CRISIS MORAL

CRISIS MORAL

Los días actuales son de turbación y transición, la fe religiosa se entibia y las grandes líneas de la filosofía del porvenir  son vislumbradas por muy pocos.

 

Es cierto que se han conseguido grandes progresos, la civilización moderna, prevista de grandes medios, ha transformado la faz de la Tierra, las distancias se han suprimido, y esto ha  aproximado a los habitantes, todo se ha mejorado,  los derechos han remplazado al privilegio y la libertad triunfa sobre el espíritu de rutina y el principio de la autoridad.  Una gran batalla  se mantiene  entre el pasado, que no quiere morir y el porvenir, que se esfuerza por surgir en la vida. Todo esto hace que el mundo se agite y avance; grandes impulsos lo guían,  en el recorrido camino, esto lleva al hombre a vislumbrar más maravillosas conquistas.

 

Los progresos materiales e intelectuales son de gran valía, en cambio el avance moral es nulo. Tanto es así, que parece que el mundo retrocede, la absorción del pensamiento humano, en la política, por las empresas industriales y financieras, etc., lo absorben, perjudicando sus intereses morales.

 

Es verdad que la civilización  tiene aspectos magníficos, pero también presenta sombras. Ha mejorado en cierto modo las condiciones de la existencia, pero ha multiplicado las necesidades en su deseo por satisfacerlas; aguzando los apetitos  y los deseos, ha fomentado el sensualismo y a aumentado la depravación. El amor, al placer, al lujo y a las riquezas se ha hecho cada vez más ardiente. Se quiere adquirir o se quiere poseer a toda costa.

 

La especulación vergonzosa es mantenida a plena luz. Proviniendo de ello el decaimiento  de los caracteres y las conciencias, por ese culto fervoroso a la fortuna, ídolo cuyos altares  han reemplazado a las divinidades derruidas.

 

La ciencia y la industria han centuplicado las riquezas de la humanidad; pero esas riquezas no se han aprovechado directamente  más que a una reducida parte de sus miembros. La pobreza de los insignificantes sigue activa, y la fraternidad más que en los hechos se basa en discursos, en palabras que se las lleva el viento. El hambre existe aun, en las grandes ciudades, el trabajo de los obreros  es aun un infierno.

 

Los vicios como la embriaguez, la prostitución, las drogas, el libertinaje, esparcen por todas partes sus venenos, empobrecen a las generaciones y agotan la fuente de la vida, en tanto que las hojas públicas  siembran a porfía la injuria y la mentira y una literatura malsana excita los cerebros y debilita las almas.

 

Los suicidios  en la actualidad se multiplican al  estar el hombre falto de energías  y de sentido moral se refugian en lo que creen es el fin, todo porque el hombre se ignora aun a si mismo. Sabe poco de las leyes del Universo  y no sabe nada de las fuerzas  que están en el. El conócete a ti mismo es ignorado, no se preocupa en saber de donde vino, hacia donde va, y para que  está en este mundo.

 

Dos son las potencias  que hacen caminar indeciso al hombre, por un lado las religiones, con su cortejo de errores y supersticiones, su espíritu  de dominación y de intolerancia, pero también de consuelos, los cuales tiene origen en los débiles  resplandores  que han conservado de las verdades primordiales. Por otro lado la ciencia, que  materialista en sus principios y en sus fines, con sus frías  negaciones y su inclinación desmedida  al individualismo, pero también  con el prestigio de sus descubrimientos y de sus beneficios.

 

 

Estos dos campos, la religión sin pruebas y la ciencia sin ideal alguno, se desafían, se acercan y combaten sin poder  vencerse, pues cada una de ellas  responde a una necesidad imperiosa del hombre: la una habla a su corazón  y la otra dirigiéndose a su espíritu y a su razón. Ambas están rodeadas  de numerosas ruinas  de numerosas esperanzas y de aspiraciones destruidas, y es así como los sentimientos generosos se debilitan y la división y el odio reemplazan a la benevolencia y a la concordia.

 

En esta confusión de ideas, la conciencia ha perdido su camino, velando lo justo y el bien. Es intolerable  la situación moral de todos los desgraciados que se doblegan entre dos doctrinas  que no ofrecen  remedio a sus males, la nada y la otra un paraíso inaccesible o una eternidad de suplicios.

 

La familia, la enseñanza y la sociedad sienten  esta confusión. La educación viril ha desaparecido, ni la ciencia ni la religión saben en la actualidad formar a las almas fuertes y bien armadas para las luchas de la vida.

 

Para solucionar esta crisis, es preciso que en todos se haga la luz, grandes y pequeños, ricos y pobres, hombres y mujeres  y niños; es preciso que una nueva enseñanza popular  venga a iluminar las almas acerca de su origen, de sus deberes  y de su destino.

 

Solo las soluciones formuladas por enseñanza  pueden servir de base  a una educación viril y tornar a la humanidad  verdaderamente fuerte y libre. Su importancia es capital, tanto para el individuo, como para la sociedad, cuyas instituciones  y relaciones regularizaran.

 

Las nuevas concepciones  del mundo y de la vida cuando penetran en el espíritu humano y se filtra poco a poco  en todos los ambientes, el orden social, las instituciones y las costumbres lo sienten de inmediato.

 

Una sociedad sin esperanza, sin fe en el porvenir es como un hombre perdido en el desierto. Lo bueno es combatir la ignorancia  y la superstición, es preciso reemplazarlas por creencia racionales.  Para caminar con paso firme en la vida, para preservarse de los desfallecimientos y de las caídas, se necesita una fuerte convicción, una fe que eleve  por encima del mundo material; se necesita ver la finalidad y tender directamente hacia ella. El arma más efectiva para esta lucha terrenal es tener una conciencia  recta e iluminada.

 

Con la creencia en la nada, y de que con la muerte todo termina, es lógico que el ser solo procure el bienestar en la vida presente, solo mire el interés personal e ignore  todo otro sentimiento. Si solo existe para el una existencia efímera,  este se aprovecha de la vida presente, se dedica a los placeres  y abandona los deberes y los sufrimientos… Esta es la postura materialista, y que está circulando en muchos hermanos a nuestro alrededor, produciendo estragos que se dejan sentir en una sociedad rica  y muy desarrollada  en el sentido del lujo y de los goces físicos.

 

Esto no debe desanimarnos, todo no está perdido. El alma humana tiene a veces sentimiento de su miseria, de la insuficiencia de la vida presente  y de la necesidad del más allá. Vagamente, confusamente, cree, aspira a la justicia. Y el culto del recuerdo de los seres amados que están en la tumba, denotan un instinto incierto  de la inmortalidad.

 

El hombre no es ateo, cree en la justicia inmanente, como cree en la libertad, ambas  existen en las leyes terrenas y divinas. Este sentimiento, el más grande, el más hermoso, que se puede encontrar en el fondo del alma,  ese sentimiento nos salvará. Bastará, para ello, que hagamos comprender a todos  que esa noción grabada  en nosotros es la ley misma del Universo, la que rige  a todos los seres y a todos los mundos, y que por ella, el bien a de triunfar finalmente al mal y la vida  ha de salir de la muerte.

 

El pueblo busca su realización al igual que aspira a la justicia, tanto en el terreno político como en el económico y en el principio de asociación. El poder popular  ha comenzado a extender  sobre el mundo una vasta red de asociaciones obreras, un agrupamiento socialista que abarca a todas las naciones, y que, bajo una única bandera, deja oír en todas partes las mismas llamadas, las mismas reivindicaciones. Es un espectáculo lleno de enseñanzas para el pensador, una obra plena  de consecuencias para el porvenir.

 

Inspirada por las teorías materialistas y ateas, el alma se convertiría en un instrumento de destrucción, pues sus acciones se resolverían a través de la violencia, en revoluciones dolorosas. Contenida en los límites de la prudencia  y de la moderación, puede hacer mucho  por la felicidad de la humanidad.

 

La hora que atravesamos es de crisis y de renovación, el mundo está en fermentación; la corrupción aumenta, las sombras se extienden, el peligro es grande; pero no olvidemos que tras las sombras entrevemos la luz; tras el peligro vemos la salvación.  Una sociedad no puede perecer. Es verdad que lleva en si elementos de descomposición, pero también lleva  gérmenes de transformación y de reedificación. La descomposición anuncia la muerte, pero procede también al renacimiento. Puede ser también preludio de otra vida.

 

Para elevarse  moralmente el hombre y detener esas dos corrientes de la superstición  y el escepticismo que conducen a la esterilidad, es necesario  que cree  en si  una concepción nueva del mundo y de la vida y apoyándose  en el estudio de la naturaleza y de la conciencia; en la observación de los hechos, en los principios de la razón, fije la finalidad de la existencia y regularice su marcha hacia delante.  Necesita una enseñanza  de la que se deduzca un móvil de perfeccionamiento, una sanción moral y una certidumbre para el porvenir.

 

Esta concepción y esta enseñanza ya existen ya se vulgarizan todos los días. En medio de disputas y divagaciones de las escuelas, una voz se ha dejado oír: la de los Muertos. Desde el otro lado de la tumba, se han revelado más vivos que nunca; con sus instrucciones, ha caído el velo que ocultaba la vida futura. La enseñanza que nos han dado  reconcilia todos los sistemas encontrados, y de las cenizas del pasado lacen brotar  una llama nueva. En  la filosofía de los Espíritus encontramos la doctrina oculta que abarca todas las edades. Esta doctrina las hace revivir; reúne los restos esparcidos y los adhiere unos a los otros con un poderoso cemento  para reconstituir  un monumento  capaz de amparar a todos los pueblos y a todas las civilizaciones.

 

Esta doctrina puede transformar a pueblos y sociedades, llevando la claridad a todas partes  donde existe la noche, haciendo que se funda  con su calor todo el hielo y egoísmo de las almas, revelando a todos los hombres  las leyes que  les unen  con los vínculos de una estrecha solidaridad.  Gracias a ella, aprenderemos  a obrar con una misma inteligencia y con un mismo corazón. Más conscientes de nuestra fuerza, avanzaremos con un paso más firme hacia nuestros destinos.

 

Que la paz y la luz, nos permita meditar en esta propuesta sublime que un día  León Denis nos ofreció en su libro “Después de la Muerte” de cual he extraído el contenido de este trabajo para ayuda y esclarecimiento de los tiempos actuales.

Trabajo realizado el tres de septiembre de 2008, por Merchita miembro fundador del Centro Espírita Amor Fraterno de Alcázar de San Juan. (Ciudad Real)

COMPORTAMIENTO AFECTIVO

COMPORTAMIENTO AFECTIVO

 

 

Toda palabra ofensiva es expresión de un sentimiento contrario a la ley de amor y de caridad, que debe arreglar las relaciones de los hombres y mantener entre ellos la concordia y la unión.

 

De todos los vicios, el más temible es la soberbia, pues siembra tras de si todos los vicios.  El soberbio  es el que menos puede conocerse. La soberbia nos oculta toda la verdad. . El hombre sencillo y humilde de corazón, rico en cualidades morales, llegará más pronto a las verdades. El  Espiritismo  nos pone de manifiesto, bajo su verdadera luz,  la situación de los soberbios en la vida de ultratumba. Los humildes y débiles de este mundo se encuentran allí más elevados; los vanidosos y los poderosos, empequeñecidos y humillados. Los unos llevan consigo lo que constituye  la verdadera superioridad: las virtudes, las cualidades adquiridas  con el sufrimiento, en tanto que los otros han de abandonar en la hora de su muerte, títulos, fortuna y vano saber.   

 

El egoísmo nos lleva a observar, a criticar los defectos del prójimo, permaneciendo ciegos ante los nuestros. La verdadera superioridad moral no existe sin la caridad y sin la modestia. Si la soberbia es madre de una multitud de vicios, la caridad da nacimiento a muchas virtudes. La paciencia, la dulzura y la reserva en las conversaciones derivan de ella. El hombre caritativo le es fácil ser paciente y dulce y perdonar las ofensas  que le son hechas. La misericordia es compañera de la bondad. Un alma elevada no puede conocer el odio ni practicar la venganza. Comprende que los errores de los hombres no es nada más que el resultado de su ignorancia no concibe la hiel ni el resentimiento.

 

Solo sabe perdonar, olvidar las equivocaciones  del prójimo, aniquilar todo germen de enemistad, borrar toda causa de discordia en el porvenir, tanto en la tierra como en la vida del espacio.

 

El bien hecho a quien nos ofende desarma a nuestro enemigo. Su odio se cambia en asombro en admiración, despertando su conciencia adormecida. El único mal que se debe desenmascarar y combatir es el que recae sobre la sociedad. Cuando se presenta en forma de hipocresía, de la duplicidad, de la mentira, pues hay que desenmascararlo pues otras personas podrían sufrirlo; pero es hermoso guardar silencio de lo que atañe solo  a nuestros intereses a nuestro amor propio.

 

Jesús nos anima en esta sublime lección  a olvidar toda represalia, toda venganza, contra aquellos que nos hieren, cuando nos visiten el ultraje o la injusticia , silenciemos  nuestra dignidad herida, pensemos en aquellos, que en el pasado oscuro, fueron ofendidos , ultrajados, expoliados  por nosotros mismos,  y soportemos la injuria  como una reparación. No perdamos nunca la finalidad de la existencia, que tales problemas nos podrían hacer olvidar. No abandonemos el camino recto y seguro, procuremos adquirir la bondad  que apacigua a los hombres, esa cualidad  nos crea una especie de autoridad sobre las almas, nos proporciona más medios de conmoverlas, la humildad la indulgencia, la simpatía y la bondad  apaciguan a los hombres.

 

Jesús en sus palabras nos anima  a crear dentro de nosotros un afecto, que evite todo odio y todo espíritu de venganza; una disposición sincera para ayudar, cuando llegue la ocasión, a aquellos que nos afligen.

 

Una especie de misantropía, de laxitud moral aleja, a veces, a los buenos Espíritus del resto de la humanidad. Hay que reaccionar sobre esa tendencia al aislamiento, considerando, todo cuanto existe de grande  y de hermoso en el ser humano, acordándonos de toda muestra de afecto, de todos los actos bienhechores  de que fuimos objeto. ¿Qué son los hombres separados de sus semejantes, de su familia y de la patria? Un ser inútil  y desdichado. Sus facultades se debilitan, sus fuerzas se aminoran, y la tristeza le invade. En soledad, no se progresa. Hay que vivir con los hombres y ver en ellos siempre compañeros necesarios para nuestro progreso,. Nuestro buen humor es salud en nuestras almas. Dejemos abrir nuestro corazón a impresiones sanas y fuertes. ¡Amemos para ser amados!

 

Amar es sentirse vivir en todo y por todos. Es consagrarse hasta el sacrifico, hasta la muerte, a una causa a un ser. Si queremos saber lo que es el amor, consideremos las grandes figuras de la Humanidad, y sobre todo a Cristo, para quien el amor era toda la moral y toda religión El nos dijo “Amad a vuestros enemigos, y hacer bien a aquellos que os persiguen”…

 

Si  así lo hacemos poseeremos los verdaderos bienes, aquellos que nos elevaran por encima de cualquier circunstancia, pues cualquier palabra ofensiva constituye  la expresión de un sentimiento contrario a la ley de amor y caridad  que debe regir las relaciones de los hombres y mantener en ellos la concordia y la unión; es un daño que se inflige  a la benevolencia reciproca y a la fraternidad, y alienta el odio y la aversión:  

 

En suma después de la caminar hacia Dios, la caridad para con nuestro prójimo es la primera ley de todo cristiano. Cuando la ley de amor y caridad este en toda la humanidad, ya no existirá el egoísmo; el débil y el pacifico no serán explotados ni aplastado la paz será el estado de la humanidad, pues los perversos habrán sido expulsados y la Tierra será entonces un mundo feliz.

 

Y nos dicen los Espíritus  que al igual que el Sol que se eleva indiferentemente  sobre todas las cosas y da calor a la Naturaleza entera, el amor divino vivifica a todas las almas, sus rayos  penetran a través  de las tinieblas de nuestro egoísmo e iluminará con sus resplandores a todos los corazones humanos, un día gracias al amor, floreceremos hasta quedar reunidos  en una comunión de amor,  en una fraternidad universal.

 

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Trabajo realizado por Merchita, extraído del libro Después de la Muerte, (León Denis)  y del Sermón de la Montaña (Allan Kardec)

EL DESARROLLO CIENTÍFICO

EL DESARROLLO CIENTÍFICO

Los sucesivos inventos han alterado la vida humana.

 

Numerosos hombres muy importantes como Allan Kardec, Charles Darwin, Albert Einstein,  Karl Marx, y muchos otros, han producido  una revolución en los conceptos  y costumbres  de las criaturas, las cuales aun no han terminado de adaptarse al mundo descubierto por ellos.

 El mundo observó una grandiosa modificación, en lo que se refiere a la tecnología, desde la locomotora a vapor hasta el teléfono, esto alteró completamente la estructura que antes imperaba.

 El área médica  fue ampliada con la conquista de la anestesia  y de la asepsia, con la microbiología y las vacunas que pasaron a salvar millones de vidas expuestas a la muerte, por el desconocimiento  de cómo debían ser tratadas  y hacerlas proseguir.

 Las técnicas de la microcirugía aumentaron aun más el campo de la salud, proporcionando  la reparación segura en las piezas delicadas del cerebro y de otros órganos imprescindibles para una existencia digna.

 No obstante, a medida que fueron detectadas valiosas informaciones en el Cosmos, así como en la fisiología del ser humano, en vez  de presentarse  solucionadas las incógnitas, otras más embarazosas se hicieron notar, aguardando futuras adquisiciones de investigaciones y observaciones.

 Los científicos del pasado, en su ingenuidad, poseían respuestas rápidas para casi todos los interrogantes que les eran presentados, empero, no siempre correspondiendo a la realidad de los hechos. En la medida que la percepción del Universo se dilató y las sondas penetraron en la intimidad de las partículas atómicas y subatómicas, se tomaron más difíciles a la comprensión y utilización racional de sus posibilidades casi infinitas.

 La propia mente humana continua siendo un misterio para los neurofisiologistas, que tienen dificultad en limitar el campo en el cual se manifiesta el cerebro y ella se exterioriza, tanto cuanto la memoria y sus mecanismos para retener informaciones complejas, muchas de ellas abstractas, mediante procesos de interacción bioquímica, que pueden ser accionados con el simple recurso de la voluntad.

 El descubrimiento del axonio,’por ejemplo, facilitó la comprensión de la neurona cerebral, no obstante, las más recientes conquistas en tomo de las ínter leucinas, cerebrinas, interferón y otras enzimas, amplió casi infinitamente el entendimiento con relación a los mecanismos nerviosos y sus funciones relevantes para el ser humano, su pensamiento, memoria, equilibrio orgánico, entre otros.

 Simultáneamente, la identificación del centro de interacción mente-cuerpo, en el área límbico-hipotalámica, frente a las abundantes presencias neuronales, explicó la razón de porque la misma se encuentra en la base del cerebro y en lo alto de la columna vertebral, favoreciendo la perfecta comunión del Espíritu con el cuerpo y de éste con aquél.‘Axonio: Prolongación de la célula nerviosa. (N.del T.)

 Estudios más avanzados en este campo, proporcionaron la comprensión de cómo se procesan es s interacciones psicofísicas, ante la conclusión de que los sentimientos superiores, tales como el amor, la solidaridad, la confianza, la bondad, la ternura, la caridad, la fe, pueden corresponder a la presencia de fotones en el organismo, en cuanto que los negativos o primarios como el odio, el resentimiento, el miedo, la angustia, la rabia, los celos, la envidia, pueden presentarse como electrones, propiciando así el bien o el malestar de acuerdo con la onda mental en que el individuo permanezca.

 Concomitantemente, la Biología molecular, ampliando sus observaciones, viene alcanzando realidades antes jamás concebidas, demostrando que los factores psíquicos son esenciales para una buena armonía física, tanto cuanto se opera en el sentido inverso, construyendo la criatura conforme a su patrón de comportamiento moral y mental.

 La física cuántica ya desmistificó la materia, avanzando gloriosamente hacia la energía, alcanzando las tramas sutiles del Espíritu, que es el principio inteligente del Universo, casi logrando identificar el mundo causal de donde todo procede.

 La Psicología Transpersonal y sus congéneres lograron descubrir al Espíritu, enriqueciéndose de respuestas y terapias para los difíciles problemas que antes enfrentaba y que aún permanecen en otras Escuelas, tornando la existencia mental y comportamental más digna y apetecible con posibilidades fascinantes de paz y plenitud…

 La vida bulle soberana en todas partes y aun en el reino mineral duerme, soñando con las desconocidas posibilidades que se encuentran en germen dentro de sí.

 No obstante las incomparables realizaciones de la Ciencia y de la tecnología, innumerables indagaciones continúan desafiantes, aguardando la solución en los laboratorios, tales como la vida en otras dimensiones fuera de la Tierra, la imposibilidad del cerebro de interpretarse a sí mismo, el destino biológico que responde por la muerte o el suicidio de las células para mantener la forma física, sin superar los límites del equilibrio y más allá, los agujeros negros, los que había antes del Big bang, los límites del Universo, en razón del retorno de las partículas que enfrentan a aquellas que están avanzando, produciendo los quásares azules, la luz negra, que lo invade todo y aún no pudo ser fotografiada, así como un número importante de otros fenómenos en el macro y en el microcosmos…

 Lentamente y sin darse cuenta, los científicos se tornan sacerdotes del Espíritu y avanzan perseverantemente al encuentro de Dios y de Sus Leyes, que están vigentes en todas partes.

 El Espiritismo, a su vez, en la condición de ciencia de observación ya penetró en esos misterios, ofreciéndoles soluciones lógicas, partiendo de la Realidad Divina, del Espíritu inmortal y sus reencarnaciones, de los fenómenos anímicos y mediúmnicos, de los valores ético-morales y de las herencias del pensamiento de Jesucristo, tales como el amor, el perdón, la caridad, la renuncia a las pasiones, a la verdadera humildad, a la compasión y a la misericordia, para ofrecerle seguridad y paz al ser humano, impulsándolo a avanzar en los rumbos de su integración con la Conciencia Cósmica.

 Lentamente llega el momento en que la Ciencia y la Religión se darán las manos, complementándose mutuamente, apoyadas en los hechos, en la razón y en la lógica que deberán ser el sustento de ambas, avanzando velozmente en la conquista de más profundos valores e interpretaciones en relación con la vida y con el Infinito.

Tal hecho solamente se hará posible gracias a la reencarnación, que posibilita a los Espíritus el retorno a la indumentaria camal, a fin de dar prosecución a los estudios y realizaciones a los que se dedicaron, sin verlos interrumpidos por la muerte, pero sí alterados los cuadros de observaciones con el aprendizaje en la Erraticidad, de donde retornan más enriquecidos por los recuerdos del mundo real, aplicando en la Tierra esos conocimientos que contribuyen para la superación de los atavismos perniciosos y de las pasiones a las que se esclavizaron como consecuencia de las experiencias iniciales por donde transitaron.

 El Universo es la condensación del amor de Dios y solamente a través del amor podrá ser sentido en cuanto que por la inteligencia será comprendido. 

Uniéndose el conocimiento y el sentimiento se armonizan en la sabiduría que es la conquista superior que el ser humano deberá alcanzar, por tanto, plenitud intelecto-moral, conforme acentúa el noble Codificador del Espiritismo, Allan Kardec.

Extraído del Libro “DIAS GLORIOSOS” de Divaldo Pereira Franco

Con mucho amor y cariño de Merchita

(MENSAJE) 3º CONGRESO ESPIRITA BRASILEÑO

 

 

 

 

3º Congreso Espirita Brasileño

Brasil /DF, 16 a 18 de Abril del 2010

“Amigos y hermanos, os abrazo fervorosamente.

 

 

 

En esta oportunidad, deseo compartir con los compañeros  un hecho relacionado  con el suicidio que resulto  en una serie de acciones, desarrolladas  a lo largo de 18 meses, aproximadamente, más cuyo resultado supero  todas las expectativas,  aun mismo las inimaginables.

Las regiones de sufrimiento donde viven los suicidas, de todas las categorías, son innumerables  y vastas en los planos del Espíritu.

Brotan de un día para otro,  pues los excesos de la Humanidad  han  reducido el tiempo  de reencarnación para un número significativo de personas.

Los atentados contra la manutención de la salud, mental y psicológica  alcanzan cifras realmente asustadizas.

La campaña “EN DEFENSA DE LA VIDA”  conducida por los Espiritas, es  acción que ameniza la situación.

Más algo más intenso y embargante, envuelve a la sociedad, urge ser desenvuelto.

 

Así pasamos a nuestro relato.

Localizamos en determinado  nicho, en nuestro plano, una  comunidad de suicidas viviendo en situación  precaria, en todos los aspectos.

Llamaba nuestra atención  que tal reducto de dolor  nunca reducía de tamaño.

Al contrario, contabilizábamos  un número creciente   día tras día.

 

Procurando analizar el problema por todos sus ángulos,  verificamos  que en el local, incrustado en el espacio de difícil acceso, existía  una especie de “ escuela” – si este es el nombre que se puede llamar-  cuyos  integrantes se especializarían  en inducción  al suicidio:  técnicas, recursos y equipamientos sofisticados eran desarrollados para que encarnados  cometiesen el suicidio.

 

El suicida era, entonces, conducido a la institución y, bajo tortura, el alma sufridora  ofrecía elementos  mentales que servían de alimento  para la manutención de diferentes desarmonías que conducen el hombre al desespero.

 

Fuimos sorprendidos por la existencia actual  de tal organización  y aterrorizados, delante de tal hecho, de cómo la alineación, asociada a la maldad, puede desestructurar al ser humano.

 

Después de tomar  conocimiento de los detalles, un plan de trabajo fue definido, después que un mensajero de elevada región vino hasta nosotros.

 

Durante algún tiempo luchamos  por ser  adecuadamente preparados,  inclusive aprendiendo a liberar vibraciones más sublimadas,  a fin de ofrecer a la materia mental y sentimientos puros que pudiesen erguir  un campo de fuerza energético alrededor del local.

Almas devotas estuvieron con nosotros permanentemente, instruyéndonos, fortificándonos  y revelándonos la excelsitud del amor.

 Entretanto, era preciso hacer algo más, deshacer la organización no representaría , en principio, mayores problemas;  el desafío  seria convencer  a los instructores   para no hacer más aquel tipo de maldad. Variadas tentativas  fueron enviadas, en este sentido.

 

Orientadores esclarecidos de la Vida Mayor fueron  rechazados y hasta ridicularizados.

Nada conseguíamos con los dirigentes de aquella institución, volcada para la práctica del suicido.

 

Más, la victoria llegó, gloriosa, al final de la tarde del último domingo (1) cuando, invitados a participar del cierre del  Congreso, aquellos dirigentes presenciaron  la luminosidad del amor.

 

Amor

Consiguieron, finalmente, ver el significado de la vida,  su importancia y fundamentos.

 Fueron momentos de gran emoción que envolvieron a todos, cuando  una nesga luz descendió  sobre los encarnados y desencarnados en el exacto momento en que todos,  en ambos planos de la vida,  se dieron las manos  y cantaron en pro de la paz.

 

La ráfaga de luz se alargo, creció, envolvió a todos. La fuerza del amor broto plena  y, en sublime  explosión, rompió en el aire, circulo sobre  la cabeza de todos, se expandió como poderosa ola para más allá del recinto, llegando hasta la ciudad.

 

Brasil se inundo de luz, en el aire, en el suelo, en las aguas.

Nuestra  visión estupefacta y maravillada parecía  que una nueva estrella estaba surgiendo.

Los seres de la Creación, vegetales, animales y hominales, los elementos inertes, rocas y minerales, las construcciones humanas, construcción de edificios, avenidas, bancos, reparticiones públicas y privadas, residencias, todo en fin, fue bañado  por luz pura y cristalina que  bajaba de lo alto.

 

Rápida, la bella luminosidad  separó del corazón de la Patria para todos los rincones de Brasil, de las Américas, de Europa, África, más allá,  en el Extremo y Medio Oriente,   llegando a todos los continentes, países y ciudades.

 

Alcanzó los polos del Planeta, giró,  en  bailado sublime, por breves minutos alrededor de la Tierra y se prolongó  más allá, en dirección al infinito.

 

Jesús  se había aproximado al Planeta, en brevísima visita de luz, amor y compasión.

¡Jamás presencie tanta belleza y tanta paz!

Con afecto

Yvonne Pereira

 

Mensaje recibido por Marta Antunes de Moura en la Federación Espirita Brasileña el 22 de abril del 2010. Reformador Ago. 2010  (1) Domingo, 18 de abril 2010: (2) día de cierre del 3º Congreso Espirita Brasileño.

Todos los presentes cantaban, emocionados, la música por la paz

Traducido por M.C.R

ELOGIO PONZOÑA EN LA FORMA VERBAL

ELOGIO PONZOÑA EN LA FORMA VERBAL

¿Qué es lo que la persona suele valorizar más: la satisfacción sexual,  el dinero,  la comida, el alcohol,  los amigos o los elogios? Investigadores evaluaron    los deseos y gustos de algunos estudiantes universitarios sobre una serie  de deseos y gustos  y los resultados para sorpresa de los estudios  indicaron que los voluntarios  dan más valor a un elogio  o a una evaluación positiva que comer su comida preferida, satisfacerse sexualmente, beber,  recibir el salario del mes  y hasta incluso  que encontrar un buen amigo. (1)

Por tanto, y ante la sorpresa, los investigadores confirmaron  que el deseo  de “sentirse valorizado” a través de los elogios triunfa sobre cualquier otra situación placentera. Creemos que estamos observando generaciones  en donde una parte gigantesca de ciudadanos es constituida por adultos condescendientes, inmaduros para los obstáculos, decepciones y desafíos de la vida, incapaces de lidiar  con conflictos y dotados de una  alucinante certeza de que el mundo  les debe algo., por eso exigen ser mimados.

No hay duda que la ausencia de palabras y frases motivadoras, cada vez más comunes en los ambientes domésticos, perjudica a relación aparente. Raramente se observan a muchos  hombres estimular con palabras edificantes  a sus mujeres  o viceversa, no se constata regularmente jefes estimulando con sinceridad  el trabajo de sus subordinados, no es muy común padres e hijos estimulándose con palabras afectuosas.

Es obvio que el buen profesional, y  aunque no lo aparente,  le gusta ser valorizado, al buen hijo le gusta ser reconocido, el buen padre o la buena madre le gusta ser recordados amorosamente, al buen amigo,  a la buena ama de casa,   a la mujer que se cuida, al hombre que se cuida, en fin, vivimos en una sociedad en que  uno precisa del otro, es imposible a un hombre vivir solo, y las palabras motivadoras (que no  pueden tenerse como elogios) son  la oxigenación de ánimo en la vida de cualquier persona.

Desde que  penetramos  en las enseñanzas kardecianas aprendemos que el elogio (aunque bien intencionada)  nos conmueve  y elude. Y nada existe más frágil  que una criatura ilusionada a su propio respecto.  ¡Es verdad! Los Benefactores nos advierten  con el fin de que no perdamos  nuestra independencia constructiva  a cambio de consideraciones humanas (adulaciones), puesto que la   trampa  que pune al animal criminal es igual  a la que sorprende al  canario negligente.

Aun en los momentos de dificultades de alguien, “en las horas difíciles, en las que vemos a un compañero despeñarse en las sombras interiores, no olvidemos que, para auxiliarlo,  es tan desaconsejable la condenación, como el elogio.” (2) Susurra la prudencia cristiana  que nunca  cediéramos campo a la vanidad  sino  viviésemos reclamando el deletéreo coctel de la lisonja a nuestro egocentrismo  poco saludable.

Invariablemente quedamos  sometidos a las injunciones sociales cuando buscamos la aprobación (elogio) de los otros, “cuando permanecemos en la posición de permanentes esclavos  y pendientes del aplauso hipócrita y del barniz, de la lisonja, condicionándonos a vivir sin  disfrutar de la libertad de la conciencia, sometiéndonos a ser manipulados por los juicios y opiniones ajenas.”(3)

El elogio nos facilita la presunción,  la presunción nos remite la vanidad.  En ese deseo  insufrible de llamar la atención ajena, que remos ser aplaudidos  y reverenciados delante de los otros. Actualmente se adopta asustadizamente el habito de los dirigentes incautos elogiar y exaltar a oradores en público. ¿Esas pompas y congratulaciones, observadas  alrededor de algunos oradores famosos, no sería la repetición de las pompas  del cristianismo sin Cristo?

A rigor, si alguien viene  en público decir que un orador es “maravilloso”, “fantástico”, “brillante”, “inolvidable”, “Insustituible” y otras adulaciones más, lógicamente está elogiando y no estimulando o motivando  a tal “homenajeado”

Por esas razones es importante vigilar las propias manifestaciones, no juzgando indispensable  y prefiriendo la autocritica  al autoelogio, recordando que el ejemplo de humildad es la mayor fuerza para nuestra transformación moral. “Toda presunción evidencia  alejamiento del Evangelio.” (4)

Es urgente huir de elogiar a alguien que está obrando de conformidad con nuestras conveniencias, para no crearle trampas al camino ennoblecedor, “aunque nos constituya un deber prestarle asistencia y cariño para que se agigante más en las buenas obras.

El elogio es un veneno  en forma verbal. Por esa razón no olvidemos que “aunque provenga de círculos bien intencionados, urge rechazar el toxico de la lisonja, pues  el rastro del orgullo, sigue a la ruina.” (5)

Jorge Hessen

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ALMÁ Y TEORÍA CELULAR

ALMÁ Y TEORÍA CELULAR

 

 

Todo el que sabe mirar la Naturaleza con ojos filosóficos descubre que ella es la gran educadora, donde reside toda la verdad, y observando ve los secretos que permanecen velados para los ignorantes. Nada aparece súbitamente  y en el estado perfecto, así lo dicen las leyes que rigen las múltiples evoluciones  de la materia física o viva.

 

El sistema solar, nuestro planeta, los vegetales, los animales, el lenguaje, las artes, las ciencias, todo, lejos de haber brotado espontáneamente, es el resultado de una larga y gradual ascensión, desde las formas rudimentarias hasta las modalidades que en nuestros días conocemos.

 

En el alma humana, sucede lo mismo, vemos en la Tierra que pasa por fases de diversas manifestaciones, desde el salvaje hasta el genio de las naciones civilizadas.

 

El alma tanto en el ser humano como en el animal  es indivisible, dado que  los primeros fulgores   del instinto  son los signos reveladores  de su acción. A partir de los animales simples como los zoófitos, ha adquirido sucesivamente  el periespiritu, mediante transformaciones incesantes, sus propiedades funcionales.

 

La envoltura del alma es el  “periespiritu”, tanto en los animales como en el hombre, individualiza al principio pensante por medio del fluido universal que lo constituye.

Este punto poco estudiado, ha sido corroborado y comprobado, con la intervención  de mediúms videntes, que el alma animal no se destruye con la muerte.

 

Si el principio inteligente del animal sobrevive a la materia, si goza de individualidad, es posible aplicarle  las mismas reglas que rigen al alma humana, explicándose así todo.

 

Por medio del Espiritismo  se comprobó  experimentalmente  la necesidad de la reencarnación del alma humana; la ley de continuidad  en los seres vivos, permite  creer que el alma del animal está sometida a ese mismo proceso: de este modo el principio inteligente  animaría sucesivamente  organismos y más organismos cada vez más perfeccionados, a medida que  fuera adquiriendo capacidad  para dirigirlos.

 

El Espiritismo, no inventa nada,  al proclamar la existencia del periespiritu, demuestra que tal órgano  reproduce fluìdicamente la forma corporal de los animales, que es permanente  en medio del flujo perpetuo de las moléculas vivas y, consecuentemente  que en él es donde radican  los instintos  y las modificaciones de la herencia. Por ser inmutable, pese  a los incesantes  cambios de que  es testimonio el hombre contiene – digámoslo así –  los estatutos y las leyes  que dirigen la evolución del Ser; no se disgrega con la muerte, sino que se constituye  la individualidad  póstuma  del principio intelectivo; tomando en registro  todas las modificaciones que le proporciona  las numerosas y sucesivas existencias, acabando por hacerse apto, después de haber recorrido toda la serie, no solo para organizar y dirigir organismos  muy complicados, sino para hacerlo sin conocimiento del alma.

 

Si no sabemos como  están constituidos los seres vivos, es difícil comprender  el papel de periespiritu y del sistema nervioso. Los médicos, los naturalistas  y los filósofos hablan constantemente  en sus escritos de las sustancias vivas, de moléculas orgánicas, de materia organizada, de tejidos, de órganos, etcétera; pero pocos dan una definición precisa de tales frases. En los animales superiores se advierte la carne, los huesos, los tendones, los nervios, los vasos, las membranas, etcétera.  Se ha adquirido la certeza  de que el organismo de un vegetal o animal cualquiera, proviene  de la reunión,  de la asociación  de un número inmenso de células, y las partes diferentes del cuerpo animal o vegetal  son debido a las modificaciones  que las células sufren.  En química, por descomposiciones  sucesivas, los productos más complejos pueden siempre reducirse  a los elementos primordiales, a los cuerpos simples  de que están formados; en historia natural, la célula aparece  como el residuo último  de toda clase de residuos. La molécula orgánica, es el elemento  anatómico por excelencia de que están formados todos los seres vivos.

 

La célula esta compuesta de tres partes: aunque varia en su forma, siempre  se compone de tres partes 1ª) un núcleo solidó que está en el interior 2ª) un liquido que baña al núcleo, y la 3ª) una membrana que lo envuelve todo.

 

La parte esencial, la parte verdaderamente viva, es el líquido, al que se ha dado el nombre de protoplasma; de manera que este líquido gelatinoso es el que constituye realmente el fundamento de la vida orgánica. En tanto él vive en los millones de células que forman un cuerpo, el cuerpo vive también; cuando él muere en una parte cualquiera de las células que componen un miembro, el miembro muere; si se destruye, en fin, el protoplasma en la totalidad de las células, el cuerpo entero muere.

 

Si la teoría de la evolución es exacta, la vida debió principiar en la Tierra por la formación del protoplasma. Este hecho se verifica en nuestros días. Las exploraciones de los grandes fondos submarinos han dado a conocer una sustancia gelatinosa que parece ser la primera manifestación vital”. Los notabilísimos trabajos de Haeckel respecto a tales seres rudimentarios, confirman plenamente las deducciones de Darwin y dan al transformismo una base seria.

 

El modo de reproducción de las células  es muy simple: cuando a alcanzado cierto volumen, se producen  una o muchas divisiones en su masa, se fracciona en dos o más partes, y cada una de ellas, se hace independiente, se nutre y crece como la célula, madre, hasta que llega el momento que a su vez da  nacimientos a otras células semejantes. Algunas veces las células originarias de la primera nos e separan, sino que forman una serie de células  asociadas, que dan nacimiento a su vez a otras y otras,  también unidas, según el grado de vitalidad que posean. Esto es lo que acontece a los animales, vegetales  y al hombre.

 

Aun en las asociaciones más complejas las células que constituyen un ser vivo no pierden por completo su independencia: cada una de ellas vive por su cuenta, y las diversas funciones fisiológicas del animal, no son otra cosa que la resultante de los actos cumplidos por un cierto grupo de células.

 

El objeto de todo organismo es vivir, y cada parte concurre a la consecución de este resultado en la esfera que le es propia. Se puede comparar el cuerpo vivo a una manufactura, cada órgano a un conjunto de obreros y cada obrero a una célula. Cada obrero tiene que efectuar un trabajo especial, pero uniendo las piezas elaboradas de este modo, se obtiene el objeto manufacturado.

 

“La comunidad, como el individuo, tiene su unidad abstracta y su existencia colectiva; es una reunión de individuos, frecuentemente en número inmenso, que no obstante puede ser considerada como un individuo solo, como un ser único, aunque compuesto. Y es así, no solamente para la abstracción más o menos racional, sino para la realidad, materialmente, lo mismo para nuestra inteligencia que para nuestros sentidos, porque está constituida como un ser organizado, de partes continuas y recíprocamente dependientes, todas ellas fragmentos de un mismo todo, aunque cada una por sí sea a su vez un todo más o menos bien circunscrito; todas ellas miembros de un mismo cuerpo, aunque cada una constituye un cuerpo organizado, un pequeño colectivo…

 

“Como la familia y la sociedad, la comunidad puede estar muy diversamente constituida. La fusión anatómica, y, por consecuencia, la solidaridad fisiológica de los individuos así reunidos, puede estar limitada a unos pocos puntos y a unas pocas funciones vitales, o extenderse a la casi totalidad de los órganos y de las funciones. Todos los grados intermedios pueden presentarse también, y se pasa por gradaciones insensibles de seres organizados en quienes las vidas colectivas permanecen aún casi independientes y los individuos claramente diferenciados, a otras en que los individuos son de más en más dependientes y mixtos, y tras éstas a otras en que todas las vidas se confunden en una vida común y las individualidades propiamente dichas desaparecen más o menos completamente en la individualidad colectiva”.

 

Los animales superiores son estas individualidades colectivas, aunque sólo desde el punto de vista vital. Hemos visto ya que la fuerza vital es un principio y un efecto: un principio porque es necesario un ser vivo para comunicar la vida, y un efecto, porque una vez fecundado el germen, las leyes físicas y químicas se encargan del mantenimiento de la vida. Aquí no caben equívocos: la fuerza vital tiene existencia propia, puesto que cada ser puede reproducirse en un semejante suyo, y puesto que no se puede dar vida artificialmente a un compuesto inorgánico. Más todavía: suponiendo que se llegara, por ejemplo, a fabricar un músculo sensible de manera que produjese los mismo fenómenos que un músculo ordinario, el músculo fabricado no podría regenerarse, como acontece incesantemente en el organismo vivo. Luego, aunque el principio vital opere y se mantenga por medio de leyes naturales, no cabe ninguna duda de que es distinto de tales leyes. Aquel principio es una fuerza, una transformación especial de la energía; no goza de existencia sobrenatural, pero sí es el producto necesario de la evolución ascendente, el primer grado, no de la organización, pero sí del mantenimiento, de la reparación de la materia viva. Pueden hallarse indicios de este principio reparador hasta en la materia bruta: un cristal está capacitado para cicatrizar sus heridas. Pasteur ha puesto este hecho en evidencia (véase Comptes rendus, del 16 de mayo de 1881).

 

Si a un cristal roto en cualquiera de sus partes se le coloca en la disolución a que debe su origen, se observará que no solamente crece en todas sus caras, sino que se inicia un trabajo de reconstitución mucho más activo en la parte lesionada, hasta que el daño queda reparado; una vez conseguido esto, se reestablece la simetría. Si se colora el agua madre con una sustancia violeta, por ejemplo, se verá distintamente el trabajo suplementario que se realiza para la reconstitución de la parte destruida.

 

El principio vital, por consiguiente, es una fuerza esencialmente organizadora y reparadora y, en los vegetales y los animales, él es quien repara las células destruidas por el uso, siguiendo un plan determinado. Podemos considerarle en cierto modo como el desenvolvimiento, el grado superior, la transformación exaltada de esa fuerza que en los cuerpos brutos conocemos por afinidad. Además, el fluido vital obra sobre las moléculas que produce el fantasma magnético. Si se niega la existencia de una fuerza vital, aunque invisible e imponderable, no es posible comprender cómo un cuerpo vivo conserva una forma fija, invariable, según la especie a que pertenezca, a pesar de la renovación incesante de las moléculas del cuerpo.

 

En tanto la vida es difusa, como en los animales inferiores; en tanto todas las células pueden vivir individualmente sin necesitarse unas a otras, el principio inteligente no se revela en ellas de un modo claro, puesto que en estos seres rudimentarios no se observa sino la irritabilidad, es decir, la reacción a una influencia externa sin sensibilidad apreciable; pero desde el momento en que el sistema nervioso aparece, se concentran en él las funciones animales, la comunidad viviente se transforma en individuo, y el principio inteligente toma a su cargo el gobierno del cuerpo, manifestando su presencia por los primeros fulgores del instinto.

Trabajo realizado por Merchita, extraído del libro Evolución Anímica de Gabriel Delanne

RECRISTIANIZACIÓN DE LOS HOMBRES

RECRISTIANIZACIÓN DE LOS HOMBRES

En el conformismo que caracteriza los tiempos modernos, no son pocos los espíritus de la literatura y de la filosofía que apelan para la recristianización de los hombres.

Entretanto, no hablamos de recristianización, en cuanto  afinamiento de la mentalidad del mundo terrestre en el ideal de perfección y de amor de Jesucristo no llego a verificarse en tiempo común.

Apelamos para la cristianización de todos los espíritus y es dentro de ese sentido  que se guarda  el más alto objetivo de todas nuestros mensajes extraterrestres.

El hombre creció y evolucionó físicamente, sin que progresase, en identidad de circunstancias, su posición espiritual.

Algunas almas nobilísimas le trajeron  en un esfuerzo generoso las grandes ideas de sus tratados de filosofía social y política.

Todos esos genios del Espacio, encarnados en el mundo vivieron aislados  de sus contemporáneos.

Incomprendidos en su siglo, apenas consiguieron una facción de entendimiento de la posteridad, cuando la muerte ya los había arrancado del escenario  de actividades del mundo.

Y si me refiero a esos grandes espíritus de la Humanidad es solamente para resaltar que las ideas evolucionadas del campo social deberán solamente a ellos  su surto, en el seno de las colectividades, en estos últimos años del Planeta.

La prueba de eso es que los hombres, como los Estados que son  los aparatos físicos de la colectividad terrestre y humana, regresan actualmente  a todos los procesos de fuerza.

La corona fue sustituida por el poder integral y absoluto de los dictadores  en vuestro tiempo de incomprensión.

Los últimos acontecimientos en las cancillerías  europeos son la prueba de nuestro acierto.

No existe tanta necesidad de expansión por parte de las potencias imperialistas.

Lo que existe es la dilatación del espíritu agresivo de los pueblos  considerados fuertes, en virtud de las conquistas  fáciles de la fuerza bruta.

En todos ellos prevalece solamente  la voluntad de potencia y el interés inferior del dominio político.

Ayer era Italia, dividiendo a  Abisinia, sin que el derecho internacional estableciese la posición histórica de los humillados y ahora es Japón queriendo transformar  500 millones de chinos  en instrumentos de su ambición, para  marchar con nuevas huestes de Gengis Khan sobre el mundo europeo, como aconteció hace nueve siglos; es Alemania, apoderándose sumariamente de Austria,  España debatiéndose en la terrible guerra de las ideologías.

Las naciones interesadas igualmente  en el poder internacional hacen las comedias diplomáticas, en sus reconocimientos “de jure” o  “de hecho”, más la verdad que resalta de todo eso, de todos esos acuerdos es que la mentalidad humana retrocedió algunos siglos, en lo que se refiere  a su posición  espiritual.

 

Consideramos, sin embargo, que es la propia ambición de cada país que hará  pudrirse  todos los ejes diplomáticos y a todas las alianzas del  poderío militar, lanzando sobre las almas el fantasma  de la masacre y del sufrimiento.

El cuadro de la civilización europea, desarrollado en el Mediterráneo que quedo como escuela  terrible  de sus ambiciones y de sus absurdos, es bastante doloroso para cuantos se preocupan con los problemas serios y graves de la vida.

La guerra es inevitable en esa  civilización que depende exclusivamente del militarismo.

Los grandes ejércitos son su gran ruina, todavía, consideremos que Jesús está  en el timón y su barco no puede zozobrar.

Que Dios se apiade de todos nosotros, tornándonos dignos de la gran tarea de revivir el Evangelio, en su expresión pura y simple, para el necesario erguimiento moral de la Humanidad.

Por el Espíritu Emmanuel – Del Libro. Acción, Vida y Luz, Médium: Francisco Cándido Xavier