeza, la calma es imposible. Si los espíritus me ayudasen a encaminarlos…

Volvió el protector a socorrerla, trayendo a la casa el concurso de sabios educadores desencarnados que modificaron las tendencias de los rapaces, mejorándoles  los impulsos y conduciéndolos a loables institutos de enseñanza.

Solucionado el problema, Doña Arlinda encontró nueva necesidad:

-Gracias a Dios – afirmaba -, he sido muy feliz en mis suplicas. ¿Más, como iniciar la colaboración en los círculos de mediúmnidad? Mientras no nos mudemos de residencia, cualquier no sería rentable. Imaginen que soy diariamente hostilizada por los vecinos. Necesito, antes que todo, apartarme del ambiente. Mientras esto no se dé…. 

Y remataba:

-Si los espíritus me ayudasen a favor de la mudanza…

Dagoberto, prestadizo, corrió para cooperar. No disponía de correctores  en el “otro mundo”, más conocía amigos que sabían amparar sin prejuicio de nadie.

En pocas semanas, la señora permutaba el domicilio sencillo por  una residencia ventilada y espaciosa.

Beneficiada de tantas maneras diferentes, tuvo dificultad de alinear pretensiones  de orden material y habló, supuestamente preocupada, a los compañeros del grupo:

-Estoy preparada para la tarea mediúmnica…

¿Entretanto, como iniciarla? ¡Aguardó la influencia de los hermanos invisibles, en nuestra mesa de oraciones, mucho tiempo!… ¡Como si nada!  ¡No registro la menor vibración diferente, alrededor mío! Estoy incluso sin rumbo…

Y concluía, pretensiosa:

-Si los espíritus me ayudasen a desarrollar…

El benefactor de siempre movilizo las posibilidades inmediatas y trajo a compañeros esclarecidos que pasaron a colaborar en el esfuerzo de iniciación de la candidata.

Doña Arlinda fue plagada de  apelos y advertencias. Los amigos del Más Allá le hablaron de la caridad, de la educación, del servicio al prójimo. Condujeron enfermos  a su corazón, proporcionándoles valiosas oportunidades de practicar la ciencia de elevación. Un sin número de necesitados, atendidos por fuerzas imponderables, le sitiaron a la puerta.

Era invitada a las manifestaciones del bien, a través de todos los clarines de la vida espiritual.

La futura misionera, sin embargo, se negó redondamente. Quería el ministerio mediúmnico, más no soportaba la visión de los enfermos, experimentaba recelos indefinibles ante las personas perturbadas, no disimulaba  el desequilibrio nervioso que la abrumaba, en cualquier acción de socorro a las entidades sufridoras. Temía complicaciones, no deseaba ser juzgada por la opinión pública.

Reproducía quejas y fugas, dos veces por semana, ante los colegas espantados, cuando Dagoberto, el amble amigo espiritual, cierta noche se comunicó en el grupo, satisfecho  y bien humorado, como de costumbre. Finalizada la pre lección, en la cual distribuyo precioso fomento, Doña Arlinda lo interpeló, suplicando:

-¡Protector mío, ayúdeme! ¡Preciso progresar!

¿Podré contar con su ayuda para mi  desenvolvimiento?

El interpelado respondió, enigmático:

-¿Si?… ¡La mediúmnidad, antes de ser un fenómeno, es trabajo de los semejantes!…

Doña Arlinda pretendía promesas más claras y adujo:

­-¿Me ayudaran los protectores?

Dagoberto sonrió y dijo:

-Yo, ahora, hermana mía, solo conozco un espíritu que puede socorrerla. Apenas uno. Sin el, su felicidad nunca vendrá.

-¡Oh! ¿Cuál? – Interrogó la señora, dominada por la volupia de implorar protección diferente – ¡haré oraciones, lo incluiré en mis suplicas diarias!…

Con sorpresa general, Dogoberto informó:

-Es el espíritu de la buena voluntad. Para encontrarlo, no precisa dirigirse al “otro mundo”. El está en su mundo mismo.

Pesado silencio cayó sobre todos  y la sesión fue cerrada, sin otras consultas.

Mensaje del Espíritu Hermano X – Del libro: Por encima, Médium: Francisco Cándido Xavier

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LAS CUATRO ESPOSAS

“…Había una vez, un rey que tenía 4 esposas… Él amaba a su cuarta esposa más que a las demás, la adornaba con ricas vestiduras y la complacía con las delicadezas más finas… ¡Solo le daba lo mejor!

También amaba mucho a su tercera esposa, a ella siempre la exhibía en los reinos vecinos. Sin embargo, temía que algún día ella se fuera con otro.

También amaba a su segunda esposa…

Ella era su confidente, siempre se mostraba bondadosa, considerada y paciente con él. Cada vez que el rey tenía un problema, confiaba en ella para ayudarle a salir de los tiempos difíciles…”

“… La primera esposa del rey era una compañera muy leal, ya que había hecho grandes contribuciones para mantener tanto la riqueza como el reino del monarca…

Sin embargo, el no amaba a su primera esposa; aunque ella le amaba profundamente, apenas se fijaba en ella…”

Un día, el rey enfermó y se dio cuenta de que le quedaba poco tiempo…

Pensó acerca de su vida de lujo, y caviló: “ahora tengo cuatro esposas conmigo, pero cuando muera, estaré solo…”

Así que le preguntó a su cuarta esposa: “te he amado mas que a las demás, te he dotado con las mejores vestimentas y te he cuidado con esmero; ahora que estoy muriendo…

“¿Estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía…?” “¡ni pensarlo!”, contestó la cuarta esposa y se alejó sin decir mas palabras.

Su respuesta penetró en su corazón como un cuchillo filoso.

El entristecido monarca le preguntó a su tercera esposa: “Te he amado toda mi vida; ahora que estoy muriendo, ¿estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía?” “¡no!”, contesto su tercera esposa. “la vida es demasiado buena !cuando mueras, pienso volverme a casar!”

Su corazón experimentó una fuerte sacudida y se puso muy frío…

Entonces preguntó a su segunda esposa: “siempre he venido a ti por ayuda, y siempre has estado allí para mí… ¿Cuando muera, estarías dispuesta a seguirme y ser mi compañía…?”

“!Lo siento, no puedo ayudarte esta vez!”, contestó la segunda esposa. “lo mas que puedo hacer por ti, es enterrarte”.

Su respuesta vino como un relámpago estruendoso que devastó al rey…

“Me iré contigo y te seguiré doquiera tu vayas…” El rey dirigió la mirada en dirección de la voz, y allí estaba su primera esposa [...] Se veía tan delgaducha… sufría de desnutrición. Profundamente afectado, el monarca dijo:

“!Debí haberte atendido mejor cuando tuve la oportunidad de hacerlo!”

En realidad, todos tenemos cuatro esposas en nuestras vidas…

Nuestra cuarta esposa es nuestro cuerpo; no importa cuanto tiempo y esfuerzo invirtamos en hacerlo lucir bien… “nos dejará cuando muramos…”

Nuestra tercera esposa, son nuestras posesiones, condición social, y riqueza… que cuando muramos, “irán a parar a manos de otros…”

Nuestra segunda esposa es nuestra familia y amigos; no importa cuanto nos hayan sido de apoyo a nosotros aquí, lo más que podrán hacer es acompañarnos hasta el sepulcro…

Y nuestra primera esposa es nuestra alma… frecuentemente ignorada en la búsqueda de la fortuna, el poder y los placeres del ego… Sin embargo, nuestra alma es la única que nos acompañará doquiera que vayamos…

Así que, cultívala, fortalécela y cuídala ahora! Es el más grande regalo que puedes ofrecerle al mundo.

¡Déjala brillar!

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De la influencia del bien

El poder del bien

Armando Pires efectuaba los últimos arreglos en el coche, para conducir a su amigo Jorge Bretas a la estancia  de reposo que distaba cuarenta kilómetros.

En ese justo momento, el dialogo entre ellos,  en torno de la ley de causa y efecto, se detenía en curioso ápice.

-¿Más usted no cree que la justicia  pueda  ser modificada por la misericordia?

-No

¿Acaso no admite que el destino, así como es reparable, es susceptible de ser modificado todos los días?

-No

-¿No cree que las acciones del amor  deshacen las cadenas  del odio?

-No

-¿Usted no acepta la posibilidad de transformar  los problemas de alguien que llora, dando a ese alguien una parcela de alegría o de esperanza?

-No

-¿No reconoce usted que  si un hermano en prueba es intimado por las leyes del Universo al sufrimiento, para resarcir de las faltas que haya cometido en otras existencias, nosotros, igualmente, somos llevados a conocer su  dolor, por las mismas Leyes Divinas, de manera a prestarle  el auxilio posible, en rescate de las nuestras?

-No

-¿No tiene  usted por cierto el principio de que el bien disuelve el mal, así como el reequilibrio extingue la perturbación? ¿No concuerda  que un acto noble redundará siempre en la justicia, a favor de quien lo practica?

-No

-¿Por qué?

-Porque la justicia debe ser la justicia y cada cual de nosotros pagará por los propios errores.

-¡Cielos! Más usted no acepta la idea de que unas migajas de amor son capaces de funcionar en lugar del dolor, ante los foros  celestes, así como las pequeñas prestaciones, en la base de la equidad y de la diligencia, pueden evitar que una deuda venga a ser cobrada por la fuerza de un tribunal?

-No

Enseguida, los dos se acomodaron en el automóvil y el coche  se puso en marcha.

La tarde estaba lluviosa…

Recorrieron algunos kilómetros,  más allá del lugar que salieron, cuando un agujero en el asfalto, sobre alta rampa,  y fuerte sacudida  agitó a los viajeros.

Bretas recordó asustado:

-¡Golpe peligroso! conviene parar… Tapemos  el agujero o coloquemos aquí alguna señal de alarma, por lo menos algunas ramas de un árbol que adviertan a quien pase…

-¡Nada de eso! – Protesto Armando, decidido- la obligación es de los  encargados de la conservación… Los otros conductores  que se  dañen. No somos servidores de nadie.

Llegando al lugar de destino, Bretas se introdujo en el hotel  agradeciendo el obsequio, y Armando regreso por el mismo camino.

Entretanto, justamente en el punto  de la carretera donde el amigo deseara auxiliar a otros conductores con el socorro oportuno, Pires, con gran velocidad dentro de la noche, encontró el hoyo profundamente alargado por el aguacero y el coche volcó, de manera espectacular, cayéndose  barranco abajo…

Después del accidente, en compañía de algunos amigos fue a visitarlo a un hospital de emergencia… Lo encontramos  con el rostro vendado, bajo la atenta asistencia  de un abnegado ortopedista, que le enyesaba la pierna izquierda en andrajos.

 Pires no hablaba, más si pensaba. Y pensaba exactamente  en los delicados  meandros  de la ley de causa y efecto, llegando a la conclusión de que el mal no precisa ser rescatado por el mal,  si el bien llega antes…

HERMANO X

 

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La felicidad aparece

Por dos modos naturales:

Palabra que puede mucho,

Servicio que puede más.

 

   BNEDICTO CANDELARIA  HERMANO

El tiempo no vuelve atrás

Día pasado corrió;

Tiempo es aquello que se hace

Del tiempo que Dios nos dio

LEONEL COELHO

 

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Mientras esperas por el Cielo, no olvides   que también la Tierra vive esperando por ti

MARIANO JOSÉ PEREIRA  DE FONSECA

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Mira Más Allá

Se cuenta una historia de una familia pobre que tenía la facultad de tomar todas las cosas por su lado positivo. Una mujer rica se interesó por ayudarlos. 

Un día la visitó un vecino de la familia pobre y le dijo a la señora que no les ayudara porque la estaban engañando. 

Los niños de aquella familia siempre comen cosas deliciosas, lujos que ni yo puedo permitirme – dijo el vecino.

 

La mujer rica fue a visitar esta familia al mediodía. 

Estaba parada junto a la puerta, a punto de llamar, cuando oyó que una de las niñitas le preguntaba a otra:-

¿Te vas a servir carne con puré hoy?  - No, creo que comeré pollo asado – respondió la otra niña.

 

Al oír eso la mujer golpeó la puerta y entró inmediatamente. 

Vio a las dos niñas sentadas a la mesa en la que había unas pocas rebanadas de pan seco, dos papas frías, un jarro de agua y nada más. 

A sus preguntas contestaron que imaginaban que su pobre comida era toda suerte de manjares y el juego hacía que la comida les fuera un verdadero festín.-

 

Usted no sabe lo delicioso que es el pan cuando una lo llama torta de frutillas.


- Pero es mucho más rico si lo llamas helado de crema

- dijo la otra niña. 

La señora rica salió de allí con una nueva idea de l que significa el contentamiento.


Descubrió que la felicidad no está en las cosas, si no en los

Pensamientos y nuestra actitud ante las cosas, No pidamos que cambie

Nuestra suerte, pidamos ser transformados nosotros.


Entonces, veremos que hay bendiciones que nos aguardan en la situación que nos ha correspondido.

 

La felicidad no está en lo que tenemos…esta en como vemos lo que tenemos.

 

 

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De la renuncia

La única dadiva

Se cuenta que Simon Pedro estaba cansado, después de veinte días junto al pueblo.

Bañara a los heridos, alimentara a mujeres y niños escuálidos, y, en vez de recibir la aprobación del pueblo, recogía insultos velados, aquí y allá…

 Después de tres semanas  consecutivas de lucha,  estaba fatigado y prefería aislarse entre las alcaparras amigas.

Por eso mismo,  en el crepúsculo anillado, estaba, el solo, ante las aguas, para reflexionar…

Alguien se aproximo, con todo…

Por más que busco esconderse, se sintió procurado.

Es el propio Cristo.

-¿Qué haces, Pedro? – le dijo el Señor.

-Pienso, Maestro.

Y el dialogo se prolongo.

-¿Estas triste?

-Muy triste.

-¿Por qué?

-Me llaman ladrón.

-¿Más si la conciencia no te acusa, a que viene eso?

-Me siento desdichado. En nombre del amor que me  enseñas  alivio a los enfermos y ayudo a los necesitados.  Mientras tanto, me injurian. Dicen por ahí que hurto,  que exploro la confianza del pueblo.   Ayer, distribuí las ropas viejas que nos fueron concedidas por la casa de Carpo, entre los enfermos llegados de Jope… Alguien alegó,  desconsideradamente, que usurpe la mayor parte… Estoy exhausto, Maestro. Veinte días con la multitud  pesan más que veinte años en la barca…

-¿Pedro que diste  a los necesitados en estos 20 últimos días?

-Monedas, túnicas, mantas, ungüentos, trigo, peces…

-¿De dónde llegaron las monedas?

-De las manos  de Joana, la mujer de Cusa.

-¿Las túnicas?

-De la casa de Zabalan, el curtidor.

-¿Las Mantas?

-De la residencia de Carpo, el romano que decidió ampararnos.

-¿Los ungüentos?

-Del hogar de Zebedeu que los fabrica.

-¿El trigo?

-De la siembra  de Zaqueo, que se acuerda de nosotros…

-¿Los peces?

-De nuestra pesca.

-¿Entonces Pedro?

-¡Que debo entender, Señor?

-Que apenas entregamos aquello  que nos fue ofrecido para distribuir a favor de quienes lo necesitan. La Divina Bondad conjuga las circunstancias y nos confía de un modo o de otro los elementos que debemos ofrecer en las obras del bien. .. Dijiste servir en nombre del amor…

-Sí, Maestro.

-Recuerda, entonces, que el amor no relaciona calumnias, ni canta sarcasmos.

El discípulo, demostrando  súbita renovación mental,  no respondió.

Jesús lo abrazo y dijo apenas:

-Pedro, todos los bienes de la vida  pueden ser transmitidos de sitio a sitio y de mano a mano… Nadie puede dar,  en esencia, ese o aquel patrimonio del mundo, siendo el propio Creador, el que nos presta los recursos por El generados  en la Creación… Y, si algo podemos dar de nosotros, el amor es la única  dadiva que podemos dar, sufriendo y renunciando por amor…

El apóstol   comprendió  y beso las manos  que lo tocaban levemente..

Enseguida, ambos se pusieron a hablar alegremente  sobre las tareas esperadas para el día siguiente.

HERMANO X

 

Un gesto de caridad,

En el dolor de momento incierto

Recuerda la bendición del roció

Amenizando el desierto

eugeniorubiao

El punto alto del amor

En todo se muestra en eso:

Entendimiento y bondad

Con traducción en servicio

ALVARO NOVALES

 

benefactor. es el que ayuda y pasa.

amigos – es el que ampara en silencio

 

AND´RELUIZ

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De la paciencia

El atribulado conferencista

En aquella mañana soleada de domingo, Gustavo Torres   en su gabinete de estudio, alineaba preciosos conceptos  sobre el arte de ayudar.

 Conciencioso Espiritualista, creía  que la lucha  en la Tierra era bendecida escuela  de formación del carácter y, por eso, atendiendo las exigencias del propio ideal, colocaba, tranquilo, frases primorosas para el comentario evangélico que pretendía  ofrecer en la noche siguiente.

Después de renovadora oración, comenzó  a escribir con gran sentimiento:

· El prójimo, de cualquier procedencia, es nuestro hermano, merecedor de nuestro mejor cariño.

·  El calumniador es una prueba  de paciencia.

·  Cuando somos  maltratados por la ofensa, estamos recibiendo de Jesús  la bendita  oportunidad de auxiliar.

· Desesperación es lluvia de veneno invisible.

· La disculpa constante es garantía de paz.

· No olvides que la irritación, en cualquier parte, es fermento de la discordia.

· Soporta las dificultades con valor, porque provocación  es recurso demostrativo de nuestra fe.

· Si un hermano  desviado te perjudica tus intereses, recibe en el tu valiosa oportunidad de perdonar. 

· Si alguien aparece, como instrumento de aflicción en tu casa, no huyas al ejercicio de la tolerancia.

· La calma tonifica el espíritu…

En ese momento, la vieja criada vino a traerle el chocolate, sobre el cual, sin que ella lo percibiese, posara pequeña mosca, encontrando la muerte.

Torres noto el cuerpo extraño y, repentinamente indignado, grito  a la servidora:

-¿Cómo se atreve a semejante desconsideración? ¿Cree que yo deba engullir un mosquito de semejante tamaño?

Impresionada con el golpe que el patrón diera en la bandeja, la pobre mujer imploró:

-¡Discúlpeme, señor!  La enfermedad me ensombrece los ojos.

- Si es así – hablo áspero -, quede sabiendo  que no preciso de empleados inútiles…

El conferencista del arte de ayudar aun no dio el incidente por terminado, cuando el recinto fue invadido por el  estruendo de un desmoronamiento.

El conductor de un camión, en un adelantamiento infeliz,  arrojó la maquina  sobre uno de los muros  de su residencia.

El dueño de la casa descendió para la vía pública como si fuera tomado por un rayo.

Se acercó al motorista mal vestido y gritó, colérico:

-¡Criminal! ¿Qué hiciste!

- Señor – rogo el miserable -, perdóneme el desastre. Pagare los gastos  de la reconstrucción. Tengo  la cabeza  tonta  con la enfermedad de mi hijito, que agoniza, hace muchos días…

-¡Desgraciado! El problema es suyo, más el mío es entregarle a la policía.

Y cuando Torres, poseído, usa el teléfono,  descolgando   para el oficial de guardia, niños curiosos le invadían el jardín bien tratado, aplastando  la plantación de claveles  que le  habían exigido inmenso trabajo  hacia unos días.

Exasperado, avanzo para los niños, amenazando:

-¡Vagabundos! ¡Ladrones! ¡A la calle, a la calle! ¡Fuera de aquí!… ¡Fuera de aquí!…

En unos instantes, dedicados policías rodeaban su domicilio y Torres regresó al gabinete,  como si hubiese despertado de una pesadilla…

En la mesa, destacaba minúsculo cartel  en el que releyó  el  hermoso dístico grafiado  por el mismo: “Cuando Jesús domina el corazón, la vida  está en paz”.

Se sintió atribulado.

Se detuvo nuevamente en la frase preciosa que escribiera, reconoció  cuán fácil es enseñar  con las palabras y cuan difícil es instruir con los ejemplos, y, avergonzado, paso a reflexionar…

HERMANO X  

Sea tu paciencia

Como la fuente que no se agota.

Audacia sin disciplina

Es trilla para la derrota.

CASIMIRO CUNHA

 

Corazón, dirige el timón

Que te regula el deber

Quien a si mismo se teme

Nada más  tiene para temer.

 MILTON DE LA CRUZ

 

Tenga paciencia,  si usted no puede dominarse,  en balde buscará el entendimiento de quien no comprende   aun.

ANDRÉ LUIZ

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LA VIDA ES UN REGALO

 Había una chica ciega que se odiaba por ser ciega.

Odiaba a todos, excepto a su novio amoroso.

 Él siempre estaba allí para ella. Un día ella le dijo a su novio, “Si sólo pudiera ver el mundo, me casaría contigo.”

 Un día, alguien donó un par de ojos para ella.

 uando por fin retiraron el vendaje de sus ojos, fue capaz de verlo todo, incluyendo a su novio.

 Él le preguntó: “¿Ahora que ya puedes ver el mundo, ¿quieres casarte conmigo?”

 La niña miró a su novio y vio que era ciego. La apariencia de sus párpados cerrados la impresionó. Ella no se lo esperaba así. La idea de mirarlo el resto de su vida así la llevó a negarse a casarse con él.

 Su novio la dejó en lágrimas y días más tarde escribió una nota a ella diciendo: “Cuida bien de tus ojos, mi amor, porque antes de ser tuyos, fueron míos.” 

 Así es como el cerebro humano trabaja a menudo cuando nuestro estatus cambia. Sólo unos pocos recuerdan cómo era la vida antes, y a quienes siempre estuvieron a su lado en las situaciones más dolorosas.

 La vida es un regalo!

 Hoy antes de decir una palabra no amable – Piensa en alguien que no puede hablar.

 Antes de que te quejes sobre el sabor de la comida – Piensa en alguien que no tiene nada que comer.

 Antes de quejarte de tu esposo o esposa – Piensa en alguien que está clamando a Dios por un compañero.

 Hoy antes de quejarte de la vida – Piensa en alguien que se fue demasiado pronto al cielo.

 Antes de que te quejes de tus hijos – Piensa en alguien que desea hijos, pero es estéril.

 Antes de discutir sobre tu casa sucia a alguien por no limpiarla – Piensa en las personas que viven en las calles.

 Antes de quejarte por las distancias que manejas -  Piensa en alguien que camina la misma distancia con los pies.

 Y cuando estés cansado y te quejes de tu trabajo – Piensa en los desempleados, los discapacitados y los que desearían tener tu trabajo.

 Pero antes de pensar en señalar con el dedo o condenar a otros – Recuerda que ninguno de nosotros está libre de cometer errores.

 Cuando los pensamientos deprimentes quieran derribarte – Pon una sonrisa en la cara porque estás vivo y alrededor de otros aún.

 Antes de pensar en cerrar este mensaje, por favor piensa en compartir esto con otras personas.

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De la humildad

El burro de carga

En tiempos en que no había automóviles, en la cochera de famoso palacio real, un burro de carga curtía inmensa amargura, soportando  las bromas y el desprecio de sus compañeros.

Reparando en su pelo maltratado, en las  grandes cicatrices que le cubrían el cuerpo y en su gesto triste  y humilde, se aproximo un lindo caballo árabe, ganador de varios premios.

Junto a él estaba un potro Ingles, viniendo de una familia de campeones, orgullosos conversaban:

-¡Vea en qué estado  está este burro! ¿Qué triste es su destino! ¿Usted no tiene envidia de mi posición? Soy aplaudido en las corridas  soy elogiado por las palabras de los reyes  y acariciado por las manos de las princesas.

-¡Imagine si un pobre burro consigue entender lo que es  el lujo de las corridas y la emoción de carrera!.

El pobre animal recibía todas las críticas e ironías  con un gesto triste y resignado.

Otro caballo, también de procedencia noble, adquirido de un famoso criadero húngaro, entró  en la cuadra y comenzó a comentar:

-¡Ese burro es un cobarde! Sufre las mayores brutalidades en las manos del domador y no le dio ni una coz! Nació solamente para llevar cargas y carrera. Es vergonzoso y humillante tener que soportar su presencia…

Un burro español, orgulloso  de su origen, llegando cerca del infeliz burro de carga, hablo sin piedad:

-¡A mí me da vergüenza  de reconocer a este burro  como mi pariente próximo! El es flaco, un inútil,  un animal sin ningún orgullo!

-¡El no tiene  amor propio!   Fíjense en mí: yo solo acepto deberes dentro de un límite. Si alguien quiere abusar  le doy una coz y soy capaz de matar.

Y, así siempre con observaciones de desprecio por el burro continuaba  la conversación en la cuadra.

Fue cuando, muy admirados, los orgullosos animales vieron entrar  en la cuadra al Rey y jefe de la caballeriza.

Les escuche cuando conversaban:

-Preciso de un animal para una tarea de gran responsabilidad. Quiero que el sea dócil  y educado que merezca mi absoluta confianza.

-majestad, tenemos animales  del más puro linaje. ¿Qué piensa de este caballo árabe?

-¡No, no! El es muy altivo y el solo sirve para corridas en fiestas sin importancia.

 -¿No quiere el potro inglés?

-De ningún modo. El es muy inquieto, no sabe hacer nada más allá de cazar.

-¡Majestad, vea que belleza este caballo húngaro! Quien sabe el le agrada.

-No, no. El es muy bravo y sin educación. Es bueno apenas para  ser pastor de los rebaños.

-¿Quién sabe si el burro sirve para la tarea?

El rey, ya medio desanimado:

-De ninguna manera. Ese burro es astuto, no sabe obedecer y no merece confianza.

El rey paro pensativo, quedo algunos instantes meditando que animal podría hacer la importante  tarea que el deseaba.

-¿Dónde está mi burro de carga?

-Está allí, Majestad.

El propio Rey fue a buscarlo y, empujándolo suavemente para fuera del establo, mando que lo adornasen con los colores  y los símbolos de la Casa Real y  le confió  a su hijo  aún niño  para un largo viaje.

Así acontece en la vida. Tenemos siempre muchos amigos, conocidos, compañeros, más solamente nos prestan servicios útiles aquellos que ya aprendieron a ayudar  sin pensar  en sí mismos y sin desear recompensas.

 NEIO LUCIO

 

Abrígate en la humildad,

No busques la mundana estima

El oro se sumerge en el mar

La paja queda por encima.

REGUEIRA COSTA

Nunca veas en el vecino

Defectos, flaquezas, taras…

La ostra mora en el lodo

Creando perlas raras.

SABINO BATISTA

Quien no desea soportar, es incapaz de servir.

ANDRÉ  LUIZ

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De la gentileza

El poder de la gentileza

Excelente profesor, interesado en fundar  una escuela  en un barrio pobre,  donde centenas de niños desamparados crecían sin el beneficio de las letras, esto es, sin aprender  a leer y a escribir, fue recibido por el prefecto de la ciudad.

El prefecto le escuchó el plan y le dijo:

-Creo muy difícil unir  la ley con la bondad.

Organice  una cosa  y autorizaremos su funcionamiento.

El profesor que mucho deseaba proteger y ayudar a los niños del barrio dijo:

-¡Mas perfecto, no disponemos de dinero para eso!

-¿Qué hacer? – dijo el prefecto.

-Preciso de su ayuda, tenemos la obligación de amparar a esas criaturas.

Delante de la figura humilde del profesor, el prefecto dijo:

-El señor no puede servir  en la administración.

No ocupa ningún cargo.

El profesor, muy triste, se retiró, y paso  la tarde y la noche de aquel sábado pensando, pensando…

El domingo, muy temprano, salió a pasear, bajo los grandes árboles, en dirección del antiguo mercado, iba haciendo una oración silenciosa:

-¿Dios mío, como actuar? ¿Será que no vamos a conseguir un techo para abrigar  a esas criaturas, Señor?

Así distraído, llegó al mercado y entró.

El movimiento era enorme. Muchas compras. Mucha gente.

Una señora, de distinta presentación, se aproximo a el y, pensando que el estaba allí para matar el tiempo, con las manos desocupados y cabeza vacia, exclamó:

-¡Muchacho, venga acá!

El profesor  se acerco, sin vacilar.

Frente a un saco grande de verduras, la señora dijo:

-¡Cargue este saco para mí!

Sin decir nada el profesor la saco en las costillas.

Caminaron unos quinientos metros y entraron en una elegante casa.

Ella le socito de nuevo:

-¡Tengo visita hoy! ¿Podrá ayudarme en el servicio general?

-Perfectamente. Dé sus órdenes.

Ella mostro pequeño patio y pidió al profesor que preparara medio metro de leña para el fogón, pues en aquella época  los alimentos  eran preparados en fogones que quemaban leña o madera.

Tomo con firmeza el hacha, el profesor, después de ciertos esfuerzos, corto la leña.

Enseguida, fue llamado para colocar la chimenea.

Reparando en el sudor de la ropa.

Sucio por el polvo oscuro, de la cabeza a los pies, recibió órdenes  para ir a buscar un pavo asado.

Se puso en camino, andando más o menos dos kilómetros, trayendo  al gran  plato en poco tiempo.

Luego después, se puso a limpiar el local donde acontecería el gran almuerzo.

En las primeras horas de la tarde, siete personas llegaban a la casa para la fiesta.

Entre ellas estaba el prefecto, que  noto la presencia del visitante de la víspera,  llevado a su gabinete por autoridades respetables.

Reservadamente, preguntó  a su hermana, que era la dueña de la casa, quien era el nuevo empleado, hablando bien bajito.

Al final del día, la señora distinta y autoritaria, con visible  desacuerdo, vino  al encuentro del empleado improvisado y le pidió el precio por los servicios prestados.

-Ni piense en eso – respondió con sinceridad, tuve mucho placer en serle útil.

Al día siguiente, la señora procuró al profesor, en casa modesta donde se hospedaba y, después  de pedirle disculpas, le ofreció un amplio edificio, destinado para la escuela que pretendía establecer.

Los niños usarían el patrimonio a voluntad y el prefecto autorizaría la providencia con satisfacción.

El profesor tenía los ojos húmedos de alegría y reconocimiento… y agradeciendo, le beso las manos,  respetuoso.

La bondad del profesor venció los obstáculos.

El ejemplo es más importante que las palabras.

La gentileza posee, en todas partes, glorioso poder.

NEIO LUCIO

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Si pretendes el camino

De la vida que perfecciona

Trabaja, incesantemente

Aprende, sirve y perdona.

CASIMIRO CUNHA

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La vida se clasifica

Por esta base sencilla:

Cuanto más útil, más rica,

Cuanto más simple, más bella.

MARCELO GAMA

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Su generosidad llamará a la bondad ajena en su socorro.

ANDRE LUIZ

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LA VIDA ES UN REGALO

Había una chica ciega que se odiaba por ser ciega.

Odiaba a todos, excepto a su novio amoroso.

Él siempre estaba allí para ella. Un día ella le dijo a su novio, “Si sólo pudiera ver el mundo, me casaría contigo.”

Un día, alguien donó un par de ojos para ella.

Cuando por fin retiraron el vendaje de sus ojos, fué capaz de verlo todo, incluyendo a su novio.

Él le preguntó: “¿Ahora que ya puedes ver el mundo, ¿quieres casarte conmigo?”

La niña miró a su novio y vio que era ciego. La apariencia de sus párpados cerrados la impresionó. Ella no se lo esperaba así. La idea de mirarlo el resto de su vida así la llevó a negarse a casarse con él.

Su novio la dejó en lágrimas y días más tarde escribió una nota a ella diciendo: “Cuida bien de tus ojos, mi amor, porque antes de ser tuyos, fueron míos.” 

 

Así es como el cerebro humano trabaja a menudo cuando nuestro estatus cambia. Sólo unos pocos recuerdan cómo era la vida antes, y a quienes siempre estuvieron a su lado en las situaciones más dolorosas.

La vida es un regalo!

Hoy antes de decir una palabra no amable – Piensa en alguien que no puede hablar.

Antes de que te quejes sobre el sabor de la comida – Piensa en alguien que no tiene nada que comer.

Antes de quejarte de tu esposo o esposa – Piensa en alguien que está clamando a Dios por un compañero.

Hoy antes de quejarte de la vida – Piensa en alguien que se fue demasiado pronto al cielo.

Antes de que te quejes de tus hijos – Piensa en alguien que desea hijos, pero es estéril.

Antes de discutir sobre tu casa sucia a alguien por no limpiarla – Piensa en las personas que viven en las calles.

Antes de quejarte por las distancias que manejas -  Piensa en alguien que camina la misma distancia con los pies.

Y cuando estés cansado y te quejes de tu trabajo – Piensa en los desempleados, los discapacitados y los que desearían tener tu trabajo.

Pero antes de pensar en señalar con el dedo o condenar a otros – Recuerda que ninguno de nosotros está libre de cometer errores.

Cuando los pensamientos deprimentes quieran derribarte – Pon una sonrisa en la cara porque estás vivo y alrededor de otros aún.

Antes de pensar en cerrar este mensaje, por favor piensa en compartir esto con otras personas.

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De la esperanza

Por cinco días

Más de seis lustros pasaron.

Francisco Teodoro, el industrial suicida, experimentara  pavorosos suplicios en las tinieblas…

Enfrentando abrumadora crisis financiera, había aniquilado la existencia.

Tuvo vida prospera.  A costa de ingente esfuerzo, construyo una fábrica. Importando hilos, consiguió tejer notables casimires. Y el trabajo se le desarrollaba prometedor. Operarios y maquinas eficientes, almacenes y firmes lucros.

Sin embargo surgió, el retroceso de los negocios.

Humillado en cobros  y advertencias,   le invadieron la casa. Frases vejatorias le vencían los oídos.

-Coronel Francisco, le traigo los promisorios vencidos.

_Sr. Francisco, nuestra firma no puede esperar.

El capitán de servicio pedía más tiempo; presentaba disculpas; hablaba de nuevas esperanzas  y comentaba todas las dificultades.

Los meses pasaron rápidamente.

Cartas alarmantes le llegaban a la caja postal.

Debía a diversos acreedores el montante de ochocientos mil reales.  La abundante, producción descansaba en depósito,  sin compradores.

Procuraba consuelo en la fe religiosa.

Por todas partes, leía y oía  referencias de que  la Divina Bondad de Dios no desamparaba a las criaturas – pensaba. Aun así, intentaba la oración, sin abandonar la tensión.

Y porque alguien lo amenazaba de escándalos en la empresa, con protestas públicas, en  donde seria  acusado de comerciante deshonesto, escribió pequeña carta, anunciándose insolvente y se disparo un tiro en el cráneo.

Con inmenso pesar, descubrió que la vida continuaba, cargando, en las zonas sombrías de purgación, con la cabeza destrozada.

Ninguna palabra en la Tierra podría describir su martirio. Se sentía un loco encarcelado en la jaula  del sufrimiento. Después de treinta años, pudo recuperarse, internándose en una casa de reajuste, reviendo  afectos y reconociendo amigos…

Y ahora que retornaba  a la ciudad que fue centro de desesperación, notaba, sorprendido, el progreso enorme de la fábrica que se le fue de las manos.

 Aunque invisible a los ojos  físicos de viejos compañeros en la lucha,  abrazó, llorando de alegría, a los hijos y nietos reunidos en trabajo victorioso.

Y después de reconocer su propio retrato, reverenciado por los descendientes en el gran escritorio, vino a saber que un importante acontecimiento sucedió cinco días después de los funerales en el que la familia  llorara el gesto terrible.

Cara a la alteración en la balanza  comercial del país, ante la gran guerra de 1914, el estoque de casimires, que acumulara celosamente, produjo importante capital que supero   los cuatro mil reales.

Mostrando melancólica sonrisa,  el visitante espiritual comprendió, entonces que la Bondad de Dios no falto.

El apenas no supo esperar…

HILARIO SILVA

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Esperanza – dulce aliento

De quien sirve, ama y confía,

Anclaje en el sufrimiento

Pan nuestro de cada día.

OSCAR BATISTA

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Si sufres crecientes dolores

No desfallezcas en el camino

Cuando llega la medianoche

Es hora de madrugada.

LAURO PINHEIRO

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Ante la noche, no acuses a las tinieblas. Aprende  hacer luz.

ANDRÉ LUIZ

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La bailarina

Una joven había tomado clases de ballet durante toda su infancia, y había llegado el momento en que se sentía lista para entregarse a la disciplina que la ayudaría a convertir su afición en profesión.

Deseaba llegar a ser la primera bailarina y quería comprobar si poseía las dotes necesarias, de manera que cuando llegó a su ciudad una gran compañía de ballet, fue a los camerinos luego de una función, y habló con el director.

Quisiera llegar a ser una gran bailarina, le dijo, pero no se si tengo el talento necesario o que me hace falta.
Dame una demostración, le dijo el maestro.
Transcurrido apenas 5 minutos, la interrumpió, moviendo la cabeza en señal de desaprobación.

No, no tiene usted condiciones.

La joven llegó a su casa con el corazón desgarrado, arrojó las zapatillas de baile en un armario y no volvió a calzarlas nunca más, se casó, tuvo hijos y cuando se hicieron un poco mayores, tomó un empleo de cajera en un supermercado.

Años después asistió a una función de ballet, y a la salida se topó con el viejo director que ya era octogenario, ella le recordó la charla que habían tenido años antes, le mostró fotografías de sus hijos y le comentó de su trabajo en el supermercado, luego agregó: Hay algo que nunca he terminado de entender. 
Cómo pudo usted saber tan rápido que yo no tenía condiciones de bailarina?

Ahhh, apenas la miré cuando Ud. bailó delante de mí, le dije lo que siempre le digo a todas, le contestó.
Pero eso es imperdonable! Exclamó ella, arruinó mi vida, pude haber llegado a ser primera bailarina!

- No lo creo, repuso el viejo maestro. Si hubieras tenido las dotes necesarias, y una verdadera vocación para bailar, no habrías prestado ninguna atención a lo que yo dije.

Sin duda, si te crees perdido, estás perdido y si crees que no puedes, pues no podrás. 
Si quieres hacer algo pero lo crees imposible, no creo que triunfes jamás.

En la vida no solo el valiente o el veloz triunfa, tarde o temprano el que siempre vence es el que cree que es posible…

AUTOR DESCONOCIDO

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Del trabajo

El devoto desilusionado

El hecho parece una anécdota,  más un amigo nos contó la pequeña historia que ponemos a continuación, asegurando que el relato se basa en la más viva realidad.

Hemeterio Rezende era un tipo de creyente exquisito, fijado   a la idea del paraíso. Admitía plenamente que la oración dispensaba las buenas obras, y que la oración aun era el mejor medio de forrarse para cualquier esfuerzo.

“¡Descansar, descansar!…” En la cabeza  de él eso era un refrán mental incesante.  El cumplimiento de mínimo deber le surgía a la vista por una actividad sacrificial y, en las pocas obligaciones  que ejercía, se acusaba  por penitente desventurado, lamentándose por vágatelas. Por eso mismo,  fantaseaba el “dulce  no hacer nada” para después  de la muerte del cuerpo físico. El reino Celeste,  a su ver, se constituiría de espectáculos  fascinantes de por medio con manjares deliciosos… Fuentes de leche y miel, frutos y flores, se revelarían  por milagros constantes, enjambrarían aquí y allí, en el edén de los justos.

 

En esa expectativa, Rezende dejo el cuerpo en edad madura, probando placeres y más placeres.

En efecto,  Espíritu desencarnado,  luego después del gran trance fue atraído, de inmediato,  para una colonia  de criaturas  desocupadas y gozadoras que le eran afines, y ahí encontró el padrón de la vida con la que soñara; la pereza lo lisonjeara, para coronarse de fiestas sin sentido y a enpanzurrarse de platos hechos.

Nada que hacer, nadie a quien auxiliar…

Las semanas se sucedían unas a otras, cuando Rezende, que se suponía en el cielo, pasó a sentirse castigado por terrible desencanto. Suspiraba por renovarse  y concluía  que para eso le sería indispensable trabajar…

Tomado por el tedio  y la desilusión, no hallaba  en si mismo  sino el ansia de cambio.

Cara a eso, espero y espero, y, cuando se vio frente  a uno de los comandantes  del extraño burgo espiritual, expuso, suplicando:

-¡Amigo mío, mi amigo!… ¡Quiero actuar, hacer algo, mejorarme, olvidarme!… ¡Pido una transformación, transformación!…

-¿Para donde desea ir? – pregunto el interpelado, un tanto sarcástico.

- Aspiro a servir, a favor de alguien… No encuentro nada aquí para ser útil… Por piedad, déjeme seguir para el infierno, donde aspiro  moverme y ser diferente…

Fue entonces que el enigmático jefe  sonrío y hablo, claro:

-¡Rezende, usted pide para descender al infierno, más escuche, mi amigos!… ¿Sin responsabilidad, sin disciplina, sin trabajo, sin cualquier necesidad de practicar la abnegación, como vive ahora, donde piensa usted que ya está?

HERMANO X

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Fe sin obras, oración en vano

Pereza que adora y piensa

Calma sin brillo  de acción

Retrato de la indiferencia.

 

CHIQUITO DE MORAIS

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Procura el bien, haz el bien

No pierdas tiempo, ni vez

Que la gente lleva de la vida

Solamente la vida que hizo.

ROBERTO CORREIA

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Busque hacer el bien, mientras usted dispone de tiempo. es peligroso guardar  una cabeza llena de sueños, con las manos desocupadas.

ANDRÉ LUIZ

Traducido al español por. M. C. R

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Del perdón

La última tentación

Dicen que Jesús, en hora extrema, comenzó a procurar a los discípulos, en el seno de la agitada multitud  que le rodeaba el madero,  en busca de alguna mirada amiga en la que pudiese reconfortar su atribulado espíritu.

Contemplo, en silencio,  la turba enfurecida.

Fustigado por las vibraciones de odio y crueldad, cual se debiera morir, sediento y con llagas, sobre un montón de espinos, comenzó a recordar los aficionados seguidores de la víspera…

¿Dónde estarían sus lazos amorosos de Galilea?…

Recordó el primer contacto con los pescadores del lago, y lloró.

La nostalgia  le amargaba el corazón.

¿Por qué motivo Simon Pedro fue tan frágil? ¿Qué haría el,  Jesús, para merecer la negación del compañero  a quien más se confiara?

¿Qué razones habrían llevado a Judas a olvidarlo? ¿Cómo lo entregará, así, al precio de unas míseras monedas, el corazón  que lo amaba tanto?

¿Donde se refugiaría Tiago, en cuya presencia  tanto se complacía?

Sintió profundo pesar de Felipe y Bartolomé, y deseo olvidarlos.

Rememoró sus conversaciones con Mateo y reflexionó  cuan dulce le seria poder abrazar al inteligente funcionario de Cafarnaum, contra su pecho…

De reminiscencia  a reminiscencia, tuvo  hambre de ternura y de la confianza de los niños galileos que oían su palabra, deslumbrados y felices, más los niños simples e humildes  que lo amaban se perdían, ahora, a distancia…

Recordó a Zebedeo y suspiró  por darle la bienvenida a la casa simple.

Juan, el amigo abnegado, se hallaba allí mismo, en terrible decepción, más precisaba socorro para sustentar a María, la angustiada Madre, al pie de la cruz.

El Maestro deseaba a alguien que lo ayudase  de cerca, en cuyo cariño consiguiese encontrar un apoyo y una esperanza…

Fue cuando vio levantarse, de entre la desvariada y ciega multitud, a alguien que el de pronto reconoció. Era el mismo  Espíritu perverso que lo tentó en el desierto, en el pináculo del templo, en la cima del monte.

El Genio de las Sombras, de rostro enigmático, se acerco a el y murmuró:

-¿Maldice a tus ingratos amigos y te daré el reino  del mundo! Proclama la debilidad de tus hermanos de ideal,  a fin de que la justicia te reconozca  la grandeza angélica, y descenderás, triunfante de la cruz!… Di que tus amigos son cobardes y duros, impasibles y traidores, y te uniré a los poderosos de la Tierra para que domines  todas las conciencias. Tu sabes que, ante Dios, ellos no pasan de míseros desertores…

Jesús escucho, con expresiva mudez, más el llanto le mano más intensamente  de la mirada traslucida.

-Si- pensaba -, Pedro lo negó, más no por maldad. La fragilidad  del apóstol podía ser comparada a la ternura de un olivo naciente que, con el paso de los días, se transforma en tronco robusto y noble, al desafiar la implacable visita de los años. Judas lo entrego, más no, por mala fe, se iludiera con la política y juzgo poder sustituirlo con ventaja  en los negocios del pueblo.

Encontró, en lo intimo del alma, la necesaria justificación para todos  y parecía esforzarse por decir lo que le salía del corazón.

Ansioso, el Espíritu de las tinieblas aguardaba  la respuesta, más el Cordero de Dios, fijando los ojos en el cielo inundado de luz, rogo en tono inolvidable:

-¿Perdónales Padre! ¡Ellos no saben lo que hacen!…

El Príncipe de las Sombras se retiró apresurado.

En ese instante, sin embargo, en vez de detenerse en la contemplación de Jerusalén dominada  por la impiedad y locura, el Señor noto que el firmamento se rasgara, de arriba abajo, y vio que los ángeles iban y venían, tejiendo  de estrellas y flores el camino que lo conduciría al trono celeste.

-Una paz indefinible y soberana se le estampara en el semblante.

El Maestro venciera la ultima tentación y seguiría, ahora, radiante y victorioso para la sublime claridad  de la eterna resurrección.

HERMANO X

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Cartel que el mundo pregona

Para cultivo del bien:

Quien teme a la ingratitud

No auxilia a nadie.

ANTONIO DE CASTRO

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En el camino para el Cielo

Por ley, en cualquier lugar

El tiempo más importante

Es el tiempo de perdonar.

LOBO DA COSTA

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El corazón más bello que latió entre los hombres respiraba en la multitud y seguía solo. Poseía legiones  de Espíritus angélicos  y aprovecho el concurso de amigos frágiles  que lo abandonaron en la hora extrema. Ayudaba a todos y lloró sin nadie. Más, al cargar la cruz en el áspero monte,  nos enseño que las alas  de la inmortalidad pueden ser extraídas  del fardo de la aflicción,  y que, en el territorio moral del bien, ningún alma camina solitaria, porque vive tranquila en la presencia de Dios.

ALBINO TEIXEIRA

De la abnegación

El ejemplo de la fuente

Un estudiante de la sabiduría, rogando a su instructor le explicase  cual era la mejor manera  de librarse del mal, fue por el conducido  a una fuente que arrojaba, agua cristalina, y siguiendo su curso, observo:

-Vea el ejemplo de la fuente, que auxilia a todos, sin preguntar, y que nunca se detiene  hasta alcanzar la gran comunión  con el océano. Junto a ella  crecen las plantas de toda suerte, y en sus aguas  calman la sed  animales  de todos los  tipos y efectos.

Mientras caminaban, un pequeño tiró dos piedras a la corriente y las aguas  las engulleron en silencio, prosiguiendo su curso.

-¿Observo? – dijo el mentor amigo – la fuente no se sublevo contra las piedras.  Las recibió con paciencia  y siguió trabajando.

Más al frente, vieron grueso canal  arrojando las aguas residuales detritos en el cuerpo blanco de las aguas,  más la corriente absorbía el lodo, sin reclamaciones, y siempre avanzaba.

El profesor comento para el aprendiz:

-La fuente  no se rebela contra el barro que le tiran  a la cara. Lo recoge sin gritos  y transforma en beneficios  para la tierra necesitada de abono.

Más adelante,  notaron  que mientras golondrinas  se bañaban, ranas, feos sapos penetraban también en la corriente y parecían felices con alegres inmersiones.

Las aguas amparaban  todos  sin la mínima queja.

El bondadoso mentor  indico  el lindo cuadro al discípulo  y termino:

-Observemos el ejemplo de a fuente  y aprenderemos  a liberarnos  de cualquier cautiverio, porque, en verdad, solo  aquellos que marchan hacia adelante, con el trabajo que Dios  les confía, sin ligarse a las sugestiones del mal, consiguen vencer dignamente  en la vida, garantizando, a favor de todos,  las alegrías del bien eterno.

MEIMEI

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LA Caridad, es la ley del bien

Aquí, más allá, hay

Tanto da, cuanto más tiene

Tanto más tiene, cuanto da

ANTONIO SALES

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Amor es devoción

No siempre solo buen querer

Bendito aquel que da

Sin pensar en recibir.

SABINO BATISTA

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La renuncia será un privilegio para usted.

ANDRÉ LUIZ

Del socorro divino

La respuesta celeste

Solicitando Bartolomé esclarecimientos en cuanto  a las respuestas de lo Alto a las suplicas de los hombres, respondió Jesús, para elucidación general:

-Antiguo instructor de los mandamientos divinos iba en misión  de la verdad celeste, de una aldea para otra, profundamente distanciadas entre sí, haciéndose acompañar  de un perro amigo, cuando anochecía, sin que le fuese posible  prever el número de millas que lo separaban del destino.

“Notando la soledad en plena Naturaleza era terrible, oró, implorando  la protección del Eterno Padre, y siguió.

“Noche cerrada y sin luna, percibió la existencia  de larga y confortadora  cueva, al margen  del camino por donde avanzaba, acariciando al animal que lo seguía, vigilante, se dispuso  la cama  para dormir. Comenzó a instalarse  pacientemente,  más espesa   nube de moscas voraces  lo ataco, abruptamente, obligándolo a retomar el camino.

“El anciano continuo la jornada, cuando se le mostro frondoso riachuelo, en un trecho en el que el camino se bifurcaba. El puente rustico ofrecía  pasaje por la vía principal, y, más allá a lo lejos, la tierra parecía seductora, porque, aun mismo envuelta en la sombra nocturna, se asemejaba a extenso hoja en blanco.

“El santo predicador pretendía ganar el otro margen, arrastrando al compañero obediente, cuando el puente se desligo de las bases, desquebrajándose  y rompiéndose por entero.

“Sin recursos, ahora, para la travesía, el viejecito siguió  por el otro rumbo, y, encontrando robusto árbol, frondoso  y acogedor, pensó en abrigarse, convenientemente, porque el firmamento anunciaba la tempestad por los  truenos distantes. El vegetal respetable ofrecía asilo fascinante y seguro en el propio tronco abierto.

“Se disponía  al refugio, más la el viento comenzó a soplar tan fuerte que el tronco vigoroso cayo, partido, sin remisión.

“Expuesto entonces a  la lluvia, el peregrino se dispuso a seguir adelante.

“Después de aproximadamente dos millas, encontró una casa rural mostrando dulce luz por dentro, y suspiró aliviado.

“Llamó a la puerta. El hombre ríspido que vino a atenderle fue claro  en la negativa, alegando que el sitio no recibía visitas por la noche y que no le era permitido acoger personas extrañas.

“Por más que llorase y rogase, el predicador fue obligado a seguir más allá.

“Se acomodó como pudo, debajo del temporal, en las cercanías  de la casita campestre; no en tanto,  en breve espacio, notó  que el perro, aterrado por los relámpagos  sucesivos, huyó aullando, perdiéndose en las tinieblas.

“El viejo, ahora solito, lloró angustiado, creyéndose olvidado por Dios, y paso la noche al relente. En la madrugada, oyó gritos y palabrotas indistintos, sin poder precisar de dónde partían.

“Intrigado, esperó  al arborecer y, cuando el Sol resurgió resplandeciente, salió del escondrijo, viniendo a saber, por intermedio  de campesinos afligidos, que una cuadrilla  de ladrones  asaltó la cabaña  donde le fue negado el asilo,  asesinando a los moradores.

”Repentina luz espiritual le floreció en la mente.

“Comprendió que la Bondad Divina  lo había librado de los malhechores  y que, apartando  de el al perro  que ladraba, le garantizo la tranquilidad del reposo.

“Informándose  de que seguía en carril opuesto  a la localidad del destino, emprendió la marcha del regreso, para rectificar  el viaje, y, junto al puente caído, fue esclarecido por un labrador  de que la tierra blanca, del otro lado,  no pasaba de ser un pantano  traicionero, en el que muchos viajeros imprudentes habían sucumbido.

“El viejo  agradeció el salvamiento que el Padre  le enviara y, cuando alcanzó el árbol caído, un chaval  le dijo que el tronco, antes acogedor, era conocido  como una guarida de lobos.

“Muy agradecido al Señor que tan milagrosamente lo había ayudado, procuró la cueva donde intentó reposo y en ella encontró un nido de peligrosas serpientes.

“Dirigiendo infinito reconocimiento al Cielo por las expresiones de variado socorro que no supo entender,  de pronto, proseguía andando,  sano y salvo, para el desempeño de su tarea”.

En este punto de curiosa narrativa, el Maestro miró a Bartolomé demoradamente y termino:

-El Padre oye siempre  nuestros ruegos, más es preciso el discernimiento para comprender las respuestas del y aprovecharlas.

NEIO LUCIO

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Hoy vi en mi camino

Lección de fe verdadera:

Tordos haciendo nido

Por encima de la cascada.

ANTONIO SALES

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No te des al pesimismo,

Por más que el dolor te requiera.

Si el mal te empuja en el abismo,

Dios te seguirá en el borde.

SOARES  BULCAO

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Antes de pronunciar la frase amarga que te explota en el corazón, intentando romper las barreras de la boca, piensa en la Bondad de Dios, que te rodea por todas partes.

MEIMEI

DE LA FE

La salvación inesperada

En un país europeo, una tarde muy lluviosa, un maquinista, lleno de fe en Dios, comenzando a accionar la locomotora  con el tren repleto de pasajeros  para un largo viaje, miró el cielo oscuro y repitió,  con mucho sentimiento,  la oración dominical.

El convoy recorrió leguas y leguas, dentro de las tinieblas densas,  cuando, en la avanzada noche, algunas señales  aparecieron  hechas por las sombras de dos brazos  angustiados pidiendo  atención y socorro.

Emocionado, hizo al tren parar, de repente, y, seguido de muchos viajeros, corrió por la vía de hierro, procurando verificar si estaban amenazados por algún peligro.

Después de algunos pasos, fueron sorprendidos por gigantesca inundación que, invadiendo la tierra  con violencia, destruía el puente que el convoy debía atravesar.

El tren fue salvado, milagrosamente.

Tomados por infinita alegría,  el maquinista y los viajeros procuraron a la persona  que les ofreció el  aviso salvador, más nadie aparecía.  Intrigados, continuaron buscándola,  cuando encontraron en el suelo un gran murciélago agonizante. El enorme  volador movió las alas, frente al farol,  en forma de dos brazos agitados, y cayó  bajo los engranajes. El maquinista lo retiro con cuidado  y cariño, lo mostró a los pasajeros  asombrados, y contó cómo había orado  ardientemente, invocando la protección de Dios, antes de partir. Y, allí mismo, se arrodillo delante del murciélago que acababa de morir, exclamando el alta voz

-Padre nuestro que estás en el Cielo, santificado sea tu nombre  venga a nosotros Tu Reino, sea hecha tu voluntad, así en la Tierra como en el Cielo; el pan nuestro de cada día  dánosle hoy, perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos  a nuestros deudores, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal, porque  tú eres el Reino, el poder y gloria para siempre. Así sea.

Cuando acabó de orar, gran quietud reinaba  en el paisaje.

Todos los pasajeros, creyentes y des creyentes, estaban también arrodillados, repitiendo la oración con amoroso respeto. Algunos lloraban de la emoción y el reconocimiento, agradeciendo al Padre Celestial  que les salvara la vida, por intermedio  de un animal  que infunde tanto miedo a las criaturas humanas. Y hasta la lluvia paro de caer, como si el cielo silencioso  estuviese  igualmente acompañando la sublime oración.

MEIMEI

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Nunca pierda la fe

Aun mismo lejos y solo

Quien se desvía de Dios

No halla  el propio camino.

ARTUR CANDAL

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¡Dios tiñe de verde la hierba

Mostrando  en toda la extensión

Que nunca falta esperanza

Para los caídos en el suelo!

ALBERTO SOUZA

 

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La oración es nuestra escalera  de intercambio con el Cielo

JOAO BOSCO

Del libro “Ideas e Ilustraciones” de Chico Xavier por Diversos espíritus

Traducido al español por: M. C. R

DEL AMOR

El arma infalible

Cierto día, un hombre enojado creó un poderoso y profundo pensamiento de odio, lo colocó en una carta  ruda y maliciosa y la mandó para el jefe de la oficina  de la que fue despedido.

El pensamiento fue vaciado en forma de crueles amenazas. Y cuando el director del servicio leyó las ingratas frases que expresaban, lo cogió, desprevenidamente, en el propio corazón, y se tornó furioso sin saber por qué. Encontró, casi de inmediato, al subjefe de la oficina y, a pretexto de ver una pequeña pieza rota, arrojó  sobre el la bomba mental que traía consigo.

A su vez el subjefe  se torno neurasténico, sin dar el motivo.  Abrigo  la proyección maléfica en el sentimiento, permaneció malhumorado varias horas y, en el instante del almuerzo, en vez de alimentarse, descargo en la esposa  el peligroso dardo intangible. Tan solo por ver un zapato  imperfectamente limpiado, profirió decenas de palabras feas; se sintió aliviado y la mujer pasó  a abrigar la odiosa vibración, en forma de cólera inexplicable. Repentinamente  transformada  por el rayo que la hiriera,  y  que hasta allí nadie supiera remover,  se encamino   a la empleada que se incumbía del servicio de calzados y se desquito. Con palabras indeseables  le inoculo  en el corazón  el estilete invisible.

Ahora, era una pobre niña  que detenía el toxico mental. No pudiendo despojarlo  en los platos  y tazas  al alcance  de sus manos, en vista del enorme debito en dinero  que sería  compelida a aceptar, se acerco al viejo perro, dormido y paciente y le transfirió  el veneno imponderable,  en una patada de largas proporciones.

El animal  ladró  y salió disparado,  tocado por la  energía  mortífera y, para librarse  de esta, mordió a la primera persona  que encontró en la vía publica.

Era la señora de un propietario vecino que, herida en el muslo, se enfureció instantáneamente, poseída por la fuerza  maléfica. Gritando desesperada, fue conducida  a cierta farmacia; entretanto  se dio prisa en transferir  al enfermero  que la socorría  la vibración maldita. Lo lleno de palabrotas  y le abofeteó el rostro.

El rapaz muy amable, por lo calmo que era,  se convirtió  en una verdadera fiera. Respondió  a los golpes recibidos  con ásperas observaciones, y salió, alucinado, para la residencia, donde la vieja y devotada madrecita  lo esperaba para la refección de la tarde. Llegó y descargo sobre ella  toda la ira de que era portador.

-¡Estoy arto! -  gritó – ¡la señora es la culpable  de los disgustos  que me persiguen! ¡No soporto más esta vida infeliz! ¡Quítese de mi vista!

Pronunció nombres terribles. Blasfemo. Grito, colérico, como un loco.

La viejecita, sin embargo, lejos de disgustarse, le tomo las manos  y le dijo con naturalidad y dulzura:

-¡Venga aquí hijo mío! Usted está cansado y enfermo! Se la extensión de sus sacrificios por mi y reconozco que tiene razón para lamentarse. ¡Sin embargo, tengamos buen ánimo! ¡Acordémonos de Jesús!… Todo pasa en la Tierra. No nos olvidemos  del amor  que el Maestro nos lego…

¡Lo abrazó, conmovida, y le acarició los cabellos!

El hijo se demoró para contemplarle los ojos serenos y reconoció que había en el cariño materno tanto perdón y tanto entendimiento que comenzó a llorar, pidiéndole disculpas.

Hubo entonces entre los dos  una explosión  de intimas alegrías. Cenaron  felices  y oraron en señal de reconocimiento a Dios.

La proyección destructiva del odio murió, al final allí, dentro del hogar  humilde, ante la fuerza infalible y sublime del amor.

NEIO LUCIO

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El amor es así como un sol

De grandeza indefinida,

Que no duerme, ni descansa

En el espacio de nuestra vida.

SABINO BATISTA

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Palabras que amparan, siempre

Sin sombra, vinagre o lama

Nacen solamente en la fuente

Del corazón de quien ama.

ORMANDO CANDELARIA

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 EL Amor, sublime impulso de Dios, es la energía  que mueve los mundos. Todo crea, todo transforma, todo eleva.

                                          Palpita en todas las criaturas.

                                           Alimenta todas las acciones.

JUAN DE BRITO

DE LA CARIDAD

La caridad mayor

Al hombre que alcanzó el Cielo, pidiendo orientación sobre las tareas de beneficencia social  que pretendía ejercer en la Tierra, el Ángel de la Caridad habló compasivo:

-¡Vuelva al mundo y cumple, de buena voluntad, las obligaciones que el destino te señaló!

“Para que te pongas de pie, cada día, millones de vidas microscópicas se esfuerzan en tu carne, garantizándote el bienestar…

“Cada órgano y cada miembro de tu cuerpo te emparan, abnegadamente, para que te hagas  bendecido discípulo de la civilización.

“Los ojos identifican las imágenes que ya puedes percibir, librándote del desorden interior.

“Los oídos seleccionan sonidos y voces para que no vivas desorientado.

“La lengua  te auxilia para expresar  los pensamientos, enriqueciéndote  de sabiduría.

“Las manos  realizan tus sueños, engrandeciéndote  el camino en la ciencia y en el arte, en el progreso en la industria.

“Los pies  te sustentan  la maquina física para que no te arrojes en la inercia.

“La boca mastica los alimentos  para que no te  condenes a la inacción.

“Los pulmones te procuran el aire puro contra la asfixia.

“El estomago digiere las piezas  con que nutrirás la propia sangre.

“El hígado genera fuerzas  vitales  que te entretienen  la harmonía orgánica.

“El corazón  se mueve sin parar, coronándote la existencia.

Vives de la caridad de innumerables vidas inferiores  que obedecen tu mente.

“¡Torna pues, al lugar en el que el Señor te situó  y satisface las tareas inmediatas que el mundo te reserva!…

“Caridad es servir sin descanso, aun mismo cuando  la enfermedad sin importancia  te convoque al reposo;

Es cooperar espontáneamente  en las buenas obras, sin aguardar la invitación de los otros:

Es no incomodar a quien trabaja;

Es perfeccionarse  alguien en aquello que hace para ser más útil;

Es soportar sin rebeldía la bilis del compañero;

Es auxiliar a los parientes, sin reprobación;

Es alegrarse con la prosperidad del prójimo;

Es resumir la conversación de dos horas en tres o cuatro frases;

Es no afligir a quien nos acompaña;

Es ensordecerse para la difamación;

Es guardar el buen humor, cancelando la queja de cualquier procedencia;

Es respetar a cada persona y a cada cosa en la posición que les es propia;

Y porque el hombre ansiase inoportunas indagaciones, el Ángel concluyó:

-Vuelve al cuerpo y actúa incesantemente en el bien!… No pierdas un minuto en consultas razonables. Conduce los problemas que te atormentan el espíritu  a tu propio trabajo y tu propio trabajo los liquidará… La experiencia aclara el camino de cuantos  adquieren su tesoro de luz. Recoge  a las criaturas desvalidas, ampara a los enfermos, consuela a los infelices y socorre a los necesitados. No olvides, pues, que la ejecución de tus deberes para con el prójimo siempre será tu mayor caridad.

HERMANO X

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Ideas e Ilustraciones

No hagas sombra o desierto

Para interrogar al porvenir.

El camino responde cierto

A quien procura servir

AMÉRICO FALCAO

 

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No digas que amas a Dios,

 Sin servicio a la Humanidad;

Dios trae las manos invisibles

En los brazos de la caridad.

ALBERTO SOUZA

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La caridad es nuestra bendecida tienda de luz, edificada  en todas partes donde existe alguien que clama por el auxilio  y comprensión.

BEZERRA DE MENESES

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QUIEN AVISA

Se cuenta que un cómico célebre, en pleno espectáculo, recibió en el entreacto un telegrama triste, anunciándole la muerte de su padre. Desatando las lágrimas, volvió a la escena, en suprema consternación, comunicando al auditorio:

― ¡Señores míos, acabo de ser informado de que mi padre ha muerto!… Pero en lugar de la compunción de los espectadores, recibió alucinantes aplausos. El público reía gustosamente, creyendo en la continuación de la pieza, pese a que el patetismo se caracterizaba en el rostro angustiado del artista. En aquel instante, su corazón era una fuente de lágrimas, alimentando un río de carcajadas.

¿Dónde estaba la culpa del infeliz?

Hay personas que nacen en la Tierra con el don de llorar para que otros desarrollen la facultad de reír.

A propósito, conozco un hombre que vivió algunos años en el mundo escribiendo anecdotarios venenosos, que muchos lectores consumían ávidos, en el silencio de las salas desiertas. Caballeros respetables y señoras bien compuestas, jóvenes de ambos sexos, se recogían, de cuando en cuando, en oscuros rincones de la casa, cultivando la perfidia sonriente y la ironía maliciosa. Leían con interés, recordaban a personas de sus relaciones, enmarcándolas en los cuadros que la lectura les sugería y, no raramente, cerraban la puerta, a fin de vivir más intensamente las impresiones recogidas.

El pobre autor desempeñaba atribuciones de escriba popular. En las calles, en los cafés, en los quioscos de periódicos, en los círculos de amigos, sorprendía todas las notas picantes, sirviéndolas en salsa de escándalo en la freidora de la gramática para el consumo general. Los feligreses eran numerosos y, por eso no era poco el trabajo de las linotipias.

El comentarista alegre, con todo, si bien hacía reír, como Tribulé el payaso, a fin de ganarse la vida, en lo más hondo de sí mismo deseaba ser como Epaminondas, el tebano ilustre, que murió amando las realizaciones honestas. Y más tarde, al apagar las luces, él, que vendía risas, pasó a exportar sufrimientos. Con la renovación espiritual se modificó su clientela.

Sus páginas ya no figuraban entre las lecturas secretas guardadas bajo siete llaves. Eran, ahora, hojas pálidas de filosofía de la desilusión, de la sombra, del destino y del dolor.

Encontró, en esa fase, amistades más sólidas. Junto a aquellos que recogen las rosas de la existencia humana, innumerables son las filas de los que trabajan entre las espinas, y, si algunos espíritus jóvenes están bailando despreocupados en el festín de la vida carnal, son incontables los corazones que han madurado y velan, suplicantes, en las tinieblas de la noche.

Por ello, quizá, encontró él simpatías nuevas, más claras y más sinceras.

Sumido en ese campo de vibraciones diferentes, pasó al castillo de la muerte, donde, sorprendido, encontró las profundas y maravillosas revelaciones de la vida.

Renovado, feliz, continuó escribiendo para los compañeros de lucha, reavivándoles la esperanza en medio del naufragio de las ilusiones. Como marino experimentado, presintiendo la inesperada seguridad de la playa, lanzaba salvavidas a los hermanos de sueño, que se debatían a distancia, en la furia de las aguas movedizas y traicioneras.

Se mantenía en esa labor, cuando los admiradores de su primera fase de servicio, viejos cultivadores de la malicia humana, gritaron desde lo alto de su superioridad:

— ¿Él? imposible. ¿Cómo hablará del Cielo, aquel que se agarraba frenéticamente a la Tierra?

— ¡Es mentira! ¡Él no tenía fe!

— ¿¡Cómo es eso?! ¿Hay subversión en el orden espiritual? ¿Estará la prédica del bien confiada a los impenitentes de la vida humana?

El pobre comentarista desencarnado empezó a recibir acusaciones y pedradas. Algunos adversarios gratuitos, si pudiesen, lo levantarían de la tumba, para afrentarlo a porrazos.

Surgieron discusiones, persecuciones, roces.

Impresionado y conmovido con las torturas de que el amigo era víctima, acudí a él en persona, no solo para confortarlo, sino para recoger sus íntimas impresiones. No lo encontré, sin embargo, desmelenado, gritando como personaje de ópera, o desesperado.

Se revelaba calmo, sereno, seguro de sí mismo; y, lleno de comprensión hacia las debilidades del prójimo, terminó la charla aclarando con una sonrisa:

— No, amigo mío, no estoy desalentado. Si yo estuviese allá, en el torbellino, quizá hiciese algo peor. Si aún permaneciese en la carne y me enterase de que un hombre, como yo, andaba escribiendo sobre la iluminación eterna del alma después de la muerte del cuerpo, lo admitiría todo, excepto la realidad. Muchos me acusan, gratuitamente, clasificándome como escritor venenoso, pero… ¿qué se le va a hacer?

Tras una larga pausa, mostró mayor lucidez en la mirada comprensiva y concluyó:

— No me preocupo, ahora, por mí, que tengo la felicidad de rescatar el pasado. Como es natural, no obstante, me preocupo por mis antiguos clientes, porque si me conocen tan bien, dan testimonio de que me leyeron con atención. Leyeron y se deleitaron. Y si yo, en lo presente, trabajo para destruir el árbol que planté, ellos que se preparen frente al futuro, por cuanto es probable que casi todos tengan que vomitar los frutos que con tanto gusto han ingerido.

Francisco Cándido Xavier

Por el espíritu

Hermano x

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LOS SEIS SABIOS CIEGOS Y EL ELEFANTE

En la Antigüedad, vivían seis hombres ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era el más sabio. Para demostrar su sabiduría, exponían sus saberes y ocurrencias y luego decidían entre todos quién era el más convincente.

 

Un día, discutiendo acerca de la forma exacta de un elefante, no conseguían ponerse de acuerdo. Las posturas eran opuestas y como ninguno de ellos había podido tocar nunca un elefante, decidieron salir al día siguiente a la busca de un ejemplar, y de este modo poder salir de dudas.

 

Puestos en fila, con las manos en los hombros de quien les precedía, emprendieron la marcha enfilando la senda que se adentraba en la selva. No habían andado mucho cuando de pronto, al adentrarse en un claro, se dieron cuenta que estaban al lado de un gran elefante.

 

Los seis sabios ciegos estaban llenos de alegría, y se felicitaban unos a otros por su suerte. Finalmente podrían resolver el dilema y decidir cuál era la verdadera forma del animal.

 

El primero de todos, el más decidido, se abalanzó sobre el elefante preso de una gran ilusión por tocarlo. Sin embargo, las prisas hicieron que su pie tropezara con una rama en el suelo y chocara de frente con el costado del animal. -El elefante –exclamó– es como una pared de barro secada al sol.

 

El segundo de los ciegos avanzó con más precaución, con las manos extendidas. En esta posición tocó dos objetos muy largos y puntiagudos. Eran los colmillos. -¡La forma de este animal es exactamente como la de una lanza…sin duda es así!

 

Entonces avanzó el tercer ciego. El elefante, ya algo curioso, se giró hacía él y le envolvió la cintura con su trompa. El ciego agarró la trompa del animal y la resiguió de arriba a abajo, notando su forma alargada y estrecha, y cómo se movía. -Escuchad, este elefante es como una larga serpiente.

 

Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal, que se movía para asustar a los insectos que le molestaban. El sabio agarró la cola y la resiguió de arriba abajo con las manos. No tuvo dudas y exclamó: -Ya lo tengo, es igual a una vieja cuerda.

El quinto de los sabios se encontró con la oreja del animal y dijo: -Ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico plano.

El sexto sabio era el más viejo de todos, y cuando se encaminó hacia el animal, lo hizo con lentitud, encorvado, apoyándose en un bastón. De tan doblado que estaba por la edad, pasó por debajo de la barriga del elefante y tropezó con una de sus gruesas patas.-¡Escuchad! Lo estoy tocando ahora mismo y os aseguro que el elefante tiene la misma forma que el tronco de una gran palmera.

Todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera del elefante, y creían que los demás estaban equivocados. Satisfecha así su curiosidad, volvieron a darse las manos y tomaron otra vez la senda que les conducía a su casa.

Otra vez sentados bajo la palmera que les ofrecía sombra y les refrescaba con sus frutos, retomaron la discusión sobre la verdadera forma del elefante, seguros de que lo que habían experimentado por ellos mismos era la verdadera forma. 

Las diversas partes del elefante que parecían separadas y distintas a los ciegos, buscadores de su verdad, que las palparon, estaban todas nutridas y activadas por una única corriente de sangre; las diversas religiones y fes que se tienen por separadas y distintas están todas nutridas por una única corriente de Amor.

Dios es inescrutable. No se le puede realizar en el mundo objetivo exterior. El está en el corazón mismo de cada ser. Muchos se aventuran a describir los atributos de Dios y proclaman que El es esto y aquello; pero, estos no son más que sus propias conjeturas y los reflejos de sus propias predilecciones y preferencias.

Cada religión define a Dios dentro de los límites que ella demarca y luego pretende haberlo aprehendido en su totalidad. Como los siete ciegos, cada uno había palpado sólo una parte del elefante y no podía comprender al animal entero.

Así también, las religiones hablan de sólo una parte de Dios y aseguran que su visión es completa y total. Cada religión olvida que Dios es todas las Formas y todos los Nombres, todos los atributos y todas las afirmaciones.

La Religión de la Humanidad es la suma y substancia de todas estas fes parciales. Hay sólo una Religión y ésta es la Religión del Amor.

Se desconoce el autor

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SERVICIO

El valor del servicio

Felipe, viejo pescador de Cafarnaum, muy contento con las explanaciones  de Jesús sobre un texto  de Isaías, pasó a comentar  la diferencia entre  los justo  y lo injusto, de manera  a destacar el valor de la santidad en la Tierra.

El Maestro escuchó calmadamente, y, tal vez  para prevenir  los excesos de opinión, narro, con bondad.

-Cierto fariseo, de vida  irreprensible, consiguió la posición de inmenso respeto público. Pasaba días enteros en el Templo, entre oraciones y ayunos incesantes. Conocía la Ley como nadie. Desde Moisés  a los últimos profetas, decorara  los más importantes textos de la revelación. Si pasaba por la calle,  era tan grande  la estima  que se había creado que los propios niños se inclinaban, reverentes. Se consagró al Santo de los santos y hacia vida perfecta entre los pecadores de la época. Se alimentaba  frugalmente, vestía  túnica sin mancha y se abstenía de hablar  con toda persona  considerada impura.

Acontece, todavía, que, habiendo gran peste en una ciudad próxima a Jerusalen, un Ángel del Señor descendió servicial,  para socorrer a los necesitados y enfermos,  en nombre de la Divina Providencia.

Necesitaba, sin embargo, de las manos diligentes  de un hombre a través  de las cuales pudiese trabajar, apresurado, en beneficio de los enfermos y sufridores.

Se acordó  de recurrir al santo fariseo, conocido en la corte celeste por sus reiterados votos de perfección espiritual, más el devoto se hallaba tan profundamente  sumergido en sus contemplaciones de pureza que no le sobraba el mínimo espacio interior  para entender cualquier pensamiento de socorro a las víctimas de la epidemia.

¿Cómo cooperar con el emisario divino, en ese sector,  si el evitaba el menor contacto con el mundo vulgar, clasificado, en su mente,  como valle de inmundicia?

El Ángel insistía en el llamamiento; con todo, la peste era  exigente  y no admitía retrasos.

El Mensajero se aparto y recurrió a otras personas amantes  de la Ley. Ninguna, entretanto, se juzgaba habilitada  para contribuir.

Nadie deseaba arriesgarse.

Instado  por las reclamaciones del servicio, el Enviado  del Cielo encontró a un antiguo criminal que mantenía  el propósito de regenerarse. A través de los hilos invisibles del pensamiento, lo invitó a seguirlo; y el viejo ladrón, sinceramente transformado, no dudo. Obedeció a la dulce sugestión y se   movió sin demora, con la espontaneidad de la cooperación robusta  y legitima, al ministerio del socorro y de la salvación.

Enterró cadáveres sin sepultar, improviso remedios adecuados a la situación, sembró el buen ánimo, alivió a los afligidos, renovó el coraje de los enfermos, liberó a innumerables criaturas  amenazadas por el mal,  creó servicios de consolación y esperanza y, con eso, conquistó solidas amistades en el Cielo, adelantándose, de manera sorprendente, en el camino del paraíso.

Los presentes registraron la pequeña historia, entre admiración y descontento y, porque nadie interfiriese, el Señor comento, enseguida al largo intervalo:

-La virtud es siempre grande y venerable, más no ha de cristalizarse a la manera de joya  rara sin provecho. Si el amor cubre la multitud de los pecados, el servicio santificante  que en el se inspira puede dar a los pecadores convertidos al bien  la compañía de los ángeles, antes que los justos ociosos   puedan disfrutar  la celeste convivencia.

Y observando  que los oyentes se retraían  en el gran silencio, el Señor  cerró el culto domestico de la Buena Nueva, a fin de que el reposo trajese a los compañeros multiplicadas bendiciones de paz y meditación, bajo el firmamento  puntillado de luz.

NEIO LÚCIO

 

Ideas e ilustraciones

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Sobriedad en todo y siempre

Más nunca te olvides de esto:

Quien vive solo de recato

Nunca termina el servicio.

JOVINO GUEDES

 

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¡Acción y verbo!… Entre los dos

Nunca se eluda usted.

Las palabras se las lleva el viento

La fe en las obras se ve.

BENEDITO CANDELARIA IRMAO

 

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Es muy probable que, sin embargo, sea plenamente indispensable su cooperación en el paraíso. Es indiscutible,  sin embargo,  la realidad de que, de momento, su lugar de servir y aprender, ayudar y amar, es mismo en la Tierra.

ANDRÉ LUIZ

Del Libro de Chico Xavier “Ideas e Ilustraciones” por diversos espíritus

Traducido por: M. C. R

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SIMIENTES DE CORRUPCIÓN

Un día un chaval llego a su casa y preguntó a la madre  cuanto ella le pagaría si el sacase  en el examen de nota un diez.

La propuesta sorprendió a la genitora, acostumbrada a educar a los hijos con lucidez y bien sentido.

¿Por qué yo debería pagar por eso, hijo mío? Pregunto con tranquilidad.

“El padre, de mi amigo va a pagar cien reales si el saca un diez en la prueba de Ingles.”

“¿Y usted ve eso correcto, hijo?

“Yo lo que veo es que cien reales da para comprar muchas cosas….” respondió el niño, entusiasmado.

La sabia educadora aprovechó el momento para un dialogo esclarecedor con el hijo amado.

“¿Hijo, usted ve correcto que ese padre está haciendo, pagando para el hijo hacer lo que es apenas su obligación?”

El chaval respondió que no sabía si era cierto o no, y la madre continúo:

“¿Usted ya escucho hablar de  corrupción?

“Si”, dijo el niño.

“¿Y usted encuentra correcto  que una persona cobre por cumplir con su obligación?

“No, yo no lo hayo  correcto.”

¿Estudiar es su obligación, no es así hijo?

“Si, es mi obligación.”

“Pues bien, su padre y yo hacemos nuestra parte, que es darle la oportunidad de aprender para que sea un hombre instruido y pueda ser útil a la sociedad de la cual forma parte.

Más no deseamos que sea apenas instruido.

Queremos, por encima de todo, que sea un hombre de  bien, un hombre moralizado, un hombre digno y justo.

Es por eso que usted nunca va a recibir de sus padres cualquier compensación para hacer su parte.”

El chaval concordó con la madre, más, aun interesado en el asunto pregunto:

¿Quiere decir que eso es corrupción, madre?”

“Si. Pagar a alguien para hacer o dejar de hacer su obligación es corrupción.

Existen funcionarios que reciben un salario para hacer su trabajo  más  acostumbran  a  pedir un valor más, una “gratificación” para “agilizar” el proceso.

Eso significa que están perjudicando aquellos que no tienen dinero para pagar ese “favor” o que no compactan con esa práctica.”

Tal vez para dejar la enseñanza más clara a su hijo, la madre continuo: “y la corrupción no está relacionada exclusivamente con el dinero, hijo. Cuando un juez,  por ejemplo, que juzga una causa y favorece a un amigo u otro interés cualquiera, sin considerar la verdadera justicia, esta se corrompe y corrompiendo el sistema. Cualquier persona, en fin, que actúa en  desacuerdo con su propia conciencia, es corruptora de las buenas costumbres.

Si el chaval entendió  todo no se sabe, más si abandonó la idea de recibir un pagamiento por sacar buenas notas y fue a estudiar para el examen que iba a hacer al día siguiente.

¡Piense en eso!

Felizmente no todos los ciudadanos de nuestra sociedad son corruptos o corruptores.

Más si usted ya sufrió algún tipo de extorsión, sabe  como es de amargo el sabor de ese tipo de violencia.

Si usted ya sufrió cualquier tipo de injusticia por parte de quien debería representar la sana justicia, sabe  lo que eso genera disgusto e infelicidad.

 

Piense en eso y haga su parte para eliminar  esas mentes nocivas de corrupción y desamor.

Actué con honestidad y eduque a sus hijos para ser ciudadanos dignos  e incorruptibles.

 No se corrompa y no corrompa a nadie, pues es solo así que veremos el sol de la plena justicia  despuntar en un futuro próximo.

Equipo de Redacción de Momento Espirita

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BURILAMIENTO

El servicio de la perfección

Un viejo alfarero, muy dedicado al trabajo, cierto día enfermó gravemente  y entró  a pasar enormes dificultades.

Los parientes, a los cuales el más sirviera, moraban en regiones distantes y parecían haber perdido la memoria…

Sin nadie que lo auxiliase, pasó a vivir de la caridad  pública, más, cuando mendigaba, cayó en la vía pública y se rompió una de las piernas, siendo obligado  a recogerse en la cama,  por largo tiempo.

Llorando, amargado, hizo una oración  y rogó a Dios algún consuelo para sus males.

Entonces, durmió y soñó que un ángel se le aparecía, trayéndole  la respuesta pedida.

El mensajero del Cielo lo condujo hasta el antiguo horno  en el que trabajaba, y, mostrándole algunos hermosos  vasos de su producción, pregunto:

-¿Cómo consiguió usted realizar trabajos  así tan perfectos?

El alfarero, orgulloso de su obra, informó:

Usando el fuego  con mucho cuidado y con mucho cariño, en el servicio de la perfección. Algunos vasos cedieron al calor intenso dos o tres veces.

-¿Y sin el fuego usted  habría realizado su tarea? – pregunto, aun, el emisario.

-¡Nunca! – respondió el viejo, seguro de lo que afirmaba.

-Así también – esclareció, el ángel bondadoso -, el sufrimiento  y la lucha  son las llamas  invisibles que nuestro Padre Celestial creo para el embellecimiento de nuestras almas que, un día, serán vasos sublimes y perfectos para el servicio del Cielo.

En ese instante, el enfermo despertó, comprendió la Voluntad Divina  y rindió gracias a Dios.

MEIMEI

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Quien sufre con paciencia

Cree, aprende, vence, alcanza…

Desespero es el dolor débil

Que vive sin esperanza.

 

TONINHO BITTENCOURT

 

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Soporta las amarguras del mundo,

¡No te lastimes en vano!…

El cielo refulge más lindo

En las horas de la oscuridad.

ORMANDO CANDELARIA

 

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Aprenda a obedecer en el culto de las propias obligaciones.

Si usted no cree en la disciplina… observe un carro sin freno.

ANDRÉ LUIZ

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COMPRENSIÓN

Servir más

 

Efraín ben Assef, caudillo de Israel contra el poderío romano, fue a Jerusalén para levantar las fuerzas  de la resistencia, e informado de que Jesús, el  profeta, fue recibido festivamente en la ciudad, resolvió procurarlo en la casa de Obode, el guardián de cabras, con el fin de oírlo.

Maestro – hablo el guerrero -, no te procuro como quien desconoce la Justicia de Dios,  que corrige los errores  del mundo, todos los días… Tengo necesidad de instrucción  para mi conducta personal en el auxilio del pueblo. ¿Cómo actuar, cuando el orgullo de los otros  se agiganta y nos  entorpece el camino?… ¿cuando la vanidad ostenta el poder  y multiplica las lágrimas  de quien llora?

Es preciso  ser más humilde y servir más – respondió el Señor, fijando en el la mirada traslucida.

¿Más… y cuando la maldad se yergue, acechándonos a la puerta? ¿qué hacer, cuando los impíos nos calumnian  a la manera de  verdugos?

Y Jesús:

-Es preciso más amor y servir más.

-¿Señor y la palabra feroz? ¿Qué medidas tomar para cohibirlas? ¿Cómo proceder, cuando la  boca del ofensor escupe fuego de violencia, como nube en tempestad, arremetiendo con rayos de muerte?

-Es necesario más humildad y servir más.

-¿Y ante los golpes? Hay criaturas  que se esmeran  en la crueldad,  hiriéndonos  hasta hacernos sangre… ¿De qué modo dirigir nuestros pasos, frente a los que nos persiguen sin motivo  y nos odian sin razón?

-Es preciso más paciencia y servir más.

-¿Y el pillaje, Señor? ¿Qué directrices buscar, ante aquellos que roban, despiadados y poderosos, asegurando la propia impunidad a  costa del oro  que reúnen  sobre el llanto de los semejantes?

-Es preciso más renuncia y servir más.

-¿Y ante los asesino? ¿Qué comportamiento adoptar, junto aquellos que incendian campos y hogares, exterminando a mujeres y niños?

-Es preciso más perdón y servir más.

Exasperado por no encontrar bases para tomar represalias que aspiraba emprender  en más larga escala, indago Efraím:

-¿Maestro que pretendes decir por “servir más?

Jesús acarició a una de las criaturas  que Lo procuraban, sin afectación:

-Convencido de que la Justicia de Dios está rigiendo  la vida, nuestra obligación, es vivir rectamente en la práctica del bien, con la certeza de que la Ley  cuidará de todos. No tenemos, de ese modo,  otro camino más alto sino el de servir  al bien de los semejantes, siempre más…

El je fe Israelita, manifestando inmenso desprecio, abandonó la pequeña sala,  sin despedirse.

Transcurridos dos días,  cuando los esbirros del Sanedrín llegaron,  en compañía de Judas, para detener al Mesías, Efraím  bien Assef  estaba delante. Y, sonriendo, al esposar su muñeca,  tal como si prendiese  a un temible salteador,  pregunto sarcástico:

-¿No reaccionas, galileo?

Más Cristo `poso en el, de nuevo, la mirada tranquila y apenas dijo:

-Es preciso comprender y servir más.

HERMANO X

 

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Quien busque la felicidad

Viva y luche por el bien.

Bendiga todo lo que exista

No piense mal de nadie

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Amor puro  tiene en la cara

La comprensión por deber,

Como la fuente cuando nace

Y canta sin percibir.

MARCELO GAMA

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Si usted está gobernado, efectivamente, por el ideal superior, olvida al amigo desertó, a la mujer que huyo, Al compañero ingrato y al hermano incomprensible. Todos ellos están aprendiendo y pasando, como acontece con usted mismo… Lo que importa es la intensificación de la luz, el progreso de la verdad y la victoria del bien.

ANDRÉ LUIZ

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LAS MORADAS EN LA CASA DEL PADRE

 Cuenta una historia que, en una ciudad lejana, el cielo estaba inundado de estrellas, una luna llena iluminaba con su luz, a las cometas que irradiando su fulgor parecían querer llamar la atención.

Una dama las miraba sin apenas darse cuenta de lo mágico que era el momento, Ismalia engalanada con majestuoso vestido, miraba tras el balcón, donde esperaba a su amado para ir a la gran fiesta que se iba a celebrar en su honor. Despectiva había despedido hacia pocos instante a su criada, que sin querer había tirado al suelo su mejor  perfume.

Manchando la alfombra que ella  con su   severidad   habitual,  había mandado limpiar inmediatamente. Su rostro eufórico, había asustado como siempre a la doncella humilde que siempre era tratada como un perro callejero al que por su bondad y dulzura todo se le podía hacer.

Con su característico mal humor, llamo a la muchacha exigiéndole, que la cambiara de vestido, al final se había dado cuenta que ese no le apetecía ponérselo, la muchacha tenia la cara triste, su enfermedad iba poco a poco minándole sus fuerzas, el pecho era una maquina que expelía cada vez menos oxigeno a sus pulmones. Por eso sin esperarlo una bocanada de sangre la hizo caer sin sentido.

Alarmada la dama llamó a sus criados, exigiéndoles que la sacaran de su habitación, que eso le pasaba a ella por no haberla despedido, atendiendo sus ruegos de que la empleara en su casa, pues era una mendiga, y no debía haberla escuchado.

Todo brillaba en la casa de Ismalia, la belleza allí era exquisita, los adornos y alfombras daban a su estancia la majestuidad de los grandes palacios. La aristocracia había asistido innumerables veces a sus salones sintiéndose ella importante  y centro de atención de muchos ricos y apoderados, haciéndola cada vez más cruel y despiadada. Ella se bastaba por si misma para todo, era súper potente sus arcas estaban llenas, nadie  podía hacerle sombra.

No supo como, pero en un instante un caballero entro y con mucho coraje en su corazón la apuntó con una pistola, afirmando no serás para nadie si no eres para mi. Callo la dama inerte, y espantado el atrevido caballero se disparó el en el corazón.

Despertó en un lugar agreste, apenas podía abrir sus ojos, sus manos estaban untadas de una masa viscosa que le impedía moverlas con facilidad, no podía pasar por  lo que le estaba pasando que clase de pesadilla era la que tenia, nunca había visto un lugar parecido, tanta inmundicia era imposible que pudiera existir, bichos horripilantes y viscosos se cruzaban por sus pies se introducían en sus ropas, eufórica gritaba pidiendo auxilio, no lograba articular palabra alguna, no veía a nadie más que a seres parecidos a ella que se reían de ella, con ojos espantados, la asustaban diciéndole que no gritase que allí no la escucharían, ella se acordó de la criada y la llamo más despóticamente que nunca, ella no le  fallaría vendría a sacarla de allí.

 Pensó que algun depravado la habría secuestrado, y la tenía allí a la espera de una gran bolsa de dinero. Un espejo grande Aparicio ante ella, y con espanto se vio, sus cabellos parecían deshilachados hilos que ya estaban muy pasados, su cara fina y delicada maquillada con pinturas finas se había convertido en un rostro macilento lleno de verrugas y con los dientes desfigurados como si de una bruja se tratase, ella dio un salto y espantada corría sin lograr salir de allí, del mismo lugar donde estaba.

Abrumada por todo Ismalia lloraba y pensaba que despertaría de aquel sueño, que todo se trataría de una pesadilla, pero las horas iban pasando y todo seguía igual, cuando la llamó por primera vez a su sirvienta esta la escucho perfectamente, su corazón se sintió conmovido y quería salir corriendo para atenderla, pero manos finas y delicadas se lo impidieron diciéndoles que aun no era el momento, por el contrario la condujeron a unos jardines donde el perfume delicado de sus flores la renovaban interiormente, ya su corazón no se ahogaba, el aire penetraba a través de su pecho suavemente aliviándola y al mismo tiempo ella sentía restablecerse por momentos.

Que alegría sentirse bien, regresaría al palacio de su dueña y la serviría mejor con más soltura, con menos peso en su cuerpo, recordaba que muchas veces no podía ni sostener sus pesados vestidos en las manos, estas debilitadas por la neumonía le impedían tener fuerzas para nada.

Aliviada y ya con más fuerzas en su organismo periespiritual, fue conducida a una sala muy grande donde una especie de televisión mostraba a su amiga, ella no lo podía creer , ella unos días antes la había vestido y había observado lo majestuosa y bella que era, no podía ser ambas la misma persona, debía tratarse de una confusión, el instructor le aseguró que no, que ambas habían desencarnado y que cada una había sido llevada por sus meritos a los lugares que merecían, al verla en uno de sus arrebatos su corazón sufrió le daba mucha pena, y dirigiéndose al instructor le preguntó que puedo hacer para ayudarle ayúdeme a traerla aquí ella no merece estar en ese lugar es rica y muy poderosa, me pegará si no la obedezco, el instructor sonrió, y amablemente le esclareció, niñita no te preocupes aquí donde estas eres libre, tienes la libertad de los Ángeles tus meritos te han traído hasta aquí y con tus oraciones podrás ayudarla, ella en sus delirios sentirá el peso de sus grandes faltas y un dia despertará siendo humilde pidiendo ayuda entonces tu estarás para recogerla, para asistirla, mientras tanto ahora otra cosa no aceptaría.

De nuevo Ismalia tenia un arrebato de miedo, las aves le purgaban sus ropas extrayendo la gran miseria que le invadía sus carnes putrefactas, la masa viscosa se le calaba hasta los mismos huesos, de nuevo el gran espejo mostraba su imagen y ella espantada corría veloz huyendo, queriendo no ver aquella inmundicia, en el momento de gran delirio otra vez el espejo se puso ante ella mostrando la imagen de la criada, humilde y en oración, despedía su imagen un perfume delicado, con un olor que ella no era capaz de definir nunca olió un perfume tan fino, la criada engalanada con un vestido luminoso, parecía un ángel, ella grito donde estas condenada porque no vienes, te azotare de nuevo hasta que pierdas el sentido para siempre, malditas seas, tu me has tenido que hacer algo, tuya es la culpa ¿porque estoy mal y tu bien? , cuando debería ser al contrario, me vengaré de ti, te lo juro, maldita seas, nada de esto me hubiera sucedido si no te hubiera acogido en mi casa. Me has robado todo mi patrimonio, me has encerrado en este lugar, me has envenenado y por tu culpa me encuentro así, de nuevo su delirio la postro en su macilento estado, y ya no se vio más a Ismalia.

Llorando desconsolada la pobre criada, pensaba como ayudarla era muy difícil el poder asistirla en esas condiciones, el instructor acariciándola le dijo no te preocupes un dia ella reaccionará, y la podremos ayudar.

Su inferioridad le impide estar en lugares de reposo, donde podríamos esclarecerla, un dia alcanzara las alas que transportan a los Ángeles a las moradas del cielo y la verás recuperada, hoy aun es pronto el peso de sus iniquidades le impide reaccionar como una persona sensata.

Ambos elevaron al cielo una plegaria y un elixir fresco invitó a ambos a la reflexión, cada uno debería hacer su cometido, la vida continuaba para todos y de nuevo debían emprender trabajos para la asistencia a los necesitados, pues en su pureza no entraba la inactividad

Amigos y compañeros Jesús nos dijo que había muchas moradas en la casa del Padre. La casa del Padre es el universo: las diferentes moradas son los mundos que circulan en el espacio infinito y estos ofrecen a los Espíritus encarnados estancias apropiadas a su adelantamiento.

Según las enseñanzas dadas por los Espíritus los mundos están en condiciones muy diferentes unos de los otros, en cuanto al grado de inferioridad de sus habitantes. En los mundos inferiores, la existencia es enteramente material,  las pasiones imperan soberanamente, la vida moral es casi nula. A medida que el espíritu se moraliza la influencia de la materia disminuye, y en los mundos mas adelantados, la vida, es enteramente espiritual.

En los mundos más atrasados los seres que lo habitan son de algun modo rudimentarios; tienen la forma humana, pero sin ninguna hermosura; los instintos no están templados por ningún sentimiento de delicadeza ni de benevolencia; ni por las nociones de lo justo y de lo injusto; la única ley allí es la fuerza brutal. Sin industria y sin invenciones, emplean su vida en conquistar su alimentación. Dios no abandona a ninguna de sus criaturas; en el fondo de las tinieblas de la inteligencia yace latente la vaga intuición de un Ser Supremo, más o menos desarrollada.

Entre esas estrellas que resplandecen en la bóveda azulada, ¡Cuantos mundos hay!, ¡Cada torbellino planetario, corriendo en el espacio alrededor de un foco común, arrastrar con él sus mundos primitivos de destierro, de prueba, de regeneración y de felicidad. Se nos ha hablado de esos mundos en donde es colocada el alma naciente, cuando ignorante aun del bien y del mal, puede marchar hacia Dios, dueña de si misma, en posesión de su libre albedrío; se nos ha hablado de cuan amplias facultades ha sido dotada el alma para hacer el bien; pero ¡ah! Las hay que sucumben y no queriendo Dios anonadarlas, les permite ir a esos mundos en donde, de encarnación en encarnación, se purifican, se regeneran y se harán dignas de la gloria que se les ha destinado.

Los mundos regeneradores sirven de transición entre los mundos de expiación y los mundos felices; el alma que se arrepiente encuentra allí la calma y el reposo acabándose de purificar. Allí no se encuentra la perfecta felicidad, pero si su aurora. El hombre es aun falible, en esos mundos, y el Espíritu del mal no ha perdido en ellos completamente su imperio. No avanzar es retroceder, y si no está firme en el camino del bien, puede volver a caer en los mundos de expiación y de prueba.

Esos mundos comparados con la Tierra son muy felices, es la calma después de la tempestad. Cuando nos allamos perfeccionado nuestras almas serán libres dominaremos todos los horizontes; ya no tendremos sensaciones materiales y groseras, sino los sentidos de un periespíritu puro y celeste, aspirando las emanaciones de Dios, bajo los perfumes de amor y caridad que se derraman de su seno.

 

Debemos contemplar, la bóveda azulada por la noche, a la hora del descanso y de la oración, y en esas innumerables esferas que brillan sobre nuestras cabezas, elegir las que nos conducen a Dios y rogarle que un mundo regenerador nos abra su seno después de la expiación de la Tierra.

 

La tierra, siguiendo esta ley, ha estado material y moralmente en una situación inferior a la que tiene hoy, y alcanzará bajo esta doble relación, un grado más avanzado. Ha llegado ya a uno de sus periodos de transformación, en que de mundo de expiación y de prueba va a pasar a un mundo regenerador; entonces los hombres serán en ella felices porque reinará la ley de Dios.

 

Así que hermanos de nosotros depende, esforcémonos todo lo que podamos por vencer las inclinaciones inferiores, procuremos que un día al desencarnar no vallamos a un lugar agreste, donde el chirriar y crujir de dientes nos haga sentir  escalofríos, miedo y pesar, ello nos indicara que no hemos merecido por nuestros hechos un lugar tranquilo, donde almas espiritualizadas nos aliviarían en la transición.

 

Procuremos que el gran espejo que nos muestre la imagen de lo que ha sido nuestro paso por la tierra, sea para nosotros una sorpresa más que un delator, una sorpresa porque muestre en el más allá virtudes que para nosotros carecen de importancia y que el Padre nos muestra en el, un bien que con el que no habíamos contado. Y no por el contrario el pesar de descubrir en el, las faltas que nosotros no queremos ver, que disfrazamos con falsos propósitos y  que están muy lejos de ser nuestros verdaderos sentimientos.

 

Inundemos nuestros corazones con el alivio de una enmienda rápida, aun estamos a tiempo, seguimos en la Tierra y mientras hay vida hay esperanza. Y la esperanza para nosotros los encarnados  solo se extingue con la vida, esta cuando se nos va es que se termina la oportunidad de trabajo en la existencia que nos ocupa. Lo hecho, hecho esta, y hasta nueva oportunidad en el más allá sufriremos o gozaremos el resultado de la existencia que nos ocupa.

 

Un abrazo fraternal, amigos y hermanos y que Dios nos ilumine a todos.

Autor de la Historia, y del trabajo  Merchita.

Miembro fundador del Centro espirita

AMOR FRATERNO

Alcázar de San Juan (Ciudad Real) ESPAÑA

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ANTE EL DOLOR

 Muchos reaccionamos de una manera muy negativa a los sufrimientos.

Creemos en Dios, hablamos de fe, esperanza y gratitud al Padre si nuestra vida transcurre tranquilamente.

Sin embargo, cuando los vientos de los reveses nos atormentan, la revuelta se instala y gritamos: ¿Por qué, Dios? ¿Por qué conmigO?

En estos momentos, nos olvidamos de que Dios es el Padre del Amor y de la Justicia, nos olvidamos del poder de la plegaria, nos olvidamos de tantas cosas…

No obstante, al analizar la vida de algunas criaturas, nos damos cuenta de que sufren mucho más que nosotros y no se muestran rebeldes, ni ingratas.

Recordamos que, unos seis años antes de morir, Francisco de Asís empezó a sufrir de una enfermedad en los ojos, que le causaba fuertes dolores.

La visión parecía cubierta por un velo. Primero, él comenzó a sentir como si los ojos se estuvieran rasgando. Más tarde, las pálpebras hincharon debido a la irritación e infección.

Frotar los ojos solamente ponía peor la situación. La luz lo molestaba. Y su visión se fue poniendo siempre peor.

Se cree que se trataba de una enfermedad que se propagaba en el clima seco y suelo arenoso de Egipto: el tracoma.

Francisco había pasado bastante tiempo en el campamento de los cruzados, en las márgenes fétidas y húmedas del río Nilo. Allí faltaba una higiene adecuada y las enfermedades se propagaban.

En el inicio de la primavera de 1225, uno amigos llevaron a Francisco a un médico que había imaginado un método revolucionario en el tratamiento de las enfermedades de los ojos.

El médico llegó con el instrumento de hierro usado para la cauterización. Encendió el fuego y después colocó el hierro.

Los amigos le explicaron a Francisco lo que iba a hacer el médico: rojos, los hierros se aplicarían para quemar la carne de los dos lados de la cabeza de Francisco, de pómulos a las cejas.

Las venas de las sienes se abrirían y la esperanza era que la infección que causaba la ceguera se drenara.

Mientras los hierros enrojecían, Francisco espantó a todos.

Con una voz débil y, seguramente, ansiosa, dijo:

Mi hermano fuego, eres noble y útil entre todas las criaturas del Altísimo. Sé bondadoso conmigo en este momento.

Durante mucho tiempo te amé. Ruego a nuestro Criador que te hizo para que ablande tu calor, a fin de que pueda soportarlo.

Y con un gesto, bendijo el fuego.

Los amigos, aterrorizados con el procedimiento que se ejecutaría, huyeron y él se quedó solo con el médico.

Los hierros se aplicaron y la quemadura se extendió de las orejas a las cejas. La cabeza quedó cauterizada. Las venas abiertas.

Cuando los compañeros volvieron al salón, el paciente estaba extraordinariamente calmo y no se quejaba.

Todo el procedimiento fue ineficiente pero lo que sobresale es la fe de Francisco, ejemplificando que el verdadero cristiano debe soportar el dolor, con serenidad, atestando su coraje.

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Seguramente aún tenemos mucho que aprender. Pero, mientras los días de bonanza nos abracen, oremos y pidamos a Dios que nos fortalezca para los días de tempestad que podrán advenir, en algún momento.

Pensemos en eso.

Redacción de Momento Espirita del libro Francisco de Asís

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EL HOMBRE QUE MATABA EL TIEMPO

Aquellas respuestas de Anselmo Figueiredo eran inevitables.

Convocado por la fe religiosa, el chaval se desviaba  de cualquier consideración más grave relativamente  para la vida.  Hijo de padres devotos al Espiritismo cristiano, a pesar de la asistencia cariñosa del genitor y de los conmovidos apelos maternos, Anselmo afirmaba siempre no haber tenido la ocasión adecuada.

En su parecer, el pensamiento religioso cuadraba tan solamente  a las personas avanzadas en edad. Entendía que era preciso  no desperdiciar la mocedad, gastar energías, recrearse en el placer y, después, cuando llegase la perspectiva de la muerte del cuerpo, resolvería los problemas de la fe. Consideraba indispensable aprovechar la salud, para atender a caprichos inferiores. ¿No estaba en la Tierra? ¿Qué hacia la mayor parte de los hombres? Atendían a deseos, a través de comidas y bebidas, con los juegos y placeres del tiempo.

De cuando, en cuando el padre le hablaba amoroso:

-Anselmo, ya no eres una criatura frágil. Creo que debes reflexionar maduramente en cuanto a nuestro eterno destino.

-¡Bueno, padre mío! – Replicaba contradicho -, ya viene el señor con las historias de la religión. Tenga paciencia, no le pedí consejos. Cuando tenga su edad, tal vez piense en ello. Este mundo es bastante miserable para que no se aprovechen los días tan cortos de la mocedad.

Y, después del gesto irritante, respondía:

-Es necesario matar el tiempo.

Otras veces, comparecía la generosa madrecita en el concierto:

-Hijo mío, piensa que estamos en la Tierra de paso solamente. Vamos  aprender las lecciones de la fe.  Jesús nos  espera siempre con el perdón para nuestros errores. Anselmo, mi querido hijo,  porque no frecuentas con nosotros  la escuela de iluminación espiritual? ¡Seria esto un gozo tan grande para tu vieja madre!… Encontraríamos juntos  la fuente de las aguas eternas…

El joven esbozaba una sonrisa irónica, explicándose:

-¿Mama, no soy un criminal, ni  un desviado. Creo sinceramente en la existencia de Dios, más que quiere la señora? Soy joven, preciso vivir la única ocasión de alegrías en la Tierra. La señora  y papa estiman los estudios evangélicos, mientras yo doy preferencia a los casinos. ¿Qué hacer?  No tenemos culpa en lo que concierne  a las diferencias de predilecciones. Más allá de eso, como no puede dejar de reconocer, el periodo aprovechable  es muy aburrido. ¡Es necesario matar el tiempo, mama!

La pobre madre suspiraba  y la lucha continuaba.

Bancario, con remuneración excelente. Anselmo disipaba los vencimientos entre el juego y los placeres comprometiéndose, algunas veces, en grandes  préstamos que el genitor era compelido a rescatar con sacrificios. Si faltaba dinero para las extravagancias, flagelaba el corazón  materno con observaciones ingratas. Y, si los  amigos de la casa, en visita a la familia, recordaban al imprudente  la solución de los problemas de la fe, respondía irrefutable:

-¿Qué desean ustedes? Observo sus  esfuerzos, más no estimo  las tendencias religiosas. Admito que semejantes impulsos llegan con la edad avanzada, o con la molestia improvista. En sana consciencia, cosa alguna exige de mí  la manifestación religiosa propiamente dicha. No soy viejo, no soy enfermo. Consecuentemente, mi conducta es otra. El hombre normal  y tranquilo sabe matar el tiempo. Es lo que hago sin perturbar la cabeza.

Después de quedar la reducida asamblea de amigos,  como si  se enfrentase  a las multitudes del mundo, con la mirada dominadora, Anselmo se dirigió irónicamente  para una simpática vecina, exclamando:

-¿Qué me dice la señora, Romualda?  ¿Acaso, no era espirita en virtud de sus viejos cólicos? ¿Había pensado en la religión antes de eso?

La anciana humilde replicaba, bondadosa:

 

-¡Ah! Si, Anselmo, tal vez tengas razón.

 

-Y el señor, “su” Manuel – se dirigió, el mozo, atrevidamente, a un negociante anciano – ¿Habría buscado el Espiritismo, si no lo hubieran aparecido las varices y el reumatismo?

El interpelado, entretanto, que no tenía la paciencia de Romualda, respondió firme:

-Más, amigo mío, por eso hay que  bendecir  las enfermedades.  Sé que usted las está esperando para renovar sus actitudes mentales, formulo votos para que la Providencias Divina lo atienda en breve.

Es rapaz  esbozaba un gesto de desdén y se dio prisa en salir para la calle, murmurando entre los dientes:

-Estoy muy lejos  de tales perturbaciones y, hasta que se presente la ocasión apropiada, matemos el tiempo.

De nada valía las observaciones de los genitores, consejos de los amigos, convites fraternales. A cualquier observación común,  Anselmo respondía con palabras blasfematorias. Si era advertido, mostraba enorme fecundidad para evitar nobles razonamientos, declarándose    en época inoportuna  para cualquier observación de esa naturaleza espiritual. El billar, el piano verde, las aventuras de los deseos menos dignos le ocupaban la mente. Invitado innumerables veces por la bondad divina a trazar directrices superiores, con el  destino sagrado, Anselmo Figueiredo huía a todas las oportunidades de intima iluminación. Prefería a las sombras espesas de la ignorancia  a  cualquier pequeño servicio de autoeducación. Su ficha individual  en la Tierra estaba llena de anotaciones inferiores: ociosidad, libertinaje, negación de actividades útiles.  A cualquier interpelación cariñosa,  salía a relucir el viejo refrán: no había llegado el momento oportuno, estaba muy lejos de la realización espiritual, aceptaba las verdades eternas, sin embargo, se declaraba sin la madurez necesaria para el trabajo de la propia edificación. Y así, el hijo de la pareja Figueiredo llegó a los cuarenta y ocho años, siempre sintiéndose demasiado joven para aproximarse al conocimiento divino. Vivía a la manera de la mariposa distraída, sumamente interesado en matar el tiempo.

 Con todo, la muerte no podía esperar por Anselmo, como los amigos del mundo, y llegó el día  en que el imprevisor no podía abrir los párpados del cuerpo, ingresando en las densas tinieblas, que le parecían infinitas. Percibió  sin  dificultad  que no participaba más  del cuadro terrestre. Se sentía poseído de los ojos, más ahora se le figuraban como dos bombillas muertas. Lloró, pidió, maldijo. No más seres queridos para invitarles  al banquete del amor. No  más  la ternura maternal.  Todavía, cuando el silencio absoluto no le calmaba las dilaceraciones de la mente  ardiente, oía carcajadas irónicas, indagaciones maliciosas y diversos dichos. De nada valían las lágrimas y rogativas. Se asemejaba  a un ciego perdido en una región ignorada, sin familia, sin nadie. Nunca pudo retomar el camino de casa, ansioso por oir ahora la palabra de los padres, la observación de los amigos cariñosos. Pasaron los años, sin que el arrepentimiento pudiese contar el tiempo de amarguras.

Hubo, sin embargo, un día  en el que, después de angustiosa oración,  entre lágrimas , se hizo claridad súbita  en su larga noche. El penitente se arrodillo, deslumbrado. Alguien visitaba su caverna oscura. De repente, en la dulce luz que  se formara a su alrededor, apareció la amada genitora visitándolo, con extremada dulzura.

-¡Madre! ¡Madre mía! – grito el infeliz – ¡socórreme por piedad!…

Anselmo, en llanto, intento alcanzar  la figura luminosa que lo contemplaba entristecida, más en balde. La señora Figueiredo, no obstante  hacerse visible, parecía distante. El desventurado procuró correr para atenderla, ansioso por retirarse de las tinieblas para siempre. La madrecita devotada, con todo, alzó la mano compasiva y habló emocionada:

-Es inútil, por ahora, hijo mío! – <estamos separados por el abismo que  creaste con tus propias manos. Hace más de diez años  e aguardado  ansiosamente este encuentro: ¡más, en qué estado tan lastimables te veo, hijo mío!…

- ¡Querida madre! – Clamo el mendigo de la luz – ¿por qué me olvide del  Señor del Universo? Abandonado de todos, soy un fantasma de dolor, sin auxilio de nadie. ¿Por qué  tan gran sufrimiento? ¿Por qué?

Mientras el desdichado  rompía en sollozos convulsivos, la genitora esclareció, triste:

-Dios nunca te olvidó, fuiste tú el que lo olvidaste  las bendiciones en el camino del mundo. Te preocupaste solo apenas de matar el tiempo y tu tiempo ahora permanece muerto. Trabaja para resucitarlo, procurando  obtener nueva oportunidad de servicio, ante la bondad del Señor. Las luchas del corazón deshacen las tinieblas que  rodean el alma. No olvides el largo camino que aun tienes por recorrer…

Y, ante que Anselmo pudiese formular nuevas interpelaciones, a la luz espiritual se fue poco a poco, volviendo al paisaje de sombras, a fin de que el imprudente del pasado consiguiese encender la luz de la propia alma, con vistas al porvenir.

Por el espíritu hermanos X – Del Libro: Puntos y Cuentos, médium: Francisco Cándido Xavier

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QUIEN AVISA

Se cuenta que un cómico célebre, en pleno espectáculo, recibió en el entreacto un telegrama triste, anunciándole la muerte de su padre. Desatando las lágrimas, volvió a la escena, en suprema consternación, comunicando al auditorio:

―¡Señores míos, acabo de ser informado de que mi padre ha muerto!… Pero en lugar de la compunción de los espectadores, recibió alucinantes aplausos. El público reía gustosamente, creyendo en la continuación de la pieza, pese a que el patetismo se caracterizaba en el rostro angustiado del artista. En aquel instante, su corazón era una fuente de lágrimas, alimentando un río de carcajadas.

¿Dónde estaba la culpa del infeliz?

Hay personas que nacen en la Tierra con el don de llorar para que otros desarrollen la facultad de reír.

A propósito, conozco un hombre que vivió algunos años en el mundo escribiendo anecdotarios venenosos, que muchos lectores consumían ávidos, en el silencio de las salas desiertas. Caballeros respetables y señoras bien compuestas, jóvenes de ambos sexos, se recogían, de cuando en cuando, en oscuros rincones de la casa, cultivando la perfidia sonriente y la ironía maliciosa. Leían con interés, recordaban a personas de sus relaciones, enmarcándolas en los cuadros que la lectura les sugería y, no raramente, cerraban la puerta, a fin de vivir más intensamente las impresiones recogidas.

El pobre autor desempeñaba atribuciones de escriba popular. En las calles, en los cafés, en los quioscos de periódicos, en los círculos de amigos, sorprendía todas las notas picantes, sirviéndolas en salsa de escándalo en la freidora de la gramática para el consumo general. Los feligreses eran numerosos y, por eso no era poco el trabajo de las linotipias.

El comentarista alegre, con todo, si bien hacía reír, como Tribulé el payaso, a fin de ganarse la vida, en lo más hondo de sí mismo deseaba ser como Epaminondas, el tebano ilustre, que murió amando las realizaciones honestas. Y más tarde, al apagar las luces, él, que vendía risas, pasó a exportar sufrimientos. Con la renovación espiritual se modificó su clientela.

Sus páginas ya no figuraban entre las lecturas secretas guardadas bajo siete llaves. Eran, ahora, hojas pálidas de filosofía de la desilusión, de la sombra, del destino y del dolor.

Encontró, en esa fase, amistades más sólidas. Junto a aquellos que recogen las rosas de la existencia humana, innumerables son las filas de los que trabajan entre las espinas, y, si algunos espíritus jóvenes están bailando despreocupados en el festín de la vida carnal, son incontables los corazones que han madurado y velan, suplicantes, en las tinieblas de la noche.

Por ello, quizá, encontró él simpatías nuevas, más claras y más sinceras.

Sumido en ese campo de vibraciones diferentes, pasó al castillo de la muerte, donde, sorprendido, encontró las profundas y maravillosas revelaciones de la vida.

Renovado, feliz, continuó escribiendo para los compañeros de lucha, reavivándoles la esperanza en medio del naufragio de las ilusiones. Como marino experimentado, presintiendo la inesperada seguridad de la playa, lanzaba salvavidas a los hermanos de sueño, que se debatían a distancia, en la furia de las aguas movedizas y traicioneras.

Se mantenía en esa labor, cuando los admiradores de su primera fase de servicio, viejos cultivadores de la malicia humana, gritaron desde lo alto de su superioridad:

— ¿Él? imposible. ¿Cómo hablará del Cielo, aquel que se agarraba frenéticamente a la Tierra?

— ¡Es mentira! ¡Él no tenía fe!

— ¿¡Cómo es eso?! ¿Hay subversión en el orden espiritual? ¿Estará la prédica del bien confiada a los impenitentes de la vida humana?

El pobre comentarista desencarnado empezó a recibir acusaciones y pedradas. Algunos adversarios gratuitos, si pudiesen, lo levantarían de la tumba, para afrentarlo a porrazos.

Surgieron discusiones, persecuciones, roces.

Impresionado y conmovido con las torturas de que el amigo era víctima, acudí a él en persona, no solo para confortarlo, sino para recoger sus íntimas impresiones. No lo encontré, sin embargo, desmelenado, gritando como personaje de ópera, o desesperado.

Se revelaba calmo, sereno, seguro de sí mismo; y, lleno de comprensión hacia las debilidades del prójimo, terminó la charla aclarando con una sonrisa:

— No, amigo mío, no estoy desalentado. Si yo estuviese allá, en el torbellino, quizá hiciese algo peor. Si aún permaneciese en la carne y me enterase de que un hombre, como yo, andaba escribiendo sobre la iluminación eterna del alma después de la muerte del cuerpo, lo admitiría todo, excepto la realidad. Muchos me acusan, gratuitamente, clasificándome como escritor venenoso, pero… ¿qué se le va a hacer?

Tras una larga pausa, mostró mayor lucidez en la mirada comprensiva y concluyó:

— No me preocupo, ahora, por mí, que tengo la felicidad de rescatar el pasado. Como es natural, no obstante, me preocupo por mis antiguos clientes, porque si me conocen tan bien, dan testimonio de que me leyeron con atención. Leyeron y se deleitaron. Y si yo, en lo presente, trabajo para destruir el árbol que planté, ellos que se preparen frente al futuro, por cuanto es probable que casi todos tengan que vomitar los frutos que con tanto gusto han ingerido.

Francisco Cándido Xavier

Por el espíritu

Hermano x

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ESPÍRITU DE LA TIERRA

Por Riviane Damásio

Miguel sentía que aquel día sería diferente. Siempre que los días pasaban sin que llegasen  nuevos mensaje  el se sentía así… En la noche anterior, hizo una linda oración, pidiendo a Dios que Tertuliano se comunicase nuevamente si fuese de  su merecimiento. En aquellos días difíciles, sus palabras eran  bálsamos aplacando la salud desesperadora. Ando deprisa por la calle sinuosa, procurando  protegerse  en la sombra de viejas arboles que se que se enfilaban  en las sencillas calles. Los mensajes eran recibidos por Bernardo, que bondadosamente recibía en la Varanda de la casa sencilla.

Esta vez, Tertuliano fue más didáctico al describir su nuevo mundo.

Daba detalles rellenos de poesía sobre sus impresiones  desde su llegada hasta aquel momento. Los ojos de Miguel se llenaban de lágrimas  mientras Bernardo le transmitía  las palabras pesarosas. Tertuliano conto su miedo a la llegada, de los amigos  que partieron antes de el y le recibieron  y sirvieron de guía para enfrentar  su nueva realidad. Según Tertuliano, el lugar era parecido  con su tierra, más de una manera diferente. Muchas flores bien cuidadas cercaban los jardines  de las casas que no tenían muros  ni  candados. Ni señal de violencia que fuera la causante de su partida inesperada. Hablo también  que el anochecer allá era diferente, que el sol demoraba en irse… Y la comida… ¡Ah! No tenía  todos los especias  con las cuales estaban acostumbrados, más el resultado era divino ¡Según los amigos,  mucho trabajo le esperaba, y las recompensas ciertamente vendrían después  de las arduas tareas  que le aguardaban. Contó también  de las leyes regidas  del lugar, lo que le había sorprendido… Contó aun de los nuevos amigos que vieron en diferentes lugares reunidos por el destino común  que hacían juntos, reuniones de alegría, oraciones y recuerdos de los familiares.

Cuando Tertuliano partió, Miguel temió no tener nunca más noticias del hijo. Infelizmente, desgraciado por la suerte, nunca pudo aprender a leer y a escribir y aquella nota escrita por Tertuliano en una bolsa de palomitas  no tenía sentido alguno  si no fuera por Bernardo – ex – presidiario  que estaba terminando  la enseñanza media  en la escuela donde Miguel hacia 20 años vendía sus palomitas de maíz  religiosamente  en la hora de recreo – que se ofreció  para intermediar  el contacto entre el  y su hijo que se había ido para el extranjero, en busca de una vida mejor, después un asalto  le quito lo único que poseía: Su taxi. Aquel nombre en el papel, según Bernardo, se llamaba email, y funcionaba como un puente donde padre e hijo se podrían comunicar.

Miguel salió de la casa amarilla, cerró la puerta oxidada tras de el sonriendo, pensó en el futuro que le aguardaba  al lado de Tertuliano, según el hijo le prometiera.

Pasó por una plaza, se sentó en un banco, hizo una oración silenciosa y agradeció a Dios por haber colocado a Bernardo en su camino. A su lado un libro olvidado  por alguien estaba abierto en una página que decía lo siguiente:

“573. ¿En qué consiste la misión de los Espíritus encarnados?

-Instruir a los hombres, ayudarlos a avanzar, mejorar sus instituciones s  por medios directos materiales. Más las misiones son más o menos generales e importantes. Aquel que cultiva la tierra cumple una misión, como aquel que gobierna  o aquel que instruye. Todo se encadena  en la Naturaleza; al mismo tiempo que el Espíritu se depura por la encarnación, también concurre por esa forma para el cumplimiento de los designios de la Providencia.  Cada uno tiene su misión en este mundo, porque cada uno puede ser útil en algún sentido”

 

Más Miguel no leyó. Se levanto levemente y siguió su camino, ignorando el libro, desproveído como estaba de la capacidad de leer, más su corazón sintió la fuerza de los Espíritus de la Tierra.

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SOLO SE APRENDE A HACER, HACIENDO

Brando, en el auge de sus seis años de edad, se levanto más temprano  en una mañana del sábado, dispuesto a preparar  una buena sorpresa  para sus padres. Quería hacer panqueques para el café de por la mañana.

Tomó un tazón y una cuchara, subió a una silla, abrió el armario y sacó una lata de harina.

Acabó derramando todo el contenido en el suelo. Recogió un poco de harina y la hecho en el recipiente. Mezclo una taza de leche  y añadió azúcar, mientras dejaba rastros por toda la cocina.

El estaba cubierto de harina y frustrado. Quería preparar una buena sorpresa para su madre y para su padre, más estaba  estragando todo.

Ahora el no sabía lo que hacer, si colocaba  todo en el microondas o en el fuego y ni siquiera sabía cómo hacer funcionar el fuego.

De repente, el vio al gatito lamiendo el palto y lo expulso de la cocina, más acabó tirando un cartón de huevos al suelo.

Frenéticamente intento limpiar aquella monumental lio, más se resbalo con los huevos, manchándose todo su pijama.

Fue en ese momento  que el vio a su padre parado, en la puerta de la cocina, observándolo.

Asustado, Brando  agacho los ojos.  Todo lo que el pretendía hacer era preparar una buena sorpresa. Más lo que consiguió fue causar un terrible lio.

El chaval estaba seguro de recibir una gran bronca,  tal vez incluso un cachete.

Más su padre, atravesando cuidadosamente aquel entorpecimiento, lo tomo en los brazos  y lo acarició, ensuciando también el propio pijama.

 

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Así  también acontece  con nosotros y con Dios, nuestro Padre Mayor.

En el intento de acertar, muchas veces acabamos haciendo una tremenda confusión, un lio, y quedamos sin saber lo que hacer.

Seguros de que recibiremos un tremendo castigo, somos sorprendidos con una nueva  oportunidad para intentarlo de nuevo, una nueva mañana  para ejercitar otra vez, una nueva existencia para hacer bien hecho.

Dios que es la inteligencia  suprema del universo, un padre amoroso y justo, sabe que solo se aprende a  hacer, haciendo.

Es por esa razón que nos ofrece tantas  oportunidades como sean necesarias para que el aprendizaje se efectué, tanto en el aspecto intelectual como en el moral.

 

Es así que volvemos innumerables veces al palco terreno, a través de la reencarnación, para perfeccionar nuestro espíritu y escalar nuevos peldaños en la escala evolutiva.

Y es así que vamos aprendiendo a lidiar con nuestras virtudes y vicios, ampliando las primeras y transformando  los segundos, hasta conseguir la perfección, relativa que cabe a todos los hijos de Dios.

¿Usted sabe que el espíritu no consigue aprender todo en una única existencia?

Por eso es que precisamos renacer varias veces en la tierra hasta que consigamos conocer y vivir todas las lecciones que esta escuela nos puede ofrecer.

Conforme enseñó Jesús, el Maestro de los Maestros, para entrar en el reino de los cielos es preciso nacer de nuevo tantas veces como sean necesarias, hasta que podamos hacer brillar nuestra luz.

Hasta que consigamos superar esa etapa llamada  humanidad  y alcanzar la condición de espíritu Puro, a imagen y semejanza de Dios, nuestro creador, que es la luz por excelencia.

Redacción de Momento Espirita

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CASO DE REENCARNACIÓN EN LA IGLESIA CATÓLICA

SAN DOMINGO DE SALES

En el siglo XV en que vivió en España y reencarnó como un esclavo en Brasil. – Crónica: Amarguras de un Santo – Mensaje psicografiado por el Médium Francisco Cándido Xavier del Espíritu Humberto de Campos en el Capítulo I del Libro Reportajes del Más Allá de la Tumba, edición de la FEB-Brasil. He ahí la síntesis:

Nos cuenta Humberto de Campos que oyó el informe de un sacerdote católico (en el plano espiritual), sobre la vida también del padre Domingo González, que fue un sacerdote insinuante, dotado de una poderosa y agudizada inteligencia. Su carrera sacerdotal de acuerdo a su carácter flexible, fue un gran corredor para las posiciones más importantes y elevadas. Dominaba a todos los compañeros por el poder de su palabra cálida y persuasiva,  cautivaba la atención de sus superiores por la humildad exterior de que daba testimonio, aunque su vida íntima estuviese llena de penosos deslices.

      La verdad es que, allá a finales del siglo XV, era él el Inquisidor-General de Aragón, con el nombre de Pedro De Arbués. Dado su carácter arbitrario y método utilizado en el elevado cargo que le fue conferido el 16/09/1485, los israelitas lo asesinaron en la catedral de Zaragoza, en el momento de unas sagradas celebraciones.

De quien se hizo la biografía despertó en el Más Allá de la Tumba, con sus llagas dolorosas, dentro de terribles realidades que le guardaban el Espíritu imprudente, pero, los eclesiásticos estaban de acuerdo en darle un lugar de destaque en los lugares humanos y vencieron la causa.

En breve tiempo, la memoria de Domingo se transformaba en el culto de un santo. Pero, ahí se agravaron en el plano invisible, los tormentos de aquella alma desventurada. Avergonzado y oprimido, el ex sacerdote influyente en el mundo se sentía cual mendigo hambriento y cubierto de pústulas.

Nosotros, sin embargo, sabemos que los recuerdos pesados en el planeta son como fuerzas invencibles que nos prenden a la superficie de la Tierra, y el infeliz compañero fue obligado a comparecer, aunque invisible a los ojos de los mortales, a todas las ceremonias religiosas que se daban en la institución de su culto.

Domingo González asombrado con las acusaciones de la propia conciencia, asistió a todas las solemnidades de su canonización, sintiéndose el más desgraciado de los seres. Las pompas del acontecimiento eran como espadas intangibles que le atravesasen, de lado a lado, el corazón vencido y sufridor. Los cánticos de glorificación terrena resonaban en lo íntimo como espasmos de la sombra y de la amargura.

Y, desde esa hora, se le intensificaron los padecimientos.

Su angustia se agravó, primeramente, en virtud de la nueva posición del círculo familiar. Los que le eran afines por la sangre entendieron que nunca más debían el tributo común del trabajo y realización al mundo. Como parientes de un santo, no quisieron trabajar más.

 

Y esa actitud se extendió a sus más antiguos compañeros de la comunidad. Los pocos valores del gremio religioso al que perteneció, desaparecieron. Sus colegas de esfuerzo se estacionaron voluntariamente en la pereza criminal y en el hábito de los homenajes sucesivos. El grupo había producido un santo: debía ser bastante para la garantía de una posición definitiva en el Cielo. El Espíritu infeliz contemplaba semejante situación, bañado en lágrimas expiatorias. Y su martirio continuó.

Sabemos que un apelo de la Tierra es recibido en nuestro medio, tan pronto sea expedido por un corazón que se debata en las luchas redentoras del mundo. Si el servicio postal del orbe puede estar sujeto a los errores de administración, o a la mala voluntad de un cartero, desviando de su destino un mensaje, en el plano espiritual no se da semejantes perturbaciones. La solicitud justa o injusta de los hombres viene hasta nosotros por los hilos del pensamiento, en la divina claridad del magnetismo universal. Y Domingo comenzó a recibir los pedidos más imprudentes de sus numerosos devotos.

El alma desventurada quedó absolutamente presa a la Tierra y, de instante a instante era obligada a atender a los apelos más extravagantes y más absurdos.

Si un criminal deseaba huir a la acción de la justicia en el mundo se valía de Domingo, invocándole la memoria, entre recelos y ruegos. Las madres sin juicio, que no pensaban en la educación de los hijos, los pequeñitos, le rogaban de rodillas la corrección tardía de esos hijos extraviados en malos caminos.

Los bellacos le hacían promesas, a fin de realizar un buen negocio. Las muchachas casaderas le imploraban la alianza del novio rebelde y desviado. Los sacerdotes le pedían la atención de los superiores. Y, finalmente, todos los sufridores sin conciencia le suplicaban el alejamiento de la cruz de pruebas que les era indispensable.

Reprobado al mundo, Domingo, durante más de un siglo, deambuló por las casas de los devotos, por los caminos desiertos, por los círculos de negocios, por los antros de los bandidos. Su aspecto producía pena.

Fue cuando dirigió a Jesús la suplica más fervorosa de su vida espiritual, implorando que le permitiese volver a la Tierra. A fin de esconder en el olvido de la carne sus enormes desdichas. Quería huir del plano invisible, detestaba el título de santo, aborrecía todos los homenajes, lo atormentaba el altar del mundo. Sus lágrimas eran amargas y conmovedoras, y el Señor, como siempre, no le faltó con la bondad infinita.

Así como un grupo de amigos influyentes procura una colocación para el hombre desempleado y afligido en el mundo, algunos compañeros dedicados vinieron a ofrecer al pobre Espíritu sufridor una reencarnación como esclavo en Brasil.

Domingo González quedó radiante. Lloró de júbilo, de agradecimiento a Jesús y, en poco tiempo, tomaba la vestimenta oscura de los cautivos, sintiéndose dichoso y confortado, lleno de alegría y reconocimiento.

Humberto de Campos – El Espíritu autor de este mensaje preguntó al Sacerdote que abordaba esta información sobre la situación de Domingo González, en el mundo espiritual. – ¿Y el santo esta hoy en los planos más elevados de la Espiritualidad? Sería extremadamente curiosa la palabra directa de su desilusión y de su experiencia valiosa…No, aun, no – replicó el narrador, con aire discreto – Domingo ha vivido sucesivamente en Brasil y, aun hoy, continúa, ahí, esforzándose por su redención espiritual, guardando indistintamente el más terrible recelo de llegar a las esferas invisibles con el titulo de santidad.

Pero, las obligaciones comunes dispersaron al grupo en charla, y dentro de poco tiempo, estaba yo nuevamente solo, con mi trabajo y con mi meditación. Y en ese día, impresionado con la historia de aquella amarga experiencia, no pude quitar de la imaginación a aquel santo que cambió los inciensos del altar por la atmósfera nauseabunda de una aldea de cautiverio. Humberto de Campos.” (Ya imaginaran amigos, solamente este Papa Juan Pablo II, canonizó a casi 500 nuevos santos y 2000 beatos. Benedicto XVI, va a comenzar la fiesta CANONIZANDO EN EL BRASIL. Preguntamos: “¡¿Cuál es la situación de ellos en el plano espiritual?!”

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DAR GRACIAS POR TODO

El apóstol Pablo, con su lucidez inconfundible, recomendó que debamos dar gracias a Dios por todo lo que nos sucede, tanto por las cosas buenas como por las que nos parecen desagradables

Quizás sea por ese motivo que un cierto hombre actuaba siempre de esa manera. Agradecía por todo, y tenía la seguridad que Dios siempre lo protegería.

Un día salió para hacer un viaje en avión. Durante el viaje, cuando volaban sobre  el mar uno de los motores falló y el piloto tuvo que efectuar un aterrizaje forzoso en el océano.

Casi todos murieron, pero el hombre consiguió agarrarse a algo que lo conservase en la superficie del agua.

Estuvo a la deriva durante mucho tiempo hasta que llegó a una isla deshabitada. Al llegar a la playa, cansado, pero vivo, agradeció a Dios por haberle librado de la muerte.

En aquel lugar desierto consiguió alimentarse con pescados y hierbas. Derribó algunos árboles  y con mucho esfuerzo construyó una choza. No era exactamente una casa, sino un abrigo tosco, con ramas y hojas, que significaba protección.

Se quedó muy contento y una vez más agradeció a Dios, porque ahora podía dormir sin miedo de los animales salvajes que quizás existieran en la isla.

Un buen día, decidió pescar y cuando terminó, había pescado mucho. Entonces, con comida en abundancia y muy satisfecho con el resultado de la pesca, una vez más agradeció al Creador.

Sin embargo, cuando volvía hacia su humilde choza, su decepción fue enorme, al ver que su vivienda estaba incendiándose.

Se sentó en una piedra llorando y decía sollozando:

“¡Dios! ¿Cómo has podido dejar que esto sucediera conmigo?  Tú sabes que yo necesito mucho de esta choza para cobijarme, y has dejado que se convierta en cenizas.

Dios ¿Tú no te compadeces de mí?”

En ese mismo instante una mano se apoyó sobre su hombro y escuchó una voz que le decía:

“¿Vamos muchacho?”

Dio media vuelta para ver quien le estaba hablando, y tuvo una sorpresa mayúscula cuando vio delante de él un marinero uniformado que le decía:

“Vamos rápido muchacho, vinimos a buscarte”

“Pero…, ¿cómo es posible? ¿Cómo supieron que yo estaba aquí?”, dijo el hombre con sorpresa.

“Bueno amigo, dijo el marinero, vimos tus señales de humo pidiendo socorro. El capitán ordenó que el barco parase y  mandó que te viniera a buscar en ese bote que está allí.”

Los dos entraron en el bote y así el hombre fue para el barco que lo llevaría sano y salvo de regreso a sus seres queridos.

Ya en seguridad, el hombre agradeció una vez más a Dios y le pidió perdón por la falta de confianza en su providencia y misericordia. 

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“Ante cualquier dificultad recuerda el poder de la oración y ruega inspiración al Cielo, realizando siempre lo mejor para que lo mejor se haga en ti y a través de ti, sin que te olvides que todo apelo encuentra respuesta, según lo que merezca el que pide y la forma cómo lo pide.”

 

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EL CASO DEL RICO

 

Se cuenta que el Rico de la Parábola, se desilusionó en cuanto a los propósitos de volver a la Tierra, con el fin de anunciar la verdad a los parientes, atormentado por la sed descendió a las regiones más bajas del purgatorio, forradas de fuego devorador.

De algún modo, se había resignado con los tormentos  que le asediaban el corazón, porque había hecho para merecerlo, bien lo reconocía. Robo a viudas indigentes, persiguió   a huérfanos desprotegidos y provoco el fracaso de hombres honestos; faltos a los principios hogareños de la caridad, practico la usura y subordino conciencias frágiles. Siempre decidido a valerse de la fascinación  del oro, se aprovecho de mucha gente  invigilantes e inclinada al mal, para el servicio de la ambición que le era propia. Recelando el futuro, almacenos considerables haberes para los hijos; los rodeó de ventajas  y facilidades económicas, a costa del angustiado  sudor de los humildes, convertidos por el  en sufridores esclavos. En suma, fue cruel y hacia  justicia  a la punición. Entre tanto, no se conformaba  con la imposibilidad  de entrevistarse con la familia. ¿Por qué no volver a la Tierra para renovar  la concepción de la mujer y de los hijos? La compañera siempre fue fiel a sus recomendaciones. Si pudiese hablarle,  corregiría todo a tiempo. Todavía el Padre Abrahán no le proporcionó ninguna esperanza.

Reflexionaba, amargado, consigo mismo,  cuando surgió alguien  en el seno de las sombras. Al principio, no reconoció al recién llegado, más, después de un abrazo, el visitante exclamo:

-¿No se acuerda?

Preguntó emocionalmente.  Ahora se acordaba. Aquel era Benjamín, hijo de Habacuc, que lo precediera en el túmulo. Lo espantaba la sorpresa del reencuentro. Benjamín, tanto como el mismo, fue usuario, de un corazón frio y duro. El manto roto denunciaba la penosa situación y la ceniza que cubría sus manos, el rostro y los cabellos, daban la idea de que el mísero emergía de debajo de una carretera.                                                           

Terminados los momentos del saludo, el Rico  le explico su caso personal. Se conformaba con el purgatorio tenebroso,  en el reconocimiento de sus culpas, con todo se desesperaba por la imposibilidad de volver a casa, para  relacionar la verdad de los hechos.

El otro, sin embargo, lo hoyó pacientemente, y aseguro:

-No vale la pena preocuparse. Yo volví y nada conseguí.

-¿Volvió? – pregunto el nuevo condenado, dejando aparecer, en la voz, un rayo de esperanza.

-Si

-¿Y llego a visitar su casa,  a su mujer, a sus hijos, a sus siervos, sus propiedades, sus tierra, sus  jumentos, sus camellos, sus bueis?

 -Si                                                                  

-¿Visito el templo?

-Si

-Lo visite

-¿Volvió a cruzas los campos?

- Torne

El Rico llegó a olvidar las aflicciones del momento, y, contemplando al interlocutor, admirado, prosiguió:

-¿Y los familiares, lo reconocieron?

El interpelado quedo en silencio. Algunas lágrimas le humedecieron los ojos sombríos.

Instado por el amigo, informo, con decepción:

-Visite a la familia, me detuve en las propiedades que juzgue me pertenecían, rendí homenaje  a los tesoros de nuestra raza, más nadie me reconoció. Transcurridos algunos días sobre la muerte de mi cuerpo, se desarmonizaron mis hijos por cuestiones de la herencia que les deje.   Ruben amputo el brazo de Eliazar en una escena de sangre, Esaú maldijo a los hermanos y se entregó al vino por la falta de trabajo y Simeón enloqueció en el vicio. Mi esposa, no obstante a la edad, se apasionó por un rico mercader de tapetes que se adueño de nuestro dinero  y de las preciosidades domesticas que eran más caras, conduciéndola  para Eades. Mis tierras  de Gaza fueron  vendidas a cualquier precio a libertos romanos, mis camellos  fueron entregados, a cambio  de reducidas monedas, a bellacos negociantes del desierto, mis bueis  fueron muertos, mis jumentos dispersos. Alguno de mis siervos huyeron espantados, mientras que otros fueron vendidos para Chipre. Mis propiedades rurales  se hundieron en la selva, cayendo en el abandono y entregadas a criadores de caballos y puercos

Mostro el Rico una cara de angustia y pregunto:

-¿Más la mujer y los hijos no lo rconocieron?

-Los visite por la noche, para conversas a solas, no en tanto me expulsaron en desesperación, insistiendo para que yo descendiese para siempre a los infiernos. En vano procure insinuarme entre ellos. No creyeron en mi presencia y se hicieron sordos a mis palabras.

-Desilusionado el rico pregunto:

-¿No hizo reclamaciones aquí? ¿No rogo el socorro del Padre Abrahán?

Se volvió el compañero, explicando gravemente:

-Pedi amparo a los mensajeros de Jehová, entretanto, en nombre de Él, nuestro Eterno Señor, me esclarecieron  que la obra era mía, que nunca fui verdaderamente esposo de mi mujer  y padre de mis hijos ni amigo de los cooperadores y de los animales que me servían diariamente. Jamás auxiliara a los míos  en la adquisición de los valores positivos del espíritu inmortal y ni creara en las propiedades de que fui mayordomo infiel el ambiente de amor y armonía, calma y confianza que Jehová, en vano, esperó de mí. Me apegue simplemente a la usura, al egoísmo, a la admiración y culto de mi mismo, dilatando  la vanidad de mi dominación indebida.

Y concluyo, con tristeza:

-Por eso, merecí la ironía de la suerte y la incomprensión de los míos.

El Rico, oyó, medito, consultó las propias reminiscencias e, irguiendo los brazos para lo alto, exclamo:

-¡Gloria al Padre Abrahán que no permitió mi regreso a la Tierra y me dio la sed angustiosa y el fuego consumidor  para que sanara las heridas de mi alma!

Y resignado, se deleito en la ceniza caliente del purgatorio, esperando el futuro.

Por el Espíritu Hermano X – Del Libro: Lázaro Redivivo, Médium: Francisco Cándido Xavier 

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INFORTUNIO MATERNO

En el plano espiritual, en un Hospital de la Espiritualidad, una pobre criatura  extendió su mirada suplicante y rogó:

¿Puedo escribir una carta para la tierra?

El mensajero que la atendía, respondió:

-Cuando me lo permiten, puedo hacerlo, respondió entre pesaroso y asombrado.

La fisonomía cadavérica exhibía recuerdos de la muerte. La cara inundada de llanto tenía señales de angustia y las manos esqueléticas y semi cerradas, daban la idea de unas garras en forma de conchas.

Dante no conseguiría traer del infierno una imagen más desolada de su sufrimiento y terror.

_¡Escriba, escriba! _ repetía llorando.

_ ¿Pero escribir a quien?

_ A las mujeres…_ clamó la infeliz. _ Ruégueles que no huyan de la maternidad noble y digna… pido que no hagan del casamiento una estación de egoísmo y ociosidad.

Y la infeliz nos contó con lágrimas.

_ Estuve en la tierra, durante casi medio siglo… Tomé cuerpo entre los hombres, después de entenderme con un amigo dilecto que siguió antes de mí, en el rumbo de la arena carnal, donde me recibió en sus brazos de esposo dedicado y fiel. Con el consentimiento de los instructores, por cuya bondad obtuvimos el retorno a la escuela física, nos comprometimos a recoger a ocho hijitos, ocho corazones de nuestro propio pasado espiritual, que por nuestra culpa directa o indirecta yacían en las cavernas de la crueldad y de la indisciplina… Nos correspondía acogerlos cariñosamente, renovándoles el espíritu, con un hálito de nuestro amor…

Les soportaríamos las fallas del renacimiento, corrigiéndolas poco a poco, al precio ejemplos de bondad y renuncia… nosotros mismos solicitamos semejante servicio…Suplicamos la prueba, para alcanzar más altos niveles de evolución… con el sacrificio personal, sabríamos morir gradualmente, para que los asociados de nuestros errores ante la Ley Divina recuperasen la noción de la dignidad.

La triste narradora hizo una pausa, y siguió narrando:

_ me case con Claudio, el amigo al que me reporte, y fui madre de un niño, cuyo nacimiento no pude evitar…

Paulo, nuestro primogénito, era una perla tierna en nuestras manos…despertó en mi ser, conmociones que el verbo humano no consigue reproducir…aún así, acobardada delante de la lucha, deteste l maternidad, asilándome en el placer, de nada valieron las advertencias del esposo, transmitiéndome los avisos y ruegos de la Vida Superior… Claudio era obligado a gastar gruesas sumas para satisfacer mis caprichos de la moda… Pero la frivolidad social no era mi crimen… En las reuniones mundanas aparentemente vacías puede el alma aprender mucho cuando resuelve servir al bien… Endurecida, con todo, en la pereza, como flor inútil que vive en el lujo dorado, por doce veces practique el aborto confeso…

Sorda a los dictámenes de la conciencia que me ordenaba el apostolado maternal, expulse de mi los antiguos lazos que en otro tiempo hacían complot conmigo en la delincuencia, asesinando las horas de trabajo que el Señor me había señalado en el campo femenino… Y después de veinte años de obstinación  delictuosa, ante el auxilio constante que me era conferido por el Amparo Celestial, nuestros Benefactores permitieron, para mi edificación, fuera yo entregada a los resultados de mi propia escogencia…

 

Magnéticamente enlazada a aquellos que la Divina Bondad me restituiría por hijos del corazón y a los cuales negué guarida en mi ternura, fui obligada a tolerar sus asaltos invisibles, una vez que, seis de ellos, extremadamente rebelados contra mi ingratitud, se convirtieron en perseguidores de mi felicidad domestica…

 

Fatigado por mis exigencias, mi esposo se refugió en el vicio, terminando su existencia en un suicidio espectacular… mi hijo, joven aún, bajo la presión de los perseguidores ocultos que formé para nuestra casa, cayó en las sombras de la alineación mental, desencarnando en un tormento indescriptible en un desastre de la vía pública, y yo… pobre de mí, abordando la madurez, conocí la dolorosa tumoración de mis entrañas…

 

La veste carnal, como si estuviera horrorizada de mi presencia, me expulso hacia los dominios de la muerte, donde me arrastré  por largo tiempo, con todos, mis débitos terriblemente agravados, bajo la flagelación y la ofensa de aquellos a quienes podía haber renovado con el bálsamo de mi leche y con la bendición de mi dolor…

 

La desdichada enferma enjugó las lágrimas con que nos despertaba hacia una violenta emoción, y termino:

 

_ ¡Hable de mi experiencia a nuestras hermanas casadas y robustas que disponen de salud para el dulce y santo sacrificio de ser madres! Ayúdelas a pensar… Que no transformen el matrimonio en una estufa de flores embriagantes e improductivas, cuyo perfume envenenado les abreviara el paso en dirección de las tinieblas…¡ Escriba! … Dígales algo del martirio que espera, más allá  de la muerte, a cuantos quisieran engañar a la vida y matar las horas.

 

La mísera enferma, sostenida por brazos amigos, fue conducida a una vasta cámara de reposo, impresionados con tamaño infortunio, intentamos cumplir su deseo y transmitir su palabra; con todo, a pesar del respeto que consagramos a la mujer de nuestro tiempo, creemos que nuestro éxito seria más seguro, si caminásemos hacia un cementerio y soplásemos el mensaje dentro de cada sepulcro.

 

Ayudemos a nuestro hogar, dando apoyo a la educación de nuestros hijos, cuando sea necesario, comprendiendo que la Mano de la Providencia actúa sobre la lid humana, bendigamos a Dios por poder estar en paz con nuestras conciencias, a si como con nuestros hijos, haciendo lo mejor a nuestro alcance para no repetir errores  anteriores, lo que representaría nuestra nueva sumersión en las sombras del ayer.

Pongámonos de pie ante la tristeza perenne de la caída, y veamos el Sol de  nuevo, siguiendo para la conquista de la esperada redención, en la lúcida valorización de nuestro grupo familiar.

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¿TODAVÍA HABLA DIOS CON LAS PERSONAS?

Un joven espiritualista fue para un estudio de la Biblia en la residencia de un matrimonio amigo.

Era un jueves por la noche. El matrimonio dividió el estudio entre oír a Dios y obedecer la palabra del Señor. El joven no podía dejar de querer saber si “Dios todavía hablaba con las personas”.

Después del estudio, salió hacia un café con los amigos que estaban en la reunión familiar y discutieron un poco más sobre el mensaje la noche. De formas diversas ellos hablaron de como Dios había conducido sus vidas de maneras diferentes 

Era aproximadamente las 22 horas cuando el joven se despidió de los amigos y comenzó a dirigirse hacia la casa. Sentado en su auto, el comenzó a pedir:

- ¡Dios!..  Si todavía hablas con las personas, habla conmigo.

Yo te escucharé. Haré todo para obedecerte.

Mientras se dirigía por la calle principal de la ciudad, tuvo un pensamiento muy extraño, como si una voz le hablase dentro de su cabeza: “Para y compra un galón de leche.”

El balanceó la cabeza y dijo en voz alta:

- ¿Dios , eres tú Señor?. No obtuvo respuesta y continuó dirigiéndose hacia la casa.

Pero, nuevamente, surgió el mismo pensamiento: “Compra un galón de leche”.

El joven pensó en Samuel y como Él no reconoció la voz de Dios, y como Samuel corrió hacia Él.

- ¡Muy bien, Dios!. En el caso de que seas el Señor, yo compraré la leche. No parece ser un Tes. de obediencia muy difícil. Dios podría también usar la leche.

El joven paró, compró la leche y reinició el camino a su casa.

Cuando pasaba por la séptima calle, nuevamente sintió un pedido “Vira en aquella calle”.

Eso es locura, pensó y, pasó de largo…. Nuevamente sintió que debería haber virado en la séptima calle. En la esquina siguiente, viró y se dirigió hacia la séptima calle.

Medio alterado, habló alto:

- Muy bien, Dios. Lo haré.

Pasó por algunas cuadras cuando de repente sintió que debía parar. Se detuvo, miró a su alrededor. Era un área mixta de comercio y residencia. No era la mejor área, pero tampoco era la peor de la vecindad 

Los establecimientos estaban cerrados y la mayoría de las casas estaban a oscuras, como si las personas ya se hubiesen ido a dormir, excepto una del otro lado que esta iluminada.

Nuevamente, sintió algo.

“Ve y da la leche par las personas que están en aquella casa del otro lado de la calle.” El joven miró la casa.

Comenzó a dirigirse hacia la puerta, pero dudando, volvió a aminorar la marcha.

- Señor, eso es locura !.

Cómo puedo ir hacia una casa extraña en medio de la noche?.

Pero una vez más, sintió que debería ir y dar la leche.

Se dirigió hacia allí y finalmente, abrió la puerta del auto.

- Muy Bien, Dios, si eres el Señor, yo iré y entregaré la leche a aquellas personas.

Si el Señor quiere que yo parezca una persona loca, muy bien. Yo quiero ser obediente. Pienso que esto debe ser por alguna cosa…, sin embargo, si no respondieran inmediatamente, yo me iré de aquí

Atravesó la calle y tocó la campanilla. Pudo oír un barullo que venía de adentro, parecido al lloro de una crianza. La voz de un hombre sonó alto:

- ¿Quien está allí? y Qué es lo que quiere 

La puerta se abrió antes que el joven pudiese huir. En pie, estaba un hombre vestido de jeans y camiseta. Tenía un mirar extraño y no parecía feliz de ver un desconocido en la puerta de su casa.

- ¿Qué es?.

El joven le entregó el galón de leche, y le dijo.

- Compré esto para ustedes.

El hombre tomó la leche y corrió hacia dentro hablando alto. Después, una mujer pasó por el corredor cargando la leche y fue hacia la cocina. El hombre aseguraba en los brazos una criatura que lloraba. Comenzó a contar alborozado, mientras las lágrimas le corrían por la cara.

- Nosotros oramos. Teníamos muchas cuentas para pagar este mes y nuestro dinero se había acabado. No teníamos más leche para nuestro bebé.

Apenas recé y pedí a Dios que me mostrase una manera de conseguir leche.

Su esposa gritó desde la cocina: “Pedí a Dios mandar un ángel con un poco….”

- ¿Usted es un ángel ?.

El joven tomó su cartera y puso todo el dinero que había en ella y en las manos del hombre.

Volvió a su auto, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas.

Acababa de experimentar que Dios todavía respondía a los pedidos justos y verdaderos.

Como vemos  en este ejemplo la fe lo puede todo. Como hombres de Fe que somos todos lo que seguimos a Cristo, procuremos siempre estar  atentos para que a la hora de demostrar nuestro patrimonio espiritual, no hagamos oídos sordos apagando las luces para que  no se nos vea. Demostremos en todo momento que somos servidores de Cristo y  que intentamos hacer llegar su Luz a todas partes donde ella pueda fructificar y nos facilite la posibilidad de crecer en el ámbito espiritual. 

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Agresiones y asedios negativos

El caso Petitinga

 

Muchas veces en los Centros espiritas nos preguntamos porque surgen agresiones y asedios negativos.

¿Por qué ocurren?

¿Los protectores espirituales no están protegiendo el Centro Espirita?

¿Será porque el Centro espirita no funciona bien?

Pese a todas las providencias de la Espiritualidad Superior,  a veces ocurren situaciones difíciles e improvistas, provenientes  de asedios de entidades en desequilibrio, para atacar a  los encarnados, pudiendo llegar a ser agresiones de variada naturaleza, no sucede lo mismo en el plano espiritual los mentores y equipos espirituales están siempre proveyendo y sabiendo. Esto se da algunas veces  para probar  las reacciones  de aquellos que están en las tareas directivas y demás trabajadores del plano físico.

Primeramente  es preciso esclarecer que tales hechos, muchas veces, resultan del propio trabajo de desobsesión, por ejemplo, el que está siendo realizado por el equipo mediúmnico de la Casa  y los mentores permiten,  pues son parte del proceso; seria, como se dice popularmente, “gajes del oficio”… Por otro lado, los testimonios son necesarios para que cada uno de los que están en esas tareas de sembradores  y de trabajadores pueda evidenciar la fe, la confianza la certeza de que el trabajo es de Jesús,  manteniendo el buen ánimo y la perseverancia, conscientes  de que el amparo de lo Alto nunca falta.

Y para observar un caso, estudiemos el de Petitinga:

Tenemos el gusto de relatar a continuación, resumidamente, el episodio narrado por Manuel Filomeno de Miranda, que tuvo como protagonista  el querido dirigente  espirita de Bahía, José Petitinga, conforme está  en el libro En Los Bastidores de la Obsesión.

El hecho aconteció en una mañana del domingo, cuando era la reunión pública de exposición doctrinaria  en la Unión Espirita Bahiana.

El expositor era Petitinga, que comentaba sobre el Cap. X, de El Evangelio Según el Espiritismo, “Instrucciones  de los Espíritus”, el mensaje de Simeón, dictado en Burdeos, en 1862, titulado El Perdón de las Ofensas. Su palabra armoniosa  conmovía  a los presentes que lo oían entusiasmados. En cierto momento, cuando el orador hizo pequeña pausa, se adentró en la sala un hombre, perteneciente a respetable familia  del local, aunque, portador  de obsesión, se dirigió ruidoso es intempestivamente a la tribuna, con la fisonomía congestionada y grito para Petitinga:

-¡Hipócrita!   ¿A quién predicas?  Como te atreves  a hablar de la verdad y enseñar pureza, un imperfecto como tú, poseyendo largas fases de desequilibrio intimo, que ocultas  a los que te escuchan?  ¿Dijo!

Hubo un gran constreñimiento entre los presentes y un silencio tumulario se  extendió sobre el auditorio. Más Petitinga, aunque había empalidecido, se mantuvo calmo y mirando al agresor respondió, humilde:

-Tiene toda la razón y yo lo reconozco. El tema en estudio hoy, que el querido hermano no oyó,  se refiere exactamente al “Perdón de las ofensas”…

Más el hombre  no lo dejó de terminar y replico:

No te evadas cobardemente. (…) Me refiero a las condiciones morales  de las que se deben revestir los que enseñan lo que llamas la verdad, y que te faltan… Te desafío  a que abandones la tribuna religiosa o abandones la vida que llevas…

El público estaba paralizado ante la inusitada escena. La entidad enferma deseaba sembrar la sospecha “en cuanto a la conducta sin mancha, transparente y noble del evangelizador, y lo desafiaba a un duelo verbal negativo y pernicioso”.

Manteniéndose sereno, Petitinga humildemente, llamando a la entidad que se manifestaba a través de aquel hombre, de “amigo espiritual”  y dándole la razón en lo que lo acusaba, declaró a los presentes:

(…) El Maestro nos enseñó que nos confesásemos unos con los otros, practica esa vigente entre los primeros cristianos  y que el tiempo desvaneció y tergiversó dolorosamente. Nunca me atreví, nunca experimente coraje para decir a los  compañeros sobre mis propias dificultades. Ahora sirviéndome del auxilio del hermano que me faculta la oportunidad, les hablo de la lucha  intensa que trabo en el alma para servir mejor al Señor, intentando, cada día, mejorarme interiormente, lapidando gruesas aristas  y duras inclinaciones negativas de mi personalidad enferma. Después de haber conocido a Jesús, mi alma lucha denodadamente contra el pasado sombrío, no siempre logrando el éxito en la tremenda batalla  de superación de los viejos padrones de ociosidad  y crimen en que viví, en la inmensa noche de los tiempos. ¡Sin embargo, abandonar, el arado, porque tengo las manos impropias, cuando la hierba mala   hace estragos y escasean los obreros, no lo haré nunca!

Prefiero la condición de enfermo ayudando a enfermos,  a ser ocioso buscando la salud para poder ayudar con eficiencia, mientras se desgastan  cuerpos y almas  al relente de la indiferencia  de muchos, que mis manos callosas pueden socorrer. Miseria socorriendo a miserias mayores, a la posición falsa de aquel que recibió el talento y lo sepulto, conforme nos habla la parábola del señor. Aunque imperfecto, dejo lucir mi alma cuando contemplo la Gran Luz;  considerándome inmundo, me aromatizo  con el leve roció del perfume de la fe; espíritu infeliz, más no infelicitador bañándome en el agua lustral  de la esperanza cristiana… ¡Perdóname, Señor, en la imperfección en la que me demoro y ayúdame  en la redención que persigo…

Con el rostro bañado en lágrimas, Petitinga  se calló. El auditorio emocionado, en peso, lloraba, envuelto por las vibraciones superiores que se derramaban sobre todos.

Inesperadamente, la entidad, en medio del suelo y presa de la misma emoción, hablo:

-¡Perdóname tu! ¡Tu humildad venció mi braveza, buen amigo! ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Blasfemo! ¡El odio gratuito me cegó!¡Perdóneme, buen doctor, y ayúdame con tu humildad a encontrarme a mí mismo. Soy un infeliz.  Todo es mentira, mendicidad desgraciada, que me amarga en los labios. Ayúdeme buen doctor, en mi desgracia…

Petitinga descendió los escalones  de la tribuna, aproximándose al sufridor. Ablándale bondadosamente, le apoyo, y le invito a sentarse. Y levantando la voz, rogo: Oremos todos a Jesús, por nuestro hermano sufridor, por todos nosotros, sufridores”.

Comentando el hecho, Miranda afirma  que raras veces presenciará escena más conmovedora. “era como si el Mundo excelso bajase a la Tierra y los hombres pudiesen transitar rumbo a aquel mundo donde reside la felicidad…”

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LA PRINCESA DE FLORIPITÍN

En el país de Floripitín tenían una princesa bellísima de la que todos estaban orgullosos. Cientos de retratos con su bello rostro adornaban las calles. Si hacía buen tiempo decían:

- La luz de la princesa ilumina el día.

Y si llovía:

- Ni siquiera la luz de la princesa nos ha librado de este tiempo.

Una vez al año cada uno de los 365 habitantes de Floripitín se ponía al servicio de la princesa durante todo un día, para evitarle cualquier incomodidad o trabajo. Y en agradecimiento por sus cuidados, la princesa pasaba el tiempo asomada a la ventana de la más alta torre del palacio, para que sus fieles súbditos pudieran contemplarla desde cualquier lugar de la ciudad.

En el reino vecino había crecido Eric, el príncipe que parecía destinado a casarse con ella. Pero cuando este viajó al reino de Floripitín, descubrió con pesar que la princesa era muy aburrida. Por supuesto, era bella, educada y amable, pero parecía incapaz de hacer nada sin la ayuda de sus siervos. Tanto, que a los dos días de conocerla el príncipe estaba convencido de que no era más que una pobre inútil que solo servía para asomarse a la ventana. Y, tal y como había venido, el príncipe se marchó sin querer saber nada más de la princesa.

Menudo disgusto para los habitantes de Floripitín, que tanto querían a su princesa. Los 365 se reunieron en la plaza, y acordaron invitar a otros príncipes a conocer a su princesa. Pero cuantos viajaron a Floripitín regresaron a sus países con la misma idea: aquella princesa era una inútil.

Y cuando volvieron a reunirse en la plaza temiendo por el daño que aquellos comentarios pudieran causar en su amada princesa, sucedió algo extraordinario.

Por primera vez en la historia, alguien se atrevió a decir algo en contra de la princesa.

- Esa chica es una inútil. No hay más que ver que no sabe hacer nada por sí misma.

Quien así habló era una anciana vestida con ropas rotas y destartaladas. Estaba tan vieja y arrugada que hasta costaba distinguirle la cara. Los demás habitantes se volvieron furiosos contra ella, defendiendo a su princesa y burlándose del aspecto de la vieja. Pero ella siguió hablando.

- Lo que hay que hacer es dejar de servirle a diario. Así por lo menos aprendería a hacer algo. Es más, creo que debería ser ella quien nos sirviera a nosotros. Le estaríamos haciendo un favor.

Aquello fue demasiado para el bueno del alcalde, que adoraba a su princesa.

- ¿Y qué sabrás tú, vieja? ¿Cómo te atreves a dar lecciones a nadie? ¿Acaso has visto qué aspecto tienes? Nuestra princesa es mucho mejor que tú.

- No. No lo es. Pero gracias – dijo la vieja, cambiando su voz a un tono joven, dulce y triste, al tiempo que se estiraba y apartaba sus ropas de la cabeza, para dejar ver el delicado rostro de la princesa

Ante el asombro de todos, la princesa prosiguió:

- No creáis que tenía ese aspecto a propósito. Realmente no supe vestirme mejor. Es así de triste, pero no sé hacer nada-. La princesa calló un momento, y una lagrimita aprovechó para escapar de sus ojos.

- Aprecio todo lo que hacéis por mí, y lo mucho que me queréis, pero ha llegado el momento de devolveros todo ese cariño, y de paso aprender algunas cosas. A partir de mañana seré yo quien por turno sirva a cada uno de vosotros en su casa.

Y desde ese día, la princesa se puso al servicio de sus propios súbditos. Sus primeros días fueron bastante desastrosos, pero pudo seguir adelante con el cariño y la paciencia de todos. Y en poco más de un año se convirtió en una joven extraordinariamente habilidosa y servicial, de la que los habitantes de Floripitín se sentían aún más orgullosos que antes

Autor.. Pedro Pablo Sacristán

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CONFIDENCIAS

Existen padres que se esmeran en la educación de sus hijos. No pierden ninguna oportunidad. Las mínimas cosas, los menores acontecimientos son motivo de enseñamiento.

Leímos recientemente  el  testimonio de un ejecutivo muy exitoso.

El tuvo el placer de oír de la boca de un amigo: “me gusta mucho ir a su casa: es un lugar donde puedo decir todo lo que quiero, con la certeza  de que usted no seguirá adelante.”

Confesaba el ejecutivo que el elogio cabía mucho más a su madre que a el mismo.

Se acordaba, de que, cuando tenía más o menos ocho  años de edad sorprendió  a una amiga de su madre en confidencias  con ella.

Se acordaba de que, cuando tenía más o menos ocho años de edad sorprendió a una amiga  de su madre en confidencias con ella.

Todo se dio más o menos así:

El jugaba de al exterior de la ventana abierta de la sala, mientras ambas conversaban. La señora en cuestión, pesarosa, revelaba a su madre cosas muy íntimas y serias a respecto de su hijo.

Como toda criatura, el aguzó los oídos todo cuanto pudo para no perder ninguna silaba del relato. Y mientras más bajaba la voz la confidente, más extendía él las antenas de la audición.

Cuando la visitante salió, su madre percibió que el todo lo había oído y le dijo:

-¿Hijo mío, si la Sra. hubiese dejado su bolso aquí, hoy, nosotros lo daríamos a otra persona?

Enseguida, el respondió: ¡Claro que no!

La madre prosiguió:

-Pues lo que la Sra. Silva dejó hoy aquí es una cosa mucho más preciosa que su bolso. Ella nos contó una historia cuya divulgación podría perjudicar a mucha gente.

 

-de la misma forma  que la bolsa, ella no nos pertenece. Por eso, no podemos transmitirla a nadie. No la diremos a quien quiera que sea. ¿Usted comprendió?

El chaval asintió con la cabeza. Y la lección le sirvió para toda la vida. el creció, cultivando el respeto a las confidencias de que fuese, eventualmente oyente. Y hasta aun mismo los rumores, las confidencias de un amigo, cliente o conocido  le dijese  el las dejaba en su casa. Allí mismo ellas morían. Lo que le valió el respeto  y la confianza de muchos.

Concluía el ejecutivo diciendo que algunas veces, al verse presto a pasar alguna cosa en otros lugares oídas, inmediatamente se acordaba de la bolsa de la Sra. Silva y cerraba la boca.

La vida  es hecha de oportunidades. La educación en el hogar es de precioso valor por ser informal, esto es, no obedecer a rígido currículo, más si valerse de las chances que surgen en el día a día. Por esa razón deben los padres mostrarse siempre atentos, no dejando escapar momento alguno  propicio para la edificación.

Quien invierte hoy en la educación del hijo, puede guardar la certeza de que el podrá partir a distancia, surcar los mares, volar por el mundo, alzar el vuelo de la notoriedad, más las lecciones profundas recibidas en el hogar permanecerán como  guía de la vida.

Ho hay quien no recuerde. En momento especial de su vida, las lecciones que recibió en la cuna. Los gestos, las actitudes, las palabras de los padres permanecen vivas, a pesar  y más allá del tiempo.

Basta que nos demos cuenta de lo que pasa con nosotros mismos, que ya abandonamos el colegio de los padres hace algunos años.

¿No son sus ejemplos y sus orientaciones los que nos dirigen en muchas decisiones?  Y cuantos veces nos sorprendemos al decir:”mama tenia razón. Bien me lo decía mi padre.”

¿Usted sabe? ¿Qué celebres personas recuerdan con ternura el cariño y las orientaciones recibidas en el hogar?

Charles Edison, hijo de Tomas Edison, por ejemplo, al escribir la biografía de su padre hablo con ternura de las horas en que el genio jugaba con sus hijos.

Las lecciones del hogar son inmortales. Se graban en la mente y en el corazón de los pequeños  y lo siguen durante toda la vida.

Redacción de Momento Espirita

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EL CASO SIMONA

Ante la médica que la atendía, Simona fue una paciente muy clara:

-Solo usted me puede ayudar, doctora –

Y habló con la precisión de los desesperados del alma, que suelen ser criaturas pobres que trabajan en la ciudad, donde las explotan después de ilusionarlas, negociándolas, consumiéndose en los prostíbulos…

La experiencia de la doctora, le hizo comprender de inmediato, cuál era el problema de la mujer.

La busque porque me acorde de usted. (Habló cabizbaja; parecía llorar) No me recuerda, Dra. Niesemburg?

Aquella voz le era familiar. El rostro que debía haber sido muy bello, se presentaba descarnado y no obstante, el maquillaje cargado, estaba en él las señales del desgaste orgánico.

-Lamentablemente, no recuerdo – se justificó. – soy una pésima fisonomista.

_Usted frecuentaba nuestra casa, era amiga de mi familia, hace pocos años atrás, – dijo midiendo las palabras. – yo cambie mucho… Soy Simona, la hija del Profesor…

-Cielos- la interrumpió – ¿Qué te sucedió, hija mía?. ¿Por qué no me buscaste antes?.

Cambiando de actitud, la médica, envolvió a la joven con una mirada interrogativa, de mujer prematuramente envejecida, y sin ocultar su opresión, indago con vidente piedad:

-cuéntame que es lo que deseas, como me encontraste, que es lo que te sucede… Dímelo todo.

Un feliz acaso me ayudo a encontrarla. Mis amigas me hablaron de UD…

¿Estas con tu madre?.

Ella levanto sus ojos negros, aun bellos, desde el fondo de sus largas pestañas y con mirada empañada respondió:

No nos tratamos más… Vivo aquí cerca, en la calle de…

-¡Pero ese es un lugar de…

-Lo sé. Yo también soy llamada así; ya no tengo nombre…

_Todo se podrá arreglar _ reanudó la conversación aparentando calma, como si estuviera delante de una cosa sencilla.

De hecho, en la viuda, todo lo que incide sobre el comportamiento moral, mortificándolo, deja de ser sencillo para tornarse en un acto indecoroso…

-Para mama y para mí, ya es demasiado tarde…- aclaro la joven.

-Siempre hay tiempo – respondió, elucidando, la doctora, cuando se desea recomenzar.

-No para mí.

Hizo una larga pausa, buscando en el pasado de sombras una chispa de luz en que apoyarse.

La doctora la dejo meditar, ayudándola con su silencio.

Mama… tenía razón – agrego, sin amargura en la voz. – Yo no sirvo para nada, a no ser para lo que me convertí.

No pienses así. Eres muy joven.

Para ser exacta, tengo diecinueve años… Y soy una anciana, conocedora del laberinto más vil del alma humana.

La médica, ante la respuesta pesimista, sombría, pero legítima, asintió mentalmente. Aquella muchacha debía haber llorado, y sufrido demasiado.

Todo comenzó en los tiempos felices, cuando Papa aun vivía – expuso con cierta reluctancia. – yo estaba en el Liceo, pues había cumplido catorce años…ame a un joven, que ciertamente, no me hago… era el tiempo de la guerra… Era normando y estaba acuartelado en Paris, luchando por la patria.

Siempre fui caprichosa. Siendo hija única de padres mayores, mimada, me había acostumbrado a tenerlo todo.

Sintiendo afecto por la joven abatida, y su gratitud hacia su maestro, intercepto la escolapio, deseando evitarle la dolorosa confesión.

Se acerco y la abrazo.

-Siéntate. Te voy a suministrar un calmante. Te hará bien. Es agua de melisa.

Tomó el medicamento disuelto en agua fresca y azucarada.

-El ingrato me abandono cuando más lo necesitaba. Me entrego dinero y me indico una provocadora de abortos, en aquella ocasión, que el conocía… Yo no era su primera víctima.

La desdichada era una mujer malvada, cínica, fría. Era una” fabricante de Ángeles” que los traficaba cuando nacían vivos de madres inescrupulosas como yo, enviándoles a Normanda… las madres desdichadas, cuando son ricas, pagan la manutención mensual de los hijitos que más tarde mueren, pues son dejados en cualquier lugar.

¿Tus padres supieron eso?

De  ninguna manera. El pequeño feto, tenía poco más de tres meses… me enferme gravemente… Papa me salvo, sin ni siquiera sospechar, ¡pobre! No tuve la cobardía, de herirlos, parque confiaban en mi.

“Peor que la honra ultrajada, fue la perdida de la esperanza, la profunda desilusión interior. Pensé que iba a enloquecer; planee suicidarme, Empero, siempre desee vivir, beber con ansiedad la copa del placer y estaba desfalleciente…

Después  que murió mi padre, nuestra casa perdió la vida. Mama, que lo amaba con desequilibrio, no cuido de nada más… he venido a pedirle un aborto.

La doctora al principio supuso que se trataba de un infanticidio, pero durante el desarrollo de la conversación, pensó en alguna enfermedad. El choque la descontrolo. No lo pudo ocultar. Se sintió herida.

¿Sabes lo que me estas pidiendo? – no puedo pagar…

UD, es mi salvación o mi muerte… si no logro liberarme de esta gestación, pretendo suicidarme…

Sálveme. Salvarte, matando otra vida, yo jure salvar vidas?.

Siguió narrando Simona.

En aquella época, después de la muerte de Papa – resolví buscar trabajo. Abandone los estudios, ya que nuestros haberes nos facilitaban una vida burguesa, relativamente cómoda.

Intente el teatro, sin ningún éxito, y después me resolví por la danza… ahí fue donde tuvieron su oportunidad más cruel mis desatinos morales.

CAI en las mallas del crimen. Me enamore de un hombre bello y seductor. Le entregue el cuerpo, el alma… luche con mama por imposición de Él, exigiéndole lo que me pertenecía… casi la mate a disgustos… cuando estuve en posesión de los valores que la Ley me atribuyó, el me arrebato hasta el último franco y me abandono; menos de un año después, el canalla explotador, me hizo frecuentar los lugares degradantes. Después de haber sido llevada allí y haber aspirado aquel aire embriagador, me envolví y sumergí en el hasta EL FIN…

 

Pensé en salir, evadirme. Recordé el semblante envejecido de mama, exhausto por  las nostalgias de Papa y consumido por la ingratitud de la única hija… entonces desistí de volver a casa…

 

Yo recordaba su mirada inolvidable cuando me dijo: Hijita, llamándome a la razón conciliatoria, destrozada en el cuerpo, en el alma, en la mente y yo, la fiera, reaccione: contestándole: no soy tu hija, no la hija que tu esperabas, soy una ramera. Estaba totalmente loca.

 

Temblorosa se apoyo en una silla de respaldar alto, afirmándose, mientras yo la hería, aun cuando no lo quería hacer… era una fuerza demoníaca la que se poso en mi, dominadora, terrible…

 

Retrocedí para huir y nunca más volver. La vi, caer de rodillas, unir aquellas manos que me acariciaron y sollozando, con la mirada perdida dirigida hacia Dios, comenzó a orar…

 

Si bien no le quite la vida física, la asesine el alma…

Debido a su desvarió sexual, Simona fue víctima de una trama obsesiva de amplio alcance, que enfrentaba, descendiendo de peldaño en peldaño, padeciendo la fuerza consumidora del enemigo desencarnado.

Si hubiera ejercitado el habito saludable de la oración, el culto del respeto a los progenitores, se habría evitado la alucinación con que comprometió infinitamente la actual encarnación.

Más  tarde conoció a Andrés, un fogoso argelino de sangre española que la exploto y a quien supuso amar.

Con el me olvido de todo en los breves momentos que me visita. Soy esclava suya, el me embelesa mis horas de nostalgia con el hachís. No me puedo separar de el. “ tengo que sobrevivir  y este ser, que es nuestro hijo, no puede nacer.

-Prefiero la muerte, a perder a Andrés. El me matara si se entera de mi gestación. Tengo que seguir prostituyéndome para los dos y en este estado nadie me aceptara

Puede ayudarme? Todo lo que tengo son harapos. 

La doctora adujo: ¡ te ayudare! Pero no, como tu deseas, sino como puedo y debo hacerlo. Te arrancare de esa vida miserable, buscare a tu madre. La angelical sonrisa  de un nietecito, de cualquier procedencia, es siempre encantador y corrige todo el pasado, embellece el presente y organiza el futuro.

No puedo aceptar, confeso deshecha.- yo me conozco la deshonra, el desequilibrio general… etc. cuando desaparecen los ideales de ennoblecimiento en el ser, es la muerte…adiós.

El sexo, cuando se presenta sin amor, se convierte en ruina y en mecanismo de infelicidad, que impulsa hacia la locura y el crimen.

Simoe encontró su fin en el aborto y al igual su criatura, ambas perecieron en el aborto practicado por la doctora.

En el lupanar donde Simona agoto sus fuerzas, fue notada su falta, así como se percibe la ausencia de una mercadería, no como si fuera un ser humano…

Las separaciones eran comunes: homicidios, suicidios transferencias clandestinas, huidas inútiles, su lugar fue ocupado por otra y su tragedia olvidada.

Aun hoy, las desapariciones humanas son así. Aumentan y después quedan en el olvido, sin solución. Sin embargo, jamás fue olvidada por la Dra. Sducette-Sara, quien sumo a su desaliento moral, el siniestro caso de la desdichada Simoney.

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LA ISLA DE LOS INVENTOS

La primera vez que Luca oyó hablar de la Isla de los Inventos era todavía muy pequeño, pero las maravillas que oyó le sonaron tan increíbles que quedaron marcadas para siempre en su memoria. Así que desde que era un chaval, no dejó de buscar e investigar cualquier pista que pudiera llevarle a aquel fantástico lugar. Leyó cientos de libros de aventuras, de historia, de física y química e incluso música, y tomando un poco de aquí y de allá llegó a tener una idea bastante clara de la Isla de los Inventos: era un lugar secreto en que se reunían los grandes sabios del mundo para aprender e inventar juntos, y su acceso estaba totalmente restringido. Para poder pertenecer a aquel selecto club, era necesario haber realizado algún gran invento para la humanidad, y sólo entonces se podía recibir una invitación única y especial con instrucciones para llegar a la isla.

 

Luca pasó sus años de juventud estudiando e inventando por igual. Cada nueva idea la convertía en un invento, y si algo no lo comprendía, buscaba quien le ayudara a comprenderlo. Pronto conoció otros jóvenes, brillantes inventores también, a los que contó los secretos y maravillas de la Isla de los Inventos. También ellos soñaban con recibir “la carta”, como ellos llamaban a la invitación. Con el paso del tiempo, la decepción por no recibirla dio paso a una colaboración y ayuda de sus amigos   todavía mayor, y sus interesantes inventos individuales pasaron a convertirse en increíbles máquinas y aparatos pensados entre todos. Reunidos en casa de Luca, que acabó por convertirse en un gran almacén de aparatos y máquinas, sus invenciones empezaron a ser conocidas por todo el mundo, alcanzando a mejorar todos los ámbitos de la vida; pero ni siquiera así recibieron la invitación para unirse al club.

 

No se desanimaron. Siguieron aprendiendo e inventando cada día, y para conseguir más y mejores ideas, acudían a los jóvenes de más talento, ampliando el grupo cada vez mayor de aspirantes a ingresar en la isla. Un día, mucho tiempo después, Luca, ya anciano, hablaba con un joven brillantísimo a quien había escrito para tratar de que se uniera a ellos. Le contó el gran secreto de la Isla de los Inventos, y de cómo estaba seguro de que algún día recibirían la carta. Pero entonces el joven inventor le interrumpió sorprendido:

 

- ¿cómo? ¿Pero no es ésta la verdadera Isla de los Inventos? ¿no es su carta la auténtica invitación?

 

Y anciano como era, Luca miró a su alrededor para darse cuenta de que su sueño se había hecho realidad en su propia casa, y de que no existía más ni mejor Isla de los Inventos que la que él mismo había creado con sus amigos. Y se sintió feliz al darse cuenta de que siempre había estado en la isla, y de que su vida de inventos y estudio había sido verdaderamente feliz.

 

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LA SUSTITUTA

La joven ha sido atraída por un anuncio pidiendo una directora de programación de eventos para una determinada empresa.

                                                          

Se presentó y consiguió la plaza. El primer día fue aterrador.

 

Así que llegó a la oficina, la empleada de la recepción la saludó con:

 

¿Es usted la sucesora de Helena? Va a ser difícil llegar a la altura de ella. Ella era un fenómeno.

 

Más adelante, en el pasillo, otra persona le dijo:

 

Te tengo pena. ¡No existe nadie en el Mundo como Helena!

 

La tercera persona que encontró, la recibió con votos de bienvenida, afirmando que la empresa era un óptimo lugar para trabajar, pero completó, con tristeza:

 

¡Entretanto, está claro que las cosas nunca serán las mismas sin Helena!

 

La joven estaba a punto de dar media vuelta y dejarlo todo. ¿Cómo ella podría competir con aquella persona que todos mencionaban?

 

Finalmente, le indicaron el despacho donde debería trabajar. El mismo despacho en donde trabajara Helena, tan mencionada, que ella estaba sustituyendo.

 

Lo que vio ha sido una montaña de cartas, memorandos, folletos, recortes de periódicos, todo sobre la mesa de trabajo.

 

Una montaña de casi un metro de altura.

 

Bueno, le dijo la directora de personal, Helena era brillante, creativa, extraordinaria, pero un poco… desorganizada.

 

La novata mal se sentó en su escritorio, mirando todavía en pánico aquella montaña de papeles que debería leer, seleccionar, archivar, tirar a la basura, cuando la puerta se abrió:

 

Hola, dijo una voz cordial. Bienvenida. Helena trabajó aquí por 28 años. ¿Crees que vas a durar tanto así?

 

Era el fin. Ella agarró el teléfono, llamó a una amiga, casi llorando y le dijo de su gran error.

 

¡Me estoy dimitiendo, me voy de aquí! No voy a conseguir competir con el espectro de alguien tan bueno en todo que hacía.

 

María, la amiga, le dijo con firmeza:

 

¡Tranquila! ¡Espera un momento! ¿Donde está aquella amiga mía con ganas de crecer, de progresar?

 

¿Donde está la persona que conozco, siempre lista a enfrentar desafíos y alcanzar victorias?

 

A propósito, ¿te acuerdas de su nombre?

 

Sorpresa, la joven llorosa respondió:

 

¡Que pregunta más rara! Claro que sé mi nombre: Rosa.

 

Eso es, eres Rosa, no eres Helena. No puedes y no debes ser igual a la Helena.

 

Muéstrales tu capacidad de trabajo, tu creatividad, tu manera de trabajar, y tu potencial.

 

Eres Rosa. No te olvides de eso. No desees ser igual a nadie. No imites a nadie.

 

Lo maravilloso, en este inmenso Universo de Dios, es que cada persona es inigualable. Por eso, nunca deberás querer ser igual a Helena.

 

Sé tu misma. Y conquista tus colegas, tu jefe, los clientes por tus propias cualidades.

 

Rosa se quedó en el empleo. Alcanzó un gran éxito en su trabajo.

 

Y, por haber tenido oportunidad de entrar en constante contacto con autores célebres, ganó inspiración y estímulo para escribir su propio libro.

 

Dígase: ¡un gran éxito!

 

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Dios creó a los Espíritus simples e ignorantes.

 

Les confirió la inmensa posibilidad de progresar.

 

Cada uno utiliza esa posibilidad como mejor le da la gana.

 

Por eso, cada cual tiene sus méritos, sus cualidades inigualables.

 

Y nadie debe querer ser exactamente igual al otro. Se siguen ejemplos, pero no se represan los mismos actos.

 

Se observan experiencias, pero no se reproducen posturas.

 

Cada uno de nosotros, Espíritu inmortal, es único en su potencial de Ser inteligente.

 

¡Piense en eso!

Momento de Redacción Espirita

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LAS MONEDAS DEL ABUELO

 

Julia y sus primos iban cada mes a la gran comida familiar en casa de los abuelos, y esperaban con ilusión el momento en que su abuelo les daba unas monedillas “para que se compraran cualquier cosa”. Entonces todos los niños corrían a la tienda a comprar chicles, pipas o gominolas. Y como vieron abuelos, tíos y padres, que así los niños nunca aprenderían a manejar el dinero, les propusieron una prueba especial, y que en el plazo de un año enseñasen a todos qué eran capaces de conseguir con aquellas monedillas.

Algunos se propusieron ahorrar, pero Rubén y Nico, los más pequeñajos, no hicieron ni caso, y en cada visita siguieron gastando todo en golosinas. Cada semana presumían de sus dulces ante el resto de sus primos, riéndose y chinchándoles. Tanto les hicieron rabiar, que Clara y José dejaron su espíritu ahorrador por no aguantarles, y se unieron al grupo de los golosos que gastaban todo al momento.

Moncho era un chico muy listo, y decidió empezar a manejar su dinero con cambios, comprando y vendiendo cosas, o apostando con otros chicos a los cromos. En poco tiempo sorprendió a toda la familia, porque consiguió mucho dinero con poco esfuerzo, y al ritmo que llevaba terminaría siendo casi rico. Pero Moncho apenas tenía cuidado, cada vez se metía en cosas más arriesgadas, y unos meses después se quedó sin un céntimo, tras una mala apuesta en las carreras de caballos.

Alejandro demostró tener una voluntad de hierro. Ahorró y ahorró todo el dinero que le daban, deseoso de ganar el concurso, y al cabo del año pudo juntar más dinero que nadie, y con tanto dinero consiguió las golosinas mucho más baratas, así que el día de la prueba se presentó con dulces para mucho más de un año, y aún así le sobró dinero para comprarse algún juguete. Fue el ganador claro, y el resto de sus primos aprendieron de él las ventajas de saber ahorrar y esperar 

Aún quedaba Julia. La pobre Julia lo pasó mal el día del concurso, porque aunque tenía un plan muy secreto y estupendo, se había gastado sus monedas sin darle tiempo a terminarlo en un año. Pero estaba tan segura de lo bueno que era su plan, que decidió seguir con él y aguantó ver cómo Alejandro resultaba ganador, y la cara de sus tíos y abuelos, que parecían decirle “qué desastre de niña, no ha sido capaz de ahorrar nada”.

Cuando estaba a punto de finalizar el segundo año, Julia dio una gran sorpresa a todos al aparecer en casa de los abuelos con un violín y mucho dinero. Aún más impresionante fue oírla tocar, porque lo hacía realmente bien, pero lo que terminó por entusiasmar a todos fue la historia de la pequeña violinista.

Todos sabían que la niña adoraba el violín, aunque en la familia no podían pagarle el instrumento ni las clases. Así que Julia, cuando conoció a un simpático y pobre violinista que tocaba en el parque, le ofreció todas las monedas que le diese su abuelo si le enseñaba a tocar. Aunque era poco dinero, el violinista aceptó encantado al ver la ilusión de la niña, y durante meses le enseñó con alegría. Julia puso tantas ganas e interés, que en poco más de un año el artista le prestó un violín para que pudieran tocar a dúo en el parque. Y tuvieron tanto éxito, que en poco tiempo Julia pudo comprar su propio violín, y aún le sobró bastante dinero.

Toda la familia la ayudó desde entonces a convertirse en una famosísima violinista, y contaban a cuantos conocían la historia de cómo unas monedillas bien gastadas fueron suficientes para hacer realidad los más grandes sueños de una niña.

Autor… Pedro Pablo Sacristán

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La Canoa

En un largo río, de difícil travesía, había un barquero que traspasaba  a las personas de un lado para otro. En uno de sus viajes, viajaban un abogado y una profesora. Como a quien le gusta hablar mucho, el abogado le pregunta al barquero: ¿Compañero usted entiende de leyes? No. Responde el barquero.

Y el abogado compadecido le dice: ¡Es una pena, usted perdió la mitad de la vida!

La profesora que era muy social, entró en la conversación. ¿Señor barquero, usted sabe leer y escribir? Tampoco se, respondió el barquero de nuevo. ¡Que pena! Condoliéndose la maestra le dijo: ¡Usted perdió la mitad de la vida! en eso llega una ola  bastante fuerte y vira el barco.

El barquero preocupado,  les pregunta: ¿Ustedes saben nadar? ¡No! – Respondieron ellos alarmados. Entonces es una pena – concluyó el barquero – ¡Ustedes perderán toda la vida!

“No hay saber más o saber menos: Hay saberes diferentes.

Paulo Freire

Piense en eso  y valorice  a todas las personas con las cuales tenga contacto. Cada una de ella posee algo diferente para enseñar.

Ser vanidoso o presuntuoso con lo que uno sabe, es un signo de inmadurez y de falta de sabiduría. Porque la sabiduría es tan extensa, tan extensa que es infinita, y por eso, cuando más se camina por la senda del sabio, más lejos se ve la sabiduría,

“La cultura es la sonrisa para todas las edades, puede estar en una madre, en un amigo o en la flor o quizás se refugie en las manos duras de un trabajador”.

Hay muchas cosas en la vida que vale la pena aprender y no todo el saber se halla en los libros, dado que existen personas muy sabias que sin haber pisado una escuela nos pueden aportar mucho más de los que nos imaginamos.

Es indudable decir que la sabiduría es un pilar fundamental para el desarrollo espiritual del hombre, y que por lo tanto es necesaria practicarla y ejercitarla para así poder desarrollarnos como mejores personas.

Todos tenemos conocimientos acumulados en la memoria que pertenecen a la vida espiritual a nuestras experiencias en otras vidas. Pero cuando provienen del bien del amor, se elevan por encima de los conocimientos acumulados en la memoria, porque entonces están en la luz espiritual, desde donde contemplan a los conocimientos acumulados en la memoria por debajo de ellos, en la jerarquía [de los contenidos mentales]. Mediante los grados de los conocimientos acumulados en la memoria el hombre va ascendiendo hacia la inteligencia, porque es mediante estos grados que los conocimientos acumulados en la memoria abren la mente, de tal manera que la luz celestial pueda fluir en ella.

Desde su infancia hasta el fin de su vida en la tierra, el hombre es perfeccionado en la inteligencia y la sabiduría, y si él consiente, en la fe y el amor. Los conocimientos acumulados en la memoria tienen por objeto principalmente conducir a este uso.   Hay tres cosas que van unidas y que no pueden separarse, el amor, la sabiduría y el uso de la vida. Si se separa uno de estos tres, los otros dos se desploman. Nadie crea que posee sabiduría, por saber muchas cosas, percibir muchas cosas bajo una cierta medida de luz, o ser capaz de hablar inteligentemente sobre ellas, a menos que su sabiduría esté unida al amor. Es el amor que, mediante sus afectos, produce la sabiduría. Sin estar unida al amor, la sabiduría es como un meteoro que se desvanece en el aire, como una estrella errante. La sabiduría unida al amor es como la luz imperecedera del sol, y como una estrella fija en el firmamento. El hombre posee el amor de la sabiduría cuando experimenta aversión (…) hacia las pasiones del mal y la falsedad.

Quédate en silencio, cultiva tu propio poder interno. Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser.

La sabiduría procede del Señor, de la sabiduría procede la inteligencia, de la inteligencia la razón, y de este modo, mediante la razón, se vivifican los conocimientos de la memoria. Este es el orden de la vida.

 

 

 

 

 

 

 

La Canoa

En un largo río, de difícil travesía, había un barquero que traspasaba  a las personas de un lado para otro. En uno de sus viajes, viajaban un abogado y una profesora. Como a quien le gusta hablar mucho, el abogado le pregunta al barquero: ¿Compañero usted entiende de leyes? No. Responde el barquero.

Y el abogado compadecido le dice: ¡Es una pena, usted perdió la mitad de la vida!

La profesora que era muy social, entró en la conversación. ¿Señor barquero, usted sabe leer y escribir? Tampoco se, respondió el barquero de nuevo. ¡Que pena! Condoliéndose la maestra le dijo: ¡Usted perdió la mitad de la vida! en eso llega una ola  bastante fuerte y vira el barco.

El barquero preocupado,  les pregunta: ¿Ustedes saben nadar? ¡No! – Respondieron ellos alarmados. Entonces es una pena – concluyó el barquero – ¡Ustedes perderán toda la vida!

“No hay saber más o saber menos: Hay saberes diferentes.

Paulo Freire

Piense en eso  y valorice  a todas las personas con las cuales tenga contacto. Cada una de ella posee algo diferente para enseñar.

Ser vanidoso o presuntuoso con lo que uno sabe, es un signo de inmadurez y de falta de sabiduría. Porque la sabiduría es tan extensa, tan extensa que es infinita, y por eso, cuando más se camina por la senda del sabio, más lejos se ve la sabiduría,

“La cultura es la sonrisa para todas las edades, puede estar en una madre, en un amigo o en la flor o quizás se refugie en las manos duras de un trabajador”.

Hay muchas cosas en la vida que vale la pena aprender y no todo el saber se halla en los libros, dado que existen personas muy sabias que sin haber pisado una escuela nos pueden aportar mucho más de los que nos imaginamos.

Es indudable decir que la sabiduría es un pilar fundamental para el desarrollo espiritual del hombre, y que por lo tanto es necesaria practicarla y ejercitarla para así poder desarrollarnos como mejores personas.

Todos tenemos conocimientos acumulados en la memoria que pertenecen a la vida espiritual a nuestras experiencias en otras vidas. Pero cuando provienen del bien del amor, se elevan por encima de los conocimientos acumulados en la memoria, porque entonces están en la luz espiritual, desde donde contemplan a los conocimientos acumulados en la memoria por debajo de ellos, en la jerarquía [de los contenidos mentales]. Mediante los grados de los conocimientos acumulados en la memoria el hombre va ascendiendo hacia la inteligencia, porque es mediante estos grados que los conocimientos acumulados en la memoria abren la mente, de tal manera que la luz celestial pueda fluir en ella.

Desde su infancia hasta el fin de su vida en la tierra, el hombre es perfeccionado en la inteligencia y la sabiduría, y si él consiente, en la fe y el amor. Los conocimientos acumulados en la memoria tienen por objeto principalmente conducir a este uso.   Hay tres cosas que van unidas y que no pueden separarse, el amor, la sabiduría y el uso de la vida. Si se separa uno de estos tres, los otros dos se desploman. Nadie crea que posee sabiduría, por saber muchas cosas, percibir muchas cosas bajo una cierta medida de luz, o ser capaz de hablar inteligentemente sobre ellas, a menos que su sabiduría esté unida al amor. Es el amor que, mediante sus afectos, produce la sabiduría. Sin estar unida al amor, la sabiduría es como un meteoro que se desvanece en el aire, como una estrella errante. La sabiduría unida al amor es como la luz imperecedera del sol, y como una estrella fija en el firmamento. El hombre posee el amor de la sabiduría cuando experimenta aversión (…) hacia las pasiones del mal y la falsedad.

Quédate en silencio, cultiva tu propio poder interno. Respeta la vida de los demás y de todo lo que existe en el mundo. No trates de forzar, manipular y controlar a los otros. Conviértete en tu propio maestro y deja a los demás ser lo que son, o lo que tienen la capacidad de ser.

La sabiduría procede del Señor, de la sabiduría procede la inteligencia, de la inteligencia la razón, y de este modo, mediante la razón, se vivifican los conocimientos de la memoria. Este es el orden de la vida.

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EL DEFECTO

Autora: Celia Xavier Camargo

Francisco, esperando con mucho amor a los padres, nació con un pequeño problema: tenía una de las piernas un poco menor que la otra.

Viviendo en una ciudad pequeña y sin recursos, los padres quedaron felices con el nacimiento del bebé, sin preocuparse con el defecto, creyendo que se resolvería con el tiempo.   

Los años fueron pasando y Francisco se hacía cada vez más experto y activo, cercado por el amor de la familia. Ahora vivían en una ciudad mayor y más bonita, y él tenía amigos, jugaba y se divertía.

Cierto día, sin embargo, Francisco jugaba en la calzada con algunos amigos, cuando se enfadó con Marquinho, uno de los chicos. Se agarraron por los brazos y se dieron puntapiés, rodando por el suelo.

Un hombre que pasaba, viendo la pelea, consiguió separar a los dos. Sin embargo, Marquinho, lleno de rabia se irguió del suelo y, limpiando las lágrimas del rostro, gritó:

— ¡Inválido! ¡Tú me la pagas!…

Oyendo aquellas palabras, Francisco quedó rojo de rabia y humillación. Aunque los otros niños quisieron continuar el juego, él se negó, diciendo que necesitaba volver para casa.

A partir de ese día, Francisco se volvió triste y callado. No quería jugar más con los amigos, no quería salir para pasear, no quería hacer nada.

La madre, preocupada al ver el estado del hijo, le preguntó:

— ¿Qué pasó, hijo mío? ¡Tu andas triste, callado, no quieres ni jugar más!…

Bajando la cabeza, Francisco se echó a llorar:

— ¿Mamá, por qué yo nací así?

— ¿Así como, hijo mío? — contestó la madre, admirada.

— ¡Inválido, ahora con eso! ¡Un chico me llamó inválido!… 

La madrecita lo colocó en el pecho y, abrazándolo con amor, le habló con ternura:

— Hijo mío, tú no eres inválido. ¡Tienes un defectito en la pierna que apenas se nota! ¡Tanto es que tú nunca te preocupaste con el!… ¿Algún día ese defecto te impidió  hacer alguna cosa?

— ¡No! — él respondió, balanceando la cabeza.

— Entonces, hijo, Dios sabe lo que hace. Además de eso, tal vez nuestro Padre Celestial haya querido que tu tuvieras cuidado. Es como si Él dijera: — ¡Francisco, mira lo que tú vas a hacer con su pierna! ¡Todo lo que yo doy es para haber buen uso! ¿Entendiste, hijo mío?

— Más o menos. ¿Es porque yo puedo usarla para el mal? 

— Exactamente, hijo. Tú puedes golpear a alguien, puedes trillar un camino malo, complicando tu vida. Ese problema en la pierna es una marca que tú trajiste del pasado, es decir, de otra existencia en que, probablemente, perjudicaste a alguien. Cuando hacemos algo negativo, creamos una marca del cuerpo espiritual y renacemos con ella para intentar notar nuestro error. 

— Ah!… Entendí. Quieres decir que yo necesito tratar bien a todo el mundo y no pelear con nadie. ¿Pero voy a continuar con ese defecto la vida entera?

— ¿Quién sabe? Es posible hasta que busquemos un buen médico que resuelva tu problema. ¡Pero, la verdad, hijo mío, es que eso no representa nada! Ven conmigo. Voy a llevarte a hacer una visita. 

La madre llevó a Francisco hasta una entidad que cuidaba de niños con dificultades diversas. Había niños ciegos, sordos, mudas, paralíticas, sin brazos o sin piernas, con deficiencias mentales y todo tipo de problemas.

Al verlas, el niño sintió la compasión crecer en su interior. ¡Conversó con las personas que cuidaban de ellos, con los niños que podían hablar y percibió que, a pesar de todo, ellos eran alegres! Dependiendo de las posibilidades, ellos jugaban, reían, cantaban.

Francisco volvió para casa sintiéndose diferente.

— Gracias, mamá. Ahora sé que no tengo problema alguno. Yo tengo piernas para andar, puedo ir a la escuela, tengo manos para coger lo que quiera; puedo pensar y aprender, andar en bicicleta y un montón de otras cosas. 

Él paró de hablar, sonrió y se lanzó al pecho de la madre, dándole un gran abrazo, mientras decía:

— Agradezco a Dios por todo lo que me dio. ¡Inclusive por la madre que yo tengo!               

(Recibido por Celia Xavier de Camargo, en Rolândia-PR, no día 6/02/2012.)

                                                                                   MEIMEI

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DÁR   Y DEJAR

 

Cuando  Cirilo Fragoso tocó las puertas de la esfera Superior y fue atendido por un Ángel que velaba, solicito, vio con sorpresa que no constaba entre los esperados del día.

¡Hice mucha caridad!, alego irritado, done todo cuanto pude. Protegí a los pobres y enfermos ampare a las viudas y a los huérfanos. Cuanto hice les pertenece. ¡Oh ¡ Dios ¿donde está la esperanza de los que se entregaron a las promesas del Cristo?

Y comenzó a lloriquear desesperado, mientras el funcionario celestial, compadecido, le observaba los gestos. Cirilo traducía su pesar con la boca, no obstante la conciencia, como si estuviera instalada ahora en sus oídos  lo instaba a recordar con ella.

Era cierto que amontonara voluminosos vienes. Que alcanzó rumboso éxito en los negocios.

No consiguió visitar personalmente a los necesitados todos, porque le faltaba tiempo, casi todo era absorbido  por la laboriosa tarea de preservar su fortuna, jamás obtuvo un descanso para escuchar  a un indigente, nunca tuvo un minuto para dispensarlo a las mujeres infelices que recurrían a él en su casa, viendo que sus días estaban contados organizó generoso testamento.

En cuatro días doto a las instituciones que él secundaba con expresivos recursos, rogándoles que oraran por él. ¡Él decía ¡  ¿ no me despoje de todo? .Y su conciencia le respondía: ¿no habría sido más aconsejable hacerlo antes del viaje al túmulo?

Se contradecían  su conciencia y su corazón, Cirilio rogó a la entidad angélica que tomara en consideración sus demostraciones de virtud pues la caridad efectuada por el bien merecía ser un pasaporte para acceder al paraíso.

El benefactor declaro respetar sus argumentos informando, sin embargo, que solo mediante pruebas tangibles abogaría por su causa, ante los poderes celestiales. Cirilio se dio prisa en volver a la tierra y afligido extrajo las notas más importantes de los legados que hizo a las asociaciones en sus últimas horas del cuerpo y retorno a la presencia del amigo espiritual delante de quien leyó en voz alta, firme y confiada.

Para los ancianos enfermos deje ochocientos cruceiros.

Para la instalación de un hospital para el cáncer deje setecientos mil cruceiros.

Para la fundación del instituto San Damián a favor de los leprosos mil cruceiros.

Para la infancia desvalida deje quinientos mil.

Para mis empleados cuatro casas y seis lotes de tierra, por valor de doscientos mil cruceiros.

En manos de mi testamentario deje tres millones de cruceiros para la realización de buenas obras.

Cuando termino observo que el ángel no se mostraba satisfecho. En razón de eso, pregunto ansioso. ¿ No he cumplido con todo esto, los preceptos de Jesús?.

El Ángel, aclaro triste:

Según el evangelio, bienaventurado es el que da con alegría. Pero usted realmente no dio.

Sus anotaciones no dejan lugar a duda. Usted simplemente dejó. Dejó, porque no podía traer

Alegando que su lugar, de momento, aún no era allí

El ángel adujo: El Maestro Divino nos enseño que donde situamos el tesoro de nuestra vida, allí guardaremos el alma.

Quien da, sirve y pasa. Quien deja, suelta provisionalmente.

Usted aún, no se exoneró  de las responsabilidades para con el dinero

Vuelva al mundo y ampare a aquellos a quienes dejó el dinero que le fue emprestado por la Providencia Divina y ayudándolos a usarlos en la caridad verdadera, usted conocerá por experiencia propia el desprendimiento de la posesión.

La muerte le obligo a dejar. Ahora amigo le corresponde ejercitarse en la ciencia de dar con el alma y el corazón.

Cirilo, aunque triste y abatido, regreso a la esfera de los hombres, en Espíritu, con el fin de aprender la beneficencia con base en la renuncia.

“Siendo el hombre el depositario, el gerente de los bienes  que Dios pone en sus manos, se le pedirá cuenta severa del empleo de su libre albedrío.”

Recordemos siempre la hora de la muerte, que es la partida inevitable para todos los seres a través de los caminos del tiempo.

La seguridad, representa tranquilidad.

Sin paz interior no hay poder real.

Los bienes quedan en el mundo.

La juventud y la salud son épocas rápidas en la estación de los años.

Solo el bien acompaña al hombre más allá del mundo…

El poderoso en la Tierra, es solo mayordomo de recursos que desaparecen

En última instancia, todos los valores pertenecen al Señor de todas las cosas.

El patrimonio financiero, es  problema para el Espíritu.

La comodidad física, es camino para la enfermedad del alma.

Aprovechemos las posibilidades que el tiempo hace pasar por nuestras manos, antes de que se escabullan en la inutilidad, y utilicemos ese patrimonio para asegurar nuestro progreso victorioso hacia el Reino de Dios.

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UNA LINDA HISTORIA DE NUESTRA QUERIDA AMALIA

Alicia era una mujer distinguida, de porte aristocrático, de educación esmeradísima de vastísima instrucción; espiritista convencida que leía con gran aprovechamiento todo cuanto se escribía de espiritismo. Era hacedora del bien por el bien mismo, trabajaba sin desear los lauros de la gloria, pero la gloria de la elevación de sus sentimientos la llevaba en todo su ser; era una mujer de edad mediana y conservaba la esbeltez y la elegancia de la juventud; había en ella algo  que atraía, que seducía, que interesaba. Era amiga de Amalia y acudía con asiduidad a visitarla. Casada y madre, se debía toda a su familia ( que no tenía sus ideales), y ella, prudente reservada, ocultaba el tesoro de sus creencias y evitaba altercados con sus deudos; vivía en un mundo superior, participaba de las luchas terrenas para llorar con sus hijas si estas padecían los dolores naturales que proporciona la vida de casada, y después que cumple sus deberes de madre amantísima, parecía que entraba en otro mundo, se reconcentra en sí misma, parece que vive de recuerdos, recuerdos que debían ser muy dolorosos, porque su rostro adquiere una expresión tristísimo, evitaba siempre hablar de sí misma. Cuando se hablaba con ella parecía leerse en un libro del cual solo se ve la primera página, las demás estaban sin cortar. La última vez que fue a visitar a Amalia esta se sorprendió de verla más comunicativa; a que espíritu superior descendía de su alto pedestal, se humanizaba, acortaba las distancias que indudablemente existen entre ella y la generalidad de los mortales.

Amalia, se alegro de ello, le manifestó que la encontraba más cariñosa, más cerca de ella, que no sabía que notaba en ella.

El dolor es  el gran demócrata del Universo. Los que sufren se entienden fácilmente; tu Amalia hace tiempo que sufres; yo también sufro grandes reveses, y por ley de afinidad me pongo al habla contigo, a ver si tú me puedes aclarar lo que yo no alcanzo a ver.

Sabes Amalia que te quiero y te admiro, tu  Espíritu y el mío se conocen hace tiempo; y aunque por esta vez el destino nos separa, no importa; las almas no necesitan del roce de los cuerpos para entenderse, para quererse y para prestarse señalados servicios.

_.Creo que ya sabes que me quede viuda

_.Mi esposo murió de la muerte más horrible que tú puedas imaginar.

_. ¿De qué murió?

_. ¡De hambre!

_. ¡Jesús qué horror!, ¿Tenia algún cáncer en el estomago que le impidiese alimentarse?

_.No, estaba muy bueno y muy sano, sabia cuidarse como pocos hombres, su ciencia médica le serbia admirablemente para no padecer dolores físicos, pero un dolor moral le hizo olvidar todos los métodos higiénicos, se entregó en brazos de una muda obstinación y su vida fue extinguiéndose como se extingue la luz de una lámpara a la cual le falta el aceite necesario.

_. Dolor inmenso seria el que sufrió, porque, según tengo entendido, no era tu esposo hombre dado a las sensiblerías.

_. No, ciertamente; era bueno, pero adusto; su mundo era la ciencia, su familia, sus innumerables enfermos, y sus únicos goces devolver la vista a los ciegos; por centenares se cuentan los ciegos que él ha curado, en todas las clases sociales; él estaba donde había más peligro, igual le daba que fuera un leproso que un rico acaudalado; el respondía a todas las llamadas, jamás se hizo el sordo cuando lo llamaron los afligidos.

Una de mis hijas se casó y fue madre de una niña preciosa con unos ojos hermosísimos que parecían dos luceros. Desde que nació, mi marido enloqueció por ella y ella por el; el abuelo y la nieta eran dos cuerpos y un alma, estando juntos ya estaban contentos; mi marido rejuveneció,, y siempre estaba con su nieta en los brazos, evitándole los dolores de la dentición y demás enfermedades de la niñez; pero la viruela se apoderó de todo el cuerpo de mi nieta y de sus ojos, mi marido no comía, ni dormía, estaba al lado de la pobre niña devorando libros, buscando la luz para aquellos ojos que eran su vida; devolvió la luz a uno, pero el otro salió de su órbita y mi marido creyó enloquecer, se retiró a su cuarto y yo le oía que exclamaba a solas:¿ Será posible yo que he devuelto la vista a tantos ciegos, yo que he curado a tantos sifilíticos, y a este ángel tan hermoso no he podido curarle más que a medias; le pondrán un ojo de cristal, se harán prodigios… pero ver.. Ver no verá más que la mitad, y aun el ojo que le he salvado no será tan hermoso; no tendrá a aquel brillo deslumbrador; ¿para qué me haya servido mi ciencia? Para nada.

Se negó a tomar ninguna clase de alimento, vivió algunos días alimentándose con agua y murió de hambre sin exhalar una queja

Me pregunto porque mi esposo sufriría así por esta nieta, no ha querido igual a los otros nietos, me gustaría Amalia que preguntases al padre German  que historia guardan estos dos espiritas.

Amalia prometió hacerlo y el Padre German unos días después narro lo siguiente:

El médico y su nieta, son dos espíritus que caminan juntos hace muchos siglos, han estado unidos por todos los lazos terrenales y en sus últimas existencias han sido amigos inseparables, mejor dicho, maestro y su  discípulo más aventajado; su ayudante más práctico; tenía fama, tanta como su maestro; el uno complementaba al otro; tanta suerte tenían en sus curaciones que llegaron a enorgullecerse el maestro y el discípulo, porque eran realmente infalibles en sus juicios médicos; sus palabras eran proféticas, nunca se equivocaban, ni asegurando bienes ni presintiendo males; y se llegaron a persuadir de tal modo de su inhabilidad, que no se contentaron con seguir las huellas de otros sabios doctores, sino que inventaron nuevos métodos y procedimientos especialísimos; no se contentaron en hacer experimentos con animales, sino que en los hospitales y en los asilos de la infancia hacían sus ensayos con infelices niños sin familia; los unos morían, los otros se salvaban y los dos sabios no sentían el menor remordimiento por la muerte de aquellos inocentes. La fama les llenaba de orgullo; se creían infalibles, porque de lejanas tierras venían familias a pedirles ayuda. El discípulo era una celebridad médica, y no se separaba del un momento, no envidiaba a su maestro, como estaban unidos desde hacia tantos siglos, su mayor placer era tener contento a su profesor, proporcionarle niños para sus experimentos, se creyeron ambos dioses, el orgullo los cegó y el orgullo también es un pecado, y como todo pecado tiene su condena. El discípulo amado es hoy  la tierna niña, cuyo abuelo, con toda su ciencia, no ha podido curar más que a medias; el sabio orgulloso, el que se cree infalible en sus juicios, se ha visto impotente para curar a su ángel querido; y este que no tuvo compasión de los pobres niños sacrificados al estudio y a las investigaciones científicas, sufre hoy las consecuencias de su indiferencia de ayer; dolor que no se compadece; es necesario sufrirlo para apreciarlo en su verdadero valor. El abuelo sufrió la decepción de que su acción curativa no respondía al impulso de su pensamiento, su desesperación llegó al grado Máximo cuando se vio impotente para salvar a la nieta, que era el amor de todos sus amores; muriendo como era necesario que muriera, humillado, convencido de su insignificancia, de su pequeñez, se creyó un dios y murió persuadido de que no hay dioses, que no hay más que un Dios, y como el pecado del orgullo científico es hasta cierto modo perdonable, y el era un Sol en el mundo de la ciencia, hoy comprende perfectamente que hay una grandeza superior a la suya, una ciencia para él desconocida, un poder maravilloso, una fuerza que sostiene la maquina del Universo, y ante tanta luz, ante tanta magnificencia, ante tantos mundos, hay grandes sabios que preguntan a Dios porque brillan los soles, y porque su fuego no incendia el Universo, el se considera uno de los alumnos en la gran Universidad del Infinito; se reconoce grande y pequeño a la vez y el orgullo no lo volverá a cegar. Tiene luz propia, vive en medio de la luz, con su fluido luminoso envuelve a su nieta, que es el amor de todos los amores.

No basta penetrar en el espiritismo, hay que amar, hay que compadecer, no se puede menospreciar al paria de la sociedad, porque aquel ser abandonado tiene un Espíritu quizás más adelantado que el que se cree infalible por su sabiduría, y en el mero hecho de nacer hay que considerar que viene a la Tierra a cumplir una misión, sea esta de gran importancia o insignificante. Todo hombre merece respeto y hay que esforzarse en protegerlo y en amarle; la ciencia que no desciende hasta el desamparado, llega un día en que recibe el castigo merecido, como hemos visto en el médico.

Solo el espiritismo nos hará grandes en medio del dolor, porque sabiendo que vivimos eternamente,  haremos lo posible para ser mejores que ayer y ser mañana  grandes benefactores de la humanidad.

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APRENDIENDO A LUCHAR CON LOS PROBLEMAS

Autora: Celia Xavier Camargo

Roberto era un niño que estaba siempre con dificultades en la escuela. A la hora de hacer los deberes en casa, era sólo protesta. Quedaba enfadado, lloraba, golpeaba el pie, rompía la punta del lápiz… y no hacía nada. 

 Un día, en que el niño estaba encontrando más dificultades que de costumbre, la madre se aproximó a Roberto, que lloraba haciendo el mayor drama. Llena de paciencia, ella le preguntó  qué estaba pasando.

El niño aprovechó para llorar aún más, protestando:

— ¡Yo no aguanto más, mamá! ¡Todo el día es la misma cosa! ¡Las tareas son muy difíciles y no consigo hacer! ¡No consigo aprender!… — y se descargaba en lágrimas.

Un día, en que el niño estaba encontrando dificultades

La madre, que conocía bien al hijo, se sentó cerca de él y explicó:

— Roberto, tu consigues aprender sí. ¡Todos los niños tienen dificultades! Lo que falta en ti es un poco más de voluntad y paciencia para resolver tus problemas.

— ¡Pero yo no lo consigo, mamá! — insistía él.

La señora pensó un poco, lo cogió en el pecho, y preguntó con voz mansa:

— Hijo mío, tu ya estás en el segundo grado. ¿Cómo crees que llegaste hasta aquí?

— ¡Porque yo pasé de año! — respondió él, más tranquilo.

— ¡Porque tu aprendiste, Roberto! ¿Te acuerdas de cuanta dificultad encontraste para conseguir leer y escribir?

El niño sonrió más animado al recordar el pasado:

— ¡Pero ahora yo sé! ¡Y también sé hacer cuentas!

La madre sonrió y prosiguió:

— ¡Y hay mucho más que tú ya aprendiste! ¿Tú no sabías coger el cordón del tenis, no es?

— ¡Es verdad, mamá, pero ahora yo sé! Sé también andar con la bicicleta, con patines, jugar al fútbol, nadar… — él recordó, admirado.

La madre concordó con él, y fue a buscar un libro en la estantería. Abriendo en una determinada página, mostró al hijo una interesante imagen que presentaba la evolución humana a través del tiempo, completando la explicación al afirmar que siempre estamos progresando.

— ¡Hijo mío, todo progresa! Ves esta imagen. Representa la escala de la evolución humana. 

¿Son bien diferentes de nosotros, no? ¡Pero nosotros ya fuimos como esos seres primitivos!

— ¡¿Quieres decir que yo ya fui parecido a un mono?!… — dijo el niño mirando la figura, espantado. 

— ¡Sí, todos nosotros! Porque nosotros somos Espíritus, seres inteligentes creados por Dios para la evolución. Por eso, renacemos muchas veces, evolucionando siempre. La humanidad terrena progresó bastante materialmente a través de descubrimientos científicos, tecnológicas, mejorando las condiciones de vida de la población, por ejemplo. ¿Entendiste?

— ¡Ah!… Más o menos. ¿Como es así, mamá?

— Bien. Cuando tú construiste una casa para tu perrito con tablas de una caja de manzanas, estabas inventando, creando algo útil para alguien, ¿no es?

 — ¡Es verdad, mamá!

— Porque tu, Roberto, tuviste que medir las tablas, hacer cuentas, colocar los clavos etc. ¡El papá ayudó, pero tu construiste la casa!

El chico tenía los ojos abiertos de espanto al constatar su proeza. Y la madre prosiguió:

 — Sin embargo, no es sólo eso. También tenemos que progresar moralmente, Roberto. El Espíritu hace eso a través de los conocimientos que adquiere, mejorando sus sentimientos, su manera de actuar. De ese modo, progresan las personas, las ciudades, los países, los planetas. La Tierra, nuestra casa planetaria, ya progresó bastante y está en una época de transformación para ser un mundo mejor.

— Entendí, mamá. ¡Quieres decir que, cuando yo trato bien a las personas, no peleo en la escuela, divido mi merienda con alguien que está con hambre, estoy actuando bien, haciendo mi “tarea”!… ¿Cual es el libro que trae esas lecciones tan importantes?

Con una sonrisa, la madre completó:

— Ese libro es el Evangelio de Jesús, donde aprendemos la ley del amor: como amar al prójimo, no guardar rencor, aprender a perdonar y ayudar a quién esté sufriendo o en dificultad. ¿Entendiste?

— Sí, mamá. No voy a protestar más para hacer los deberes de la escuela porque sé que luego yo aprendo. ¡Y, cuando no sepa, voy a preguntar a la profesora! 

Roberto miró para el cuaderno. Ahora con otra disposición, cogió el lápiz, intentando entender las preguntas. Descubrió que, con un poco de buena voluntad, no era difícil entender las preguntas. Concentrado, bajó la cabeza y se puso a responderlas.

Al verlo atento a la tarea, la madrecita salió sin que él lo notara. Una hora después, el niño apareció en la cocina levantando el cuaderno en la mano como si fuera un trofeo. Había en su rostro una expresión diferente de contentamiento, una sensación buena de capacidad por haber conseguido hacer todo solo:

— ¡Mamá, yo lo conseguí!… ¡Hice todo bien!…

Llena de alegría, la madre envolvió al hijo en sus brazos, agradecida a Dios por ese momento.  

 — ¡Muy bien, hijo mío! ¡Si cada uno hace su parte, con certeza nuestro planeta será un lugar mejor para vivir!

Roberto creció, sin embargo a lo largo de su vida nunca más encontró dificultades para resolver sus problemas, porque había aprendido que, con buena voluntad y determinación, nada le sería imposible. Y todo lo que aprendía era conquista que quedaría no sólo para esta vida, sino para siempre, porque jamás sería olvidada.

MEIMEI

(Recibido por Celia X. de Camargo, en Rolândia-PR, en 7/11/2011.)

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LA CONVERTIDA DE MIGDOL, UNA APÓSTOLA

 

La biografía de Maria de Magdala es uno de los admirables temas de la historia del Cristianismo, destacándose como ejemplo  inolvidable su sujeción  en la belleza natural  y su posterior ternura por los leprosos  del Valle de los Inmundos.

Según consta en la tradición, la “misión” de aquella mujer, en Magdala o Migdol  (torre), hoy  el Mejdel, en la actualidad ciudad localizada en la costa occidental del Mar de Galilea, era procurada por los príncipes de las sinagogas, abastecidos comerciantes, millonarios señores de tierras y esclavos, funcionarios de alta categoría de la administración herodiana, que le  adosa en el cofre monedas de oro, joyas, dracmas de plata, perfumes raros, presentes exóticos.

Aquella mujer era María de Magdala, personaje que trae a colación los debates por interpretaciones diferentes  sobre su vida, por lo tanto, se opto por analizar un consenso a propósito de determinadas cuestiones fundamentales, para que nuestra pesquisa no perdiese la apropiada normalización de su contenido.

Hay quien afirma que mucho más que la tradición que la realidad se encargó de difundir la supuesta fama de Magdalena. “El  Talmud  la presenta como casada con el judío Pappus Benjudah, al que abandono para unirse al oficial de Herodes llamado Panther; no era necesariamente una “pecadora publica” ni una “viciosa” como la describe Gregorio Magno”. (1) Muchos la identifican  como pecadora, endemoniada (por siete obsesores), prostituta (las bases históricas  de esa última afirmación parecen ser bastante frágiles para algunos exegetas). Se sabe, con certeza, que Maria difamada de Magdala no era feliz.

Algunos  escritores y estudiosos contemporáneos, basados en los Evangelios Canónicos Margaret George, Henry Lincoln, Michael Baigent y Richard Leigh, autores  del libro El Santo general y la Linhagem Sagrada (1982), y Dan Brown autor del romance  El Código da Vinci (2003), a pesar de proponer tesis llamativas, describen a Maria de Magdala como una apóstala.

Cierta noche, instada por una sierva de confianza, permitió un dialogo sobre un Excelso Peregrino que transitaba por los caminos de Galilea y de Judea. Entusiasmada, al día siguiente, sirviéndose de frágil embarcación, atravesó el lago para conocer a Jesús, en Cafarnaum. Los días se pasaron hasta cuando Cristo estuvo  en Magdala,   la propietaria de la famosa “casa noble” tomo un vaso de alabastro que contenía el perfume de Lotus, comprado a precio de oro.

Era su presente al sublime Rabi de Galilea. Sabiéndolo en un banquete en casa de Simon, un rico comerciante de Galilea, se dirigió para allá. (2) Casi al final de la ágape, rompiendo  la seguridad, la famosa y afamada de Magdala (3) irrumpe en la sala y se arroja  a los pies del sublime Galileo. El adinerado Simon, dueño del caserío se llena de furia, más recela  en determinar expulsarla.(4) El afectuoso Nazareno exalta  el gesto de aquella corajosa Magdalena que arrodillada a sus pies, los riega con sus lágrimas, los enjuga con sus sedosos cabellos y los unge con el sobrenatural bálsamo que invade todo el recinto. El divino Señor, simplemente dice: por ese gesto te digo que tus muchos pecados  te son perdonados, porque amo mucho; más aquel  a quien poco le es perdonado, poco ama. Mujer, tu fe te salvó; vete en paz. (5)

El Maestro aliviaba  el corazón de aquella alma  intensamente amorosa, transitoriamente  franqueada   bajo el guante  de la ilusión de la belleza física desértica. Por eso invirtió en su recuperación, incentivándola a cambiar de vida, lo que ella acogió con la consistencia adamantina de su personalidad fuerte  e inició un rumbo nuevo, transformándose, después de la Madre de Jesús, en el mayor ejemplo de Amor en la faz de la Tierra.

A la mañana siguiente la población  de Magdala supo, sorprendida, la noticia de la conversión de la mujer, insignia de la iniquidad. Ella echaría mano de todos los bienes materiales que  poseía y, con lo estrictamente  necesario, iniciaría nueva vida. se junto discretamente a los que seguían al Mesías, más infelizmente por varias veces, recibió la bofetada de la sospecha.

En el transcurso de los meses, atendiendo a los momentos de la traición de Judas, de la prisión de Jesús, del juzgamiento arbitrario, aquí esta, peregrinando por el Gólgota, acompañando-Lo. La convertida de Magdala se conservó al pie de la cruz, unida a Maria de Nazaret y al joven Juan Evangelista. En el instante en el que la frente del Maestro cayo pesada, ansió abrazarse otra vez a Sus Pies  y besarlos con soberana bendición, sin embargo se sintió inmovilizada.

En domingo (tres días después del martirio en la Cruz), llegando  el túmulo del Maestro al lado de Juana de Cusa, Maria (Madre de Marcos) y otras mujeres (6), deparo frente a la tumba desplazada, dobló los lienzos  que habían envuelto el cuerpo  y el sepulcro vacio. Magdalena tuvo recelo  de los fanáticos judíos, que hubiesen robado   y escondido el cuerpo del Príncipe de la Paz.(7) Mientras las demás mujeres  retornaron a Jerusalén, con el fin de revelar lo acontecido, Magdalena se conservó en el jardín adyacente, para llorar.

La nostalgia hecha de agonía le inundaba el corazón, cuando escucho la dulce voz del Crucificado, llamándola ¡Mujer! “[Gyne]” (8) ella se volvió, y mal consigue divisar un bulto, los ojos aun inundados por las lágrimas y las pupilas dilatadas por la oscuridad del sepulcro. ¿Sería el jardinero?  ¿Habría el ocultado el cuerpo del Divino Amigo? Entonces, los oídos descubren  lo que los ojos no pueden  divisar: la voz vuelve a llamarla más esta vez por el nombre: ¡Maria! Cuando la hija de Magdala oye aquella voz  transcendente llamándola: ¡Maria! Ocurre una transformación admirable: ella reconoce al suave Rabí redivivo, y exclama: “-¡Raboni (9), mi Maestro!” Y,  literalmente,  intentaba abrazarlo, todavía no era momento para tocar-Lo.(10)

Es interesante meditar “por que razones profundas dejarían al Divino maestro tantas figuras  más próximas de su vida para surgir a los ojos de Madalena, en primer lugar? El gesto de Jesús   es profundamente simbólico en su esencia divina. De entre las figuras de la Buena Nueva, nadie ha hecho tanta violencia a si mismo, para seguir al Salvador, como la inolvidable obsesada de Magdala.” (11) La ex vendedora de ilusiones difamada por los madalenos, en quien se acostumbra a lanzar injurias,  en el encuentro con el Maestro materializado re descubre su identidad y hasta amplia  su horizonte existencial. Al reconocer a Jesús inmediatamente El  la coloca por encima llamando-Lo Raboni. Cristo estaba allí, radiante como la madrugada recién amanecida.

Madalena fue a anunciar el episodio a los apóstoles, que no la creyeron. ¿por qué habría Jesús de aparecerse solo a ella? Sin embargo, María de Nazaret la abrazó y le pidió detalles.  Los días que siguieron fueron de saudades y recordaciones. Las noticias auspiciosas llegaban a  sus oídos.

Supo que en aquel mismo día, yendo dos discípulos para su residencia   situada  en los arrabaldes (Emaús), distante de Jerusalén  sesenta estados (12) dos discípulos mientras conversaban, Cristo se les unió y se puso a caminar con ellos (Jesús  había tenido sus pies dilacerados  por la crucificación);  – más no Lo reconocieron “Al aproximarse  a sus casas el Crucificado quería ir delante – Los dos LE  dijeron: Quédate con nosotros ya es tarde: El entró con los dos. – Estando con ellos a la mesa dividió el pan, lo bendijo y les dio. Se les abrieron los ojos al mismo tiempo a ambos  y Lo reconocieron; Jesús, sin embargo, desapareció de su vista.

Madalena  supo que Jesús  apareció también para Simon Pedro  y Tomas, Natanael, a los hijos de Zebedeu y a otros dos de sus discípulos  al margen del mar del Tiberiades. “En aquella noche Simon Pedro y los otros fueron a pescar  y nada pescaron. Al amanecer, Jesús apareció al margen sin que sus discípulos conociesen que era el. – Les dijo entonces: ¿Hijos, no tenéis nada que se coma? Le  respondieron: No. El les dijo: Lanzad las redes al lado de echo de la barca  y hallareis. Ellos las lanzaron  y luego sasi no pudieron sacarla, tan cargada estaba de peces. Entonces, el discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: Es el señor. Simon Pedro, al oír que era el señor, se vistió (pues estaba desnudo) y se tiró al mar. – Los otros discípulos llegaron con la barca, y, como no estaban distantes de la playa más de doscientos codos (13), sacaron la red llena de peces (14)

Después de eso, Jesús los condujo para Bethania y, habiendo lavado las manos, los bendijo, – y habiéndolos bendecidos, se separó de ellos y fue arrebatado al infinito. En cuanto a ellos, después de haberlo adorado, volvieron con Jerusalén, llenos de alegría. “(15)

La convertida de Magdala experimento soledad y abandono y, y para enfriar la inmensa nostalgia del Rabí pasó a caminar por las largas playas que tanto El recordaba. En una de esas tarde, encontró leprosos  que venían de Siria con el fin de  buscar el socorro de la cura. Ella los abrazó, diciéndoles que Jesús fue crucificado. Se detuvo por horas para hablar, con nostalgia, de lo que aprendiera  con quien era El Camino, La Verdad  y la Vida. Después,  siguió con ellos al valle  de los inmundos (leprosos)

Algunos años después, devorada por la lepra, sintiendo que iba a desencarnar, deseó volver a ver a Maria de Nazaret y fue a Éfeso. Después de tres días de delirio, se sintió repentinamente expulsada del cuerpo, en la playa donde encontrara a los leprosos sirios y, su apariencia  era   la de cuando era joven y bella. En ese momento ve caminar sobre las aguas la figura de Jesús  que le dijo:

-Ben Maria, ya atravesaste la puerta estrecha. Todas tus culpas están perdonadas porque mucho amaste  y mucho sufriste. Yo te estaba esperando. Ahora duerme. ¡Yo te elegí para que vengas a mi reino! Madalena adormeció  en los brazos de Jesús.

Jesús realizo dos jerarquías de “resurrección”: “resurrección” del cuerpo, y “resurrección” del espíritu. “Resucitó” Lázaro, y “resucito” Madalena. A los ojos del mundo, la primera de estas dos maravillas asume  mayores proporciones, más, a los ojos de Dios, el segundo prodigio es más bello, más valioso. El cuerpo de Lázaro moriría después de aquella “resurrección”. Madalena nunca más murió, porque lo que en ella resurgió no fue la carne, fue el espíritu. el mundo se maravilla  en la “resurrección” de Lázaro. El Mundo Espiritual Superior se extasía de la “resurrección”  de Madalena.

Se especula que después de esa encarnación de los tiempos apostólicos, Maria de Magdalena  aun tuvo otras encarnaciones, hasta llegar a encarnar por última vez como Madre Teresa de Ávila (Santa Teresa de Jesús) cuyo nombre verdadero era Teresa de Cepeda y Ahumada, una revolucionaria religiosa nacida en España en 1515 y fallecida  en 1582. (16) “Se non è vero, é ben trovato”(17

Referência bibliográfica:

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¿QUÉ ACONTECE  EN EL PLANO ESPIRITUAL CUANDO

 ORAMOS?

Soñé que fui para el cielo y un ángel estaba mostrándome el lugar. Caminábamos  lado a lado  por una “despacho” lleno de ángeles. Mi ángel de la guarda se paro enfrente  de la primera sección y me dijo: -“Esta es la sección de los Recibimientos. Aquí, todos  los deseos  pedidos a Dios en oración son recibidos.

Mire a mi alrededor  y estaba todo ocupado, con muchos Anjeles seleccionando pedidos  en voluminosas hojas de papel con recados de gente de todo el mundo, y desde ahí continuamos  para descender por un largo corredor hasta que llegamos a la segunda sección.

Entonces el ángel me dijo: Esa sección  es de Embalajes y Entregas. Aquí, las gracias y bendiciones pedidas por las personas son procesadas y entregadas a los que las pidieron.

Percibí como, nuevamente, el lugar estaba. Había muchos ángeles trabajando en aquella sección, pues varias bendiciones habían sido pedidas y estaban siendo embaladas  para  entregarlas en la Tierra.

Finalmente, bien distante,  al final de aquel corredor paramos  frente a una puerta. Para mi sorpresa, había solamente un ángel sentado allí,  sin hacer nada.  – Esa es la sección de Reconocimiento, me dijo el ángel, admitiendo eso, parecía avergonzado.

-¿Cómo es así?  ¿No hay ningún trabajo desempeñado aquí? Pregunte.

- Es muy triste” El Ángel suspiro. Después que reciben las bendiciones que pidieron, muy pocos retornan para el Reconocimiento.

-¿Y cómo podemos reconocer las bendiciones de Dios? pregunte.

-¡Simple! El ángel respondió. Es solo decir: ¡Gracias Señor!

-¿Y cuáles bendiciones deberán ser reconocidas? Nuevamente pregunte.

-Si usted tiene comida en su nevera, ropas para vestir, un techo y una cama  para dormir, usted es más rico  que el 75% de las personas de este mundo. Si usted tiene dinero en el banco, en su cartera y para comer, está entre  los 8% de los afortunados del mundo.

- Y si usted recibe eso en su propio computador, usted forma parte del 1% del mundo que tiene esa misma oportunidad.

- Si despertó hoy con salud, usted es mucho más feliz que los muchos  que no consiguieron al menos sobrevivir al día de hoy.

-Si nunca tuvo que sufrir el miedo en una guerra, la soledad de la prisión, la agonía de la tortura  o punzadas de hambre en el estomago, está por encima de 700 millones de personas en este mundo.

. Si puede ir a la iglesia sin temer al asedio, prisión, tortura o muerte, usted es más afortunado que tres billones de personas en todo el mundo.

- si sus padres están vivos y aun viven juntos, usted es aun más raro.

- Si puede erguir su cabeza y sonreír, está entre pocos. Gran número de personas están sumergidas en las dudas y el desespero.

-Está bien. ¿Y ahora? ¿Cómo puedo comenzar?

Si puede leer este mensaje, usted recibió una doble bendición, pues alguien pensó en usted  como siendo alguien muy especial y usted es más bendecido que más de dos billones de personas  en el mundo que no consiguen al menos leer.

Que tenga un gran día. Cuente todas sus bendiciones. Y si a usted no le importa, repase todo para recordarlo  y valorar lo bendecidos y especiales que somos.

 

ATENCIÓN: Departamento de Reconocimiento: “Gracias Señor, por la habilidad de compartir este mensaje  y presentarme a tantos amigos  con los que puedo compartir esta bella lección.

¡Yo le doy las gracias a Dios por todo, en especial por toda mi familia y por todos mis amigos!

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DAR GRACIAS POR TODO

 El apóstol Pablo, con su lucidez inconfundible, recomendó que debamos dar gracias a Dios por todo lo que nos sucede, tanto por las cosas buenas como por las que nos parecen desagradables

Quizás sea por ese motivo que un cierto hombre actuaba siempre de esa manera. Agradecía por todo, y tenía la seguridad que Dios siempre lo protegería.

Un día salió para hacer un viaje en avión. Durante el viaje, cuando volaban sobre  el mar uno de los motores falló y el piloto tuvo que efectuar un aterrizaje forzoso en el océano.

Casi todos murieron, pero el hombre consiguió agarrarse a algo que lo conservase en la superficie del agua.

Estuvo a la deriva durante mucho tiempo hasta que llegó a una isla deshabitada. Al llegar a la playa, cansado, pero vivo, agradeció a Dios por haberle librado de la muerte.

En aquel lugar desierto consiguió alimentarse con pescados y hierbas. Derribó algunos árboles  y con mucho esfuerzo construyó una choza. No era exactamente una casa, sino un abrigo tosco, con ramas y hojas, que significaba protección.

Se quedó muy contento y una vez más agradeció a Dios, porque ahora podía dormir sin miedo de los animales salvajes que quizás existieran en la isla.

Un buen día, decidió pescar y cuando terminó, había pescado mucho. Entonces, con comida en abundancia y muy satisfecho con el resultado de la pesca, una vez más agradeció al Creador.

 

Sin embargo, cuando volvía hacia su humilde choza, su decepción fue enorme, al ver que su vivienda estaba incendiándose.

Se sentó en una piedra llorando y decía sollozando:

“¡Dios! ¿Cómo has podido dejar que esto sucediera conmigo?  Tú sabes que yo necesito mucho de esta choza para cobijarme, y has dejado que se convierta en cenizas.

Dios ¿Tú no te compadeces de mí?”

En ese mismo instante una mano se apoyó sobre su hombro y escuchó una voz que le decía:

“¿Vamos muchacho?”

Dio media vuelta para ver quien le estaba hablando, y tuvo una sorpresa mayúscula cuando vio delante de él un marinero uniformado que le decía:

“Vamos rápido muchacho, vinimos a buscarte”

“Pero…, ¿cómo es posible? ¿Cómo supieron que yo estaba aquí?”, dijo el hombre con sorpresa.

“Bueno amigo, dijo el marinero, vimos tus señales de humo pidiendo socorro. El capitán ordenó que el barco parase y  mandó que te viniera a buscar en ese bote que está allí.”

Los dos entraron en el bote y así el hombre fue para el barco que lo llevaría sano y salvo de regreso a sus seres queridos.

Ya en seguridad, el hombre agradeció una vez más a Dios y le pidió perdón por la falta de confianza en su providencia y misericordia. 

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Ante cualquier dificultad recuerda el poder de la oración y ruega inspiración al Cielo, realizando siempre lo mejor para que lo mejor se haga en ti y a través de ti, sin que te olvides que todo apelo encuentra respuesta, según lo que merezca el que pide y la forma cómo lo pide.”

Jesús, nos dijo, que la oración hecha en común es un haz de pensamientos, de voluntades, de rayos, de armonías y de perfumes que se dirige con mayor energía hacia su objeto. Puede adquirir una fuerza irresistible, capaz de remover, de conmover las masas fludicas.

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LOS MALOS VECINOS

Había una vez un hombre que salió un día de su casa para ir al trabajo, y justo al pasar por delante de la puerta de la casa de su vecino, sin darse cuenta se le cayó un papel importante. Su vecino, que miraba por la ventana en ese momento, vio caer el papel, y pensó:

- ¡Qué descarado, el tío va y tira un papel para ensuciar mi puerta, disimulando descaradamente!

Pero en vez de decirle nada, planeó su venganza, y por la noche vació su papelera junto a la puerta del primer vecino. Este estaba mirando por la ventana en ese momento y cuando recogió los papeles encontró aquel papel tan importante que había perdido y que le había supuesto un problemón aquel día. Estaba roto en mil pedazos, y pensó que su vecino no sólo se lo había robado, sino que además lo había roto y tirado en la puerta de su casa. Pero no quiso decirle nada, y se puso a preparar su venganza. Esa noche llamó a una granja para hacer un pedido de diez cerdos y cien patos, y pidió que los llevaran a la dirección de su vecino, que al día siguiente tuvo un buen problema para tratar de librarse de los animales y sus malos olores. Pero éste, como estaba seguro de que aquello era idea de su vecino, en cuanto se deshizo de los cerdos comenzó a planear su venganza.

Y así, uno y otro siguieron fastidiándose mutuamente, cada vez más exageradamente, y de aquel simple papelito en la puerta llegaron a llamar a una banda de música, o una sirena de bomberos, a estrellar un camión contra la tapia, lanzar una lluvia de piedras contra los cristales, disparar un cañón del ejército y finalmente, una bomba-terremoto que derrumbó las casas de los dos vecinos…

Ambos acabaron en el hospital, y se pasaron una buena temporada compartiendo habitación. Al principio no se dirigían la palabra, pero un día, cansados del silencio, comenzaron a hablar; con el tiempo, se fueron haciendo amigos hasta que finalmente, un día se atrevieron a hablar del incidente del papel. Entonces se dieron cuenta de que todo había sido una coincidencia, y de que si la primera vez hubieran hablado claramente, en lugar de juzgar las malas intenciones de su vecino, se habrían dado cuenta de que todo había ocurrido por casualidad, y ahora los dos tendrían su casa en pie…

Y así fue, hablando, como aquellos dos vecinos terminaron siendo amigos, lo que les fue de gran ayuda para recuperarse de sus heridas y reconstruir sus maltrechas casas.

AUTOR DESCONOCIDO

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EL MINISTRO SABIO

Mateo discurría, solemne, sobre la misión de los que dirigen  a la masa popular, especificando los deberes de los administradores y las dificultades de los siervos.

La conversación avanzaba, dentro de la noche, cuando Jesús, notando que los aprendices esperaban su palabra amiga,  y narro sonriente: – Existía un reino, en cuya intimidad apareció un gran partido  de adversarios del soberano  que lo gobernaba.

Poco a poco, el espíritu de rebeldía creció  en ciertas familias enojadas y, en breves semanas, toda una provincia en desespero se irguió contra el monarca, criticando sus acciones.

Naturalmente preocupado, el rey convido a un juez hábil para los encargos de primer ministro del país, deseoso de apagar la discordia; más el juez comenzó a crear una cantidad enorme de leyes y documentos escritos, que no llegaron a operar la mínima alteración.

Desilusionado, sustituyo al inoperante por un adoctrinador famoso.

El tribuno, sin embargo, conducido a la elevada posición, se deshizo en discursos vehementes y preciosos que no modificaron la perturbación reinante.

Continuaban los enemigos internos solapando el prestigio nacional, cuando el soberano pidió socorro a un sacerdote que, situado en tan noble puesto, maleo, de inmediato, lo elementos contrarios al rey, empeorando  el problema.

Desanimado, el monarca trajo un médico  para la dirección de los negocios generales, más cuando se vio en palacio, participando de las honras publicas, el nuevo ministro afirmo, para conquistar el favor real, que el partido de los adversarios  de la Corona  se constituía de enfermos mentales, e hizo de eso propaganda  tan ruinosa que la indisciplina se torno más audaz y los rebeldes  más desesperados.

Presintiendo el trono  en peligro, el soberano substituyo al médico por un general célebre, que tomo drástica providencia,  reclutando fuerzas armadas en las regiones  fieles  y movilizándolas contra los hermanos insumisos.

 

Estableció la guerra civil.

Y cuando la muerte comenzó a cosechar vidas humanas, inclusive la del temido lidiador militar que se convirtiera  en primer ministro del reino, el imperante, con el alma constreñida, invitó a un sabio para ocuparse del puesto entonces vacio.

Este llegó a la administración, medito por algún tiempo y dio inicia a nuevas actividades.

No creo nuevas leyes, no proporcionó discursos, no censuró a los sublevados,  no perdió tiempo en burlas y ni estimulo cualquier cultura de venganza.

Se dirigió en persona a la región conflagrada, a fin de observar las necesidades.

Reparo ahí, la existencia de innumerables criaturas sin techo, sin trabajo y sin instrucción, e erigió casas, creo oficinas, abrió caminos  e improviso escuelas, incentivando el servicio  y la educación, luchando, con valioso espíritu de entendimiento y fraternidad, contra  la pereza  y la ignorancia.

No transcurrió mucho tiempo y todas las discordias del reino desaparecieron, porque la acción concreta del bien elimino la desconfianza, toda la dureza  e indecisión  de los espíritus enfermizos  e inconformados.

Mateos contemplo al Señor, embebecidamente, deleitándose con las ideas de bondad salvadora que enunciara, y Jesús, respondiéndole a la atención  con luminosa sonrisa, acrecentó para finalizar _  El odio puede generar un incendio  de discordias, en el mundo,  más ninguna teoría de salvación será realmente valiosa  sin el justo beneficio a los espíritus que la maldad o la rebelión desequilibraron.

Para que el bien pueda reinar entre los hombres, ha de ser una realidad positiva en el campo del mal, tanto como la luz ha de surgir, pura y viva, a fin de expulsar las tinieblas.

Por el espíritu Neo Lucio – del libro: Jesús en el Hogar, Médium Francisco Cándido Xav

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“La vida está llena de desafíos que, aprovechándolos de forma creativa, se transforman en oportunidades.”

Maxwell Maltz

AMOR DE MADRE

Fue en diciembre de 1944 cuando todo comenzó. Los camiones llegaron al campo de concentración de Bergen-Belsen y dejaron a 54 niños. La más mayor tenía 14 años y había muchos bebés.

En el alojamiento de las mujeres, Luba Gercak dormía. Despertó a su vecina de litera y le preguntó: “¿estás escuchando?” “Es el llanto de niños.”

La otra le dijo que volviese a dormir. Ella debía estar soñando. Todos conocían la historia de Luba. Aun adolescente se casó con un comerciante y tuvieron un hijo, Isaac.

Cuando llegó la guerra, los nazis le arrancaron de los brazos al hijo de tres años y  lo echaron a un camión, junto con otros niños y mayores. Todos inútiles para el trabajo y, por tanto, con un destino cierto: la cámara de gas.

Después, ella pudo ver otro camión arrastrando el cuerpo, sin vida del marido.

En el primer momento, desistió de vivir. Después la fe le sustentó el alma y ella percibió que Dios esperaba mucho más de ella. Entonces, pasó a ser voluntaria en las enfermerías.

Ahora, Luba oía llanto de niños. ¿Quienes serían?

Abrió la puerta del alojamiento y vio niños, niñas y bebés apiñados, en llanto, en  medio del campo. Separados de sus padres, se encontraban desorientados y tenían hambre y frío.

Luba los trajo para dentro. Y porque protestaron las demás ocupantes del infecto alojamiento, ella los abrazó, diciendo: “¿Vosotras no sois madres? ¿Si fuesen vuestros hijos, me pediríais que yo los dejase morir de frío? Ellos son hijos de alguien.”

En verdad, lo que sus compañeras temían era a furia de los soldados da SS.

Luba agradeció a Dios por haberle  enviado a aquellas criaturas. Su  hijo murió, pero haría todo para que aquellos niños viviesen.

Fue hasta el oficial de la SS en el campamento y le contó lo que hizo. Puso su mano en el brazo de él y le suplicó. Él se dio cuenta que ella lo tocó, lo que estaba prohibido, y le aplicó una bofetada en pleno rostro, haciéndola caer.

Ella se levantó, el labio sangraba y le dijo: “Soy madre. Perdí a mi hijo en Auschwitz. Usted  tiene edad para ser abuelo. ¿Por qué ha de querer maltratar a niños y bebés?”

“Quédese con ellos”, fue la respuesta seca del oficial.

Pero quedarse con ellos, no era suficiente. Era necesario alimentarlos. En los días que  siguieron, todas las mañanas, ella iba al depósito, a la cocina, a la panadería, implorando, mintiendo y robando alimentos.

Los niños se quedaban en la ventana y cuando la veían llegar decían a los otros: “allí viene la hermana Luba. ¡Ella trae comida para nosotros!”

A la noche, ella cantaba canciones de cuna y los abrazaba. Era la madre que les faltaba. Los niños, que hablaban holandés, no entendían las palabras de Luba, que era polaca, pero comprendían su amor.

El 15 de abril de 1945, los tanques británicos entraron en el campo, victoriosos y en seis idiomas pasaron a rugir los megáfonos: “¡Son libres! ¡Libres!”

Luba consiguió salvar a 52 de los 54 niños que adoptó como hijos del corazón.

……………

En abril de 1995, 50 años después de la liberación, cerca de 30 hombres y mujeres se reunieron en la prefectura de Ámsterdam para homenajear a aquella mujer.

Recibió, en nombre de la reina Beatriz, la medalla de plata por servicios humanitarios.

No obstante, declaró que su mayor recompensa era estar con aquellos sus hijos que, con el apoyo de Dios, consiguió salvar de la sombra de los campos de la muerte.

Por eso nunca pensemos que somos muy pequeños para luchar por las grandes causas o que estamos solos. Quien lucha por la justicia, tiene un insuperable aliado que se llama Dios, nuestro Padre.

Redacción del Momento Espirita, con base en la historia “Una Heroína en el Infierno”  de la revista Selecciones del Reader’s Digest, de marzo de 1999.

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DIVALDO FRANCO Y EL SACERDOTE

Cierta vez, fui a un sacerdote a confesarme (antes de hacerme espírita). Le conté sobre mis comunicaciones con los muertos. Para él eran fuerzas demoníacas intentando alejarme de la Iglesia. Me vino una amargura de Dios y comencé a preguntar:

- Soy un buen católico, buen sacristán, adoro la Iglesia, hago ayuno, paso la semana de la Pascua sin comer hasta el mediodía. Si Dios no puede con el diablo, ¿yo voy a aguantar? El diablo va a vencerme. ¿Cómo un chico de 17 años, del interior, ingenuo, puede vencer al diablo si ni Dios lo consigue?

Entré en depresión y me quedé con amargura de Dios. Me confesé al sacerdote:

- Yo voy a matarme. Nuestra Señora del Carmen va a tener pena de mí, me va a colocar el escapulario y me sacará del infierno.

Él me miró despacio y respondió:

- No tomes ninguna actitud ahora. El demonio a veces nos perturba para probar nuestra fe; cuando no lo consigue, abandona. Vuelve para la Iglesia.

Era un hombre honesto, creía piadosamente en sus ideas.

Un día al confesarme con él, vi aproximarse a un Espíritu. Tuve otro conflicto:

- ¿Cómo puede el diablo entrar en la sacristía?

De hecho yo veía siempre a los Espíritus. En el momento de la eucaristía la ostia se hacía luminosa cuando era colocada en mi boca. A veces, en Feria de Santana, veía al clérigo Mário Pessoa aureolado. En mi comprensión (católico), él era un santo. Las personas en la hora de la fe se iluminaban y yo juzgaba todo una alucinación.

Cuando el Espíritu entró, exclamé:

- ¡Mire, el diablo está viniendo, y es mujer!

- ¿Tú ves alguna señal particular en el rostro de ella? – me preguntó el sacerdote.

- Veo una verruga encima del labio.

- ¿Y qué más?

- El cabello está partido por la mitad, recogido en un moño detrás.

- ¿Y qué más?

- Veo un chal sobre los hombros, con puntas, un chal negro de cuadros.

- Puedes quedarte tranquilo, es mamá.

Ella “incorporó” y conversó con el sacerdote. Cuando desperté, él me aclaró:

- Divaldo, mamá vino a alertarme. Tú misión no es aquí, vas a seguir la tarea que Dios te confió, porque el bien está en todos los lugares.

Me quede más turbado, porque yo no era espírita, tenía miedo, me sentía de cierto modo alejado de la Iglesia, pero continuaba frecuentándola y al Centro Espírita.

Tenía conflictos de fe, principalmente cuando murió mi hermana, por suicidio. Mamá fue a encomendar misa a ese mismo sacerdote, un hombre bueno, y oyó de él:

- Doña Ana, no puedo celebrarla, porque el suicida está en el infierno y Dios no lo saca de allí.

Fue cuando aprendí la primera lección de lógica y de psiquiatría, con una mujer iletrada – mí madre:

- Padre, entonces yo reniego de su Dios. Si Él no es capaz de perdonar no es digno de ser Dios. Soy lavandera modesta y analfabeta, pero la hija que perdí, yo la perdono; ¿cómo es que Dios, que la tiene, no la perdona? Digo más, quien se mata no está en su juicio.

Más tarde yo sabría que muchos portadores de psicosis maniaco-depresiva PMD, van para el suicidio.

Aprendí mucho con ese hombre, con mamá, y cuando yo le dije que no iría más a la iglesia, ella me respondió:

- Dios está en todos los lugares. Si tú fueras justo y obraras con rectitud, Él estará contigo. Haz el bien, hijo mío, porque la verdadera religión es aliviar el sufrimiento ajeno.

A partir de ese acontecimiento me integré lentamente al Espiritismo.

Divaldo Franco

Enviado y traducido al español por Isabel Porras

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EL VALOR DE LA MUJER

Cuenta la leyenda que al principio del mundo, cuando Dios decidió crear a la mujer, encontró que había agotado todos los materiales sólidos en el hombre y no tenía más de que disponer.

Ante este dilema y después de profunda meditación, hizo esto:

Tomo la redondez de la luna, las suaves curvas de las olas, la tierna adhesión de la enredadera, el trémulo movimiento de las hojas, la esbeltez de la palmera, el tinte delicado de las flores, la amorosa mirada del ciervo, la alegría del sol y las gotas del llanto de las nubes, la inconstancia del viento y la fidelidad del perro, la timidez de la tórtola y la vanidad del pavo real, la suavidad de la pluma de un cisne y la dureza del diamante, la dulzura de la paloma y la crueldad del tigre, el ardor del fuego y la frialdad de la nieve.

Mezclo tan desiguales ingredientes, formó a la mujer y se la dio al hombre.

Después de una semana, vino el hombre y le dijo: ¡¡¡Señor, la criatura que me diste me hace desdichado, quiere toda mi atención, nunca me deja solo, charla incesantemente, llora sin motivo, parece que se divierte al hacerme sufrir y vengo a devolvértela porque no puedo vivir con ella!!!

Bien, contestó Dios y tomó a la mujer.

Pasó otra semana, volvió el hombre y le dijo: Señor, me encuentro muy solo desde que te devolví a la criatura que hiciste para mí, ella cantaba y jugaba a mi lado, me miraba con ternura y su mirada era una caricia, reía y su risa era música, era hermosa a la vista y suave al contacto. Me cuidaba y protegía cuando lo necesitaba, me daba dulzura, ternura, comprensión y amor sin condiciones, por favor Dios, devuélvemela, ¡¡¡porque no puedo vivir sin ella!!!

Ya veo, dijo Dios, ahora valoras sus cualidades, eso me alegra mucho, claro que puedes tenerla de nuevo, fue creada para ti, pero no olvides cuidarla, amarla, respetarla y protegerla, porque de no hacerlo, corres el riesgo de quedarte de nuevo sin ella…

Autor desconocido

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UNA  ANÉCDOTA CONMOVEDORA

La prestigiosa escritora española Rosa Montero publicó en su columna una anécdota refrescante y conmovedora sobre la convivencia entre extranjeros y los nacionales de un país. El artículo titulado “El negro” ha causado gran conmoción entre la población inmigrante de España.

Una historia de apenas cuatro párrafos se convirtió en el artículo más leído del periódico El País de España, en su página de Internet. Son líneas conmovedoras sobre la inmigración, uno de los temas más delicados y que mayor preocupación genera entre los ciudadanos europeos.  

‘El negro’

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja.

De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta.

Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta. 

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: “Pero qué chiflados están los europeos”.

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CUANDO ME TORNE INVISIBLE

Yo no sé en qué fecha estamoS

En esta casa no hay calendario, y mi memoria toda esta revuelta.

Las cosas antiguas están desapareciendo.

 Y yo también me fui apagando sin que nadie se diese cuenta.

Cuando la familia creció me cambiaron el cuarto.

Después, me pasaron a otra menor aun acompañada de mis nietas. Ahora ocupo la buhardilla, en la parte de atrás.

Me prometieron cambiar el cristal roto de la ventana,  más se olvidaron. 

Y en las noches, por allí sopla un viento  helado que aumenta mis dolores reumáticos.

Un día  me di cuenta que mi voz desapareció.

Cuando hablo, mis hijos y mis nietos no me responden

Conversan sin mirar para mí, como si yo no estuviese con ellos.

Algunas veces, digo algo, acreditando que apreciaron mis consejos.

Más no me miran,  no me responden.

 Entonces, me retiro  para mi cuarto antes de terminar tacita de café.

Lo hago para que comprenda que estoy enojada, para que vengan a buscarme y me pidan perdón…. Más nadie viene  al día siguiente le dije:

- Cuando yo muera, entonces si van a sentir mi falta,

 . y mi nieto pregunto:

-¿Estas viva, abuela  ?

Estuve tres días llorando en mi cuarto, hasta que cierta mañana,  uno de los niños  vino a jugar  con pelotas viejas…

 Ni los buenos días me dio.

Fue entonces cuando me convencí que soy invisible.

 Un día, uno de los niños vino a decirme que al día siguiente iríamos todos al campo. Quede muy feliz

 ¡Hacia tanto que no salía!                                    

Fui la primera en levantarme. Quise preparar las cosas con calma. Nosotros los viejos tardamos mucho, así que me adelante en el tiempo para no retrasarlos.

En poco tiempo, todos entraban y salían de la casa corriendo, cargando bolsas y juguetes  en el coche.

Yo ya estaba preparada y muy contenta

Pare en la puerta y quede esperando.

 Cuando se fueron comprendí que yo no estaba invitada.

Tal vez porque no cabía en el coche.

Sentí como mi corazón se encogía,  deprimido me emocione como alguien que tenga la voluntad de llorar.

Yo los entiendo. Son jóvenes. Ríen, sueñan, se abrazan, se besan.

Y yo… Antes besaba a los niños, me gustaba tenerlos en los brazos, como si fuesen míos. Y, hasta les cantaba canciones de la infancia que había olvidado. Más un día…

Mi nieta acababa de tener un bebe.

Me dijo que no era bueno que los viejos besaran a los niños por cuestiones de salud.

Desde entonces no me aproxime más a ellos

¡Me da tanto miedo de contagiarlos!

Yo los bendigo a todos y los perdono, porque…

¿Qué culpa tienen ellos, de que yo me haya tornado invisible?

Autora-Silvia Castillejon Peral

Ciudad do México-2002

Amigos es muy triste, el sentirse invisible, ignorado, por los que nos rodean.

 Siempre la piedra que lanzamos retorna a nosotros, por eso, si el amor hacia los mayores, si la indiferencia, y a veces la ingratitud es nuestro comportamiento hacia ellos, un día la vida nos pasará la factura, y experimentaremos en nosotros el frió de la indiferencia, por los que hoy hacemos pasar a aquellos que nos dieron la vida, que procuraron darnos todo lo mejor, y si no lo hicieron así, tampoco nos libraremos, porque nada nos justifica ante Dios si no actuamos debidamente, porque no debemos olvidar que cada uno tenemos el padre o la madre que nos merecemos y que a ella se le pedirá cuenta sobre su actitud ante la vida y a nosotros también, somos independientes, la vida una veces nos hace padre y otras hijos, por eso debemos procurar pese a que los otros carezcan de los principios básicas en el lugar que la vida los situó, nosotros tendremos que  también rendir cuenta de los nuestros, no olvidando nunca que debemos devolver bien por el mal que nos hacen, y si es en la familia con más motivo .

Quizás unos padres ingratos e ignorantes, sin conocimientos, tenga menos responsabilidad ante Dios, que nosotros que sabemos muy bien las reglas de una buena conducta, y las leyes de Dios.

Para comprender su situación, debemos recurrir al remedio de invertir los lugares, pongámonos en el lugar de ellos, pensemos que nuestros hijos hacen con nosotros lo mismo que nosotros les hacemos, y sentiremos dentro una mínima parte de lo que ellos sienten, ya con eso podemos entender su triste situación.

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 PRUEBA DE INTEGRIDAD

Hace mucho tiempo hubo un maestro que vivía en un templo arruinado, en compañía de gran número de discípulos.

Todos sobrevivían gracias a las donaciones  y limosnas recibidas de los moradores de una ciudad  próxima.

Los discípulos, insatisfechos con la situación, comenzaron a reclamar de las pésimas condiciones del templo.

Un día, el maestro llamó a todos para una reunión y propuso lo siguiente: “nosotros debemos hacer una reforma general en el templo, más como nos ocupamos solamente con estudios y meditaciones, no sobra tiempo para trabajar  y recaudar el dinero que precisamos. Así, yo pensé en una solución simple y me gustaría saber si puedo contar con todos ustedes.

Los discípulos oían con atención cuando el maestro les dijo: “cada uno de ustedes debe ir para la ciudad y robar vienes que podrán ser vendidos para la recaudación e dinero. De esta forma podremos hacer una buena reforma en nuestro templo.”

Los estudiantes quedaron espantados con la sugestión del maestro, a quien todos juzgaban un verdadero sabio. Más, como todos le tenían un gran respeto, no hicieron ninguna protesta.

Y el maestro dijo, luego después, de modo bastante severo: “como estaremos cometiendo actos ilegales e inmorales, y no quiero manchar nuestra excelente reputación, solicito que solo roben cuando nadie los estén mirando. No quiero que ninguno sea pillado infragante.

Cuando el maestro se apartó, los discípulos discutieron el plan

Es errado robar,  dijo uno de ellos. ¿Por qué nuestro maestro nos pide cometer este acto?

Otro respondió enseguida: “esto permitirá que podamos reformar nuestro templo, lo que es una buena causa.”

De esa forma, todos concordaron que el maestro era sabio y justo debería tener una buena razón para hacerles tal pedido.

Así, luego partieron en dirección a la ciudad, prometiendo que harían todo a escondidas para no causar la desgracia del templo.

Todos los estudiantes fueron para la ciudad. Todos menos uno.

El sabio se aproximó a el y le pregunto: “¿Por qué usted quedo a tras?

“Porque no puedo seguir orientaciones para robar donde nadie me está viendo?

El maestro se hizo el desentendido y pidió al muchacho se lo explicase mejor.

Y el le dijo con firmeza: “Donde yo quiera que valla siempre estaré mirando para mi mismo. Mis propios ojos me verán robando y mi conciencia registrara el acto.

El sabio maestro abrazó al muchacho con una sonrisa de alegría y dijo: “yo solo estaba valorando la integridad de mis estudiantes, y usted fue el único que paso la prueba.

DEspués de muchos años aquel chaval se tornó un gran maestro.

Sin duda ninguna cuando una persona es integra tiene, por encima de todo, la responsabilidad con la propia conciencia.

La verdadera integridad jamás se somete, por saber que los fines no justifican los medios, como ocurrió con el  imaginario Robin Hood, que robaba de los ricos y daba a los pobres.

Además, no hay nada que pueda justificar al integro, la perdida de su integridad, de su dignidad, de su honradez.

El hombre digno sabe que aunque pueda hacer algo ilícito, en el más completo anonimato, siempre hay alguien que le observa: Dios. El Omnipresente  y Omnisciente.

……………

Pablo, el gran apóstol de Jesús, comprendía bien lo que significaba un hombre honrado al decir: “todo me es licito, más no todo me conviene”.

 Autoría:

Equipo de Redacción de Momento Espirita, con base en el libro “Las 100 más bellas parábolas de todos los tiempos”

Con mucho amor y cariño de Merchita

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UNA HISTORIA DE NUESTRA QUERIDA AMALIA DOMINGO SOLER

Alicia era una mujer distinguida, de porte aristocrático, de educación esmeradísima de vastísima instrucción; espiritista convencida que leía con gran aprovechamiento todo cuanto se escribía de espiritismo. Era hacedora del bien por el bien mismo, trabajaba sin desear los lauros de la gloria, pero la gloria de la elevación de sus sentimientos la llevaba en todo su ser; era una mujer de edad mediana y conservaba la esbeltez y la elegancia de la juventud; había en ella algo  que atraía, que seducía, que interesaba. Era amiga de Amalia y acudía con asiduidad a visitarla. Casada y madre, se debía toda a su familia ( que no tenía sus ideales), y ella, prudente reservada, ocultaba el tesoro de sus creencias y evitaba altercados con sus deudos; vivía en un mundo superior, participaba de las luchas terrenas para llorar con sus hijas si estas padecían los dolores naturales que proporciona la vida de casada, y después que cumple sus deberes de madre amantísima, parecía que entraba en otro mundo, se reconcentra en sí misma, parece que vive de recuerdos, recuerdos que debían ser muy dolorosos, porque su rostro adquiere una expresión tristísimo, evitaba siempre hablar de sí misma. Cuando se hablaba con ella parecía leerse en un libro del cual solo se ve la primera página, las demás estaban sin cortar. La última vez que fue a visitar a Amalia esta se sorprendió de verla más comunicativa; a que espíritu superior descendía de su alto pedestal, se humanizaba, acortaba las distancias que indudablemente existen entre ella y la generalidad de los mortales.

 

Amalia, se alegro de ello, le manifestó que la encontraba más cariñosa, más cerca de ella, que no sabía que notaba en ella.

 

El dolor es  el gran demócrata del Universo. Los que sufren se entienden fácilmente; tu Amalia hace tiempo que sufres; yo también sufro grandes reveses, y por ley de afinidad me pongo al habla contigo, a ver si tú me puedes aclarar lo que yo no alcanzo a ver.

 

Sabes Amalia que te quiero y te admiro, tu  Espíritu y el mío se conocen hace tiempo; y aunque por esta vez el destino nos separa, no importa; las almas no necesitan del roce de los cuerpos para entenderse, para quererse y para prestarse señalados servicios.

 

_.Creo que ya sabes que me quede viuda

_.Mi esposo murió de la muerte más horrible que tú puedas imaginar.

_. ¿De qué murió?

_. ¡De hambre!

_. ¡Jesús qué horror!, ¿Tenia algún cáncer en el estomago que le impidiese alimentarse?

 

_.No, estaba muy bueno y muy sano, sabia cuidarse como pocos hombres, su ciencia médica le serbia admirablemente para no padecer dolores físicos, pero un dolor moral le hizo olvidar todos los métodos higiénicos, se entregó en brazos de una muda obstinación y su vida fue extinguiéndose como se extingue la luz de una lámpara a la cual le falta el aceite necesario.

 

_. Dolor inmenso seria el que sufrió, porque, según tengo entendido, no era tu esposo hombre dado a las sensiblerías.

 

_. No, ciertamente; era bueno, pero adusto; su mundo era la ciencia, su familia, sus innumerables enfermos, y sus únicos goces devolver la vista a los ciegos; por centenares se cuentan los ciegos que él ha curado, en todas las clases sociales; él estaba donde había más peligro, igual le daba que fuera un leproso que un rico acaudalado; el respondía a todas las llamadas, jamás se hizo el sordo cuando lo llamaron los afligidos.

 

Una de mis hijas se casó y fue madre de una niña preciosa con unos ojos hermosísimos que parecían dos luceros. Desde que nació, mi marido enloqueció por ella y ella por el; el abuelo y la nieta eran dos cuerpos y un alma, estando juntos ya estaban contentos; mi marido rejuveneció,, y siempre estaba con su nieta en los brazos, evitándole los dolores de la dentición y demás enfermedades de la niñez; pero la viruela se apoderó de todo el cuerpo de mi nieta y de sus ojos, mi marido no comía, ni dormía, estaba al lado de la pobre niña devorando libros, buscando la luz para aquellos ojos que eran su vida; devolvió la luz a uno, pero el otro salió de su órbita y mi marido creyó enloquecer, se retiró a su cuarto y yo le oía que exclamaba a solas:¿ Será posible yo que he devuelto la vista a tantos ciegos, yo que he curado a tantos sifilíticos, y a este ángel tan hermoso no he podido curarle más que a medias; le pondrán un ojo de cristal, se harán prodigios… pero ver.. Ver no verá más que la mitad, y aun el ojo que le he salvado no será tan hermoso; no tendrá a aquel brillo deslumbrador; ¿para qué me haya servido mi ciencia? Para nada.

 

Se negó a tomar ninguna clase de alimento, vivió algunos días alimentándose con agua y murió de hambre sin exhalar una queja.

 

Me pregunto porque mi esposo sufriría así por esta nieta, no ha querido igual a los otros nietos, me gustaría Amalia que preguntases al padre German  que historia guardan estos dos espiritas.

 

Amalia prometió hacerlo y el Padre German unos días después narro lo siguiente:

 

El médico y su nieta, son dos espíritus que caminan juntos hace muchos siglos, han estado unidos por todos los lazos terrenales y en sus últimas existencias han sido amigos inseparables, mejor dicho, maestro y su  discípulo más aventajado; su ayudante más práctico; tenía fama, tanta como su maestro; el uno complementaba al otro; tanta suerte tenían en sus curaciones que llegaron a enorgullecerse el maestro y el discípulo, porque eran realmente infalibles en sus juicios médicos; sus palabras eran proféticas, nunca se equivocaban, ni asegurando bienes ni presintiendo males; y se llegaron a persuadir de tal modo de su inhabilidad, que no se contentaron con seguir las huellas de otros sabios doctores, sino que inventaron nuevos métodos y procedimientos especialísimos; no se contentaron en hacer experimentos con animales, sino que en los hospitales y en los asilos de la infancia hacían sus ensayos con infelices niños sin familia; los unos morían, los otros se salvaban y los dos sabios no sentían el menor remordimiento por la muerte de aquellos inocentes. La fama les llenaba de orgullo; se creían infalibles, porque de lejanas tierras venían familias a pedirles ayuda. El discípulo era una celebridad médica, y no se separaba del un momento, no envidiaba a su maestro, como estaban unidos desde hacia tantos siglos, su mayor placer era tener contento a su profesor, proporcionarle niños para sus experimentos, se creyeron ambos dioses, el orgullo los cegó y el orgullo también es un pecado, y como todo pecado tiene su condena. El discípulo amado es hoy  la tierna niña, cuyo abuelo, con toda su ciencia, no ha podido curar más que a medias; el sabio orgulloso, el que se cree infalible en sus juicios, se ha visto impotente para curar a su ángel querido; y este que no tuvo compasión de los pobres niños sacrificados al estudio y a las investigaciones científicas, sufre hoy las consecuencias de su indiferencia de ayer; dolor que no se compadece; es necesario sufrirlo para apreciarlo en su verdadero valor. El abuelo sufrió la decepción de que su acción curativa no respondía al impulso de su pensamiento, su desesperación llegó al grado Máximo cuando se vio impotente para salvar a la nieta, que era el amor de todos sus amores; muriendo como era necesario que muriera, humillado, convencido de su insignificancia, de su pequeñez, se creyó un dios y murió persuadido de que no hay dioses, que no hay más que un Dios, y como el pecado del orgullo científico es hasta cierto modo perdonable, y el era un Sol en el mundo de la ciencia, hoy comprende perfectamente que hay una grandeza superior a la suya, una ciencia para él desconocida, un poder maravilloso, una fuerza que sostiene la maquina del Universo, y ante tanta luz, ante tanta magnificencia, ante tantos mundos, hay grandes sabios que preguntan a Dios porque brillan los soles, y porque su fuego no incendia el Universo, el se considera uno de los alumnos en la gran Universidad del Infinito; se reconoce grande y pequeño a la vez y el orgullo no lo volverá a cegar. Tiene luz propia, vive en medio de la luz, con su fluido luminoso envuelve a su nieta, que es el amor de todos los amores.

 

No basta penetrar en el espiritismo, hay que amar, hay que compadecer, no se puede menospreciar al paria de la sociedad, porque aquel ser abandonado tiene un Espíritu quizás más adelantado que el que se cree infalible por su sabiduría, y en el mero hecho de nacer hay que considerar que viene a la Tierra a cumplir una misión, sea esta de gran importancia o insignificante. Todo hombre merece respeto y hay que esforzarse en protegerlo y en amarle; la ciencia que no desciende hasta el desamparado, llega un día en que recibe el castigo merecido, como hemos visto en el médico.

Solo el espiritismo nos hará grandes en medio del dolor, porque sabiendo que vivimos eternamente,  haremos lo posible para ser mejores que ayer y ser mañana  grandes benefactores de la humanidad.

 

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LA HONESTIDAD NO TIENE PRECIO

 

“Si usted hubiesE creído en mi alegría de decir verdades, habría oído las verdades que yo insisto en decir alegremente.

La historia es conmovedora. Habla de una honestidad a toda prueba, y es contada por Vladimir Petrouv, joven prisionero de un campo de concentración en el nordeste de Liberia.

Vladimir tenía un compañero de prisión llamado Andrey.

Ambos sabían que de aquel lugar pocos salían con vida, pues el alimento que se daba a los prisioneros políticos no tenían por objetivo mantenerlos vivos por mucho tiempo.

La tasa de mortalidad era extremadamente alta, gracias al régimen de hambre y a los trabajos forzados. Y como es natural, los prisioneros, en su mayoría, robaban  todo cuanto  les caía en las manos.

Vladimir tenia, en una pequeña  caja, algunos biscochos, un poco de manteca y azúcar – cosas que la madre le había enviado clandestinamente, de casi tres mil kilómetros de distancia.

Guardaba aquellos alimentos para cuando el hambre se tornase insoportable. Y como la caja no tenia llave, el la llevaba siempre consigo.

Cierto día, Vladimir fue mandado  para un trabajo temporal a otro campo.

Y porque no sabía que hacer con la caja, Andrey le dijo: déjela conmigo, que yo la guardo. Puede estar seguro de que quedará a salvo conmigo.

En el día siguiente de su partida, una tempestad de nieve  que duro tres días torno intransitables todos los caminos, imposibilitando el transporte de provisiones.

Vladimir sabia que en el campo de concentración donde quedo Andrey, las cosas deberían andar muy mal.

Solo diez días después  los caminos fueron reabiertos y Vladimir retorno al campo.

Llego la noche, cuando todos habían vuelto del trabajo, más no vio a Andrey entre los demás.

Se dirigió al capataz y le pregunto:

¿Dónde está Andrey?

Enterrado en una cueva enorme junto con otros tantos compañeros – respondió el. Más antes de morir me pidió que guardase esto para usted.

Vladimir sintió un fuerte golpe en el corazón.

- Ni mi manteca ni los bizcochitos pudieron salvarlo, pensó.

Abrió la caja y, dentro de ella, al lado de los alimentos  intactos, encontró un billete diciendo:

“Apreciado Vladimir. Escribo mientras aun puedo mover mi mano. No sé si viviré para cuando usted vuelva, porque estoy horriblemente debilitado. Si yo muero, avise a mi mujer y a mis hijos. Usted sabe la dirección.

Dejo sus cosas con el capataz. Espero que las reciba intactas. 

Andrey.

…………………..

Ser honesto es deber que cabe a toda criatura que tiene por meta la felicidad.

Y la felicidad es una virtud que libera al ser y lo eleva en dirección de la luz.

Una amistad sólida y duradera solo se construye con la fidelidad y honestidad reciprocas.  

Solamente las personas honestas y fieles poseen la grandeza del alma de los que ya se cuentan  entre los espíritus verdaderamente libres.

 

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OBSESIÓN DESCONOCIDA

Los padres de Isolina Faria se aproximaron al grupo espiritista, ansiosos por curar a su hija.

Desde hacía mucho, la joven vivía bajo el imperio de singulares manifestaciones. Con los ojos cerrados  denunciando profunda insensibilidad fisionómica, gestos rudos, Isolina  se retorcía extrañamente,  y daba guarida  a una entidad ignorante  y sufridora que la tornaba poseída. El Espíritu perturbado, que parecía tenerla agarrada, prorrumpía entonces en blasfemias, lagrimas y sollozos.  Se lastimaba, maldiciendo, acusando a personas  y envenenando circunstancias, cual loco que ninguna fuerza conseguía detener. Agotados los recursos comunes, la familia deliberó apelar al Espiritismo, antes de cualquier providencia  para internarla en el manicomio. Vecinos y amigos no escatimaban  definiciones. Aquello debería ser una cruel obsesión. ¿No se había curado, mucha gente,  en trabajos de consoladora doctrina  de los Espíritus?¿Por qué  no intentar  la mejoría de Isolina mediante esos recursos? Cuando el jefe de la casa acepto  la decisión,  el generoso Nolasco Borges, viejo  conocido de la infancia, se ofreció a los servicios iniciales.

-Cálmese, amigo mío – esclareció el compañero inquieto -, en nuestras reuniones la enferma encontrará las mejorías precisas. Hoy mismo comenzaremos los trabajos  de adoctrinación de la infeliz y, en breve tiempo, Isolina será restituida  a la salud y a la alegría a que su juventud tiene derecho.

De hecho en la noche inmediata, pequeña caravana, con Nolasco al frente, penetraba  el modesto salón de los Pachecos, donde se efectuaban sesiones íntimas.

El viejo Araujo, adoctrinador cariñoso y esclarecido, organizó la reducida asamblea, consciente de la responsabilidad que le cabía.

Luego después de la oración de la apertura, la moza enferma caía en contorsiones extrañas. Palidísima, con la boca espumeante, gritaba dolorosamente, reproduciendo emociones de la entidad desconocida – ¡Oh! Hermano mío – exhortaba Araujo bondadosamente -, ¿por qué violentas  de esta manera  a una pobre niña, necesitada de equilibrio para atender a los propios deberes? ¿Quién es usted amigo mío, olvida el mal y oye la lección de Jesús. Estamos aquí  volcados a ala practica del bien.

Somos imperfectos, inferiores. Tanteamos en las sombras de la ignorancia y no deseamos imponerte enseñanzas. Sabemos que la obra  de redención final pertenece al Maestro Divino; entretanto, creo que podemos advertir tu corazón, pues aquellos  que cayeron como nosotros, en este mundo, están habilitados a comentar los propios males y evitar que otros incidan en los mismos errores. Algunas veces, podrá parecer que somos excesivamente osados, intentando establecer  normas a los que viven en la esfera invisible a nuestros ojos, con todo, este esfuerzo obedece al amor fraternal QUE Jesús bendice. ¡Vuelva amigo! ¡Abandona la tarea ingrata  de subyugar a esta joven, que debe enriquecerse con las experiencias de la vida terrestre. Solicitamos tu buena voluntad por amor a Dios!…

La voz del amoroso adoctrinador se silenció ligeramente. Araujo, emotivo y bondadoso, enjugaba los ojos húmedos, mientras la reducida asistencia permanecía bajo enorme impresión. El Espíritu ignorante demostraba aflicción. La palabra del adoctrinador lo afecto profundamente, más, como si estuviese preso a inflexibles esposas , sollozaba más fuertemente y  gritaba:

-¡ahí de mí! ¡No puedo!… ¡No puedo!…

-¿No puedes?- tornaba Araujo, dedicado – cuando tenemos voluntad, Jesús  confiere el poder. Anímate. ¿Por qué perseverar en el sufrimiento del mal, cuando el bien nos ofrece alegrías eternas? Levantémonos para Dios, edificándonos en la propia flaqueza. Si guardas reminiscencias amargas, escóndelas de ti, deshazte del vinagre acumulado en el corazón. Si fuiste ofendido, perdona! Si las heridas te reclaman venganza, aplícales el bálsamo del amor que sabe vivir de la esperanza en Cristo.

El cuerpo frágil de la joven se retorcía violentamente, al paso que el sufridor murmuraba en llanto:

-¡Soy infame, desventurado! No puedo… no puedo…

Las reuniones de esclarecimiento proseguían sin alteración. Dos veces por semana, se agrupaban los compañeros, repitiéndose las mismas escenas.

Araujo no podía ser más paciente. Enseñaba bondadosamente, como quien sabe corregir amando. La entidad perturbadora, sin embargo, no correspondía al esfuerzo sino con gritos, protestas y sollozos lastimeros.

Transcurridos algunos meses, la pequeña asamblea comenzó a impacientarse. Tan pronto se manifestaba  el infeliz, se formaban pensamientos contrarios a la simpatía fraternal. En la opinión de la mayoría, aquel Espíritu requisado puniciones  y ásperos consejos. Isolina era tenida como víctima infortunada en las manos del audaz verdugo  de la esfera invisible. Se admiraba  la paciencia del dedicado orientador  de las sesiones, que ponía en juego todos los recursos afectivos.

Nolasco, sin embargo, a cierta altura de la tarea, no se contuvo, y, después de la tumultuosa reunión, interpeló Araujo amigablemente:

-No juzga  usted necesario y conveniente punir a ese perseguidor implacable? Creo que se trata  de un perverso bandido de las tinieblas.

El viejo adoctrinador percibió las dudas que dominaban en el ambiente general y acrecentó:

-Hace mucho, vengo tratando de comprender que cada cosa permanece en el lugar que le es propio. En nuestra apreciación fragmentaria, el perturbador de Isolina  es un Espíritu diabólico; entretanto, es imprescindible no olvidar que nuestras definiciones son incompletas. Hace ocho meses trabajamos para levantar las energías, sin resultados satisfactorios. ¿A primera vista,  estamos fracasados en el servicio de socorro espiritual; más, como firmar nuestro punto de vista en este sentido,  si desconocemos las causas profundas?

Nolasco y los demás compañeros respetaron el parecer, manteniéndose en silencio expresivo.

-Agotadas nuestras posibilidades de comprensión – prosiguió el viejo amor-, ¿no será justo apelar para el Plano Superior? Nosotros que deseamos socorrer, precisamos igualmente ser socorridos. Pidamos a Melania, amoroso  guía de nuestros trabajos, que se pronuncie. Es posible que su bondad fraterna   nos conceda la llave del enigma.

Nadie discordó de la criteriosa sugestión.

A la noche siguiente, la reunión en casa de los Pachecos fue más intima.  Susurro Melanie gentilmente y, después de recomendar la cesión temporal de los trabajos de  adoctrinación, prometió llamar al obsesor para esclarecerlo. Examinaría el caso con atención, a fin de tentar providencias justas. Enseguida, volvería a notificar a los hermanos relativamente las tareas que se imponían.

 

Transcurrieron días  antes de que el emisario regresase con las instrucciones espirituales. Después de tres semanas de expectativa, en sesión común de agrupamiento, es que  Melanie se manifiesta, y, después, de las cariñosas saludaciones usuales,  hablo, bondadosamente, con sorpresa general:

- El caso de Sor Isolina Faria, debo esclarecer preliminarmente que los aprendices  de la Tierra conocen la obsesión solamente en el sentido unilateral. El infeliz perturbador, que atiende por el nombre de Juliano Pórtela, de su ultima existencia terrena, no fue encontrado fácilmente. Precise reunirme  con compañeros de la espiritualidad, a fin de llamarlo  para explicaciones directas. Tenéis, en vuestras sesiones , la presencia del enfermo encarnado, al paso que, en las nuestras, examinamos a los enfermos invisibles a vosotros. Me entregue para la solución del asunto con la mayor buena voluntad; entretanto, el perturbador de Isolina  se queja amargamente del asedio que experimenta , en la esfera en la que se encuentra. Se declara perseguido, atormentado por ella. No tiene paz, ni rumbo cierto. La mente de la joven, con su gran poder magnético, lo requisita en todas partes. El pobrecito no consigue progresar, ni hurtarse  al ambiente de inquietud que ella lo sujeta.  Si a vuestra forma de ver permanece nuestra amiga asediada, a nuestra vista surge el infortunado  Juliano en terrible desespero de corazón, como quien se siente prisionero de garras inflexibles.

Delante de lo que observamos, el verdadero obsesor es la médium obstinada. La vigorosa potencialidad magnética de Isolina es la jaula, y Juliano es el pájaro cautivo. Es preciso restablecer el equilibrio de la verdadera situación. Tanto existen perseguidores en la esfera invisible, como en los círculos  de vuestra actividad común. Aclaró el propio espíritu, amigos míos. Expulsemos la sombra de nuestra región interior. Desencarnados y encarnados no significamos  dos grandes razas diferentes  e irreconciliables. Todos somos semejantes en la vida eterna, con las mismas posibilidades, deberes y obligaciones. En los dramas pungentes de los obsesados, recordó que, si en la justicia humana no ocurren procesos absolutamente iguales en los detalles, en el rescate divino cada situación presenta características diferentes.  Mantener el brillo del cristal y reflejareis la luz en su pureza; ¡mantengamos la miel del bien y las abejas de la sabiduría os rodearan los pétalos interiores!…

Melanie se calló mientras la asamblea lloraba conmovida. El bondadoso Araujo agradeció  con lágrimas de alegría:

-¡Agradecido, hermano mío!

El mensajero oró aun, emocionadamente, y declaró al despedirse:

-En vista de lo que observamos, queridos compañeros no bastará espantar las moscas del mal. Es indispensable, ante todo, curar las heridas de la imperfección.

Por el espíritu Humberto de Campos – Del Libro: Reportajes de Más allá del Túmulo, Médium: Francisco Cándido Xavier

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EL ALTRUISMO DE UN GRAN MÚSICO.

 Luiz Moreau Gottschalk, un célebre pianista y compositor, visitando cierta vez la ciudad de Kingston, en Jamaica, entró en un templo exactamente en el momento en que se realiza un culto.

El pastor hablaba al respecto de la caridad. Pintaba con imágenes fuertes el estado a que habían quedado reducidas algunas familias de unos pobres náufragos perdidos, en aquellos días, durante una gran tempestad en el mar.

El ministro usaba toda su elocuencia para conmover el auditorio, pidiendo  contribuciones para remediar tanta desgracia.

Eran niños huérfanos, sin alimento. Eran viudas, sin cobijo. Eran madres mayores, sin nadie más que mirase por ellas.

Conmovido, el compositor se acercó a un órgano, en uno de los ángulos del templo, se sentó y dejó correr las manos sobre el teclado.

Una melodía de sabor religioso, tenue, triste, apasionada, que parecía un coro sublime, comenzó a envolver la asamblea.

La suavidad de la composición era tal que no impedía que todos continuasen oyendo la voz del predicador que, dominado por la inspiración de la música, ardientemente fue tejiendo imágenes, evocando a Jesús y la necesidad de amar al prójimo.

Finalmente, él concluyó su predica, fascinado, como todos los circunstantes, por las deliciosas armonías que salían del órgano.

La música se fue perdiendo en notas divinas y terminó. Entonces, el propio pianista, tomó su sombrero, en el depositó algunas monedas, recorrió todos los bancos, recibiendo de los presentes valiosos donativos.

Cuando llegó al último banco, en el fondo del templo, vio a una señora muy anciana, curvada por los años, que traía el rostro surcado por lágrimas.

¿Sería madre de uno de los náufragos? ¿Una viuda?

Sin pestañear, él vació el sombrero en los brazos de la señora y desapareció, por la puerta. 

¿Dónde anda la miseria? A veces, emprendemos campañas a favor de necesitados al respecto de los cuales oímos hablar y que se encuentran distantes.

Muy justo y meritorio. No obstante es importante dar una mirada a nuestro rededor.

Existen personas muy necesitadas, pero que se sienten obligadas a pedir. Sufren calladas. Por eso mismo, enseña el evangelio que el verdadero hombre de bien es aquel que va al encuentro de la necesidad, sin esperar que la miseria le toque a la puerta.

Para eso, es preciso tener sensibilidad y volver los ojos para los palcos del sufrimiento. 

Incluso porque existen criaturas que, por su propia condición, ni siquiera pueden extender manos para pedir, pues los brazos están paralizados. Están los que no pueden erguir la voz para suplicar, porque la tienen ahogada en la garganta, por las lágrimas del dolor que nunca cesa.

Están los que desearían alcanzar a alguien que los auxiliase, mientras, las piernas les impiden andar.

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La obra del bien en favor de todos precisa de muchos brazos y no exige títulos universitarios o recursos financieros.

Aguarda, simplemente, la voluntad en acción, un corazón que siente, una mente que idealiza, brazos fuertes que obran, desde ahora, antes que el hambre se transforme en enfermedad y la carencia en una miseria extrema.

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ANTE LAS PUERTAS LIBRES

Una antigua leyenda egipcia nos narra la historia de un pececito llamado Bermejo 

En el centro de un hermoso jardín, había un gran lago adornado de ladrillos  azul turquesa.

Alimentado, por un diminuto canal de piedra, escurría sus aguas  del otro lado, a través de una reja muy estrecha.

En ese reducto acogedor, vivía toda una comunidad de peces repapilándose, rollizos y satisfechos. Eligieron a uno de los ciudadanos  más grandes  para los encargos  de rey, y vivían allí, plenamente despreocupados, entre la gula y la pereza.

Entre ellos había un pececito, menospreciado de todos. 

No conseguía pescar  la más leve larva, ni refugiarse en los nichos de barro.  Los otros voraces y gordinflones, arrebataban para si todas las formas y ocupaban, displicentes, todos los lugares consagrados al descanso.

El pececito Bermejo que nadaba y sufría. Era visto, en carreras constantes, perseguido  por la canícula atormentada por el hambre.

Sin encontrar estancia alguna, se puso a estudiar con mucho interés. Hizo un inventario de todos los ladrillos que adornaban el borde del pozo, registró todos los huecos existentes en el, y sabia, con precisión, donde se reuniría  la mayor masa de lodo por ocasión de los aguaceros.

Después de mucho tiempo de observación, descubrió la verja del desagüe. Frente a la improvista oportunidad de aventura benéfica, reflexionó consigo mismo:

¿No será  mejor pesquisar la vida y conocer otros rumbos?

Optando por el cambio. En el traspasar de la verja perdió varias escamas, al atravesar el pasaje estrechísimo.

Pronunciando votos renovadores, avanzó optimista, encantado con los nuevos paisajes, ricos de flores  y sol que lo enfrentaban, y, siguió, embriagado de esperanzas…

En breve alcanzo el  gran rió, e hizo innumerables conocimientos.

Encontró peces de muchas familias diferentes, hombres y animales, embarcaciones y puentes, palacios y vehículos, cabañas y árboles.

Consiguió, de ese modo, alcanzar el océano, ebrio de novedad y sediento de estudio.  Fascinado por la pasión de observar, se aproximo a una ballena más de lo que debía y fue engullido por ella.

En apuros, afligido oro a Dios de los peces que le ayudase, y su oración fue escuchada, porque el valiente cetáceo comenzó a sollozar y vomito, restituyéndolo a las corrientes marinas

Plenamente transformado en sus concepciones del mundo, pasó, a observar a las infinitas riquezas de la vida. Encontró plantas luminosas, animales extraños, estrellas movibles, y diferentes flores  en el seno de las aguas. Sobre todo, descubrió la existencia de muchos  pececitos estudiosos  y delgados, tanto como el, junto a los cuales se sentía maravillosamente feliz.

Ahora vivía sonriente y calmado, en el Palacio de Coral que el mismo eligió, con centenares de amigos, el supo por sus estudios, que solo en el mar las  criaturas acuáticas  disponían  de más sólida garantía, ya que cuando el estío se hiciese más arrasador, las aguas de otra altitud  continuarían corriendo hacia el océano.

El pececito pensó, pensó… y sintiendo inmensa compasión de aquellos con los que había convivido en su infancia, deliberó consagrarse a la obra del progreso y salvación de ellos.

¿No seria justo  regresar  y anunciarles la verdad? ¿No seria noble ampararlos  prestándoles, a tiempo, valiosas informaciones?

 No lo dudo.

Fortalecido por la generosidad de hermanos benefactores  que vivían con el, en el Palacio de Coral, emprendió en largo viaje de vuelta.

Tomo el rió, del rió se dirigió a los regatos y d y de los regatos se encaminó a los canalitos que lo condujeron al primitivo hogar.

Esbelto y satisfecho como siempre, por la vida de estudio y servicio a la que se consagraba, varó en la reja y procuró, ansiosamente, a los viejos compañeros.

Estimulado por la proeza del amor que efectuaba, supuso que su regreso causaría sorpresa y entusiasmo general. Seguramente la colectividad entera celebraría el hecho, pero, enseguida, verificó que nadie se movilizaba.

Todos los peces continuaban pesados y ociosos.  Grito diciéndoles que había vuelto, pero nadie le prestó atención ni se acordaban de el. Ridiculizado, procuró al rey y le comunicó la reveladora aventura.

El rey, algo entorpecido por la manía de grandeza, reunió al pueblo y permitió que el mensajero se explicase.

El benefactor despreciado, valiéndose de la ocasión, esclareció con énfasis, que había otro mundo liquido, glorioso y sin fin. Aquel pozo era una insignificancia  que podía desaparecer, de un momento a otro. Que más allá del desagüe aproximo, se desdoblaba otra vida, y otra experiencia. Allí fuera corrían regatos ornados de flores, ríos caudalosos repletos de seres diferentes  y, por fin, el mar donde la vida aparece cada vez más rica y más sorprendente. Poco a poco describió todas las maravillas que había descubierto. El les dijo que deberían adelgazar, convenientemente, absteniéndose de devorar tanta larva y tanto gusano, en las grutas obscuras y aprendiendo a trabajar y estudiar tanto como fuese necesario  para la venturosa jornada.

Tan pronto terminó, carcajadas estridentes  le coronaron la prédica.   Lo tacharon de fantasioso. Ninguno creyó en el, y el soberano acompañándolo a la reja del desagüe le manifestó con ironía ¿No ves que no cabe por aquí ni siquiera una de mis aletas? ¡Gran tonto! No nos perturbes el bienestar… Nuestro lago es el centro del Universo… ¡Nadie posee  vida igual a la nuestra!

Expulsado a golpes de sarcasmo, el pececito realizó el viaje de regreso, y se instaló definitivamente, en el palacio de Coral, aguardando el tiempo.

Después de algunos años apareció  pavorosa y devastadora  sequía. Las aguas descendieron de nivel. Y el pozo donde Vivian los peces, glotones, se secó, compeliendo a la comunidad entera  a perecer, atollada en el lodo.

 Con todo hay muchos peces humanos que sonríen y pasan, entre la mordacidad y la indiferencia, procurando rutas pasajeras o peleando larvas temporales.

Esperan un paraíso gratuito con milagrosos deslumbramientos, después de la muerte del cuerpo.

 

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El intercambio con lo invisible es un movimiento sagrado en función restauradora del Cristianismo puro; por tanto, que nadie  se descuide de las necesidades propias en el lugar que ocupa por la voluntad del Señor.

André Luíz  nos dice que la mayor sorpresa en la muerte carnal, es la de colocarnos cara a cara con nuestra propia conciencia, donde edifiquemos el cielo, nos estacionamos en el purgatorio y nos precipitamos en el abismo infernal;  y nos recuerda que la tierra es un taller sagrado y que nadie lo menos preciará sin conocer el precio del terrible engaño al que se sometió su propio corazón.

Guardemos la experiencia en el libro del alma. Ella dice muy alto que no le basta al hombre apegarse a la existencia humana, sino que necesita aprovecharla dignamente, que los pasos del cristiano en cualquier  escuela religiosa, deben dirigirse verdaderamente a Cristo, y que, en nuestro campo doctrinario necesitamos en verdad del Espiritismo y del Espiritualismo, pero más, mucho más, de  Espiritualidad

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COMPRAR LA VERDAD

El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entró, se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:… -Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?

-Sí señor, ¿Qué tipo de verdad anda buscando: Verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?

Mmmm…. Así que aquí vendían verdad.

Nunca se había imaginado que eso era posible, llegar a un lugar y llevarse la verdad, era maravilloso.

Verdad completa, contestó el hombre sin dudarlo. “Estoy tan cansado de mentiras y de falsificaciones” pensó, “No quiero más generalizaciones, No justificaciones, engaños ni defraudaciones. -Verdad plena – ratificó –

Bien, señor, sígame. La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando un vendedor de rostro adusto, le dijo: -El señor lo va a atender.

El vendedor se acercó y espero que el hombre hablara. -Vengo a comprar la Verdad Completa. -Ah, perdón, ¿el señor sabe el precio? -¿No, cuál es? – contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.

Si usted se la lleva – dijo el vendedor el precio es que nunca más podrá estar en paz.

Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca había imaginado que el precio fuera tan grande. -Gra… gracias, disculpe… – balbuceó.

Se dio la vuelta y salió del negocio mirando el piso. Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo.

AUTOR DESCONOCIDO

El río de la verdad va por cauces de mentiras. Es fácil hablar claro cuando no va a decirse toda la verdad. La verdad levanta tormentas contra sí que desparraman su semilla a los cuatro vientos. Lo falso, por mucho que crezca en poderío, nunca puede elevarse a la verdad.

A la verdad se llega no sólo por la razón, sino también por el corazón. La verdad es útil a quien la escucha, pero desventajosa a quien la dice, porque lo hace odioso. Ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad.

A la verdad se llega no sólo por la razón, sino también por el corazón. La verdad es útil a quien la escucha, pero desventajosa a quien la dice, porque lo hace odioso. Ni la contradicción es indicio de falsedad, ni la falta de contradicción es indicio de verdad.

LA CARIDAD

El anciano Turiri príncipe de Bagdad, era muy rico, muy sabio, y pasaba por eminentemente virtuoso. En su palacio,  los mármoles y los metales preciosos imitaban con sus cincelados, los árboles y las flores.

Mantenía a hermosas mujeres, exigiéndoles tan solo que fueran bellas y estuviesen primorosamente ataviadas, y no se incomodaba con ellas  aunque fuesen necias y caprichosas. Mantenía a varios poetas, pidiéndoles tan solo que escribiesen versos y canciones cuando les apeteciera,  sin incomodarse con ellos cuando sus poesías no eran buenas. Mantenía a buen número de filósofos  pidiéndoles  tan solo  que discurriesen  con el sobre la naturaleza dé Dios y el origen del mundo, y no se incomodaba con ellos cuando por casualidad desatinaban.

Una mañana Turiri se paseaba por la calle principal de Bagdad.

Las pirámides naranjas y los montones de rosas, de que estaban atestados los puestos de los vendedores, el hormigueo de las chaquetillas y trajes azules, rojos y verdes se destacaban brillantemente  sobre la blancura de la calle, perfumadas magnolias asomaban por encima de los muros de los patios, y el agua corría  con grato murmullo en los pilones de las fuentes. Y las jóvenes parecían frescas flores que exhalaban sutilísimo aroma. Y a causa  de aquellos perfumes, de aquellos colores y de aquella alegría penetrante, el sabio Turiri sentía remozarse su viejo cuerpo, recordaba con placer días pasados, no veía ninguna objeción grave a la existencia del mundo tal como es, y no estaba lejos de creer que la vida es buena.

Dijo en voz alta:

¡Que grato calor y que hermoso sol!

Encontró a una niña de cinco años, linda rubia y sonrosada, vestida con una camiseta. Muy seria y con el dedo en la boca, la niña lo miraba por entre los mechones de sus dorados cabellos, y parecía admirar mucho la gran barba de <Turiri, o tal vez las bestias misteriosas bordadas en su manto.

Y porque era bonita, Turiri se inclino hacia ella, la beso y puso en su mano una moneda de oro.

Luego encontró a un niño de unos diez años. El chico era feo, iba cubierto de andrajos, tenia el rostro lleno de pecas hasta la punta de su arremingada nariz, y sus ojos sin transparencia se asemejaban  al agua sucia. Tendía la mano con voz chillona, como quien recita una lección penando en otra cosa, refería que su madre estaba en cama, que tenia siete hermanos y que hacia tres días que no había comido.  Turiri frunció el ceño y le dio una moneda de oro.

Veinte pasos  más allá  vio a un viejo mendigo, con el espinazo doblado, sucio, harapiento y el aspecto de un perro apaleado. Su barba era amarilla, y sus ojos encarnados y sin pestañas se parecían a las grietas que abren en los higos maduros.  Con voz ronca, lentamente, susurro: ¡Tened piedad de mi, un hombre que no puede trabajar! Y  del fétido aliento se escapan vapores de bebidas fermentadas.

Turiri le alargo una moneda de plata, pero desde tan lejos que la moneda cayo al suelo, el viejo mendigo se arrodillo trabajosamente  para recogerla.

Más adelante una mujer  de la que no se podía decir si era joven o vieja, llevaba en los brazos a un recién nacido  con la cabeza llena de salpullidos y de ulceras. Humilde como el polvo de los caminos, tan encorvada que no se le veían los ojos, le siguió murmurando  con voz lánguida un ruego pertinaz.

No por  dureza, sino por fastidio, Turiri apretó el paso,  pero como aquella miseria  y aquel lamento continuaban arrastrándose, detrás de el, empezó a revolver en su cartera sin encontrar lo que buscaba. Al fin, arrojo a la mujer algunas monedas de cobre.

Entonces vio a treinta pasos más adelante un hombre sin brazos y sin piernas apoyado en la pared. El hombre con voz fuerte, triste y desafinada cantaba una canción de Isudusi, llena de luz, de pájaros  y flores, la cual daba horror de oír.

Turiri se detuvo  y como aquel al menos no podía seguirlo, hizo como que no lo veía  y pasó al otro lado de la calle.

Siguió andando, pero ya no  sentía alegría de vivir. Dijo en voz alta: ¡Este sol es insoportable! Y regreso a su casa.

Entonces habiendo reflexionado, llamo a su intendente  y le dijo, ve a la calle principal, allí encontrarás aun mendigo y les darás unas monedas de oro; y enumerando a todos, le ordenó que  a todos les diera dinero.

Desde aquel día, Turiri cuando salía de paseo, se hacia seguir por un siervo que iba repartiendo dinero a los pobres, ordenándoles que se quitaran del lugar para que Turiri no los viera. Así Turiri cada día se hizo más caritativo. Parecía que se había jurado a si mismo que en Bagdad no habría más pobres. Fundo un hospicio para los niños, uno para los viejos, uno para las madres y otro para los imposibilitados y enfermos.

Y cuando le referían que un fingido enfermo o un fingido indigente se había valido de su astucia para hacerse socorrer, decía: dejadme en paz. No tengo tiempo de buscar la verdad ni de distinguir lamentara.

De esta manera gasto más de la tercera parte de sus riquezas en ayudar a los pobres. Hasta llegó a reducir el tren de vida de su casa, conservando solo a la más joven de sus esposas, a los más jóvenes de sus poetas y a los menos afirmativos de sus filósofos.

Por lo demás seguía viviendo, con todo lujo rodeado de las más esplendidas obras de arte, de la industria y del genio y sabiduría de los hombres, y jamás visito los hospicios que había construido ni las salas donde se atendía a los pobres.

Un día que pasaba por la ciudad  se vio rodeado por una multitud de pobres gentes. Todos juntos gritaban  que le debían la vida, y muchos se arrodillaban  y besaban sus manos. Peo se encolerizó como si aquellas muestras de gratitud  lo ultrajasen  o el hiciesen sufrir

Y el pueblo le consideró como el hombre más venerable y de más acrisolada santidad que jamás hubiese vivido en Bagdad.

Cuando se sintió próximo a morir mando que retirasen a los poetas y los filósofos y solo hizo quedar a su cabecera a una hermosa niña de dieciséis años, a la cual le recomendó que no le dijese nada y no hiciese nada más que mirarle con sus dulces ojos de color azul zafiro 

Al morir, los pobres, los antiguos pobres de Bagdad, siguieron su entierro y muchos de ellos lloraban.

Más allá de los tiempos,  más allá de las formas, más allá del espacio….

¿En donde fue?

No lo sabemos ni yo ni  nadie.

El alma de Turiri compareció ante Ormuz para ser juzgado

Ormuz le pregunto:

¿Qué has hecho en la tierra? ¿Cuáles son tus obras?

Turiri, muy tranquilo respecto a la próxima sentencia, contesto con humildad y modestia, ciertamente, no siendo más que un hombre, he sido débil. Me he deleitado  con las hermosas líneas,  con los colores esplendidos, con los sonidos, con los perfumes,  con los contactos suaves y con los fútiles juegos  de la palabra. Pero he fundado con mis riquezas cuatro hospitales, he dado a los pobres tres tercios de mi riqueza, no conservando nada más que para mí una parte.

En verdad, dijo Ormuz, no has sido un hombre malo, y en tus acciones muchas veces te ha guiado un Espíritu de Dulzura. Sin embargo, por esta vez, no entrarás en el paraíso. Pero tu alma volverá a encarnar en otro cuerpo, y vivirás otra nueva vida terrestre a fin de expiar  y de aprender.

Turiri muy sorprendido, pregunto:

¿Y que es lo que tengo que expiar Señor?

Reflexiona, sobre ti mismo y conócete mejor. ¿Cuál era tu pensamiento cuando dabas a los pobres tus bienes? ¿El día que encontraste al viejo mendigo, a la mujer pálida con su hijo, y al hombre sin brazos y sin pernas? ¿Qué fue lo que sintió tu corazón?

Una inmensa piedad, por el dolor humano, respondió Turiri.

Mientes dijo Ormuz. La primera impresión que produjo tu vista fue una sorpresa desagradable. Te recordaba demasiado brutalmente  el dolor y la miseria. Te sentías irritado  contra ellos porque ofendían tu vista  con su desaseo y fealdad. Te indignaba también su envilecimiento, la bajeza con que te imploraban  y la porfía de sus  cansadas suplicas. Les arrojabas la limosna con repugnancia, y tanto era el desprecio que te inspiraban  los desgraciados que un día  no pudiste soportar sus acciones  de agradecimiento, pues la grosería de las efusiones te molestaban, y la delicadeza de tus  nervios negó a aquellos infelices el derecho de probarte con su gratitud, que no eran indignos de tus beneficios. Te esforzaste en suprimir la miseria  creyendo que es un baldón para el mundo y que deshonra la vida. Pero yo te lo digo,  yo que penetro en las conciencias, había odio y repugnancia en tu caridad.

Turiri respondió: lo que yo aborrecía no eran a los miserables, era el padecimiento el mal,  Ahriman, nuestro eterno enemigo.

Yo soy Ahriman, respondió Ormuz.

¿Vos Señor?

Soy Ahriman y soy Ormuz. El bien, no puede más que del mal, la virtud no puede salir más que del dolor.

¿Y es esto señor, lo que habéis podido hacer?

No blasfemes. El mal pasará. No existe nada más que para engendrar la felicidad y la virtud. Cuando la Tierra donde se sufre la prueba, haya desaparecido, cuando todas las almas de los justos estén conmigo, entonces  será como si el mal no hubiese existido nunca

Esto es precioso dijo Turiri, pero ¿Qué se debe inferir de ello  respecto a mi caso? ¿Qué sentimiento  podían inspirarme criaturas envilecidas  y asquerosas? ¿Y que otra cosa les debía  más que aliviar sus miserias?

Para que lo aprendas es que te vuelvo a enviar a la Tierra.

Pero señor….

Turiri no pudo decir más… Ormuz desapareció… desapareció Turiri… solo el abismo…

Nada más sencillo y más triste que la vida de Turiri. Nació en Escub, hijo de artesanos muy pobres, sufrió hambre  y malos tratos durante su infancia. Aprendió un oficio del cual vivió penosamente. Tenía virtudes de pobre hombre; era bastante honrado, bastante bueno y muy bien resignado, pero carecía de la dignidad y de la delicadeza que son el lujo del alma. Se casó para no estar solo. El trabajo le faltaba a menudo. Su mujer y sus dos hijos murieron de miseria. Un día cayó un andamio, y no habiendo tenido los cuidados necesario, quedo eternamente inútil de ambas piernas, con un brazo paralizado, y una llaga incurable en el otro.

Tuvo que mendigar. Al principio lo hizo mal, sintiéndose avergonzado, no se atrevía a insistir, y no le daban casi nada.

Poco a poco adquirió la costumbre de la mano tenazmente tendida como un instrumento de pesca, de los ademanes humildes, del ruego que persigue  al transeúnte y que espera cansarle. Desde entonces recibió poco más o meno  lo suficiente para no morirse de hambre.

Y no teniendo alegría en el mundo, cuando le quedaban algunas monedas se embriagaba con el licor fermentando del maíz.

Una joven muy  pobre que habitaba en un cuarto antiguo, habiéndole visto varias veces, se compadeció de el. Todas las mañanas  le curaba las llagas, le hacia la cama., le preparaba su pobre comida y le remendaba las ropas sin pedirle nada a cambio. Se llamaba Krika, y no era hermosa, pero había tanta bondad en sus ojos  que daba gusto encontrar su mirada. Y sin saber porque, Turiri acechaba todas las mañanas desde su miserable lecho el momento en que Krika al levantarse se asomaba a la ventana.

Un día un hombre rico, cuando Turiri mendigaba, le arrojo con repugnancia  una moneda de oro. En aquel momento, Ormuz  permitió que su alma  recordara haber sido Turiri

Y Turiri ver una expresión de odio en la mirada de aquel hombre rico que le daba la limosna. Y entonces comprendió el porque le había condenado Ormuz. Comprendió que también el en su vida anterior al mismo tiempo que socorría a los miserables, les había odiado por su envilecimiento y fealdad, por cosas de las que ellos no eran responsables. Al día siguiente cuando entro Krika a curarle la llaga la miro. Vio que desempeñaba su tarea sin repugnancia y que sus ojos continuaban  dulces  y serenos. Y entonces comprendió que aquella joven  que le cuidaba y no se apartaba de el, aunque era horrible entre todos los miserables, era verdaderamente  buena y verdaderamente santa.

Cuando terminó de curarlo le beso las manos silenciosamente  y lloro. Y Ormuz le hizo la gracia de concederle aquella misma noche  una muerte dulc

¿Qué as comprendido Turiri? Le pregunto Ormuz.

Y Turiri le dijo emocionado: que se debe servir a los pobres pobremente, se debe penetrar en su alma de pobres y no despreciarles por su envilecimiento y disminución de alma  ya que también  nosotros hubiéramos  podido vernos reducidos  si nos hubieran agobiado las mismas necesidades. Amarles cuando menos  por su resignación, a ellos que son la multitud y cuyas iras unidas barrerían a los ricos  como briznas de paja; y por ultimo, buscar si no subsiste aun en ellos algún vestigio de nobleza y dignidad. Y es menester servirles  humildemente, es menester  así como nos resignamos  a nuestros propios padecimientos, resignarnos a la miseria  de los demás aun cuando ofenda nuestras delicadezas; se debe al mismo tiempo que se les socorre, no indignarse contra esa miseria y aceptarla como se aceptan los misteriosos designios, de aquel que es el único que conoce la razón de las cosas. Porque el objeto del Universo no es la producción de la belleza plástica, sino de la bondadOrmuz emocionado, le llamo buen Servidor y le invito a entrar en su reino.

Así todos nosotros debemos procurar, obtener la disponibilidad, para poder entrar en el Reino de Dios, amando a todos nuestros hermanos, respetándoles sin censurar nunca posiciones que estamos muy lejos de comprender, por no estar en su misma situación, y si nos es posible tenderles una mano generosa, con un gesto de cariño, que le invite a confiar en nosotros, a poder asegurarse de nuestra parte el alivio y comprensión sin exigir nada a cambio, de su parte, pues hay que hacer el bien por el bien mismo.

Siempre es fácil observar el mal y reconocerlo. Más lo que Cristo espera de nosotros es el descubrimiento y el cultivo del bien, para que el Divino Amor sea glorificado.

La historia ha sido extraída del Libro de Amalia Domingo Soler (La  luz de la Verdad)

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COMO SENTIR A DIOS

El joven profesor entro en la sala de la clase y encontró  a sus pequeños alumnos discutiendo, calurosamente, sobre Dios.

¿En cómo podrían acreditar que Dios existe  si no consiguen Verlo, ni Tocarlo?

Percibiendo el nivel de la discusión filosófica de los niños el profesor pidió permiso  y les propuso una experiencia.

Colocó sobre la mesa  dos copas transparentes con agua, y preguntó si ellos podían notar algo diferente entre uno y otra copa.

Los pequeños respondieron, en una sola  voz: Ninguna diferencia. Ambos contienen agua limpia.

Entonces, el joven dio a cada uno de ellos cogerlas, pidiéndoles que probasen  un poco del contenido de cada copa.

Cuando todos habían experimentado volvió  a preguntar: ¿Entonces aun afirman que son iguales?

Y la respuesta fue otra: No, en una de las copas el agua es dulce, y en la otra no lo es.

Entonces el joven educador dijo: Acontece lo mismo con relación a Dios. Para percibir  Su existencia es preciso experimentar-Lo no podemos ver-Lo ni tocar-Lo, más si podemos sentir-Lo.

Y percibiendo que la clase estaba preparada para saber más a respecto de esas cuestiones. El profesor continuó con sus argumentos.

Dios no puede ser tocado con las manos, ni medido con una cinta métrica, ni pesado en una balanza,  o ser visto con los ojos físicos.

Más si podemos sentir a Dios al tocar los pétalos de una flor, su textura  suavizada, su perfume, su coloración única…

No podemos medir a Dios, más si podemos mensurar Su grandiosidad en las dimensiones del Universo, en los astros que al girar en el firmamento, en las mañanas claras y bellas, en la organización de los seres infinitamente pequeños.

No podemos pesar  a Dios, no podemos percibir Su  fuerza generadora y mantenedora , en las Leyes que rigen y sustentan constelaciones, nebulosas y galaxias, suspensas en el espacio sin fin.

Podemos observar al Creador en el impulso de las olas que agitan los océanos, en el instinto de los animales, en la danza de las estaciones.

No conseguimos ver a Dios con los ojos, más si podemos sentir a Dios en las múltiples expresiones del bien y de lo bello, del amor creativo y activo, en la llama de la esperanza que vibra en el alma de cada hijo Suyo.

Dios es invisible, más Su presencia es evidente en variadas expresiones del dinamismo de la vida.

En la sangre  que corre en nuestras venas.

En el oxigeno que respiramos…

En el Sol que dardea sobre la Tierra, posibilitando la vida…

En la luna, satélite silencioso y solitario, que vigila  el planeta durante las noches….

En la brisa que conduce el polen  y permite la regeneración de las flores.

En la lluvia que cae sobre las simientes que duermen bajo el suelo generoso…

Ah, las flores…

Las flores son asignatura del propio Creador en el cuadro de la naturaleza…

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El observador atento no divisa solo con los ojos del cuerpo…

Como dijo el poeta a su Pequeño Príncipe: Lo esencial es invisible a los ojos. Porque los ojos son extremadamente limitados.

Los filósofos, los poetas, los artistas, los profetas y, porque no, los científicos, ven más con el alma  que con los ojos.

Para ver bastan los ojos más para ver es preciso un sentido más…

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LA VISITA DE LA VERDAD

En una caverna oscura, donde la claridad nunca surgía, se demoraba cierto devoto implorando el socorro divino.

Se declaraba el más infeliz de los hombres, no obstante, en su ceguera, se sentía el mejor de todos.

Reclamaba contra el ambiente fétido en el que se hallaba.

El aire maloliente  lo sofocaba – decía el con gritos conmovedores.

Pedía una puerta liberadora que lo condujese  a convivir en el día claro. Se afirmaba robusto, apto, aprovechable.

¿Por qué motivo era retenido allí, en aquel aislamiento doloroso? Lloraba y se quejaba, no ocultando aflicciones y exigencias. ¿Qué  razones lo obligaban a vivir en aquella atmosfera insoportable?

Notando Nuestro Padre que aquel hijo formulaba incesantes suplicas, entre la rebeldía y la amargura, profundamente compadecido le envió la Fe.

La sublime virtud lo exhortó  a confiar en el futuro y persistir en la oración.

El infeliz se consoló, de algún modo, más, en breve tiempo, volvió a lamentarse.

Quería huir  del muladar y, como  aumentasen sus lágrimas, el Todo Poderoso le mandó la Esperanza.

La emisaria le dio unas palmaditas  en la espalda y le habló de la eternidad de la vida, buscando secarle el llanto desesperado. Para eso, le rogó calma, resignación, fortaleza.

El pobre pareció mejorar, transcurridas algunas horas, volvió a lamentarse.

No podía respirar – clamaba, en desaliento.

 

Condolido, determinó el Señor que la Caridad lo socorriese.

La nueva mensajera lo acarició y lo alimento, dirigiéndole palabras  de cariño, como si fuera abnegada madre.

 

Todavía, porque el emisario prosiguiese gritando, enojado, el Padre Compasivo le envió la Verdad.

Cuando la portadora de esclarecimiento se hizo sentir en la forma de gran luz, el infortunado, entonces, se vio tal cual era y se avergonzó. Su cuerpo era un conjunto monstruoso de llagas pestilentes de la cabeza a los pies, ahora, percibía, espantado que el mismo era el autor de la atmosfera intolerables en que vivía.

El pobre tembló tambaleante, y, notando que la Verdad serena le abría la puerta de la libertad, se horrorizó de si mismo; sin coraje para pensar en la propia cura, lejos de encarar a la visitadora, frente a frente, para aprender a limpiarse y purificarse, huyo, espantado, en busca de otra cueva  donde consiguiese esconder la propia miseria que solo entonces reconocía.

Así ocurre con la mayoría de los hombres, ante la realidad: se sienten con derecho a la recepción de todas las bendiciones del Eterno y gritan ferozmente, implorando la ayuda celestial.

Mientras son amparados por la Fe, por la Esperanza o por la Caridad, se consuelan,  y se desconsuelan, creen y dejan de creer, tímidos e irritados  y exitosos; todavía cuando la Verdad brilla delante de ellos, revelándoles la condición en la que se encuentran, acostumbran a huir, apresurados, en busca de escondrijos tenebrosos, dentro de los cuales puedan cultivar la ilusión. 

Del libro “Jesús en el Hogar” – Neio Lucio (Psicografiado por Chico Xavier)

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UN HISTORIA DE LA NAVIDAD

No temáis porque es aquí os traigo nuevas de grandes alegrías… Lucas 2:10

Todo en la vida de Lúdico era una fiesta, fuese la simple sonrisa de alguien en medio de la calle, fuese  la conmemoración  más extraña que pudiese participar.

No se perdía un evento, encuentro de ex colegas, almuerzos de familia y,  hasta el baile de la 3ª edad del parque, aunque el aun estuviese lejos de alcanzarla.

Para el la Navidad era el ápice de un año festivo y la línea divisoria que marcaba  el inicio de más de un año de conmemoraciones.

Amaba todos los símbolos y hábitos navideños. Iba a ver la iluminación Paulista, del Ibirapuera y la calle de Normandía. Compraba regalos para todos los que imaginaba encontraría en la cena. No pocas veces entró en la fila y se sentó en el regazo de Santa Claus para hacer algunas compras, para deleite y risas de los niños.

Comía, bebía y cantaba  Jingle Bells en varios idiomas hasta el amanecer.

En el extremo opuesto de toda esa alegría estaba Lidimo. Un sujeto serio y hosco que hallaba intolerable todos los desvíos que el llamaba de compostura. Jamás sonreía a un extraño en medio de la calle, es más, jamás sonreía.

La Navidad de Lidimo era espartana. Rechazaba arboles por sus orígenes paganos, abominaba a papa Noel y discutía de forma enardecida  en defensa del verdadero sentido de la Navidad.

Su conmemoración se resumía al culto formalísimo de su iglesia, a los votos de feliz Navidad al pastor  y demás personas que estuviesen presentes en el culto. Después se iba para casa y solo no dormía inmediatamente pues el barullo de los fuegos le daba insomnio.

Cierta Navidad, por un contratiempo, Lúdico se vio solo. Los familiares no hicieron la fiesta tradicional pues uno de ellos estaba hospitalizado en estado grave y cancelaron  la cena pocas horas antes de suu inicio.

Sin saber lo que hacer, el salió paseando a pie por las calles de la ciudad.

En la misma Navidad, por otro contratiempo, Lidimo se vio solo. Atendiendo el pedido de varios miembros que querían viajar, la conmemoración de la Navidad en la Iglesia fue anticipada tres semanas (un absurdo, según Lidimo) y no hubo culto el día 24.

Sin saber lo que hacer, el salió paseando a pie por las calles de la ciudad.

Lúdico vio a aquel hombre solo sentado en el banco de la plaza y resolvió sentarse al lado de el. Como era en el habitual, le ofreció una sonrisa. El hombre era Lidimo, que no sonreía nunca, a pesar  de tozudo, era un sujeto educado y saludó a Lúdico con unas buenas noches.

Lúdico saco la conversación sobre las fiestas. Lidimo soltó su discurso, lúdico lo oyó atentamente, hasta el fin.

Después comenzó a hablar sobre la alegría de vivir, sobre la sonrisa de los  niños, sobre el placer de estar con las personas.

Lidimo se emocionó. Tantas navidades solitario y, en la más solitaria de todas, alguien le hablaba de alegría.

Repensó su discurso, y empezó  hablar de Jesús para Lúdico. Habló de la donación, la salvación, la vida eterna.

Mientras hablaba, la fe toco el corazón de Lúdico.

Lidimo descubrió que era posible creer en la alegría.

Lúdico descubrió  que era posible alegrarse en la fe.

Juntos fueron a la tienda de conveniencia del puesto de gasolina de la plaza y celebraron juntos comiendo pan de queso y tomando un refresco.

Nunca más tuvieron una Navidad sin Cristo o sin alegría. Fabio Adiron

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LAS DIFICULTADES SON OPORTUNIDADES

Era el día 8  de enero de 1942, día en que el mundo  recordaba los 300 años de la muerte de Galileo Galilei. En una sala de maternidad de la ciudad de Oxford, Inglaterra, nacía un niño que sería llamado Stephen.

En plena Segunda Guerra Mundial, la ciudad de Oxford era segura debido a un acuerdo mutuo  de la no agresión  a las ciudades de grandes universidades, firmado entre Inglaterra y Alemania.

Criado en Londres, fue un chaval saludable de desempeño escolar regular, nunca quedando entre los primeros de la clase.

A los 17años, contra la voluntad de su padre comenzó a mostrar síntomas de una extraña dolencia; lentitud en los movimientos, caídas, dificultades del habla. A los 21 años el diagnostico sombrío era: esclerosis lateral amiotrofia.

Hasta hoy sin cura, esa dolencia destruye los neuronios que controlan los movimientos, y los músculos se van paralizando lentamente. Es como una sentencia de muerte sin fecha para acontecer, como escribiría el más tarde.

El joven rapaz, aturdido por el diagnostico, encontró apoyo en su enamorada, Jane, que lo incentivó  a hacer el doctorado y a procurar empleo, pues los dos se deberían casar.

En su tesis inició los estudios que comprobaron la teoría del Universo en expansión, a partir de un punto conocido como el Big Bang.

Se caso y tuvo tres hijos, encontrando, en la esposa, una compañera incansable. La lentitud física, según el, le daba tiempo para pensar más.

Gano fama también con el estudio de los Buracos Negros, publicando trabajos científicos  y libros que lo notabilizaron, mientras su cuerpo se paralizaba progresivamente.

En el inicio del libro Una breve historia del tiempo, el dice que, a excepción hecha a su dolencia, el es feliz en todos los aspectos de su vida, teniendo suerte de haber elegido una profesión que solo precisa el intelecto.

Llegó a escribir que su deficiencia no le causara mayores problemas, habiendo contado con el auxilio de la familia, de los colegas y alumnos.

Hoy, a los 67 años, en una silla de ruedas, el se comunica por un sintonizador de habla, ligado a un computador, posibilitándole hasta dar conferencias. Nunca paró de estudiar. Desafía a la medicina con su larga sobrevida.

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 Pensemos cuántos de nosotros, frente en  la más leve síntoma de enfermedad, cuidamos de apartarnos del trabajo o de los estudios, con atestados médicos de larga duración.

Cuantos se aposentan por invalidez y no vuelven más a estudiar, siquiera desenvolviendo algún trabajo que esté dentro de las nuevas condiciones físicas.

Con todo, la enfermedad puede ser una oportunidad de reflexión, una oportunidad de superación, más, nunca, una disculpa para desistir.

Qué ejemplo  el de ese notable hombre, que hoy ocupa la silla de profesor Lucasiano de Matemáticas, en la Universidad de Cambridge, lugar ya ocupado por Isaac Newton, que nos sirva de reflexión y de ejemplo de vida.

Pensemos en esta frase por el proferida: ¡Cuando hemos de afrontar la posibilidad de una muerte prematura, nos damos cuenta de cuánto vale la pena vivir!

Redacción del Momento Espírita.

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DIÁLOGO DE UN ÁNGEL CON SU DIOS

Autor Desconocido

-          Señor… visité tu creación como me pediste. Fui a todos los rincones.

Estuve en el sur, y en el norte. Fui al este y al oeste.

Vi y formé parte de todas las cosas. Observé cada una de las criaturas humanas. Y por haber visto vine hasta ti Señor… para tratar de entender.

¿Porqué?.. ¿Porqué cada una de las personas sobre la Tierra tienes apenas un ala?

Los ángeles tenemos dos… podemos volar hasta el amor que el Señor representa siempre que lo deseamos. Podemos volar hacia la libertad siempre que queramos.

Pero… los humanos con su única ala no pueden volar… con apenas un ala…

Dios con toda la ternura, respondió pacientemente a su Ángel.

- Sí… yo sé eso. Sé que hice a los humanos con apenas un ala…

Intrigado, pero con la sumisión absoluta hacia su Señor, el Ángel quería entender y preguntó:

- ¿Pero… porqué el Señor dio a los hombres apenas un ala cuando son necesarias dos alas para poder volar… para poder ser libre?

Dios que conocía todas las respuestas, no se apresuró en contestar.

Después de un lapso de respetuoso silencio…. respondió…

- Ellos sí pueden volar, mi Ángel. Di a los humanos apenas un ala para que ellos pudiesen volar más y mejor que tú y mis arcángeles….

Para volar mi amigo, tú precisas dos alas…. Pero aún siendo libre, siempre estarás solo.

Tal vez de la misma manera que Yo…

Pero los humanos… los humanos con su única ala precisarán siempre dar las manos a alguien a fin de tener las dos alas que necesitan. Cada uno de ellos tiene en verdad una de las alas de un par de alas… y la otra ala está en algún lugar del mundo y es el ala que completa el par.

De este modo, los humanos aprenderán a respetarse pues al quebrar la única ala de otra persona pueden estar acabando con sus propias posibilidades de volar.

Ellos aprenderán a amar verdaderamente a otra persona… aprenderán que solamente permitiéndose amar podrán volar.

Dando la mano a otra persona, dando un abrazo sincero y afectuoso ellos podrán encontrar el ala que les faltaba…. y podrán finalmente volar.

Y los humanos nunca… nunca estarán solos cuando fueran a volar.

Dios se silenció en una sonrisa.

El Ángel comprendió que ya nada más precisaba ser dicho.

Y siendo así, en el final del cuento, espero que un día encuentres tu otra ala para poder finalmente volar.

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EL JARRÓN Y LA ROSA AMARILLA

Cierto día en un monasterio Budista, se encontraron con la muerte de uno de sus guardianes y fue preciso encontrar un substituto. El Gran Maestro convoco a todos los discípulos para determinar quién sería el nuevo centinela. El Maestro, con mucha tranquilidad y calma, dijo: “Asumirá el puesto el primer monje que resuelva el problema que voy a presentar.” Entonces coloco una magnifica mesita en el centro de la enorme sala en que estaban reunidos y encima de esta, coloco un jarrón de porcelana muy raro con una rosa amarilla de extraordinaria belleza en el y dijo así: “! Aquí está el problema! “Todos quedaron asombrados mirando aquella escena; un jarrón de extremo valor y belleza, con una maravillosa flor en el centro. ¿Que representaría?, ¿Qué hacer?, ¿Cual es el enigma? En ese instante, uno de los discípulos saco una espada, miro al Gran Maestro, y a todos sus compañeros, se dirigió al centro de la sala y … ZAZ … destruyo todo de un solo golpe. Tan pronto el discípulo retorno a su lugar, el Gran Maestro dijo: “Usted será el nuevo guardián del Castillo”.

Moraleja de la Historia: No importa cuál sea el problema, ni que sea algo lindísimo, si ves un problema, precisa ser eliminado, terminado, concluido. Un problema es un problema, no importa que se trate de una mujer sensacional, o de un hombre maravilloso o de un gran amor que se acabo, por más lindo que sea o haya sido, si no existiera mas sentido para el en tu vida, tiene que ser suprimido porque corres el riesgo de permanecer con el, el resto de tu vida. Muchas personas cargan la vida entera el peso de cosas que fueron importantes en el pasado, y que hoy solamente ocupan un espacio inútil en sus corazones y mentes, espacio que es indispensable para recrear la vida, sobre todo si el problema es algún sentimiento de rencor o reproche, que aunque en algún momento de tu vida te haya hecho mucho daño, eso solo forma parte de un pasado.

Existe un proverbio Chino que dice: “Para poder beber vino es necesario primero tirar el te”. Limpia tu vida, comienza por las gavetas, armarios, hasta llegar a eso que ya no hacen más sentido y que están ocupando espacio y que muchas veces lejos de ayudarte te hiere y te impide tomar un curso diferente en tu vida. El pasado sirve como lección, como experiencia, como referencia. El pasado sirve para ser recordado y no para ser revivido. Usa las experiencias del pasado en el presente, para construir tu futuro. Necesariamente en ese orden!

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TRES ANÉCDOTAS DE LA VIDA DE CHICO XAVIER

 

TENGA PACIENCIA,  HIJO MÍO

Cuando Doña Maria Juan de Dios  desencarnó, el 29 de septiembre de 1915, Chico Xavier, uno de sus nueve hijos, fue entregado a los cuidados de Doña Rita de Cassio,  vieja amiga y madrina de la criatura.

Doña Rita, sin embargo, era obsesa y, por cualquier bagatela, se enojaba, e irritaba.

Así es que Chico  pasó a soportar, al día, varios golpes  con la vara del membrillo, recibiendo, aun, la penetración de puntas de garfio en el vientre, porque la neurasténica y perversa señora inventó ese extraño proceso de tortura.

El chaval lloraba mucho, permaneciendo, horas y horas, con los garfios colgando en la carne sanguinolenta y corría  para el patio, a fin de desembarazarse, porque la madrina repetía, nerviosa:

-Este niño tiene el diablo en el cuerpo.

Un día, se acordó la criaturita  de que su Madrecita oraba siempre, todos los días,  enseñándolo a elevar el pensamiento  a Jesús y sintió la falta de la oración que no encontraba en su nuevo hogar.

Se arrodilló bajo las viejas bananeras  y pronunció las palabras del Padre Nuestro que había aprendido de los labios maternales.

Cuando terminó, Oh! ¡Qué maravilla!

Su progenitora, Doña Maria Juan de Dios estaba perfectamente viva a su lado.

Chico, que aun no pasaba por las negaciones y dudas de los hombres, ni por un instante pensó que la Madrecita hubiese partido para las sombras de la muerte.

La abrazo, feliz; y gritó:

-Madre, no me deje aquí… Lléveme con la señora…

-No puedo, – dijo la entidad, triste.

-¡Estoy recogiendo mucho, mama!

Doña Maria lo acarició y explico:

-Tenga paciencia, hijo mío. Usted precisa crece r más fuerte para el trabajo. Y quien no sufre no aprende a luchar.

-Más – torno la criatura – madre mía dice que yo estoy con el diablo en el cuerpo…

-¿Qué pasa con eso? no se incomode. Toda pasa y si usted no se queja más, si usted tiene paciencia, Jesús lo ayudara para que estemos siempre juntos.

Enseguida, desapareció.

El pequeño, afligido, en vano la llamó.

Desde ese día, no en tanto, pasó a recibir el contacto de la vara y los garfios sin rebeldía y sin lágrimas.

-Chico  es tan cínico – decía Doña Rita, exasperada, que no llora, ni aun mismo con un pescozón.

Porque la criatura explicase tener alegría de ver a su madre, siempre que recibía los golpes, sin llorar, el personal domestico paso a decir que el era un “niño hechizado”.

Y, diariamente, por la tarde, con heridas en la piel y con sangre  corriéndole por los pequeños orificios del vientre el pequeño seguía, con los ojos exhausto y brillantes, para el patio, con el fin de reencontrar a la querida madrecita,  bajo los viejos arboles, viéndola y oyéndola, después de la oración.

Así comenzó la lucha espiritual del médium extraordinario que conocemos.

 

EL VALOR DE  LA ORACIÓN

 

La madrina de Chico, algunas veces, pasaba tiempo entregada a la obsesión.

Así es que, en esas fases, la exasperación de ella era más fuerte.

En algunas ocasiones, por eso, condenaba  al  niño a varios días sin comer.

Cierto día, ya hacía tres días que la  criatura permanecía en completo ayuno.

Por la tarde, en la hora de la oración, encontró  a la madrecita desencarnada que le preguntó el motivo de la tristeza con la cual se presentaba.

-entonces, la señora no sabe, – explico Chico – he pasado mucha hambre…

-¡Hijo mío, usted está reclamando demasiado!- dijo Doña María Juan de Dios -  los niños glotones tienen siempre indigestión.

- Pero hoy me gustaría comer alguna cosa…

La madrecita lo abrazó y le recomendó:

-Continúe en oración y espere un poco.

El niño quedó repitiendo las palabras del Pan Nuestro y en un instante un gran perro de la calle  penetro en el patio.

Se aproximo a el y dejo caer de la boca un objeto oscuro.

Era un jatobá sabrosa…

Chico la recogió, alegre, el pesado fruto, al mismo tiempo que volvió a ver a su madrecita a su lado, acrecentando:

-mezcle el jatoba con agua y usted tendrá un buen alimento.

Y, despidiéndose  de la criatura, acentuó:

Como usted observa, hijo mío, cuando oramos con fe viva hasta un perro  nos puede ayudar, en nombre de Jesús.

EL ÁNGEL  BUENO

Dos años de zurras incesantes

Dos años fue lo que vivió Chico  junto a la madrina.

En una tarde muy fría, cuando entró en coloquio con Doña María Juan de Dios, Chico imploró:

-Mama, si la señora viene a vernos, porque no me saca de aquí?

El Espíritu cariñosos lo oyó y pregunto: ¿Por qué está usted tan afligido?  Todo, en el mundo obedece a la voluntad de Dios…

-Más la señora sabe que nos hace mucha falta…

La madrecita lo consoló y explico.

-No pierdas la paciencia. Pedí a Jesús para enviar un ángel bueno  que tome cuenta de todos ustedes.

Y siempre que volvía a ver a su genitora el niño peguntaba:

-Mama, cuando llegará el ángel?

-¡Espere, hijo mi! –siempre era la respuesta.

Transcurridos dos meses, el Sr. Juan Cándido Xavier resolvió casarse en segundad nupcias.

Y Doña Acidalia Batista, la segunda esposa, reclamó a los hijos de Doña María Juan de Dios, que se hallaban esparcidos en diversas casas.

Fue así  que el niño volvió al antiguo hogar contemplo a la madrastra  que le extendía las manos…

Doña Acidalia lo abrazó y lo beso con ternura y pregunto:

- ¡Dios mío, ¿dónde estaba este muchacho con el vientre de esa manera?

Chico, alentado con el cariño de ella, la abrazó también, como el pájaro pedido que sentía  alegría al encontrar de nuevo el nido.

La madrastra bondadosa lo miro bien a los ojos y pregunto:

-¿Usted sabe quién soy, hijo mío?

-Si lo sé. La señora es el ángel bueno de quien mi madre ya me hablo…

Y, desde entonces, entre los dos, brillo el amor puro con el que Chico siguió a la segunda madre, hasta la muerte.

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PROTECCIÓN Y REALIDAD

Practicando la protección cariñosa, Uriel, entidad angélica, transportara a Levindo para una colonia celestial, llena de flores abiertas y calmados vientos, donde las almas laboriosas descansaban de la lucha humana y trabajaban por la conquista del porvenir en la esfera superior

 Levindo no cometiera crímenes que abalasen la opinión de los hombres; entretanto, extraía de la existencia terrestre todos los provechos y ventajas susceptibles de favorecer las pasiones inferiores. Se entregó, en la mocedad, en los mejores años del cuerpo, perseverando en los placeres menos dignos en todo y en todo el curso de la edad madura y , aun en la vejez precoz, hacia cuestión de parecer un joven de la época,  travieso y conquistador.

La molestia del hígado lo retuviera en el lecho, durante meses; con todo, no atendía el enfermo a las invitaciones  de la meditación y, lejos de tratar convenientemente  la enfermedad, lucho, desesperado, contra su influenciación invisible, bombardeándola con venenos químicos de variadas especies. Desafiaba y reclamaba, lloriqueando. Decía  en llanto, que quería algún tiempo más en la Tierra para solucionar algunos negocios. Precisaba liquidar ciertos problemas que  su confianza  en el cuerpo había pospuesto  indefinidamente, más el organismo exhausto no le satisfacía sus solicitaciones. Las células cansadas enviaban a la mente enérgico ultimátum, exigiendo independencia. Habían servido, sin cesar, a un tirano que no les ofrecía treguas, durante muchos años de trabajo en común.

En balde, recurrió  a remedios y providencias.

Angustiado, Levindo recibió la visita de la muerte en una noche oscura y lluviosa, en donde el viento le rozaba la ventana,  como lamentable sollozo. Tuvo miedo, experimento  el inenarrable pavor  del desconocido y grito estentóreamente.  Todavía, sus gritos  eclosionaban en otras dimensiones  y no lo atendían, ahora, los oídos familiares. La esposa lloraba copiosamente, besando las manos de su cuerpo inerte, mostrándose, sin embargo, absolutamente insensible a sus abrazos de naufrago, debatiéndose en un mar pesado de sombras.

Alguien, no en tanto, velaba por el, con generosidad fraternal. Era Uriel, el amigo invisible.

Se lo llevó con ternura y cerró los párpados en un sueño tranquilo. ¿Qué no puede hacer en el Universo el magnetismo divino del amor’ Uriel amaba al compañero y, por eso, podía protegerlo, envolviéndolo en los efluvios de su alma llena de luz.

El benefactor le dio, igualmente, un pase, donde Levindo gozó de bendecido sueño por largas horas.

Despertando, contemplo al amigo que lo amparaba en silencio. El pobre compañero, recientemente desencarnado, acribilló al mensajero espiritual  de preguntas y amonestaciones. ¿Cómo estaban su mujer e hijos? La Providencia debía devolverlo al mundo, con bastante posibilidad para resolver sus intereses. En verdad, podía haber sido más previsor. ¿Más, como podía saber? ¿Y, la casa? ¿Y la organización comercial que le había costado incesantes disgustos? ¿Estarían de acuerdo  con los deseos del?

Uriel lo confortó, con palabras de esperanza y amor, intentando tranquilizarlo.

Enseguida, usando la autoridad de la que podía disponer, lo condujo a encantadora ciudad espiritual, acogedora y feliz, pequeño cielo donde se congregaban espíritus liberados de las pasiones inferiores, a camino de la sublime purificación.

El dedicado benefactor lo presentó a los compañeros. Todos juzgaron tratarse de alguien a la altura de la luminosa expresión de aquel paraíso de entendimiento. Sin embargo, luego después de los primeros saludos, Levindo se  revelaba de manera deprimente, preguntando, en lágrimas, sobre situaciones, personas y cosas que habían  quedado, a distancia, en la lucha material. Un amigo del nuevo entorno, que se identificaba  por el nombre de Almeida, preguntó a un antiguo deudor de su organización comercial, que se hacía  conocer en el campo terrestre por el mismo nombre,  añadiendo que la deuda del infeliz encarnado ascendía a más  de cien mil cruzeiros. El interpelado respondió sonriendo:

-¿Quién sabe? Es posible que este en el cuadro de mis antiguos familiares. ¡Somos tantos Almeida! Entretanto, nada, le puedo adelantar ahora. ¡Deje el terreno de la sangre, hace muchos años!..

Probablemente, Levindo desearía  que le devolviera el dinero, aunque fuese otra la moneda en circulación.

Por más que Uriel le aconsejase serenidad y práctico sentido en la nueva situación, continuaba  en el estado de grave exaltación pasional.

Las brisas acariciando el cielo   divino  inflamado de oro y azul brillante, las flores matizadas  de luz  y las torres resplandecientes  no conseguían modificar su mente  apasionada por las sensaciones  más groseras  de la Tierra. Si los amigos le recomendaban la oración, respondía, desesperado:

-¿Cómo entregarme a la oración? No puedo.

No sé cómo están mi mujer, mis hijos, mis negocios. ¿Cómo habrán sido utilizados mis títulos bancarios? ¿Y el inventario de mis bienes? ¿Será que la herencia se verifico con justicia?

Y con las manos apretadas en la cara, se echo a llorar:

Cualquier conversación fraternal acababa en angustiosa crisis.

Uriel se esforzaba en vano, hasta que, un día, el gran orientador de la comunidad espiritual lo llamó delicadamente, diciéndole con franqueza:

-¿Uriel, usted ama bastante a Levindo?

-Si

-Sabe, sin embargo, que la protección afectuosa solamente puede dar resultados benéficos cuando el protegido comprende el beneficio y desea recibirlo.

-Lo sé.

-Entonces, oiga. El podría permanecer aquí, en nuestro recinto celeste, más la mente del infeliz airada está en el infierno que se esfuerza por conservar indefinidamente, después de la muerte del cuerpo. No intente violentar las leyes evolutivas.

El benefactor inclinó  la cabeza en señal de asentimiento y permaneció silencioso, mientras  Levindo era llamado para otras providencias.

Advertido por el gran orientador, respondió llorando, que precisaba regresar, que la familia humana carecía de el, que los negocios debían estar parados, para su espera, que necesitaba llamar a los antiguos deudores  para la rendición de cuentas. De cualquier forma, deseaba partir.

El dirigente de la ciudad entregó a Uriel una llave y le recomendó:

-Ábrale la puerta y déjelo procurar lo que le pertenece.

En ese mismo día, lleno de esperanza, Levindo se precipitó en el purgatorio terrible, donde la convivencia con los demonios del mal que le curaría la ceguera, con el sufrimiento correctivo.

Por el Espíritu Hermano X – Del libro: Lázaro Redivivo, médium: Francisco Cándido Xavier.

EL COFRE ENCANTADO

Hace muchísimos años, vivía en la India un sabio, de quien se decía que guardaba en un cofre encantado un gran secreto que lo hacía ser un triunfador en todos los aspectos de su vida y que, por eso, se consideraba el hombre más feliz del mundo. Muchos reyes, envidiosos, le ofrecían poder y dinero, y hasta intentaron robarlo para obtener el cofre, pero todo era en vano.

Mientras más lo intentaban, mas infelices eran, pues la envidia no los dejaba vivir. Así pasaban los años y el sabio era cada día más feliz. Un día llego ante él un niño y le dijo: “Señor, al igual que tu, también quiero ser inmensamente feliz. “Por qué no me enseñas que debo hacer para conseguirlo”? El sabio, al ver la sencillez y la pureza del niño, le dijo: “A ti te enseñaré el secreto para ser feliz.

Ven conmigo y presta mucha atención. En realidad son dos cofres en donde guardo el secreto para ser feliz y estos son mi mente y mi corazón, y el gran secreto no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida”.

El primer paso, es que debes quererte a ti mismo, y todos los días al levantarte y al acostarte, debes afirmar: yo soy importante, yo valgo, soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de mí, no hay obstáculo que no pueda vencer: Este paso se llama autoestima alta.

El segundo paso, es que debes poner en práctica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente, actúa inteligentemente; si piensas que eres capaz, haz lo que te propones; si piensas que eres cariñoso, expresa tu cariño; si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas. Este paso se llama motivación.

 El tercero pasó, es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es, ellos alcanzaron su meta, logra tu las tuyas. El cuarto pasó, es que no debes albergar en tu corazón rencor hacia nadie; ese sentimiento no te dejará ser feliz, tú perdona y olvida.

El quinto paso, es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen, recuerda que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, mañana te quitaran algo de más valor.

El sexto paso, es que no debes maltratar a nadie; todos los seres del mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera.

Y por último, levántate siempre con una sonrisa en los labios, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bonito; piensa en lo afortunado que eres al tener todo lo que tienes; ayuda a los demás, sin pensar que vas a recibir nada a cambio; mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades y dales también a ellos el secreto para ser triunfador y que de esta manera, puedan ser felices”…

Autor desconocido

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APELACIÓN DE UN ANCIANO

Dicen que soy un viejo. Algunas veces, usted pasa a mi lado, con un grupo de amigos y  se ríe por mi forma de andar lento y atropellado.

Usted puede creer que yo no percibo sus risas. Sin embargo  ellas me hieren, porque me gustaría andar rápido como lo hacía hace poco tiempo. Más las piernas  no obedecen a mi comando con presteza.

Algunas veces, no consigo distinguir con claridad el letrero del autobús y acabo por tomar la dirección errada.

Conductor, tenga un poco de paciencia conmigo. Reconozco que usted tiene un horario que cumplir, que muchos reclaman  de su desempeño de sus frenadas  y de su  forma de conducir.

Piense un poco. No erre por querer alcanzarle, simplemente me equivoque. Piense en cuantas veces usted ya se equivoco en la vida y preciso de la comprensión de los otros.

Explíqueme donde he de bajar, de preferencia aquel punto  que me sea menos complicado para retornar al lugar donde estaba y después poder tomar un autobús correcto.

Ayúdeme. Yo podría ser su abuelo, a quien,  seguramente, usted trata con cariño y atención.

Si yo tuviese un nieto como usted, posiblemente no andaría solito por las calles. El me tomaría por la mano y me guiaría, impidiendo que yo corriese tantos riesgos.

Ah, no  te olvides. Cuando yo este atravesando la calle y la señal de abrir, espere un minuto más.

No me asuste con la bocina o con la arrancada brusca. Puedo  intentar ser más rápido y caer.

Usted que anda por la calle  y es inquirido por mí a respecto de algún sitio, use de la paciencia.

Puedo demorar un poquito para desenvolver el papel que traigo en el bolso con la dirección exacta de a donde debo llegar. Mis manos tiemblan y los dedos parecen rígidos.

Espere  que yo le pregunte y si no le entendiera, explique otra vez. Piense en cuantas veces usted pidió a sus padres, a sus profesores, a sus colegas que repitiesen la explicación de algo que usted no entendió.

Procure ser claro. Hable despacio. Si es posible,  acompáñeme hasta el sitio ,ás próximo  a donde he de llegar.

Usted que está en la fila de la caja electrónica, tenga calma. Preciso hacer todo despacio. Al final, aun no conseguí asimilar, los grandes cambios de la electrónica.

Pasar la tarjeta, guardar los números de memoria, hasta introducir la contraseña… Todo es muy complicado.  Yo lo consigo hacer directamente, si usted me da tiempo.

Recuerde: soy un anciano, hoy. Ya fui joven, fui ágil, preciso, productivo.

También fui impaciente. El tiempo me enseñó a tener paciencia conmigo mismo, pues ya no consigo hacer todo lo que desearía. Y con los otros que no conquistaron aun la paciencia.

La comunidad que desprecia a sus ancianos está lejos del camino de la civilización. Aun mismo que tecnológicamente presente avances sorprendentes, si no alcanzó el respeto a la vida humana, a los más viejos, a los más débiles, aun necesita aprender mucho.

La más elevada nación será aquella que supiera amparar a l más débil.  Que establezca programas de atendimiento especializado a los necesitados y primase por la atención de aquellos que se esfuerzan para  que las leyes fuesen implantadas, la economía direccionada  y la felicidad floreciese en los corazones de la infancia, de la juventud y de la madurez

Redacción de Momento Espirita

Traducido por: M. C. R

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EL JUICIO

En una aldea había un anciano muy pobre, pero hasta los reyes envidiaban porque poseía un hermoso caballo blanco

Los reyes le ofrecieron cantidades fabulosas por el caballo pero el hombre decía: “Para mí, él no es un caballo, es una persona. ¿Y cómo se puede vender a una persona, a un amigo?”. Era un hombre pobre pero nunca vendió su caballo.

Una mañana descubrió que el caballo ya no estaba en el establo. Todo el pueblo se reunió diciendo: “Viejo estúpido. Sabíamos que algún día le robarían su caballo. Hubiera sido mejor que lo vendieras. ¡Qué desgracia!”.

-”No vayáis tan lejos” – dijo el viejo- “Simplemente decid que el caballo no estaba en el establo. Este es el hecho, todo lo demás es vuestro juicio. Si es una desgracia o una suerte, yo no lo sé, porque esto apenas es un fragmento. ¿Quién sabe lo que va a suceder mañana?”.

La gente se rió del viejo. Ellos siempre habían sabido que estaba un poco loco. Pero después de 15 días, una noche el caballo regresó. No había sido robado, se había escapado. Y no solo eso sino que trajo consigo una docena de caballos salvajes.

De nuevo se reunió la gente diciendo: “Tenías razón, viejo. No fue una desgracia sino una verdadera suerte.”

-”De nuevo estáis yendo demasiado lejos” – dijo el viejo- Decid solo que el caballo ha vuelto… ¿quien sabe si es una suerte o no? Es sólo un fragmento. Estáis leyendo apenas una palabra en una oración. ¿Cómo podéis juzgar el libro entero?”.

Esta vez la gente no pudo decir mucho más, pero por dentro sabían que estaba equivocado. Habían llegado doce caballos hermosos…..

El viejo tenía un hijo que comenzó a entrenar a los caballos. Una semana más tarde se cayó de un caballo y se rompió las dos piernas. La gente volvió a reunirse y a juzgar: “De nuevo tuviste razón” – dijeron -. Era una desgracia. Tu único hijo ha perdido el uso de sus piernas y a tu edad el era tu único sostén. Ahora estás más pobre que nunca.

-”Estáis obsesionados con juzgar” – dijo el viejo.” No vayáis tan lejos, sólo decid que mi hijo se ha roto las dos piernas. Nadie sabe si es una desgracia o una fortuna. La vida viene en fragmentos y nunca se nos da más que esto.

Sucedió que pocas semanas después el país entró en guerra y todos los jóvenes del pueblo eran llevados por la fuerza al ejército. Sólo se salvó el hijo del viejo porque estaba lisiado. El pueblo entero lloraba y se quejaba porque era una guerra perdida de antemano y sabían que la mayoría de los jóvenes no volverían.

-”Tenías razón viejo era una fortuna. Aunque tullido, tu hijo aún está contigo. Los nuestros se han ido para siempre”.

-”Seguís juzgando- dijo el viejo. Nadie sabe. Sólo decid que vuestros hijos han sido obligados a unirse al ejército y que mi hijo no ha sido obligado.

AUTOR DESCONOCIDO

Publicado por Giancarlo Lopez Gonzales

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AMOR E AUXÍLIO

La conversación redundaba en torno a la protección espiritual, cuando Joaquín, respetado mentor  de comunicabilidades cristianas, narró con la voz llena de bondad y sabiduría: – He oído de un amigo profesor que Mardonio Tercio, convertido al Cristianismo, en los primeros días del Evangelio en Roma, se hizo un discípulo tan valioso y humilde del Señor que, para su logro, tuvo su nombre  bendecido en los Cielos. Patricio de enorme fortuna, desde muy temprano abandonado por la mujer que demandara Cartago para una vida independiente, Mardonio, penetro la esencia de la doctrina de Cristo, dividió  todos los bienes con el único hijo, Marcos Licio, y se entregó a la caridad y a la renovación. Instrumento fiel del bien, abría los oídos a todos los apelos edificantes, fuesen de los mensajeros de Jesús que le solicitaban para la ejecución de tareas meritorias o de los hermanos encarnados  en los más bajos medidas de la penuria. Se hiciera espontáneamente  el apoyo de las viudas desamparadas y el tutor afectuoso de los huérfanos. Además  de eso, mantenía horarios, cada día, para el servicio de asistencia directa a los enfermos  y sufridores, administrándoles alimentos y socorro con las propias manos.

Al contrario del padre, el joven Marcos se revolcó  en absurda biciación. A los treinta  años de edad, parecía un flagelo ambulante. Distinguiéndose entre las fuerzas del oro y del poder, no vacilaba en abusar de las  regalías que disfrutaba para mantenerse  en el bandidaje  dorado que los privilegios sociales  tanta veces conservan impune.

Dos caminos tan diferentes produjeron, en consecuencia, dos posiciones diametralmente opuestas en el Mundo Espiritual. Sobreviniendo la muerte, Macedonio creció en tamaño merecimiento que fue elevado a las esferas de Cristo, accesible a los servidores que pudiesen colaborar con el, el Señor, en los días más torturados del Evangelio naciente, Marcos, sin embargo, se arrojó al oscuro antro de las zonas inferiores, donde, aunque acostumbrado a la revuelta y a la perversión,  como si trajese la conciencia revestida en gruesa coraza de insensibilidad.

El genitor, convertido en apóstol de abnegación, visitaba al hijo, en el valle tenebroso a que se aplomaba, sin que el hijo, ciego de espíritu, observase su  presencia;  y tanto se condolió de aquel con quien compartía el efecto y la sangre que, cierto día, en un gesto apasionado de amor por el hijo querido, suplicó al Señor permiso para llevarlo consigo  a las Alturas, con el fin de asistirlo más de cerca.

Jesús sonrió comprensivo y asintió con la cabeza, ante la ternura ingenua  del devotado cooperador, y antes que amigos experimentados le administrasen avisos, allá se fue Mardonio para la  cueva sombría, donde el hijo se embriagaba por la locura  e ilusión… Rodeando  a Marcos, positivamente distante de cualquier noción de responsabilidad, le aplicó pases magnéticos, le anestesió los sentidos y, luego después  el beneficiado cedió al reposo,  lo coloco enternecidamente en los hombros,  para la función de la carga preciosa, y, con inmensos cuidados, lo transporto para los Cielos…

Instalado en uno de los sitios más simples del Plano Superior, el recién llegado, sin embargo, disfrutaba   de luz más radiante que la del día de la Tierra, y, tan deprisa despertó bajo el encantamiento paternal, al verse cubierto de fluidos repugnantes que le daban la impresión de ser un enfermo empastado de barro enquistado. Marcos se comparó  con los que allí estaban,  que se movían en cuerpos tenues y luminosos, y paso a gritar improperios e insultos. El padre intento reconfortarlo, lo abofeteó sin misericordia,  afirmando que el no le había pedido ni deseaba tal cambio. Exhortado, a respetar la Casa del Señor, injurió  el ambiente con palabras e ideas de  burla e ingratitud.  Parecía una fiera desenjaulada, buscando en el fango un punto de luz. Interfirieron amigos y el rebelado cayó de nuevo en postración, bajo la beneficiosa hipnosis…

Joaquín hizo nueva pausa,  y,  porque ceso la anotación culminante de la historia, uno de los compañeros interrumpió:

-¿Y qué? ¿Mardonio  se vio cohibido de amparar al hijo a quien amaba?

El instructor explico:

-Si amigos míos, Mardonio acabó comprendiendo que ni Dios violenta a hijo alguno, jamás en nombre del bien,  y que el bien jamás huye  de la paciencia, con el fin de ayudar… Por eso, reconduciendo a Marcos al antro de donde viniera y, sin nada perder de ternura  y esperanza, hasta que el hijo quisiese o pudiese de allí salir para nuevos pasos en el camino de la evolución, el ex patricio, por noventa y dos años consecutivos, descendió diariamente al valle de las tinieblas, ofreciendo al hijo, cada vez, la bendición de una oración, una frase esclarecedora y una barra de pan.

-¿Más,  eso no es lo mismo que acentuar la impracticabilidad del socorro? – respondió  uno de los presentes – ¿No sería más justo relegar al necesitado al propio destino para que el mismo cuidase de si?

Joaquín sonrió expresivamente y remató:

-No tenemos el derecho de poner en duda el poder de la eficiencia de la ley de auxilio. La renovación conseguida por noventa y dos años de devoción tal vez costase noventa y dos siglos. El Amor para auxiliar, aprende a repetir.

 

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PROBLEMA OBSESIVO

La defensa  se prolongó por más de una década.

La portadora de alineación espiritual transito por diversas Casas Espiritas.

Se sometiera a la terapéutica del pase, del agua fluidificada; aseveraba orar, estudiar la Doctrina, participaba de las tareas mediúmnicas…  El problema, no obstante, continuaba.

Explicaba vivir asaltada por extrañas  afecciones, soportando con estoicismo astenia, desequilibrio nervioso, palpitaciones. No raro se encontraba en crisis, que los extrasístoles llamaban graves disturbios circulatorios.

Era un sufrimiento de largo porte.

En una de las reuniones especializadas, ante el verdugo desencarnado, responsable por la parasitosis psíquica, después de dialogo conmovedor, como sucediera reiteradas veces antes, el director  de los trabajos arremetió con humildad:

-Reconozco mi ineficacia con usted. Intente los mejores argumentos de que me sentí capaz;  medite con profundidad procurando encontrar en usted  un punto vulnerable, sin ningún éxito… Imposibilitado de lograr  resultados, lo entrego  a Jesús, a El le suplico tome cuenta de usted…

“Es una pena que usted desee  tener en las manos la justicia que no le cabe ejecutar. No comprendo porque el hermano la perturba,  hace tanto tiempo y se complace en ese celo…”

-Hay un engaño en todo esto – replico el desencarnado – pues hoy, gracias a su  honestidad para conmigo y para consigo misma, deseo esclarecer en definitiva. “Al principio la odie, si. Hay razones  que no conviene examinar… Lentamente, sin embargo, oyendo  las narraciones que se hacen en esta Sociedad, las respuestas  que recogí en los violentos diálogos que trabe, cambie de opinión. Percibí que, persiguiendo, no me vengaba, pues sufría también…

“Cambie íntimamente, procuré reformarme, me comprometí  a dejarla por cuenta de la vida…

No logre el objetivo. Ella no me liberó. Detestándome, me evoca, me prende en las telas de su pensamiento enojado, me culpa, me injuria. Ella, si, que hoy no me libera…

Pídale, por Dios, que me deje en paz. No soy su obsesor. Ahora yo soy por ella obsesionado…”

Callándose, el espíritu comunicante se desprendió del médium, cesando el trance. Había en el aire, en los asistentes, expectativa y estupor.

La hora reservada alas critica y comentarios de las labores de la noche, el director narro a la enferma  los hechos y la interrogó, acerca de la veracidad o no de las informaciones recibidas.

Para sorpresa general, la paciente, sumisa y humilde, se reveló, pasando a agredir verbalmente al opositor desencarnado, revelando la animosidad que mantenía en relación al sufrimiento y como deseaba, su turno, para desahogarse de lo que afirmaba ser los males que el le infringiera en los demorados años de lucha…

Guardando la calma  y la bondad, aunque, el interprete del Evangelio paso a la adoctrinación de la encarnada, más convencido de que, en el problema de las obsesiones, la incursión más gravemente en la deuda es siempre la aparente victima que transita por el cuerpo físico, en reajuste.

Ninguna técnica de desobsesión surte efecto en el  paciente que no se renueva ni se mejora internamente.

El dolor es siempre bendición que nadie debe desconsiderar.

Los obsesores y obsesados son miembros de la misma imposición dolorosa, recuperándose ante la vida.

Ayudar a unos y otros es compromiso de todos nosotros, igualmente necesitados de ayuda y esclarecimiento.

Del libro de Divaldo Pereira Franco “Espejo del Alma” traducido al español por M. C. R

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LECCIÓN ESPIRITA

Interné a mi hija en un Hogar de criaturas sin padre.  Vendiendo mis  ilusiones, fui antes vendida a un burdel, fui  engañada en los sentimientos de niña pequeña. Se comprometió  a no visitar a la hija, con el fin de hacerla ignorar su origen. Deseaba su felicidad, que fuese educada, que le diesen una profesión digna  y se despidió emocionada, con el alma frustrada.

***

Cuatro años después, sucumbiendo al peso de una cruel enfermedad, procuro volver a ver la hija.

Se presento como  su tía. La pequeña, sin embargo, la llamó “mama”. Sin ocultar las lágrimas, se reiteró la condición de tía, cuya hermana desencarnó en situación dolorosa…

Se sentía morir e informó al diligente benefactor de la hija que eran pocos sus días en la Tierra. Suplicó desvelado cariño  para la niña. Reusó recibir cualquier asistencia y partió… Un año después, volvió, renovada.

- Me gustaría que el señor me oyese – solicito. Y narró que la enfermedad psíquica de una amiga en desgracia la llevo- a un Centro espirita, que funcionaba en el barrio de angustias, donde vivían. Allí encontró amparo, asistencia moral, orientación. Al pesado sacrificio, comenzó a frecuentar la casa. A medida que recobraba la salud, oportunamente, se encontró en aquel recinto con el hombre que hizo desgraciada.

Dominada por el odio, que le brotó de forma inesperada, lo acusó delante de todos, como el destrozador de su vida…

-¡Es verdad!- Replicaba el acusado – en aquel tiempo, yo igualmente era un enfermo…de espíritu. Y le pidió perdón. Ella se conmovió. Al final, bajo el odio había amor dañado. Se tornaron amigos. Hace poco tiempo el le prometió matrimonio. Le dijo que la amaba. ¿Lo aceptara? Ella se retiró del “comercio carnal” en que vivía y alquilo un apartamento donde la hospedó con dignidad, se respetaban. Se casaron luego después.

-¿Sería posible, ahora, conducir a la hija para el hogar?

-¿Pregunto ansiosa?

- Sin duda – concordó el amigo, prometió, entonces, retornar después, en compañía del esposo.

***

En el fin de semana, jovial, se hacía acompañar del esposo. Comprobaron la nueva situación. Moral y legal. Cuando la hijita fue abrazarla y el dirigente del Hogar, le dijera que se trataba de su genitora, la niña respondió:

¡Yo lo sabia! Oraba a Jesús para que El me trajese de nuevo a mi madre.

***

Rehabilitados, ahora abren las manos de la caridad a los que padecen, trabajando en el santuario donde recibieron la meditación espirita para la paz.

***

La lección espirita promueve al hombre para rehabilitarlo. Solo es legitima la creencia que eleva y ennoblece el creyente.nel Espiritualismo, por tal razón, es el consolador, puesto que, enjugando las lágrimas, libera al que llora, levantándolo y dignificándolo, con el fin de que no vuelva a la cueva del desespero  de donde salió.

 

Del libro de Divaldo Pereira Franco “El Espejo del alma” dictado por el espíritu Ignotus

TRADUCIDO POR: M. C. R.

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POR AMOR A DIOS

 Dice antiguo proverbio que “la mortaja no tiene bolsillos”. La filosofía popular quiere  decir que para los muertos terminaron todos los intereses. La mayoría de los hombres  observa en la muerte el punto final de la vida. En esa concepción del último trance del cuerpo físico, los sentimientos más bellos que impulsan  la personalidad desaparecen con el cadáver, en el banquete de los gusanos.

Comúnmente, las criaturas temen la gran transformación. En el lecho de los moribundos se verifica el duelo cruel, en el que la muerte es siempre el adversario victorioso. No prevalecen ahí los reglamentos alusivos a la edad de los contendientes, no prepondera el parecer de los médicos, ni el ritual de los sacerdotes.  el enemigo invisible triunfa siempre, dejando a los testigos asustados  los despojos de los vencidos, con el paso directo para el horno crematorio  o para las estaciones subterráneas, donde los huesos del muerto reposaran, de acuerdo  con las posibilidades  financieras de la familia. Hay túmulos gloriosos, como los cenotafios distinguidos; y se multiplican en todas partes, las sepulturas humildes, a través de la cuales los hijos de los hombres adornan incesantemente el suelo, enriqueciéndolos de tierra fértil.

El alma del muerto, sin embargo, sigue su trayectoria. Imposible de extinguir en ella los sentimientos, las disposiciones interiores, las características, los afectos, que se espiritualizaron, vigorosamente, con el tiempo y con el auxilio del Divino Poder. Y porque las afinidades psíquicas son fatales  como las leyes biológicas, los desencarnados frecuentemente gastan años para desatar los lazos que los prenden al mundo, cuando es preciso, de hecho, deshacerlos, en consonancia  con los imperativos de la evolución espiritual.

Muchos de ellos, de los que ya atravesaron la corriente del Estige, desearían la liberación inmediata de todas las influencias terrestres. Entretanto, el alma es la sede viva del sentimiento y de modo alguno traer el corazón. Constreñidos a seguir a los vivos por la amorosa atracción que les vibra en el ser, demoran algún tiempo entre las sombras  que se extienden del fondo de valle  de la incerteza al monte luminoso de la decisión.

 

Existió un joven irlandés, de nombre Cornelius Magrath, que murió  a los veintidós años, con la estatura de más de dos metros y medio. Habiendo despertado mucho interés en el Ciencia por su caso de  gigantismo, pidió a los amigos y pago para que su cuerpo fuese tirado al mar, cuando la muerte le arrebatase la vida. Sin embargo, y a pesar de su deseo, la medicina  Inglesa adquirió su esqueleto, que fue conservado atentamente en la Asociación de los Cirujanos de Londres, con el objetivo de estudio.

Ocurre lo mismo con algunos muertos de la Tierra, que suplican y pagan para que su alma sea arrojada en el océano del olvido, de forma a substraerse  de la curiosidad de los vivos; más la redención exige lo contrario y el espíritu semi-liberado permanece, por tiempo indeterminado,  en la vecindad de los hombres, atendiendo, muchas veces, a imposiciones extrañas a su propia voluntad.

En el cuadro de obligaciones de esa naturaleza, tenemos a un compañero que recibió la incumbencia de demorar algunos años entre los asociados  terrenales, para soportar las dolorosas trepanaciones de los que hacen la cirugía  de los estilos, con objetivo del esclarecimiento general. Sufría, bastante, en la sumisión para ese proceso de auxiliar  a la Ciencia, porque no todos los cirujanos  lo examinaban con la precisa asepsia espiritual, más obedecía, satisfecho, consciente de cooperar  en la solución de grandes problemas del destino y de la muerte. En el desenvolvimiento de sus ministerios, todavía fue asaltado  por el incoercible deseo  de revelarse a los amigos de otro tiempo, encarcelados en la carne, y, para tanto, comenzó a escribirles paginas sentidas de cariño y anhelo, haciéndolo con el sentimiento de su corazón. Sus compañeros antiguos, sin embargo,  no comprendieron sus nuevas disposiciones. Se unieron a los intransigentes  cirujanos de la literatura y exigieron que el desencarnado viniese a atenderlos, tal como viviera en el mundo, lleno de las enfermedades  e idiosincrasias oriundas de los varios agentes físicos que determinaban  su organización psíquica defectuosa. Sensible y afectuoso, el entrego los pensamientos más nobles, sin embargo los amigos le reclamaron las vísceras más groseras; les trajo las ideas nuevas que le bañaban en su interior, entretanto, le quitaron las viejas formulas que, en otra época, le encarcelaban el ser; les dedico la más alta expresión de su vida espiritual, más le pidieron la revelación de la vida más baja,  con la presentación de las propias válvulas enfermas que la tierra guardó para felicidad de el.

Algo preocupado, procuró esclarecimiento de los orientadores del servicio. Expuso  su caso, comentó sus amarguras y presento sus razones.

Uno de ellos, sin embargo, el que dirigía el trabajo general, por el tesoro de amor y sabiduría que adquirió en el curso de los siglos, respondió con serenidad:

-Calle en su corazón, hijo mío, las angustias del hombre viejo. Vuelva a su campo de acción y satisfaga a la propia conciencia. Todo particularismo es cárcel. Acuérdese de que las dadivas del padre son comunes a todos nosotros, que las ideas no tiene nombre y de que el espíritu es universal.

Sin una palabra más. El compañero sonrió, intercambio el manto roto, calzó dos sandalias nuevas, volvió al servicio y, como aconteció al joven irlandés que prosiguió exhibiendo los huesos, por interés de la Ciencia, el continuó  para esparcir las simientes de las ideas, por amor a Dios.

Por el Espíritu Hermano X – de Libro. Lázaro Redivivo, Médium: Francisco Cándido Xavier.

Traducido por: M. C. R.

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VEINTE AÑOS DESPUÉS…

El local no era de los más apropiados. Salón de bailes acogía habitualmente hombres y mujeres sedientos de fruir sensaciones más fuertes. Aquella, sin embargo, era una noche especial.

La frecuencia denotaba otro tipo de necesidad. Era una fiesta, todavía, espiritual.  Ella lo percibió a la entrada. El movimiento era diversificado de lo habitual. En una tribuna improvisada, junto a una amplia mesa, en la cual se encontraban  personalidades del lugar, asomo un mozo, que expuso por más de una hora, conceptos y lecciones  que ella no estaba acostumbrada a oír. Se sintió atónita. Buscaba el placer abrasador y se sentía atendida por mensajes fehacientes. No comprendía todo, y, todavía, se notaba invadida por desconocida alegría… Seguía en  la fila  de las personas que  felicitaban  al joven. Se entregó automáticamente.  En corto momento, en dialogo ligero, se desnudó, emocionada.

-Soy vendedora de ilusiones – hablo sin retoques – Oyendo la historia  de la compañera de equívocos, tema central de esta noche, siento  una revelación diferente… Le gustaría conversar con ese señor, le pidió ayuda, orientación…

-Cuente con nuestros pocos recursos.

-¿Cuándo podremos hacerlo?

-Hoy… Luego más tarde, porque mañana ya no me encontraré aquí.

-¿A esta hora?

-¿Por qué no?

-¿Dónde?

- En la residencia en la que me hospedo

-No seré recibida allí… Todos saben quién soy…

-Si allí no hay lugar para usted, positivamente, tampoco lo habrá para mí.

- Más, yo soy…

- Una hermana en busca de paz…

La conversación se alargo, pasando aquel momento, hasta el Alba, en el mismo  aire fraterno que los  recibió. Concluida la entrevista, el evangelizador, orando, rogo ayuda para ella.  Veinte años después, en otro salón, ahora, en un Colegio  en la misma ciudad, el expositor espirita daba otra conferencia.

-¿El señor no se acuerda de mi?

- Realmente.

- Yo soy “vendedora de  ilusiones”, que hace veinte años atrás lo escucho en esta ciudad… “Encontré a Jesús aquella noche”…  Y me puse a reflexionar:

- Al día siguiente abandone el local en el que me hospedaba y  transferí mi residencia  a una calle modesta, dando nuevo rumbo a mi existencia.

-¡Alabado sea Dios!

-Eso no es todo. Un antiguo compañero informado de mi renovación me busco. Aseguró amarme. Me visito con nobleza reiteradas veces. Me propuso matrimonio…

- No le exijo amor – expuso -, le ruego respeto y consideración. Para amarme después. Enjugo su cara lavada por el llanto.

- Nos casamos – prosiguió. – Cara a la imposibilidad de tornarme madre, resolvimos adoptar  a un niño cada dos años, como si fuese nuestro propio hijo. Ya, tenemos ocho criaturas admirables en nuestro hogar… Vengo a agradecerle la luz que encendió en el velador de mi alma.

-Agradezcamos ambos a Dios. Presento al esposo y a los dos “hijos”  mayores  entre sonrisas y partió. Orando en llanto, aquella noche el expositor, reconoció al  Padre, en el primer encuentro hace veinte años atrás…

Del libro de Divaldo Pereira Franco “El Espejo del alma” dictado por el espíritu Ignotus

TRADUCIDO POR: M. C. R.

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REPARTIR PARA SER FELIZ

Concluida la conferencia que versara sobre la felicidad,  el distinguido caballero se acercó al orador y sin más preámbulos, le preguntó:

- ¿El señor cree, realmente, en lo que acaba de decir?

-Sí. Integralmente.

-¿Cree, posible, la felicidad?

- Claro que sí.

- Pues yo no creo en ella. Imagine que yo poseo  haberes de gran valor, depósitos y títulos bancarios expresivos, fábricas y bienes, sin embargo, el cáncer, que me devora por dentro, me apago la luz de la felicidad que yo suponía poseer. Hizo una pausa y prosiguió:

Siempre fui un patrón justo y bueno, esposo cumplidor de los deberes, amigo leal, todavía… Acaricio la barba  bien cuidad y prosiguió:

-Hoy dudo de Dios, de la divina justicia, del alma… ¿Por qué soy tan infeliz?

-La cuestión, amigo mío, está colocada en términos errados. Felicidad no es posesión externa, sin embargo si un estado interior ante la vida. A pesar de sus posesiones, y de su aparente bondad, el señor procede de un pretérito espiritual que le cobra, a través del cuerpo, los errores morales contraídos  contra el. No obstante, es rico, peor sería si el cáncer que lo domina no pudiese, por falta de recursos  de su parte, recibir el conveniente tratamiento.

Extraje el estomago, y a pesar de poseer todo lo que el dinero puede comprar, perdí la salud, marchando inexorablemente para la muerte.

Morir – dijo el predicador espiritualista – es un hecho natural de todos los que estamos en el cuerpo caminamos para la desencarnación, que nos alcanzará, sin ejecución.

Es  imprescindible encarar la muerte como fenómeno de la vida, teniendo en mente, sin embargo que la  vida, realmente después de la muerte… el elegante ciudadano sonrió, después se echo a reír.

¿Usted cree en eso? pregunto, burlándose.

Es evidente.

Veamos: En mis industrias erguí una cooperativa para servir a mis empleados, un vivero para los hijos de mis empleados, un restaurante  para mis empleados, una escuela para los hijos de mis empleados… ¿Siendo un hombre generoso, por qué sufro?

¿El señor desea una respuesta sincera o prefiere que yo concuerde conforme está acostumbrado?

-¡Es claro que deseo la verdad!

-Sin duda, el señor es un excelente inversor, ambicioso, mientras  su cooperativa, no obstante sirviendo a sus operarios, darle un beneficio, es decir, como mínimo, la guardería, que atiende a los hijos de sus trabajadores, es una inversión, desde que el servidor, que tiene hijos menores resguardados, produce más y el señor gana más;  el operario que se alimenta bien realiza más y el señor tiene mayor suma de beneficios; el padre, cuyos hijos están escolarizados, esta calmado trabaja más y los resultados son su prosperidad…

¿Cómo, entonces, podría ser yo bueno?

Para serle franco, bueno, en el sentido integral, no le será posible lograr, conforme Jesús acentuó en un dialogo mantenido con el joven rico, que lo llamara bueno.”A nadie  llaméis bueno, sino al Padre Celestial”. Le dijo el Señor.

“A fin de conseguir ser generoso y justo, me parece que la mejor manera seria repartir la fortuna que tiene, con los operarios y trabajadores, tornándolos socios de su patrimonio…

-¿Está loco? Eso sería…

- Seria generosidad.  Tenemos lo que dividimos y poseemos  el bien que realizamos. De cualquier forma el señor tendrá que dejar todo, hoy o mañana, para este o aquel, ya que  los bienes materiales camina, cambian de mano…

-¿Y mi salud?

-Quizás no retorne, más la felicidad lo enriquecerá con certeza.

El caballero murmuró, reflexionó, sonrió, se excusó y se fue moviendo la cabeza decepcionado. Dos años después, en el mismo recinto, después de la conferencia, en el momento de los saludos fraternales, el hombre rico se aproximo  al orador y le interrogó:

-¿Se acuerda de mi? Después de alguna reflexión,  respondió el expositor:

-Sí,  le recuerdo. Conversamos aquí mismo, hace algún tiempo…

Me gustaría invitarlo a visitar una de mis fábricas.

-Le puso excusas, todavía no puedo. Compromisos doctrinarios…

- Yo insisto…

-¡No puedo!

- Examinaremos una posibilidad. Posteriormente, un día y hora determinada,  en el automóvil de lujo fueron a visitar la fábrica. En la puerta de entrada una comisión de señoras obsequió al invitado con un ramillete de rosas. En la oficina del gerente, después de abrir la persiana  de amplia ventana, el millonario refirió: “Hay están mi guardería, mi restaurante, mi cooperativa, mi escuela, el edificio del nuevo hospital que acabo de edificar”…

Después de breve pausa: “Atendí su consejo. El fin del año pasado repartí expresiva suma  de mis acciones y los lucros yo los invertí en interés de mis empleados.

Ahora todos son mis socios. En la sala ocupada por los jefes de departamentos, funcionarios, algunos operarios, las sonrisas eran generales.

-¿Hice bien?

- Claro que sí. Apenas una rectificación: El consejo no me pertenece y si a Cristo.

- Muy bien.  Dígame ya: ¿soy un hombre generoso?

-¿Deseas que yo te responda con la verdad o deseas que te mienta? Sonriendo, “con la verdad”.

-Bien, el señor continúa  siendo un inversor excelente, desde que, después del triunfo en la tierra, ahora invierte en el futuro espiritual, de hecho, haciendo su mejor logro. Había alegría espontanea en todos. Salieron. Era el atardecer. Un niño se aproximo y entregó al señor de la industria modesta flor del campo. El se conmovió. ¡Soy un hombre feliz!

En mi egoísmo de antes nunca permitiera que cualquier niño se acercase a mí.

No tengo hijos; no tuve esa honra… Después  de la decisión de repartir las acciones con mis operarios, cierto día salí de la fábrica, cuando un niño como este se acercó a mí y me dijo:

-¡Déjeme abrazarlo tito. Quise rechazar. Era la hija de alguno de mis sirvientes. Algo  me hacia huir, entonces, de todas las criaturas.  Sin saberlo ella prosiguió:

-En mi casa antiguamente mama hablaba mucho de usted, ahora no… Ella dijo que hoy es el día de su aniversario y todos, por la mañana oramos por el señor. Quedé petrificado. La niña se tiro a mis piernas y las abrazó. Me incliné. Me beso. Renací. Llore como hacía mucho tiempo no lo hacía. Encontré la felicidad desde entonces. Comencé a estudiar el espiritismo. Mejore íntimamente, la salud está casi equilibrada. Tengo paz.   “No podría dejar, por tanto, de decirle: ¡Muchas gracias!

En la cúpula de la noche relucían las estrellas.

-Oremos a Jesús amigo mío, agradeciéndole la felicidad  de que lo conozcan y lo amen.

Del libro de Divaldo Pereira Franco “El Espejo del alma” dictado por el espíritu Ignotus

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DIÁLOGO DE UN ÁNGEL CON DIOS

Señor… visité tu creación como me pediste. Fui a todos los rincones. Estuve en el sur, y en el norte. Fui al este y al oeste. Vi y formé parte de todas las cosas. Observé cada una de las criaturas humanas. Y por haber visto vine hasta ti Señor… para tratar de entender.

¿Porqué?.. Porqué cada una de las personas sobre la Tierra tienes apenas un ala? Los ángeles tenemos dos .. Podemos volar hasta el amor que el Señor representa siempre que lo deseamos. Podemos volar hacia la libertad siempre que queramos. Pero… los humanos con su única ala no pueden volar… con apenas un ala…

Dios con toda la ternura, respondió pacientemente a su Ángel.

- Sí… yo sé eso. Sé que hice a los humanos con apenas un ala…

Intrigado, pero con la sumisión absoluta hacia su Señor, el Ángel quería entender y preguntó:

- Pero… ¿por qué el Señor dio a los hombres apenas un ala cuando son necesarias dos alas para poder volar… para poder ser libre?

Dios que conocía todas las respuestas, no se apresuró en contestar. Después de un lapso de respetuoso silencio…. respondió…

- Ellos sí pueden volar, mi Ángel. Di a los humanos apenas un ala para que ellos pudiesen volar más y mejor que tú y mis arcángeles…. Para volar mi amigo, tú precisas dos alas…. Pero aún siendo libre, siempre estarás solo. Tal vez de la misma manera que Yo… Pero los humanos… los humanos con su única ala precisarán siempre dar las manos a alguien a fin de tener las dos alas que necesitan.

Cada uno de ellos tiene en verdad una de las alas de un par de alas… y la otra ala está en algún lugar del mundo y es el ala que completa el par. De este modo, los humanos aprenderán a respetarse pues al quebrar la única ala de otra persona pueden estar acabando con sus propias posibilidades de volar.

Ellos aprenderán a amar verdaderamente a otra persona… aprenderán que solamente permitiéndose amar podrán volar. Dando la mano a otra persona, dando un abrazo sincero y afectuoso ellos podrán encontrar el ala que les faltaba…. y podrán finalmente volar. Y los humanos nunca… nunca estarán solos cuando fueran a volar.

Dios se silenció en una sonrisa. El Ángel comprendió que ya nada más precisaba ser dicho. Y siendo así, en el final del cuento, espero que un día encuentres tu otra ala para poder finalmente volar.

Autor desconocido

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EL PORTAL DE ORO

León Denis

Cuenta una leyenda que en una ciudad nacieron dos hombres, el mismo día, a la misma hora en el mismo lugar. Sus vidas se desarrollaron y cada uno vivió muchas experiencias diferentes.

Al final de sus vidas ambos murieron el mismo día, a la misma hora, en el mismo lugar.

Al morir y abandonar su cuerpo en la Tierra ambos se vieron ante una impresionante puerta de oro macizo custodiada por un Guardián que cuestionaba a los recién llegados.

El primer hombre llegó al lugar y el guardián le inquirió:

- ¿Qué fue de tu vida?

El hombre si más le respondió:

-”conocí muchos lugares, tuve muchos amigos, hice negocios que produjeron grandes riquezas, mi familia tuvo lo mejor y trabaje duro”.

El guardián después de escuchar la respuesta volvió a preguntarle:

- De todo eso, ¿qué traes contigo?

El hombre tímidamente respondió: “todo ha quedado allí, no traigo nada”.

El guardián contestó: Lo siento no puedes pasar debido a que no traes nada contigo.

Al escuchar estas palabras el hombre llorando y con gran pena en su corazón se sentó a un lado sofocado por el inmenso dolor que la negativa había provocado en su alma.

El segundo hombre llegó y se paró delante de la puerta. El guardián siguiendo el protocolo comenzó a preguntar:

-¿Qué fue de tu vida?

Y el hombre comenzó su breve relato.

- Desde el momento en que nací, fui un caminante, no tuve riquezas, solo busqué el amor en los corazones de todos los hombres, mi familia me abandonó y en realidad nunca tuve nada. . . .

- ¿Encontraste lo que buscabas?

-Sí, ha sido mi único alimento desde que lo encontré. . . . .

-Muy bien puedes pasar! . . .

Ante esta respuesta del guardián el hombre lleno de alegría volvió su mirada compasiva hacia el lugar en el que estaba acurrucado el otro hombre y apiadándose de él respondió:

“El Amor que he encontrado es tan grande que lo quiero compartir con este hombre sentado al lado del portal, sufriendo por su fortuna. . .”

Dice la leyenda que su amor era tan grande que fue suficiente para que ambos pasaran por el portal.

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LA SÚPLICA DE LA NATURALEZA

León Denis

 

¿Has imaginado, alguna vez, a la naturaleza en súplica? Y si la naturaleza rezara al Creador, ¿cómo se haría oír?

Pues una poetisa logró describir, con razón y sensibilidad, su percepción de la naturaleza en súplica.

Si lo deseas, también podrás escuchar esa oración silenciosa, aguzando los oídos de tu imaginación, y viajando en las palabras de esa sensible alma.

“El sol que se proyecta de las tonalidades de la madrugada e inunda  todo de claridad, ora al Creador.

La brisa que susurra canciones perfumadas por todos las rincones, ora al Creador.

La lombriz que fertiliza el suelo, tornando al surco fecundo para la siembra, ora al Creador.

La semilla que irrumpe del suelo y se convierte en beneficio, en vestido, en pan, ora al Creador.

La luciérnaga que relumbra en el seno de la noche y el lobo que aúlla ante la luna fría, oran al Creador.

El botón que se abre en risueña floración, que representa el jardín, ora al Creador.

El bravío mar que enviste contra el peñasco, espumando, saciado, ora al Creador.

Las lejanas estrellas que constelan los cielos del mundo, titilando sus colores, oran al Creador.

Los cardúmenes que se orientan en una misma dirección y los bandos de aves que cruzan el espacio a la búsqueda de nuevos nidos, oran al Creador.

Las ligeras centellas de luz que relampaguean distantes, atenuadas sobre el fondo oscuro de la tempestad, oran al Creador.

La colmena y el hormiguero, mientras demuestran su fascinante articulación social, oran al Creador.

La persona que labra la tierra y la que enseña; aquélla que alimenta otros seres y la que salva vidas; la que cuida con atención de todo lo que no es racional; aquélla que perdona, que comprende, que reprende para el bien y que trabaja de todas las maneras para que la vida se haga más hermosa, más vibrante, más feliz, incluso, está en régimen de oración, esté o no conciente de ello.

Entendemos, de esta forma, que toda labor que nos haga avanzar para la felicidad, cuando acatamos las leyes divinas, representa un movimiento de plegaria, un sorbo de inspiración que rehace, un canto dirigido a Dios”.

***

Orar, es más que pronunciar palabras…

Es tener una actitud de reconocimiento, es colaborar con Dios haciendo la parte que compete a favor del bien, de lo útil y de lo bello.

Por eso, vive intensamente imprimiendo en tus actitudes un ruego al  Creador.

Sonríe, juega de una forma sana, canta, instruye e instrúyete, y coopera en las actividades útiles, ampara y sirve; actúa en la esfera del bien sin alegar cansancio y ten la seguridad de que eso representa tu oración.

Actuando de esta manera, llevarás una vida en estado de oración, una vida de paz.

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 LA HISTORIA DE KYLE

Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Kyle. Iba cargando todos sus libros y pensé: “¿Por qué se estará llevando a su casa todos los libros el viernes? Debe ser un “empollón”. Yo ya tenía planes para todo el fin de semana.

Fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino.

Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él. Cuando lo alcanzaron le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo.

Vi que sus gafas volaron y cayeron al suelo como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus gafas. Vi lágrimas en sus ojos.

Le acerqué a sus manos sus gafas y le dije, “esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto”. Me miró y me dijo:

“¡gracias!”. Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud.

Le ayudé con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada.

Caminamos hasta casa. Le ayudé con sus libros; parecía un buen chico. Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado conmigo y mis amigos, y aceptó. Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Kyle, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos. Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Kyle con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me paré y le dije:

“Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días”. Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.

Durante los siguientes cuatro años nos convertimos en los mejores amigos. Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Kyle decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo a la de Duke. Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema. Él estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.

Llegó el gran día de la Graduación. Él preparó el discurso.

Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Kyle se veía realmente bien. Era uno de esas personas que se había encontrado a sí mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos, se veía bien con sus gafas. Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban. ¡Caramba! Algunas veces hasta me sentía celoso… Hoy era uno de esos días. Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que le di una palmadita en la espalda y le dije:

“Vas a estar genial, amigo”. Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió:

“Gracias”, me dijo.

Limpió su garganta y comenzó su discurso:

“La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquéllos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador… pero principalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir y, a este propósito, les voy a contar una historia”.

Yo miraba a mi amigo incrédulo cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos. Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse. Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él: para que su madre no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela. Me miraba fijamente y me sonreía.

“Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable”.

Yo escuchaba con asombro como este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad. Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud. En ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras:

“Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera”.

AUTOR DESCONOCIDO

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