AUTOVALORACIÓN


 

AUTOVALORACIÓN

 

 

En el mundo hay dos clases de personas: aquellas que tienen un concepto positivo de sí mismos, es decir, que poseen una alta estimación y una buena imagen de sí, que tienen confianza y fe en sus recursos y capacidades y se sienten competentes para alcanzar las metas que se proponen, tienden a triunfar y lograr altas metas.

 

´´El hombre tiene variadas clases y niveles de afanes, motivaciones y necesidades que impulsan su vida y que evolucionan con la edad. A partir de las necesidades biológicas que aseguran su sobrevivencia física, el hombre busca nuevas experiencias, conocimientos y emociones, tiene necesidad de amor, desea la aceptación y el reconocimiento social, ansía su seguridad personal, propende a reafirmar su personalidad, necesita experimentar una autoestima positiva o sentimiento de importancia personal, de sentirse que vale, desea su éxito personal.

 

La otra clase de persona es la que tiene un concepto deficiente de sí misma, carece de confianza en sus recursos y capacidades y se siente incompetente para emprender nuevas tareas. Por lo general obtienen solo pobres logros y pequeñas metas.

 

La autovaloración inadecuada conduce a la inseguridad, a la falta de persistencia, a la formación de rasgos caracterológicos negativos: autosuficiencia, individualismo, egoísmo, agresividad; en los sujetos que se sobrevaloran, y la timidez, el aislamiento, la indecisión, la dependencia; en los sujetos que se subvaloran.

 

La autoestima es una necesidad muy importante para el ser humano, es básica y efectúa una contribución esencial al proceso de la vida, es indispensable para el desarrollo normal y sano. Tiene valor de supervivencia.

 

Los que presentan baja autoestima son dependientes, indecisos, con poco control de sus actos, no creen en el éxito ni en sus potencialidades para lograrlo. Además son vulnerables y se ven involucrados en actos como fumar, ingerir bebidas alcohólicas, a mantener relaciones sexuales presionados para lograr el éxito, se comportan mal para llamar la atención y buscar el reconocimiento de los demás.

 

Los sujetos con una alta autoestima se conocen a sí mismos, se valoran adecuadamente, están satisfechos con su modo de ser, nunca se ven impulsados a mostrarse superiores a los demás, no buscan probar su valor midiéndose según un estándar comparativo, se alegran de ser como son: auténticos, autónomos, seguros, independientes, decididos, perseverantes; y siempre, o casi siempre, tienen éxito en la vida.

 

El celo de sí mismo, sin las debidas precauciones, puede llevar a la persona al amor propio, pasando al fanatismo inspirado por el egoísmo y por el orgullo.  El  que se adora a si mismo  va poco a poco desconociendo los valores ajenos, los de  Jesús y si no los del propio Dios, pasando a no creer en los espíritus que  lo asisten  de momento a momento.  Nos convence la razón, iluminada por los sentimientos del Amor,  que la auto admiración es un mal  de cura difícil, pues se alimenta en los principios del confort propio, llevando a la persona  a creer en sus propias fuerzas y se torna desapercibida de la ayuda de los compañeros, tan visible como la luz del sol,  la lluvia y los vientos.

 

La adoración  de sí mismo es el mal del siglo. Todo lo que hacemos, y defendemos sin el timbre del raciocinio  y sin la presencia del buen sentido. Si alguien nos llama  y nos muestra el error  que cometemos, nos sentimos heridos en la sensibilidad, aun mismo  que la evidencia pruebe que estemos realmente errados. La hora de la humildad no aparece, por ser  interrumpida por el orgullo o la vanidad. Pensando que solamente hace las cosas ciertas.  Despreciando la cooperación  ajena, si esta en el confort, en la buena posición o en simulada tranquilidad.  Buscamos la ayuda del prójimo, cuando estamos en aflicciones.

Es por esta verdad que el dolor no puede, dejarnos  solos en el campo de las luchas indispensables. La autovaloración perturba  nuestra conciencia. Quien realmente carga en el corazón los valores eternos del espíritu no precisa anunciarlo. Tales atributos se irradian contaminando todas las cosas y haciéndose visibles, por los sentimientos, a todas las criaturas. Quien se esmera en mostrar  lo que no es, carece de la cualidad que pregona tener.

Las falsas profecías son  aquellas que valorizan  al propio anunciador.

Olvídate de ti mismo, en lo que atañe a tus hechos, procura hacer todo el bien en silencio, porque todo lo que hagas de bueno, se convertirá en beneficio para ti mismo.

 Deja a los otros el hablar del bien que haces, más ten cuidado de no envanecerte  por aquello que oyes de aquellos que te aman.

Debes observar lo que hablan tus enemigos, pues ellos te señalaran tus verdaderos defectos y, como médico de ti mismo, efectúa tu cirugía moral, cicatrizando con  bendiciones de la fe y de la voluntad firme de no errar más.

 

Presta atención a ciertos compañeros que se dedican, a la  auto santificación y ve como ellos permanecen muertos en el conocimiento de la verdad, pues sus propios amigos los critican en su ausencia, desmereciendo sus valores.

 

Ten cuidado con tu boca para no hacer lo mismo. El bien que haces es tu obligación. ¿Por qué anunciar, colocándote en lugares que aun no mereces? Todo trabajador  es digno de su salario y la justicia es quien se encarga de pagar a  quien realmente tiene meritos. No se hace necesario cobrar de la Justicia, pues ella conoce y sabe quien hizo lo justo para el sueldo divino que acomoda la conciencia. toda alma que anda diciendo “yo hice eso o aquello otro”  muestra la propia inferioridad en lo que habla, porque el verdadero sabio y santo no se siente bien cuando resaltan sus valores.  Loa sabios nunc hablan de si mismos, todo lo hacen por la paz de la colectividad  y por el amor a los semejantes. Y quien trabaja  por amor no desea hablar: anuncia por el ejemplo. Vamos  a esforzarnos por hacer lo mismo que hicieron los grandes espíritus.

Todos en nuestra manera de ser experimentamos aspectos positivos y negativos y por tanto al conocernos podemos modificar lo negativo, mantener lo positivo y desarrollar nuevas actitudes que nos permiten el crecimiento como personas y reafirmar nuestra personalidad

 

El autoconocimiento constituye la base para la autorregulación de la personalidad en los adolescentes, orientarlos desde la reflexión a partir de que aprendan a valorarse, a estimarse, y considerarse debe ser una línea a seguir por los educadores en los momentos actuales.

 

Ante las situaciones de conflictos o problemas debes tener calma, recuerda que para darles solución hay que pensar, reflexionar y luego tomar decisiones de solución, nunca desesperarte.

 

Para mejorar nuestra autoestima, es  necesario que profundicemos en el conocimiento de nuestras cualidades y limitaciones, tanto de nuestros puntos fuertes como de las debilidades y avanzar en la auto concepción. Un auto concepto más realista y centrado en los aspectos positivos, la aceptación de algunas cualidades que no podemos cambiar, y una mejora de aquellos aspectos negativos que si son susceptibles de mejorar, pueden dar un impulso muy favorable a nuestra autoestima.

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