LAS VIRTUDES CRISTIANAS


LAS VIRTUDES CRISTIANAS

Las virtudes constituyen el patrimonio moral del hombre.  Ellas le ayudan a comportarse bien en  cualquier circunstancia, a ser bueno en el sentido más verdadero y completo. Ningún hombre nace bueno o malo, pero de la naturaleza recibe la capacidad para llegar a serlo. Todos debemos empeñarnos  en ser mejores cada día.  No hay otro camino, o nos hacemos mejores  o peores,  lo que significa, o nos abandonamos a los vicios o adquirimos las virtudes.

La virtud en su más alto grado, encierra el conjunto  de todas las cualidades esenciales que constituye al hombre de bien.

Una virtud es una cualidad humana que permite a quien la posee tomar y llevar a término las decisiones correctas en las situaciones más adversas para cambiarlas a su favor.

Solo alcanzaremos la libertad siendo virtuosos.  La adquisición de las virtudes nos permite ser libres, maduros, dueños de las propias acciones. La adquisición de las virtudes se consigue a través de nuestro esfuerzo y de la repetición de las acciones buenas y virtudes infusas, es decir, recibidas como don de Dios  con la gracia santificante. Las principales virtudes que debemos procura adquirir son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

La prudencia es la virtud que nos dispone para comprender en toda circunstancias  lo que hay que hacer.

La justicia  nos hace dar  a cada uno lo que es debido.

La fortaleza es la constancia que debemos tener en procurar  el bien y la capacidad de superar los obstáculos que a ello se oponen.

La templanza es el pleno dominio de si mismo que nos pone en condición de no dejarnos vencer por los placeres sentidos.

La utilidad de ser virtuosos es que nos permite cumplir  el bien prontamente, con naturalidad y con alegría.  El hombre aunque no sea virtuoso puede hacer alguna cosa buena pero lo hace con fatiga y con esfuerzo, por lo cual no puede ser constante en el bien.

Las virtudes mencionadas son las denominada  virtudes cardinales, hay  virtudes infusas que son la fe,  la esperanza y la caridad, llamadas teologales porque se refieren directamente a Dios.

La fe es la virtud teologal mediante la cual creemos firmemente  lo que Dios ha revelado.

La esperanzaes la virtud teologal gracias a la cual deseamos  y aguardamos la vida eterna que Dios nos ha prometido, y las ayudas necesarias para obtenerla.

La esperanza está fundamentada  en la misericordia de Dios  y en los meritos de Jesús, Nuestro salvador.

La caridad es la virtud teologal mediante la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Debiendo amar a Dios  con toda nuestra alma  y con todas nuestras fuerzas, sin medida.

El virtuoso es el que está en camino de ser sabio, porque sabe cómo llegar a sus metas sin pisar las de los otros, porque pone a los demás de su lado y los lleva a alcanzar un objetivo común. El virtuoso es el que «sabe remar contra la corriente».

Ser bueno, caritativo, laborioso, sobrio modesto, son las cualidades del hombre virtuoso. Las virtudes se consideran cualidades positivas, y se oponen a los vicios.

Platón plantea que el ser humano dispone de tres poderosas herramientas: el intelecto, la voluntad y la emoción. Para cada una de estas existe una virtud: la sabiduría, el valor y el autocontrol. La sabiduría permite identificar las acciones correctas, saber cuándo realizarlas y cómo realizarlas. El valor permite tomar estas acciones a pesar de las amenazas, y defender los ideales propios. El autocontrol permite interactuar con las demás personas y ante las situaciones más adversas cuando se está realizando lo que se debe hacer para lograr los fines propios.

A estas tres virtudes se añade una cuarta, la justicia, que permite respetar las ideas de los demás, sin abandonar las nuestras, para compartir los frutos de nuestras acciones y ayudar a los otros a realizar las suyas.

Sócrates nos dice que la virtud nos permitirá tomar las mejores acciones y con ella podremos distinguir entre el vicio, el mal y el bien. También dice que la virtud se puede alcanzar por medio de la educación fundamentada en nuestra moral y en nuestra vida cotidiana. Cree en el intelectualismo moral, el cual se basa en la idea de que la sabiduría se basa en la ética. Si alguien es buena persona automáticamente será sabio.

Los estoicos sostenían que la virtud consistía en actuar siempre de acuerdo con la naturaleza, que, para el caso del ser humano, concebido como ser racional, se identifica con actuar siempre de acuerdo con la razón, evitando en todo momento dejarse llevar por los afectos o pasiones, esto es, todo lo irracional que hay en nosotros, que no puede controlarse y por tanto debe evitarse. Los estoicos consideraban que la virtud, como facultad activa, era el bien supremo.

La virtud es una cualidad permanente, una disposición y una inclinación inquebrantable. La virtud es ser consciente y obrar adecuadamente en todas las circunstancias de nuestra vida. Sólo así se puede decir con acierto que nuestra voluntad es firme en la realización del bien y que ejercemos un carácter entero y constante.

Desgraciadamente  las cualidades del hombre virtuoso están acompañadas muchas veces de pequeñas flaquezas morales  que les quitan brillo y las atenúan. El que se dice virtuoso y hace gala de ello, no suele serlo, porque le falta  la  caridad principal: la modestia y  tiene el vicio más contrario que es el orgullo.

La persona verdaderamente virtuosa,  no desea adquirir  fama;  se observa,  pero se oculta en la oscuridad, y huye de la admiración de la multitud. Son muchos los ejemplos de virtuosos, Dan Vicente de Paul era virtuoso; el digno cura de Ars era virtuoso, y muchos otros tantos  poco conocidos en el mundo, pero conocidos de Dios.la persona verdaderamente virtuosa ignora que lo es, se dejan llevar  por las corrientes de sus buenas inspiraciones y practican el bien con un desinterés completo y un entero olvido de sí mismos. 

La vida de todo ser humano debe estar dirigida a vivir espiritualmente.

Todos los frutos que maduran de una vida espiritual suponen un desarrollo de la capacidad para ser conscientes, amar y obrar adecuadamente. Sólo en la mente se divide este desarrollo integral en diferentes “virtudes”. Por eso, cuando se desarrolla una virtud todas las demás quedan afectadas en positivo, y cuando se carece de alguna otra todas las demás virtudes, toda la persona y toda la Creación sufre por ello. Espiritualidad significa camino, camino en el que la meta y el camino hacia ella son una sola cosa, y todas las virtudes son fruto de la vida espiritual, y una vida verdaderamente espiritual supone el progreso de todas las virtudes. Toda virtud se debe corresponder con las demás virtudes, el ejercicio de una virtud tiene que ir acompañada con el ejercicio de las demás virtudes. Si no sucede así, esa virtud que se desarrolla en solitario deja de ser virtud para convertirse en vicio.

Para ayudarnos a obrar adecuadamente, de manera noble y virtuosa, junto a la reflexión, la intuición y el discernimiento vienen los sentimientos. Éstos pueden ser poderosos y bellísimos porque Dios, igual que permite a las impurezas que nos perturben, también nos proporciona consuelo y ayuda.

Según Francisco de Asís, la ciencia no sirve para nada sin las virtudes; y la primera de todas, imprescindible para el hermano menor, es la sencillez, que él definía así: “La santa sencillez es la que sólo se conforma con Dios y desprecia todo lo demás; se gloría en el temor del Señor y no sabe decir nada malo; no condena a nadie, porque se conoce a sí misma; cede el poder a los mejores y no lo ambiciona para sí; no considera como máximo honor los éxitos del mundo y prefiere obrar antes que enseñar o aprender. La sencillez, dando de lado a quienes se pierden en rodeos, florituras, juegos de palabras y en la ostentación o petulante interpretación de las leyes, no busca la corteza, sino la médula, no el envoltorio, sino el contenido, no la cantidad, sino la calidad y el sumo Bien verdadero”.

La Doctrina Espirita nos dice que si queremos ser virtuosos hemos de alejar de nosotros el orgullo, la vanidad y el amor propio que paralizan todas las buenas cualidades. La persona  que demuestra ostentación, oculta, muy a menudo, una multitud de pequeñas torpezas y odiosas falsedades. La persona que es ostentosa  aniquila el merito efectivo que pueda tener.  Es normal que cuando hagamos algún bien sintamos el regocijo interior,  pero nunca  esperemos  elogios, ni frases aduladoras ya que estas suelen declinar en el amor propio.

Las virtudes humanas adquiridas mediante la educación, mediante actos deliberados, y una perseverancia, mantenida siempre en el esfuerzo, son purificadas y elevadas por la gracia divina. Con la ayuda de Dios forjan el carácter y dan soltura en la práctica del bien. El hombre virtuoso es feliz al practicarlas.

M.C.R

Fuentes: “El Evangelio Según el espiritismo, (Allan Kardec) Internet, y Francisco de Asís (Su biografía)

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