UNA HISTORIA DE CARNAVAL
Juarez Barbosa Perissé
Tercera feria de Carnaval. Julio Silveira acordó un poco indispuesto y preocupado. Pensó: ¿lo que había hecho en la noche anterior cuando se desprendió del cuerpo durante el sueño? Venía trabajando años en una Casa Espirita próximo a su residencia y conocía los desprendimientos nocturnos del Espíritu. Sabía que cada uno sigue en dirección a los locales en que encuentra sus afinidades. No era perfecto, y claro, más estaba en proceso de mejoría, intentando dominar sus malas tendencias y poner en práctica sus virtudes.
Paso un tanto cabizbajo la mañana y por la tarde, se dirigió al Grupo para la reunión habitualmente realizada durante el carnaval. En medio la oración de apertura, buscó conversar mentalmente con su Guía Espiritual buscando entender el por que de aquel abatimiento. Se sintió envuelto por una suave brisa y se colmó interpretó como la presencia del amigo espiritual y se serenó. Los trabajos transcurrieron tranquilamente en un ambiente fraterno. Pocos encarnados presentes, sin embargo imbuidos en un deseo sincero de colaborar en el envió de vibraciones harmónicas para un mundo que se encontraba en grave crisis moral, agravada aun más por las disipaciones del periodo carnavalesco.
Se despidió de los amigos y se dirigió calmadamente para casa. La noche se aproximaba y un viento fresco anunciaba una tempestad que ya se diseñaba en el horizonte.
Llego a casa. se alimento frugalmente, tomo el libro Siembras de Liberación que recién había adquirido y comenzó a leer. Después de algunos minutos, se sintió envuelto por la misma sensación del inicio de la reunión en la Institución.
Julio se sintió Inmediatamente, en la Casa Espirita. Ella, sin embargo, se encontraba llena de gente. Unos pocos encarnados daban lugar ahora a un numero incontable de trabajadores espirituales. Un movimiento intenso, aunque extremadamente ordenado, se hacía presente en los diversos dependencias de la Casa, que era mucho mayor de lo que estaba habituado a recorrer. Se aproximó a el un hombre, que hallaba conocer, más que no conseguía asociar al nombre, que se presentó como Sergio, diciendo trabajar en el Sector de Seguridad. La simpatía personal del compañero no posibilitaba duda y Julio fue luego atraído por las informaciones que le eran pasadas:
-Nuestra Casa en medio de vibraciones muy groeras, derivadas del pensamiento desarmonizado de la humanidad. Podemos decir que estamos en medio de una zona umbralinas, tornándose, por tanto, fundamental la protección adecuada. Como usted conoce, funcionan nuestras instalaciones un numero enorme de actividades. Tenemos asistencia a recién desencarnados, el amparo a Espíritus envueltos en obsesiones, locos, dementes, dependencias para pequeñas cirugías, pronto socorro y tantas otras actividades que podremos conversar en otra dimensión. Hoy, me gustaría de mostrarte como está nuestro sistema de protección en función del aumento de la perturbación ambiente provocada por el desequilibrio reinante en este periodo carnavalesco.
Se dirigían hasta un compartimiento que Julio identificó como siendo un elevador. Subieron muchos escalones lo que lo sobresalto, ya que la Institución en el Plano Físico solo tenía tres andamios, llegaron a la planta superior, que presentaba una bóveda de un material que parecía vidrio, donde funcionaba un estacionamiento. Se deslumbró ante el número y variedad de vehículos. Acompañó a su amigo hasta una pequeña nave transparente con cuatro lugares y luego percibió la subida del aparato sin cualquier ruido. Sabía que era de noche, más la luminosidad era intensa como la de un sol. Subió mucho, podía percibir los edificios allí abajo, y después ellos se transformaran en simples puntos.
Julio estaba deslumbrado ante la belleza a su alrededor. No imaginaba que la Casa que frecuentaba presentase una actividad tan intensa, que envolviese a tanta gente. Pensó en aquellos que frecuentaban la Casa Sin mayores compromisos y entristeció. Sergio lo extrajo de nuevo de vuelta a la realidad diciendo:
-Vamos ahora a salir del rayo de protección de la Casa. Como ve puede percibir este foco de luz que viene de los Planos más elevados de nuestro planeta que envuelve toda la casa. El aparato va a descender hasta la calle frente al Centro, más no tocará el suelo.
Súbitamente, toda la luz desapareció. Se percibía un camino, si es que aquel camino suntuoso pudiese ser calificado como tal, de barro, arboles alrededor. La noche envolvía todo con su manto silencioso, hasta que comenzó a oír gritos.
La nave se torno más opaca, y después de algunos instantes estaba frente al Centro.
El espectáculo era aterrador. Muchas personas en la calle, ebrias, agresiones diversas verbales y físicas. Los grupos entraban en conflicto con frecuencia. El portón principal de la Casa, sin embargo, permanecía incólume, así como sus muros. Una protección magnifica impedía la aproximación de cualquiera que no fuese autorizado. Frecuentemente abucheos fueron oídos. Eran escenas realmente deprimentes.
Sergio pidió que Julio se concentrase porque iba a aproximarse a un determinado grupo, que no los percibiría más que sería importante que el observase las expresiones de estas personas. Julio se sintió tonto ante el cuadro. Delante de el, en medio de aquellas ruinas, percibía, en el mismo envolvimiento, algunas de las personas que con el participaban en los trabajos de la Casa. Eran escenas repulsivas, donde el veía a compañeros del ideal, por lo menos el antes lo creía así, enroscados con seres de apariencia repugnante. El contraste era asustador. Del lado de dentro el trabajo abundaban y algunos encarnados, desprendidos del cuerpo por ocasión del sueño físico, participaban activamente. Del lado de fuera el desequilibrio imperaba y otros encarnados, también desprendidos parcialmente del cuerpo, se mostraban completamente integrados al desorden reinante. Julio veía con los propios ojos que nada adelanta frecuentar la Casa espirita, hasta de participar de las actividades, si no nos esforzamos para dominar las malas tendencias y promover la reforma intima. Como eludir a aquellos que acreditan poder engañar la vida.
Sergio lo trajo de regreso a sus pensamientos, alertándolo de que el vehículo estaba prestos a volver para la institución. Estaba tan atónito que no consiguió siquiera contar el número de pisos de la Casa en el Plano Espiritual. Eran pisos y más pisos, tal vez diez o doce, no consiguió recordar después. Recorrió aun otros departamentos, más se sentía medio distante, distraído. En realidad, estaba horrorizado.
Alguien se aproximo y le despertó. Aun un tanto somnoliento, percibió que se encontraba en el sofá de casa, el libro aun en sus manos. Levanto los ojos y vio que un hombre, con semblante tranquilo, lo observaba. El pareció sonreír por un momento, y después dijo:
Mi querido Julio, usted apenas estaba recordando la actividad que desenvolvimos en la pasada noche. no era nuestra intención que usted quedase tan de mal humor. Su despertar, de hoy por la mañana, fue envuelto en nubes de preocupación sin sentido. Por eso decidimos conversar contigo. Cada uno construye el mundo que desea. Continua tu trabajo, sembrando el bien, buscando crecer para servir mejor..
Aquellos que se envuelven en las telas de la ilusión amparados en el momento propio. ¡Tranquilícese!
La imagen se fue desvaneciendo, más ahora se sentía sereno. Había, en fin, comprendido. Enjugó una lágrima que trataba caer, abrió nuevamente el libro y recomenzó su lectura.